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Colonia Lavalleja

22. junio 2017 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Colonia Lavalleja

Hablemos claro

La necesidad innecesaria de cambiar

Adolescencia en el balneario

Esperando la primavera

Eran otros hombres

El día de las madres

Jactancia de la ignorancia

Hace un par de días vi que alguien nombraba Colonia Lavalleja en un medio de comunicación, de pierna y a título aclarativo, puse donde quedaba y una señora me dijo que yo era un genio por haber sabido el lugar.

Hay cosas que para nosotros, los del asfalto, son como tomar un vaso de agua y para otros es como tocar el cielo con las manos.

Colonia Lavalleja ya no es más una colonia, como su nombre aparentemente los indica, sino que es un pueblo, porque a los colonos les fueron comprando sus campitos los estancieros más o menos linderos, y los campos se volvieron a unir en la gran estancia.
El Municipio se llama Colonia Lavalleja, pero el pueblo, que viene a ser lo que podríamos llamar estirando los conceptos planta urbana, se llama Pueblo Lavalleja.
Sé que el Gral. Lavalleja era un gaucho crudo, pero le podrían haber dado su nombre a Villa Colón o a Isla Mala, pero esto tiene mucho gusto a poco, para un personaje como fue el Libertador.Jefe de los Treinta y tres Orientales.

Por favor si lo buscan en el mapa y el mapa es muy bueno, tal vez lo encuentren, si no lo encuentran no digan que es invento mío porque está ahí.
Está al fondo de Salto, como quien va a la rinconada de Salto, Rivera, Artigas, Tacuarembó.
Integra el hoy llamado Municipio de Colonia Lavalleja.

El municipio se encuentra localizado en la zona norte del departamento de Salto, entre los ríos Arapey Grande y Arapey Chico.

Limita al norte con el departamento de Artigas, al este con el municipio de Mataojo, al sur con el municipio de Rincón de Valentín y al suroeste con el municipio de Constitución.
El municipio de Colonia Lavalleja fue creado por Ley Nº 18.653 del 15 de marzo de 2010.
Su territorio colabora con 326 habitantes, sobre un total de 2.000 de la totalidad del Municipio, la mayoría son mujeres e hijos de los peones de las estancias vecinas.
Forman parte del municipio las siguientes localidades: Colonia Lavalleja, Las Flores, La Bolsa, Lluveras, Ferreira, Olivera, Russo, Cuchilla del Guaviyú, y Guaviyú de Arapey.

Por la forma que usan las espuelas les dicen los guaviyuses, largas con las púas para abajo, y van trillando el suelo con el andar del gaucho y hacen un ruido metálico muy especial..
En aquel entonces en esos pagos una estancia normal tenía 5.000 o 6.000 Hás.
A esa zona fui más veces por aire que por tierra y eso que al piloto no le tenía ninguna confianza.
Pero el tema es que por tierra hay que llegar de Montevideo a Salto y está a más de cinco horas de ómnibus, saliendo de la ciudad de Salto y en aquella época eran unos ómnibus viejos, que se llenaban de gente porque hacían dos frecuencias por semana, por caminos de campo bruto, si aunque Ud. no lo crea, trillos entre alambrados, con cañadas que lo atravesaban.
Los pasajeros llevaban sus cacharpas, vi un guacho (cordero recién destetado) en una bolsa de plástico con la cabeza de afuera, que lo llevaban en la falda, era una forma de mantener la carne fresca.
En qué freezer está pensando, por favor!!!

El pasillo del medio era de doble fila parados y por momentos triple.
Los criollos subían de facón atravesado a la cintura, el que les sobresalía para los costados.
Cuando se corrían o había que pasar se sentía la vaina o el mango, no existían los baños dentro del ómnibus.
Un mujer iba con una cotorra, si el pájaro, suelta sobre el hombro y no había quien se le arrimara mucho por el pico de la bicha y de a ratos en la jaula de lata.
Una mujer venía con un gurisito chico de y en brazos, si le daba el asiento me iba a pasar las cinco horas restantes parado, haciendo equilibrio con las sacudidas del ómnibus, me dio lástima y le pedí el niño el que venía con las piernas al aire.
Cuando lo vi venir tenía unos granos purulentos en las piernas que me pusieron la piel de gallina, me sentí un mal tipo, de lo peor, pero al agarrarlo le metí los dedos en las costillas, el chiquilín largo el llanto y prestamente se lo devolví a la madre.
Me sentí muy mal tipo un momento, pero me hubiera sentido peor si me agarraba esos granos purulentos en mi persona, más vale prevenir que curar como dicen las viejas.
Pensamos que nuestra patria es chica, pero en esos artefactos que son camiones adaptados a ómnibus, se alargan muy mucho los caminos, llevan dos choferes y tienen la palanca de cambios a espaldas del conductor.
Si mal no recuerdo el ómnibus se llamaba el Caimán.
Cuando iba en avión, un Cessna 182, de cuatro plazas, poníamos dos horas y media.
Salíamos de Melilla, costeábamos Trinidad e íbamos directamente al campo.
Una vez a esa altura, por radio desde la base aérea militar de Santa Bernardina, nos preguntaron a dónde íbamos, el piloto les contesto a Colonia Lavalleja.
Al ratito teníamos dos cazas de la Fuerza Aérea, volando uno de cada lado nuestro y nos hacían señas de que bajáramos.
Qué tiempos aquellos en que la Fuerza Aérea tenía combustible para operar y custodiar el territorio nacional.

