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Alimentos tabú

15. noviembre 2013 | Por | Categoria: Entretenimiento

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Por Lorenzo Olivera
Los alimentos tabú tienen un origen religioso, en otros, moral, ético o meros prejuicios. Con este artículo continuamos nuestro derrotero en la búsqueda de las distintas costumbres en las diversas comarcas de la tierra donde unos bienes de consumo son sumamente apetecidos y en otros despreciados visceralmente.

La carne de perro, de gato, de vaca, de caballo, etc, cada comarca con sus costumbres.
Cuatro personajes, en la escena: a la mesa hay un hombre gordo comiendo; a la derecha, de pie, otro que bebe ansiosamente, directamente de la jarra; a la izquierda, una mujer presenta una nueva vianda en una bandeja.
Aparece un niño obeso, que simboliza el mal ejemplo que se da a la infancia.
En primer plano, una salchicha se asa al fuego.

tabu-comida_435x326Los alimentos tabú son aquellos alimentos (carnes, pescados, vegetales o bebidas) que por razones culturales o religiosas no se consideran aceptables para su consumo y son por lo tanto, de un modo o de otro, tabú para algunas personas.
La mayoría de los investigadores coinciden acerca de la naturaleza omnívora del hombre; no obstante, existe un elemento importante que es la preferencia hacia algunos alimentos frente a otros. Dejando este apartado a otras áreas de la ciencia como la psicología, la sociología, etcétera, lo cierto es que los gustos adquiridos por una sociedad son desaprobados por otra.
Ciertamente, el carácter tabú de los alimentos es más un aspecto local que global, que corresponde a las naciones y grupos sociales. Los mecanismos que gobiernan esta decisión no parecen corresponder a razones lógicas.

Las investigaciones sobre este tema reflejan que las preferencias de unos alimentos con respecto a otros no están en nosotros desde que nacemos sino que van adquiriéndose por motivos sociales y educación, ya que los animales no tienen estas limitaciones.
La comida tabú se ha asociado desde sus inicios con una sensación de repugnancia.
La asociación con un alimento incomestible ha sido siempre social (como es el caso de la carne de perro), siendo en cualquier caso interpretada como una cuestión reactiva del instinto, debido en parte a que la clasificación de tabú proviene de situaciones extremas de emergencia, como las hambrunas tal y como el episodio de la supervivencia de los muchachos uruguayos en la cordillera de los Andes.

Como regla general, la fuerte aversión respecto a los alimentos tabú se muestra como una náusea que evita la ingestión de alimentos.
La mayor parte de los tabúes alimentarios se refieren a la carne y a los subproductos del despiece animal; sólo una pequeña parte se relaciona con las plantas.
Los investigadores Daniel Fessler y Carlos David Navarrete encontraron en sus investigaciones 38 tabúes basados en carne, pero sólo siete en plantas.
Para la investigación examinaron cerca de doce culturas diferentes. En las investigaciones se refleja que, respecto a Occidente, China es el país cuya comida más tabúes inspira, mientras que fuera de las culturas asiáticas el mayor número de alimentos tabú se sitúa en Europa Central y Francia.

Existen diferentes modelos de explicación acerca de la emergencia y mantenimiento en la sociedad acerca de los tabúes en la comida. Los más conocidos son:
El Principio cultural-materialista o económico-racionalista.
El representante más conocido es el antropólogo estadounidense Marvin Harris.
Este principio asume que los alimentos tabú se fundamentan en un motivo racional y un análisis coste beneficio sobre el abastecimiento eficiente de la comida.
Es la “teoría de la búsqueda óptima de alimento”, según la que cada grupo cultural desarrolla sus hábitos nutricionales y dietéticos en función de la disponibilidad de las condiciones ecológicas y económicas del lugar, teniendo de esta forma la esperanza de alimentarse ad eternum.
Así, Harris razona por ejemplo que las vacas vivas en la India debían tener un gran valor y de esta forma hubiera sido muy costoso sacrificarlas, por lo que se convirtió en un alimento tabú como vacas sagradas.

