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Diez pesos

9. junio 2011 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por COMOUSTÉ

Moneda de un peso de 1942

Cuando me lo dio el otro día la cajera del supermercado me corrió una cosa por dentro.
El puma en las monedas, diez pesos, pajarito era el mismo diseño que el que nos daba el sábado o el domingo el viejo a mi hermano y a mí, que era de plata y valía un peso.
Claro que con dos cambios de moneda por mil, aquel peso sería un millón de pesos de hoy.

Aclaro que como era muy chico el ecónomo era mi hermano que me llevaba dieciséis años.
Nosotros le sacábamos buen provecho, nos servía para ir al Cerro en vaporcito, y cuando el tiempo no acompañaba nos tomábamos el 125 en Rondeau y Uruguay.
En ambas circunstancias era ida y vuelta, pagar las entradas a la cancha, en aquel entonces el glorioso Parque Nelson, nombre dado en honor del Almirante Nelson, dado que el terreno lo había donado el frigorífico Swift.

Ahora se llama Estadio Olímpico, porque lo pagaron los Tsarkos, de origen griego, una de las plateas mejores para disfrutar de la bahía de Montevideo y toda la costa portuaria.
La entradas a la cancha de nuestro Rampla, viejo y peludo, ojo que ida y vuelta a la aduana o a tomar el ómnibus era a pie y a la vuelta nos tomábamos un Colette en la Conaprole de 18 de Julio y Yi, con un pan de leche (hoy tortuga) con jamón y queso y cuando llegábamos a casa le dábamos el vuelto al viejo.

Las tortugas como era en un lugar para gente bien no tenían la misma cantidad de jamón y queso que le ponía el bolichero de la esquina a las preñadas, pero estábamos en un lugar finoquio, con mozo y todo.
El dólar costaba $ 2.40 y los 100 nacionales (pesos argentinos) $ 8.- resulta imposible estimar las devaluaciones que tuvo el peso argentino, porque pasó a llamarse peso argentino, austral, hoy creo que son pesos de vuelta.

La libra esterlina de oro tenía circulación y por ejemplo a los adoquinadores de la calle Agraciada, con ese empedrado pequeño y en forma de abanico les pagaban una libra esterlina por día, unos cuatro pesos uruguayos.
Una vuelta me encontraba trabajando cerca del arroyo Guayabo y entré en un boliche, donde había un paisano en el mostrador, medio adobado, mostrando una libra que había encontrado en el cauce del arroyo, la cual se encontraba muy maltratada por el agua y la arena y presumiblemente iría en el cinto de alguno que murió en la batalla.
Me atacó el coleccionista que llevo adentro y le pregunté al paisano cuanto costaba la moneda.

Rapidito como mano de novia me dijo ochocientos pesos.
Esa era la cotización que estaba en el diario para monedas en buen estado.
A los quince días en otro viaje le pregunté al bolichero que había hecho el caminante con la moneda y me dijo que apareció otro paisano, más despierto, con un reloj viejo y en el trueque ambos tasaron la moneda y el reloj en ochocientos pesos.

Era bobeta nomás porque el reloj que le dieron no valía ni cincuenta pesos.
En mi colección, bah… me estoy agrandando, en cinco o seis kilos de monedas viejísimas que tengo, en la cual había monedas de $ 0.20 de plata de las grandes y otras con el mismo diseño pero más chicas, emitidas con motivo del centenario, las de $ 0.50 y de $ 1.- emitidas cuando el Centenario (1930), tenía cantidad de monedas de plata que manos anónimas se encargaron de hacérmelas desaparecer.

De las de 0.20 grandes doña Rosa, una vecina, me había regalado veintitrés monedas, aunque no puedo fijarles ninguna comparación porque no recuerdo el año de la emisión.
Dejando jugar la imaginación, aquel puma de plata de un peso se nos devaluó en término de bichos de puma a mulita y con dos mulitas hacemos un carpincho.
Prefiero en especie porque un carpincho a las brasas rinde más que dos mulitas al horno.
No las vendí, pero en resumidas cuentas no las tengo.

Tengo monedas de las llamadas de dos cobres, un centésimo de cobre, mucho más grandes que las de $ 10.- de ahora, pero eran de 1880 y otras de cuatro centésimos que son excesivamente grandes y pesadas y bien conservadas porque se nota que circularon poco.
Los artiguitas, o sea las de 0.01, 0.02, hubo series de diversos años y tengo cantidades industriales.
Recuerdo que una vez fui a hacer un inventario a una casa de una señora de muchos años y me regaló dos botellas de a litro llenas hasta arriba de monedas de 0.01.
Cada una tenía su nombre 0.01 una chirola, de 0.02 un vintén, de 0.05 un medio, de 0.10 un real, de 0.20 una chanchita, de 0.50 cinco reales, y la de 1.- un mango o simplemente un peso.

Con un centésimo se podía comprar un bizcocho, un kilo de pan porteño 0.14.
El tranvía dos vintenes y cuando lo fueron a subir un vintén se hizo un plebiscito que ganó el no aumento, cosa que a los pocos días se volvió a aumentar el boleto y a otra cosa.
El abono del tranvía, sin límite, costaba $ 2.40.
Tal vez el dinero durara más porque había menos ofertas o menos consumismo en la gente.

No había inflación.
En una casa había una radio y basta. Como mi viejo trabajaba en la Compañía Philips, siempre había una nueva en el dormitorio y la clásica radio tipo capilla RCA Víctor en el comedor.
Cuando empezaron a reducirse el tamaño de las radios, estas levantaban tanta temperatura que parecía que se podía cocinar arriba de ellas.

Las radios viejas daban inducción y si tenían algo metálico, como ser el eje de las perillas, daban cada patada que te lo voglio dire.
Ese país lo vivimos y que lindo que fue.

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2 comentarios
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  1. Que dias aquellos del puente de la Ciudad Vieja y el Cerro con el vaporcito, yo no la vivi pero me la contaron, estamos reviviendo con todo esto los 50 o 60 mas o menos, la gente paseaba mas al aire libre y no en los shoppin, donde pasaban los tranvias y se repartia la leche y el pan en carro…que dias…
    Saludos

  2. Fraternalmente , COMOUSTÉ , hay una pequeñísima diferencia entre aquella moneda y la que circula actualmente , y es que han quitado la esfinge de Artigas, el protector de los pueblos libres, que dejó un montón de enseñanzas y doctrinas , de las cuales los gobernantes de turno quieren olvidar y enterrar para siempre. Frases tales como : ” la necesidad de los pueblos no admite la menor demora , sean los orientales tan ilustrados como valientes , tierra pal que la trabaja , mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana , etc , etc , ………. ” .-
    Tengo la total convicción que los neogobernantes , se han pasado con armas y bagajes , al clase social política que mira desde las alturas a los paisanos de a pie, en bicicleta , subidos a los carros tirados con caballos , a el desfile frente a los contenedores de basura de niños y viejos , de mujeres y hombres .-
    De acuerdo a lo que han declarado a boca de jarro a quien lo quiera escuchar , es que tenemos que esperar mas o menos unos ochocientos años , para que la torta crezca y dejemos de comer las migajas que caen de las mesas de los ricos de siempre……………… .-
    Fraternalmente , un abrazo.-

    Jorgemota

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