Aterrizamos en uno de esos trillos que hay en el campo, que cuando uno menos lo espera son excelentes pistas, aterrizamos y la duda problema que tenían los pilotos militares era por qué si íbamos de Colonia a Lavalleja, pasábamos por lateral Trinidad.
Tuvimos que explicarle que veníamos de Melilla y que Colonia Lavalleja es un pueblito que está, en Salto, pasando el Arapey chico, ahí se desayunaron que habían metido la pata y nos dejaron seguir vuelo.
Una vuelta habíamos ido a Cuaró, todo por carretera, a ver unos animales, lindos pampas y después de pasar Colonia Lavalleja le dije al que manejaba la camioneta, andá con cuidado porque acá se terminó la civilización.

Decirlo y pasar fue todo uno, la única piedra que estaba en la mitad de la carretera la levantó al pellizcarla con la rueda y partió el diferencial de la camioneta que de 100 o 120 kmts. por hora que íbamos, pasamos a ir a 40, haciendo unos ruidajes fieros y ahí, con las distancias que hay y totalmente despoblado, a esa velocidad es de terror, no se termina nunca.
Fuimos al campo, vimos los animales a las disparadas y emprendimos la vuelta con el pensamiento de si llegaríamos o no a la ciudad de Salto.
Paramos en Colonia Lavalleja y el dueño del almacén de ramos generales, que también tenía un taller mecánico al lado, el mecánico también era él, con unos alambres ató y recontra ató el diferencial de la camioneta.
Eso lo aprendí con nuestros criollos haciendo carretera, que con un alambre, mucho coraje y mirando sin saber mucho, hacen caminar cualquier cosa, nuestro paisano es hábil, audaz e inteligente.
De ahí salimos sin exagerar la velocidad y llegamos a Salto, donde en la Urreta, muy buena gente, sin cobrarnos un peso, nos soldaron lo rajado y pudimos llegar a Montevideo.
Una de las veces que fui a esa estancia, que distaba a un par de leguas de Colonia Lavalleja, estaban de esquila, la comparsa en pleno con sus seis tijeras trabajando, el benteveo agarraba oveja la maneaba con un tientito las cuatro patas y se la dejaba al costado de cada uno de los esquiladores.

Uno de la comparsa era el que iba afilando las tijeras.
Al día siguiente el afilador no aparecía, porque había hecho noche en Pueblo Fernández, cuando llegó contó que venía bastante antes de las primeras luces, por el campo abierto al galope, cuando el caballo metió una de las patas delanteras en una cueva de tucutucu o alguna otra bichera parecida y rodó.
El jinete con el golpe quedó chanta en el campo, cuando amaneció recuperó el conocimiento, rescató el caballo que manso se había quedado y se vino para el casco.
Afilando no daba pie con bola, le di unas pastillas que tenía para el dolor de cabeza y le hicieron un efecto como si las hubieran concebido para acomodar paisanos boleados por una rodada.
Al rato todos los paisanos me pedían de esas pastillas y hasta una vieja brasileña que le decían Corpo Velho (cuerpo viejo), también se había aficionado a las tales pastillas.
De remedios en la zona ni qué hablar.
Radio???, se sentía una radio de Salto que un par de veces al día pasaba los telegramas.
Ud. se preguntará que son los telegramas, eran los que anunciaban que fulano iba para tal lado y que lo esperaran en el camino con un par de caballos; que le salieran al encuentro del ómnibus porque traía tal cosa que la habían arreglado en el taller de zutano.
Los mensajes más inverosímiles, como que a fulano se le murió la madre y que se venga.
Una vuelta, el generador que había en el casco, que era a nafta, se apagó y el capataz, un brasileño chiquito pero fuerte como un toro, fue a ver qué pasaba y prendió el encendedor en una pieza cerrada, la explosión de los gases de la nafta, lo sacaron para el campo con puerta y todo.

Aguantó las quemaduras un par de días y fue a la capital departamental en ómnibus.
No se le ocurra pensar en ambulancias, ni en los riesgos de infecciones de un quemado.
Hoy ha evolucionado el pueblo, por lo que he leído en la prensa, hasta tienen destacamento policial, una oficina municipal, y un grupo de casas sobre la calle principal, y única digo yo.
No creo que haya prostíbulos, pueblo chico…
Por favor los peones de las estancias van a dominguear al pueblo, juegan al truco en el boliche y algo más tienen que hacer, son por lo general fuertes y jóvenes.
Ud. cuando llega a su casa prende la luz, abre la canilla y sale agua y pone el informativo en el televisor, cosas tan urbanas, tenga presente cuando come un churrasquito o se pone un pullover, que la carne y la lana, la fabrican los bichos de campo las 24 horas del día, los pobladores de nuestra campaña, son los encargados de que así sea y que nos llegue.
No se olvide que Ud. es un bacán a pesar de que el sueldo no le alcanza por las cuotas, por el costo de la energía eléctrica, el agua corriente, el teléfono y el celular, los impuestos de puerta, las cuotas del auto y esta gente no precisa comprar nada de eso, con el caballo y unas pilchas y algún peso en el bolsillo para dominguear está listo.
Aclaremos porque sino todo es escribir en balde, los domingos los peones prefieren salir del campo e ir al pueblo en bicicleta, porque están hartos de andar a caballo, eso si los que tienen bicicleta.

Recuerdo que mi viejo decía un verso que decía:
“En el poblao no ensillan ningún sotreta,
Porque usan la bicicleta de las Uropas importada,
Sin herraje no patea, ni se asoma a la cañada
Y como no come nada, de seguro no bostea”.
Y que todo sea para bien…

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Un comentario
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  1. UUUUU queda en el medio de la nada colonia lavalleja porque el que da a la ruta es el pueblo lavalleja y hay que meterse por un camino vecinal varios kimetros adentro por lo menos antes era asi no se como estara ahora ir en avion era todo un lujo

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