El Principio socio-cultural o funcionalístico.
Las ideas más representativas de este modelo asumen que los tabúes sirven de forma primaria en la estabilización de la identidad de grupo y al mismo tiempo en la demarcación con respecto a otros grupos.
Los alimentos tabú realizan, de esta forma, un servicio social.
Por lo tanto, convertir en tabú una comida o un alimento que come otro grupo social proporciona esa sensación inconsciente de demarcación.
Un representante de esta idea es Frederick J. Simoons.
Este principio no puede explicar las razones por las que la sociedad hace tabú a unos alimentos y no a otros.
El significado de la comida desde esta perspectiva ya no es objeto de investigación y de análisis hoy en día.

El Principio estructural, que particularizó Mary Douglas, Claude Lévi-Strauss y en Alemania Ulrich Tolksdorf.
En este modelo la comida tiene una representación simbólica, que ayuda a dar cierto significado al entorno.
Por esta razón cada cultura clasifica las comidas como puras o impuras, sagradas e profanadoras.
Por regla general los alimentos sagrados son comestibles y los profanadores no.
Esta simple clasificación vino a proporcionar el alimento tabú como aquel que no debía comerse, y por lo tanto debía ser rehusado.
Una versión modificada del “principio estructural” ha dado lugar a un modelo etnosocial mediante Edmund Leach.
El significado de no comestible, previo quizás al de tabú, esconde detrás un animal precisamente muy comúnmente clasificado o muy extraño.
Por ejemplo, en Europa Central los animales de presa pueden ser comúnmente clasificado y los insectos como animal extraño, así como los monos o perros.
Leach estableció un índice de “comestibilidad” en función de un conjunto de reglas conectadas entre sí.

Si la relación con el objeto es “muy cercana”, entonces se aplica una regla similar al tabú del incesto y su consiguiente prohibición de casamiento, otra regla puede ser: los “animales recién nacidos no son comestibles”.
Aunque nosotros comemos nonatos como el llamado bacaray o tapichí.
El pollito bebé nosotros no lo consumimos y los de descarte, los machos en las ponedores y las hembras en los de carne, pintados de colores distintos se los regalan a los niños en los cumpleaños y los he comido en brochette en Posadas, Misiones, Rep. Argentina y son realmente deliciosos.
El Principio de emoción-psicológica, los representantes de este principio son Fessler/Navarrete.
Estos investigadores afirman que la emoción es el fundamento para la explicación de ciertos alimentos tabú, ya que algunos están relacionados con la sensación disgusto y pronto evolucionarían hacia un principio vital de supervivencia en el que se facilitaría una selección en los alimentos con la intención de minimizar el riesgo a morir por su ingesta, de esta forma nació el concepto de “comida equivocada”.

Este riesgo es mayor con animales que con plantas.
Aunque las plantas venenosas las conocemos bien, los brotes de soja son consumidos, pero a nadie se le ocurre comer los brotes de las papas y las hojas porque son sumamente venenosos, claro que en nuestras casas tenemos montones de plantas ornamentales sumamente venenosas como la difenbachia o el laurel de jardín, ente muchísimas otras.
Los hongos mucha gente se abstiene de consumirlos por ignorancia o por desconfianza hacia el recolector y son un manjar.
Los japoneses cultivan el arte de comer ciertos peces venenosos en señal de no sé que…, tal vez sea de machismo.

Los sentimientos de disgusto se traducen en náusea y vómito tras el consumo debido a cierto mecanismo en el cerebro que nos obliga a sobrevivir.
Todos los principios enunciados tienen sus desventajas y puntos débiles, y no son capaces de explicar todos los aspectos y visiones posibles sobre los alimentos tabú.
Eva Barlösius menciona a este respecto que muy posiblemente el rechazo a comer vacas en la India, o a comer carne de caballo en el norte de Europa, o carne de perro, así como la ingesta de carne de cerdo por musulmanes y judíos tenga más que estudiarse con una teoría en cada caso que en la búsqueda de una teoría global que las explique.

En el próximo número veremos la cantidad de limitaciones en el consumo de alimento debido a las distintas creencias religiosas.

