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Disfrutemos un café

16. Enero 2014 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por COMOUSTÉ

Al café, café, café’, voceaban en el estadio y en las canchas de fútbol o de otros deportes, los vendedores de café, en aquel entonces Sorocabana, hoy ya no existen más. Recuerdo el tacho que tenía una manija larga que lo rodeaba y a veces se enganchaba en la ropa de alguno y le mandaban un chorro abundante de café en la ropa, del lío que se armaba después mejor ni hablamos.

taza-cafe1_435x326El café además del ritual de su consumo fomenta otras costumbres. Tiene un fuerte contenido social, por la mañana el ir al café antes de entrar a trabajar arreglaba muchas cosas, claro que eran cafés cafés, no esos lugares multipropósito con olores a frituras varias, fast food que le dicen.

Un lugar donde haya solamente olor a café express, donde se comparten alegrías y penas con amigos y los conocidos cambian de categoría y se transforman en amigos.
Las alegrías compartidas se multiplican y las penas compartidas se dividen, eso se lo sentí una vez a un cura y me pareció lógico y eso que fue en una misa de difunto.
En el café un amigo trae a otro y la rueda se va agrandando y al igual que la rueda el sentido de amistad va aumentando en número de personas, aclaremos que no es magia, el que es fulero, va a ser fulero en el café o en el ómnibus o en una fiesta.

Al arrancar para el café uno sabe que el mozo, garçon como le llaman en otros lares, nos arrimará el periódico y con el tiempo, el buen mozo sabrá que diario uno prefiere y provisoriamente mientras se desocupa el preferido traerá otro que no es de nuestro paladar.
Como excepción se puede acompañar el café con un par de pan con grasa, el croissant ya es otra cosa distinta, para el café ese bizcocho (factura que le dicen los argentinos) pequeño, macizo, seco lo acompaña perfectamente bien.

Con el periódico uno sale informado a la batalla cotidiana del trabajo, ahora no se publican ni los avisos fúnebres, aquellos para ir a cumplir con los deudos del finado.
Otra especie en vías de extinción es el lustrabotas que puede ser un muchacho chico o un veterano jubilado que hace los pesos necesarios para acortar el mes, en un café que ya cerró por impopular vi al dueño no permitirle entrar a un señor de edad a lustrar zapatos con su cajoncito y su banco.
De apuntar quiniela los viejos ya marcharon también, porque ahora lo hacen con una computadora en línea en locales especializados en cobranzas y esos menesteres.
En el Montevideo de hace veinte años o más, en cada esquina había por lo menos un café y también por qué no hasta cuatro.

Hoy se puede venir caminando desde la plaza Independencia hasta la plaza de los Treinta y tres y no encontrar más de cinco o seis cafés, claro que los multifuncionales con comidas.
Antes cuando se acostumbraba mandar la vuelta, se arreglaba con poca plata, hoy una vuelta de café express común, no el italiano, para cuatro o cinco personas cuesta un montón de pesos que el común de la gente los necesita para llegar a fin de mes.
Los Sorocabanas, antros de reunión de intelectuales pelados, si sin un mango, garroneaban un café y filosofaban toda la tarde hasta la noche, cerraron todos.
El tema fue demasiada filosofía y pocos mangos para el dueño de la empresa.
Café, café, café, la palabra resonó y resuena en mi mente nada más que al oír la campanilla del despertador o la vibración del celular.

Somos muchos los que no podemos arrancar el día sin una buena taza de esta bebida, negra, olorosa, humeante, con esa espuma compacta que ha conseguido posicionarse como la segunda más consumida en el mundo por detrás del agua.
Por supuesto no es mi caso de ahora, pero antes eran dos litros por día, ahora puedo llegar a cuatro express livianos en un rato, una horita, una horita y media.
Le han hecho una histórica mala reputación.
Durante muchos años se ha advertido de que su consumo puede ser perjudicial para nuestra salud.

Eran otros tiempos, hoy las cosas han cambiado.
Estudios recientes presentan un panorama mucho más alentador para los amantes del café.
Cada vez son más las investigaciones que lo dotan de efectos beneficiosos, bueno tampoco la pavada si ahora hasta parece buena la marihuana, según algunos, no todos.
Algunos médicos sugieren que para mejorar nuestra salud debemos centrarnos en otros elementos, como dejar la actividad sedentaria, no fumar o comer más productos integrales.
Claro que es una lucha de titanes tomarse un buen cimbalino sin acompañarlo con un cigarrillo, claro que ahora está prohibido en los lugares públicos.
El último hallazgo, realizado por investigadores del U.K., informan que el café no deshidrata.
Cuatro tazas diarias aportan los mismos líquidos que su equivalente en agua.
Además, su llamado efecto diurético solo se produce cuando se toman dosis altas de cafeína.
Un consumo moderado no tiene consecuencias al respecto.
El café goza de otras cualidades que, además de sabrosa, la convierten en saludable.
Eso, siempre que se tome con moderación y sin demasiados agregados, azúcares, leche, cognac.
Beber café a diario reduce en un 10% las posibilidades de sufrir depresión.
La razón es que la cafeína favorece la liberación de varios neurotransmisores, entre ellos la dopamina y la serotonina, encargadas de regular el estado de ánimo.

