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Dormir la siesta en paz

6. Septiembre 2012 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por COMOUSTÉ
Un primo mío estaba durmiendo dulcemente la siesta, con motivo de haber comido como Dios manda y los médicos prohíben, acto que había preparado previamente con una ingesta abundante de ese néctar color ambarino, que en el comercio ha ido cambiando de etiqueta roja, a negra, a doble negra y así sucesivamente hasta una de un color, cuyo precio, la hace prohibitiva.

Tuve o tengo un amigo, mi duda no está en la amistad, sino a la existencia del mismo, porque colaba por la garganta cantidades industriales, de éteres espirituosos, a tal extremo en que los clientes le traían botellas de whisky e inmediatamente iba al boliche de la esquina y las cambiaba por botellas de grappa.

Una porque le quedaba la afición de la época de estudiante fronterizo, así como también prefería mayor calidad, no poniendo en juego cual era de mayor o menor calidad.
En la vuelta de mi barra de la facultad, teníamos aquerenciado un negro flaco y largo, de esos con pinta cachacienta, de apellido Buxareo, pero que respondía al apelativo de Lumumba, aquel líder africano que después de muerto no cabía en su sepultura.

Nosotros cuando lo veíamos, que era casi todos los días, le preguntábamos que quería tomar y pedía un refuerzo de mortadela y una Pepsi Cola, porque en aquella época la Pepsi llevaba más que la Coca.

Lumumba decía que era electricista y yo soy Werner von Braun, y ocioso el hombre, enchufó un calentador de agua, aquellos electrolíticos y lo quemó.
El padre de nuestro compañero que era una persona fina y educada le decía, “Lumumba, mira que tu has hecho cosa de moreno”.

En una de las tantas ocupaciones de la facultad Lumumba solidariamente quedó adentro, pensando que había morfe y para pasar la noche se envolvió en una de esas alfombras, que nunca las han sacudido desde que las trajeron, el negro quedó totalmente blanco con el polvo que se había juntado durante décadas.

En nuestra época evitábamos, en las comidas de estudiante, sentarnos al lado de los que vivían en pensión, porque barrían con todo, poniéndose al, día con todo lo que se habían privado del menú del gallego, siempre escaso de la pensión.
Volviendo al no bello durmiente, fue despertado abruptamente por una llamada telefónica, que lo sacó con los humos y de los brazos de Morfeo y lo entraron a llenar, del otro lado de la línea, de palabras y más palabras, todas ellas incomprensibles y que no llegaba a digerir, hasta que para sacárselo de encima en vez de colgar, le dijo que si de puro educado y siguió durmiendo.

Como al mes, en el buzón de correo de su casa, encuentra un sobre de una compañía de seguros, la que contenía una póliza contra accidentes, que lo amparaba en caso de muerte o fractura de huesos, si lo atropellaba un vehículo, por una suma determinada.
Muy buena gente los del seguro, a un jubilado que no sale de la casa, nada más que hasta un comercio a media cuadra y una vez al mes a cobrar la jubilación y pasar por el supermercado, los riesgos de que lo atropellara un automóvil, son menos diez y los beneficiarios, no existen porque él es solo, con dos perros, que no pueden ser titulares de derechos y obligaciones porque no son personas.

Ahí empezó la odisea, los llama por teléfono a los de la empresa y les dice que no contrató nada con nadie y que no firmó ningún documento.
Le dicen que le grabaron la conversación y que su “si”, equivale a una firma y que ellos procederán a cobrarle por medio de una tarjeta de crédito que él tiene.
El tema no queda ahí, se dirige a la presunta “Defensa del consumidor” y le dicen que mejor que arregle con la compañía de seguros porque la cosa va a ir para largo y se va a complicar la vida, creo, a mi criterio, que se lo sacaron de encima.

Menos trabajo para unos empleados públicos que están para otra cosa, que no es la de proteger a mi primo, sino a esperar que pase el tiempo hasta fin de mes para cobrar el sueldo.
Tuvo que dirigirse a la empresa, por escrito, presentar cédula de identidad, renunciando a un seguro que nunca tuvo, porque si lo hubiera reventado un automóvil, en el lapso entre la llamada aquella por teléfono y la renuncia, estos señores que le pretenden cobrar la póliza, sin tener ningún papel firmado, no le hubieran pagado un corno.
Primero porque no había ninguna prueba por parte del presunto asegurado y como no tenía beneficiarios ninguno iba a reclamar.

Si, por las moscas, alguno reclamara, le iban a decir que trajera los comprobantes del seguro, elemento que habían quedado en la presunta grabación de la compañía, en poder de la misma.

A guisa de complemento del bocadillo que antecede la póliza lo cubría si lo mataba un auto antes de los ochenta años.
Si lo reventaban a los ochenta años y un día, no le pagaban nada porque quedaba en descubierto, por ser tan idiota de no dejarse atropellar por un auto, un par de días antes de los ochenta años.

Me gustaría saber si no hay un delito penal por parte de esta compañía de seguros, que obtuvo no se sabe por qué medios, la base de datos, probablemente del supermercado y la que lo identifica como tenedor de una tarjeta de crédito de un banco de plaza.
Es muy probable que si se hace una investigación, resultará que los muchachos del call center, no son empleados de la compañía de seguros y cobran simplemente por hacer las llamadas.
Difícilmente, se castigue al beneficiario de la tramoya que es la empresa y no los empleados, contratados por cambio chico para hacer las llamadas por cambio chico y no los que se llevan la parte del león.

En lo que me es personal, tuve un seguro que fui pagando todos los meses esperando que, al cumplir determinada edad, pudiera cobrar la póliza, si estaba vivo e irme de paseo a algún lado y si me pelaba antes ayudaría a mantenerse a mis hijas hasta determinada edad.
Estaba totalmente equivocado, a los 65 años dejaría de pagar, pero no tendría derecho a cobrar ningún mango, por ser tan estúpido de no haberme muerto antes de los 65 años.
Bien calentito les mandé una carta diciéndoles todo lo que pensaba de esa compañía de seguros, la cual casualmente está instalada en el mismo local, pero con otro nombre, de la que aseguró al dormido que dijo que sí.

Con seguridad es el mismo perro con distinto collar, pero vaya uno a probarlo.
Estimados amigos, aquello que nos enseñaron de chicos que decía que el vivo vive del tonto y el tonto de su trabajo es una realidad a full con estos delincuentes legalizados.
Acuérdese por su bien, si se tomó unas birundelas no maneje y antes de dormir la siesta desconecte el teléfono, porque le puede entrar el vendedor clandestino, que le invadirá su privacidad etílica y lo empaquetará con un seguro que solamente firmaría si estuviera mamado o dormido.

De los horóscopos telefónicos y de los avisos hablaremos otro día.
Que todo sea para bien…

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Un comentario
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  1. Colgado en la percha? jejejeje no den malas ideas que la gente se cree todo jejejeje

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