Lorenzo Olivera
Los alimentos tabú tienen un origen religioso, en otros, moral, ético o meros prejuicios. Con este artículo continuamos nuestro derrotero en la búsqueda de las distintas costumbres en las diversas comarcas de la tierra donde unos bienes de consumo son sumamente apetecidos y en otros despreciados visceralmente.

La carne de perro, de gato, de vaca, de caballo, etc, cada comarca con sus costumbres.
Cuatro personajes, en la escena: a la mesa hay un hombre gordo comiendo; a la derecha, de pie, otro que bebe ansiosamente, directamente de la jarra; a la izquierda, una mujer presenta una nueva vianda en una bandeja.
Aparece un niño obeso, que simboliza el mal ejemplo que se da a la infancia.
En primer plano, una salchicha se asa al fuego.

Los alimentos tabú son aquellos alimentos (carnes, pescados, vegetales o bebidas) que por razones culturales o religiosas no se consideran aceptables para su consumo y son por lo tanto, de un modo o de otro, tabú para algunas personas.
La mayoría de los investigadores coinciden acerca de la naturaleza omnívora del hombre; no obstante, existe un elemento importante que es la preferencia hacia algunos alimentos frente a otros. Dejando este apartado a otras áreas de la ciencia como la psicología, la sociología, etcétera, lo cierto es que los gustos adquiridos por una sociedad son desaprobados por otra.
Ciertamente, el carácter tabú de los alimentos es más un aspecto local que global, que corresponde a las naciones y grupos sociales. Los mecanismos que gobiernan esta decisión no parecen corresponder a razones lógicas.

Las investigaciones sobre este tema reflejan que las preferencias de unos alimentos con respecto a otros no están en nosotros desde que nacemos sino que van adquiriéndose por motivos sociales y educación, ya que los animales no tienen estas limitaciones.
La comida tabú se ha asociado desde sus inicios con una sensación de repugnancia.
La asociación con un alimento incomestible ha sido siempre social (como es el caso de la carne de perro), siendo en cualquier caso interpretada como una cuestión reactiva del instinto, debido en parte a que la clasificación de tabú proviene de situaciones extremas de emergencia, como las hambrunas tal y como el episodio de la supervivencia de los muchachos uruguayos en la cordillera de los Andes.

Como regla general, la fuerte aversión respecto a los alimentos tabú se muestra como una náusea que evita la ingestión de alimentos.
La mayor parte de los tabúes alimentarios se refieren a la carne y a los subproductos del despiece animal; sólo una pequeña parte se relaciona con las plantas.
Los investigadores Daniel Fessler y Carlos David Navarrete encontraron en sus investigaciones 38 tabúes basados en carne, pero sólo siete en plantas.
Para la investigación examinaron cerca de doce culturas diferentes. En las investigaciones se refleja que, respecto a Occidente, China es el país cuya comida más tabúes inspira, mientras que fuera de las culturas asiáticas el mayor número de alimentos tabú se sitúa en Europa Central y Francia.

Existen diferentes modelos de explicación acerca de la emergencia y mantenimiento en la sociedad acerca de los tabúes en la comida. Los más conocidos son:
El Principio cultural-materialista o económico-racionalista.
El representante más conocido es el antropólogo estadounidense Marvin Harris.
Este principio asume que los alimentos tabú se fundamentan en un motivo racional y un análisis coste beneficio sobre el abastecimiento eficiente de la comida.
Es la “teoría de la búsqueda óptima de alimento”, según la que cada grupo cultural desarrolla sus hábitos nutricionales y dietéticos en función de la disponibilidad de las condiciones ecológicas y económicas del lugar, teniendo de esta forma la esperanza de alimentarse ad eternum.
Así, Harris razona por ejemplo que las vacas vivas en la India debían tener un gran valor y de esta forma hubiera sido muy costoso sacrificarlas, por lo que se convirtió en un alimento tabú como vacas sagradas.