No pasa igual con otras bebidas con cafeína.
Los refrescos tienen el efecto contrario.
En mi caso no lo he notado porque también soy adicto a ellos, pero noto en los niños chicos que quedan acelerados a fondo con un poco de bebidas cola.
Al eliminar el riesgo de sufrir depresión, también disminuye las tendencias suicidas.
Beber de dos a cuatro tazas de café al día reduce el riesgo en un 50%, según un estudio de una Escuela de Medicina estadounidense.
Claro, que aquí es importante la moderación: otro estudio realizado en Finlandia añade que beber ocho o nueve tazas al día aumenta el riesgo de suicidio.
La cafeína aumenta la cantidad de ácidos grasos que circulan en el torrente sanguíneo, lo que permite a las personas correr o pedalear más tiempo, ya que sus músculos pueden absorber y quemar esa grasa como combustible y ahorrar carbohidratos para más tarde, explica un deportólogo.

En los controles antidopaje realizados entre 2004 y 2008 se encontraron restos de cafeína en más de dos tercios de los atletas olímpicos analizados.
Según investigadores europeos existe una fórmula para calcular cuál es la dosis perfecta de cafeína para mejorar el rendimiento: así habría que consumir seis miligramos por cada kilo de peso.
Para ello habría que tener en cuenta que una taza cuenta con alrededor de 100 mg.
El café mejora el rendimiento y también la recuperación postdeporte que muchas veces desanima a la hora de practicarlo.
Un equipo de investigadores concluyó que las dosis moderadas de cafeína, aproximadamente equivalente a dos tazas de café, mejora la recuperación del glucógeno muscular y reduce el dolor de músculos hasta en un 48%.
De esta forma los atletas se recuperan más fácilmente y mejoran su rendimiento de cara al siguiente entrenamiento.

No es la solución definitiva para la lucha contra los kilos de más, pero sí es cierto que tiene ciertos beneficios.
El café aporta muy pocas calorías (2 por cada taza), genera sensación de saciedad y tiene un leve efecto lipolítico.
Esto significa que tomar café por la mañana facilita que el organismo consuma grasas acumuladas.
Más beneficioso incluso es el café sin tostar ni glasear ya que modifica la forma en la que el cuerpo procesa los alimentos.
El café tiene una sustancia que evita que el cuerpo absorba todas las calorías que recibe de los carbohidratos y grasas.

Los efectos de la cafeína sobre el cerebro son muy evidentes: mejora el estado de ánimo y también la memoria, el tiempo de reacción y la función cognitiva general.
En concreto, tomar de tres a cuatro tazas al día ayuda a activar y elevar la capacidad de alerta, además de permitir que se mantenga la concentración durante más tiempo.
El café ayuda a memorizar imágenes impulsando la capacidad de recordar los detalles más sutiles, lo que permite distinguir dos escenas muy parecidas.
El café ayuda a mantener la mente aguda durante más años y retarda la aparición de la enfermedad neurodegenerativa.
De hecho, sus consumidores tienen un 60% menos de probabilidades de padecer Alzheimer.
Según un neurocientífico de la Universidad del Sur de Florida, la cafeína “inhibe la producción de beta amiloide”, una proteína que se acumula en el cerebro de personas con esta enfermedad y que, con los años, resulta más difícil metabolizar.
Además, reduce el riesgo de sufrir Parkinson entre un 32 y un 60% debido al papel neuroprotector de la cafeína.

La moderación es clave en los asuntos del corazón.
El café tiene un efecto cardioprotector cuando se consume en pequeñas cantidades.
Así, tomar de dos a cuatro tazas diarias de café disminuye el riesgo de sufrir insuficiencia cardíaca.
El abuso no es tan bueno: cuando la dosis del café aumenta, más de seis tazas, se pierden estas propiedades e incluso aumentan las probabilidades de desarrollar problemas graves de corazón.
Vio amigo, que en la vida no todo son contras… que todo sea para bien…
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Un comentario
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  1. A la mayoría de los boliches de antes hoy le agrandaron la cocina, le pusieron parrilla y los dejaron con un olor insoportable para las mañanas.Con mucha nostalgia leo este articulo que dice cosas tan reales y comentadas por la gente de nuestra generacion, la generacion de los sesenta. Ya no queda un misero lugar en Montevideo donde apoyar la cola y tomar un café en un ambiente que huela a café con la mezcla del olor a panadería proveniente de los bizcochitos calentitos y de la tinta del periódico. Mientras te tomas el cafecito o el cortado con los bizcochos podes leer las noticias del futbol y dejar a medio terminar algun crucigrama para el los que llegan tarde. Que tiempos..

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