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Asaltaron a mi hija

18. Julio 2013 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por COMOUSTÉ

Una vez fui a cobrar honorarios a un cliente fuerte que tenía en aquel tiempo del “te acordás”. La casa – oficina tenía un zaguán, un patio largo con varias piezas y al fondo un mostrador con una ventanuca, que oficiaba de caja, y luego las piezas de corrido y unidas por sendas puertas, hasta llegar a la pieza del frente, con ventana y balcón a la calle que oficiaba de oficina del patrón.

Asal_145x170Estábamos conversando y ajustando números con el hombre que era amargo para los pesos, única forma de llegar a rico y miserable, que por ser esto último también terminan fundidos porque los da vuelta cualquier vivo y por la naturaleza del hombre siempre a último momento había que hacerle alguna quita a la cuenta.
Se siente unos gritos en el fondo y el cliente me dice “pero estas mujeres tanto alboroto por un ratón” y mandó al hijo chico al fondo para que fuera a ver que daba lugar a tanto relajo.

A los dos segundos viene el gurí, chato en el piso diciendo “ladrón” “ladrón” “no ratón”.
Acto continuo padre e hijo se borraron por el balcón hacia la calle e hicieron mutis por el foro.
Quedé solo, apareció una secretaria que se me abrazó como a un rencor y me recosté contra la pared que separaba con el fondo.
El chorro venía como una locomotora corriendo por entre las puertas que comunicaba n las piezas y cuando me vio, se asustó y me tiró un tiro cuya bala me pasó cerca del brazo y quedó incrustada en la biblioteca.
La biblioteca estaba para la pinta y para atajar esa bala, porque el dueño nunca leyó ni las necrológicas de los diarios.

El chorro siguió de largo y saltó por la ventana a la calle y rumbeó para el lado de la esquina más próxima y se reventó de pasada contra una escalera de Antel que por suerte para el operario estaba vacía y el tipo se reventó sin tirarla.
Vino la policía y le secretaria no tenía la más pálida idea que se me había abrazado y me preguntaron a mí y les dije que era un tipo colorado de cara, con cachetes venosos y que tenía puesta una remera blanca con rayas horizontales celestes más gruesas de abajo hacia arriba.
La policía llegó a la conclusión de las múltiples declaraciones que la mía no servía porque no tenía nada que ver con la realidad, porque el rubicundo resultó ser un pardo y la remera no sé qué otra cosa.
Lo único que me quedó bien gravado fue el estampido del revólver 38 cromado y el calor de la pólvora.

Parece que mi interés estaba en lo mortífero del asunto.
Hace unos días me llamó una de mis hijas, la más chica y me dijo antes que te lo cuente mi hermana te lo cuento yo, pensé en un problema de amores, pero no el tema era mucho más prosaico.
“Hace un rato me asaltaron”.
¿Y cómo no era que Uds. no manejaban dinero?
No manejamos, todo se hace con cheques pero a veces alguno trae dinero y se llevaron 40.000 pesos.
Bárbaro pensé el otro día mataron a una mujer por 200 pesos.
Bueno no pasó nada.
Y vos que hiciste me tiré abajo del escritorio y no lo vi al asaltante que creí que era una broma porque tenía la cabeza encapuchada con una media.
Dos vecinos le tomaron la matrícula del automóvil y la policía ya lo ubicó y lo tiene requerido.

Me preguntaron si tenía pistola o revólver y no lo sé, no distingo una pistola de un revólver.
Lo que son las leyes de Maendel, la herencia es determinante de ciertas cosas como aturullarse y no poder distinguir una cosas, rechazarlas y no guardarlas en el archivo de nuestra memoria.
Ninguno de los dos servimos para testigos ni de un casamiento.
Eso si en lo que me es personal, entro a un lugar y salgo y puedo enumerar todas las cosas que había en el local, claro que es una memoria profesional y no cuando las papas queman.
Que todo sea para bien…

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Un comentario
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  1. Es jodido mires por donde lo mires porque si andas medio mal del bobo-con el susto del asalto te pelas como un ajo pal parque de los quietos.

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