El Principio socio-cultural o funcionalístico.
Las ideas más representativas de este modelo asumen que los tabúes sirven de forma primaria en la estabilización de la identidad de grupo y al mismo tiempo en la demarcación con respecto a otros grupos.
Los alimentos tabú realizan, de esta forma, un servicio social.
Por lo tanto, convertir en tabú una comida o un alimento que come otro grupo social proporciona esa sensación inconsciente de demarcación.
Un representante de esta idea es Frederick J. Simoons.
Este principio no puede explicar las razones por las que la sociedad hace tabú a unos alimentos y no a otros.
El significado de la comida desde esta perspectiva ya no es objeto de investigación y de análisis hoy en día.

El Principio estructural, que particularizó Mary Douglas, Claude Lévi-Strauss y en Alemania Ulrich Tolksdorf.
En este modelo la comida tiene una representación simbólica, que ayuda a dar cierto significado al entorno.
Por esta razón cada cultura clasifica las comidas como puras o impuras, sagradas e profanadoras.
Por regla general los alimentos sagrados son comestibles y los profanadores no.
Esta simple clasificación vino a proporcionar el alimento tabú como aquel que no debía comerse, y por lo tanto debía ser rehusado.
Una versión modificada del “principio estructural” ha dado lugar a un modelo etnosocial mediante Edmund Leach.
El significado de no comestible, previo quizás al de tabú, esconde detrás un animal precisamente muy comúnmente clasificado o muy extraño.
Por ejemplo, en Europa Central los animales de presa pueden ser comúnmente clasificado y los insectos como animal extraño, así como los monos o perros.
Leach estableció un índice de “comestibilidad” en función de un conjunto de reglas conectadas entre sí.

Si la relación con el objeto es “muy cercana”, entonces se aplica una regla similar al tabú del incesto y su consiguiente prohibición de casamiento, otra regla puede ser: los “animales recién nacidos no son comestibles”.
Aunque nosotros comemos nonatos como el llamado bacaray o tapichí.
El pollito bebé nosotros no lo consumimos y los de descarte, los machos en las ponedores y las hembras en los de carne, pintados de colores distintos se los regalan a los niños en los cumpleaños y los he comido en brochette en Posadas, Misiones, Rep. Argentina y son realmente deliciosos.
El Principio de emoción-psicológica, los representantes de este principio son Fessler/Navarrete.
Estos investigadores afirman que la emoción es el fundamento para la explicación de ciertos alimentos tabú, ya que algunos están relacionados con la sensación disgusto y pronto evolucionarían hacia un principio vital de supervivencia en el que se facilitaría una selección en los alimentos con la intención de minimizar el riesgo a morir por su ingesta, de esta forma nació el concepto de “comida equivocada”.

Este riesgo es mayor con animales que con plantas.
Aunque las plantas venenosas las conocemos bien, los brotes de soja son consumidos, pero a nadie se le ocurre comer los brotes de las papas y las hojas porque son sumamente venenosos, claro que en nuestras casas tenemos montones de plantas ornamentales sumamente venenosas como la difenbachia o el laurel de jardín, ente muchísimas otras.
Los hongos mucha gente se abstiene de consumirlos por ignorancia o por desconfianza hacia el recolector y son un manjar.
Los japoneses cultivan el arte de comer ciertos peces venenosos en señal de no sé que…, tal vez sea de machismo.

Los sentimientos de disgusto se traducen en náusea y vómito tras el consumo debido a cierto mecanismo en el cerebro que nos obliga a sobrevivir.
Todos los principios enunciados tienen sus desventajas y puntos débiles, y no son capaces de explicar todos los aspectos y visiones posibles sobre los alimentos tabú.
Eva Barlösius menciona a este respecto que muy posiblemente el rechazo a comer vacas en la India, o a comer carne de caballo en el norte de Europa, o carne de perro, así como la ingesta de carne de cerdo por musulmanes y judíos tenga más que estudiarse con una teoría en cada caso que en la búsqueda de una teoría global que las explique.

En el próximo número veremos la cantidad de limitaciones en el consumo de alimento debido a las distintas creencias religiosas.

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2 comentarios
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  1. Muy aclaratorio por demas lo voy a leer otra vez mas al mediodia para que se me vaya el ambre….jajajaja

  2. y eso que tiene que ver con el tabú ?

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