Contenidos para blogs, sitios y boletines electrónicos

El ‘Cacho’ mataba al azar

2. noviembre 2017 | Por | Categoria: Insólito

carta_20x15 ima-twit

Síguenos ahora también en Twitter y Facebook

Por Niquita Nipone
Para preparar este artículo de hechos policíacos, que abarcan desde el Asalto al Cambio Messina hasta episodios no muy cercanos en la historia, porque si fueran muy próximos, ya los habrían leído en el diario de la semana pasada.

Consulté como corresponde varios libros nacionales sobre la materia y todos empiezan igual, describen el lugar, el clima del día del hecho, la fecha, quienes eran las autoridades de gobierno en ese momento, situación general de la sociedad, y alguna epidemia para completar y después de un par de páginas entrarle al tema o sea mucho bulto y poco relleno.

Al final se citan las fuentes tanto bibliográficas, como de los medios, el Mundo Uruguayo se merecería una condecoración.

Ninguno cita a Google, aunque no es mala palabra, pero parecería serlo, para quienes, con poses intelectuales, ni lo consideran fuente de segunda, pero no lo citan, pero que lo leyeron lo leyeron, no es la Biblia pero aporta datos importantes.

El que no se ataba a esos esquemas era Gustavo Escanlar y le ponía siempre algo suyo, lo cual no lo hace menos veraz a la historia, dado que como nosotros, no vivimos aquella época o éramos muy menores, también nos encontramos, con condimentos aportados por los cronistas de la prensa escrita de la época y las frases comunes tan manidas. El sujeto, sea cual fuere, siempre es repudiable y la víctima inocente y así podemos seguir hasta hoy en día.
Claro que Escanlar, a quien no tuve el gusto de conocer, era un escritor que rompe los esquemas, además era un ser que no le ataban prendas con nadie y entre transgredir y no transgredir era un trasgresor nato y el oficio lo conocía muy bien porque a pesar de lo joven que era, cuando falleció, tenía muchos años de periodista escrito.

Su libro Crónica Roja – Crímenes que estremecieron a los uruguayos, es único, claro que la crónica es material para periodistas y Gustavo lo fue desde muy joven y en esto se maneja como pez en el agua.

Por temperamento, tanto le daba echarse a un tipo encima, como que lo aplaudieran, escribía porque le gustaba hacerlo y vivía de eso que no es fácil.
Nadie puede decir que Escanlar tanto le daba, no, o lo querían o lo odiaban, claro que después de muerto la gente lo mira con otros ojos. No sé que pelo político tenía, pero muy izquierdista no era y hay en este país un culto a que los intelectuales tienen que ser de izquierda.

Vayamos a lo nuestro. Cuando era muchacho, había una muchacha rubia, bonita que estudiaba medicina y en el IAVA, donde nos juntábamos todos, de todas las carreras, de todos los liceos públicos o privados, me enteré que dicha muchacha era la hermana del Cacho, Zelacio Terencio Durán Navieras, que en aquella época era el terror de los terrores. Con ella nunca crucé palabra alguna, ni un saludo, pero todos sabíamos que era la hermana del Cacho.

Algún autor de los libros citados ut supra además le puso el nombre de pila, como si escracharla a ella, en algo mejorara su historia.

El Cacho, al lado de los menores de ahora, era un bebé de teta.
Era oriundo de la Comercial. Sus padres emigrantes españoles, panadero de Villa Muñoz y enfermera de la Asociación Española.

Dicen que cuando niño era el terror de los vecinos, por las diabluras propias de su edad, un poco más que las normales y con el IVA que le fueron agregando, por el mero hecho de haberlo conocido y los hechos posteriores de notoriedad.
Tuvo problemas en la escuela y lo mandaron al psicólogo o psiquiatra de primaria y era normal.

Pero por su conducta hiperactiva no paraba en la misma escuela mucho tiempo y su rendimiento escolar era deficitario y eso que en aquella época existían escuelas de varones donde hacían caminar derechito a los díscolos.

Fue lo que hoy llaman hiperactivos y los bajan a tierra con ritalina.
Los psicólogos atribuyen sus conductas porque a los diez años todavía dormía en el cuarto de los padres, si eso fuera un motivo muy fuerte, en aquella época de hacinamiento en los conventillos todos andarían metidos en líos o en este caso había un varón y una nena en la casa se precisaban más de tres dormitorios, con un sueldo de maestro de pala y de enfermera, no era fácil la cosa.

Se hacía pichí en la cama y tomó la teta hasta los dos años porque no quería mamadera.
Eso tampoco me cierra, pero yo no soy psicólogo. ¿Todo eso era lo grave que le afectó la conducta?, ¿que pasó con los usuarios de los miles de colchones que vi secarse al sol por las mañanas?.

Tal vez haya estado el mal en aquella sociedad que a los 11 años por ser hijo de padres separados, lo zambulló de cabeza en el Asilo Dámaso Antonio Larrañaga.
En materia penal, la auto evasión, no es un agravante de las penas, si no media violencia en las personas, porque es instintivo tanto en el ser humano, como en un pajarito jaulero, la búsqueda de la libertad.

Sin apoyo familiar y prófugo, los robos se transformaron en un natural medio de sustentación, pero son delitos, los cuales terminaron con él internado en el Hospital Vilardebó, en la Colonia Suárez y en el albergue de Menores Julián Álvarez Cortés.

Se recibió con altas notas en esas escuelas o universidades del crimen.
Sabía como lograr por medio de cortes auto infringidos ser internado en lugares de más fácil fuga.

Uno de sus más sonados casos, fue en 1954 cuando con otros infanto juveniles, así se les denominaba entonces a los delincuentes menores de edad, con un auto atropelló a un bombero de Ancap y según sus dichos lo hizo para “ver el ruido que hacía al caer…”.
Esa fue su primera muerte.

También esa frase, fue el cartel que lo precedía en todos los lugares donde fuera por un afane, ya sea, a un juzgado, a la policía o al albergue.
Al año siguiente agrega una violación de una obrera, con todos los agravantes y con todo lo que conlleva este tipo de delito.

Ahí la sociedad estaba que ardía con este muchacho.
El famoso Comisario Orestes Braida y Enrique Silva, lo detuvieron al Cacho y a dos cómplices de la violación.
En la declaración de la violación la víctima fue elegida al azar para divertirse y tanto les daba un hombre, como una mujer, un joven como un viejo.
La frase del por qué atropelló al bombero y la elección de la víctima en este último caso, ya eran una pasacalle que precedía al Cacho.

Con esta banda de delincuentes infanto juveniles pasó a la historia un perro policial, dicen que pastor alemán, llamado Zorro, el que a puro colmillo y bravura y defensa del amo, detuvo al Negro Manito quien lo había apuñalado en su intento de huir de la policía y Zorro no lo soltó.

El perro se salvó y fue condecorado con una medalla de oro, por la Sociedad Protectora de Animales.
El perro actualmente se encuentra embalsamado en el Museo Policial, donde tuve oportunidad de verlo y me extrañó la definición del perro como pastor alemán, porque no era de gran porte, pero suplió esa carencia con su temperamento.

El Cacho y sus cómplices estuvieron stand by en la Cárcel Central, en el 5º piso, donde se amotinaron durante varias horas.
Los de la banda que no participaron en la violación fueron pasados al Álvarez Cortés y los violadores quedaron en Cárcel Central.
El Cacho se voló y terminó en el Vilardebó donde lo tuvieron enchalecado y pichicateado.

Con el Bocacha, el Cacho se fugo de Millán 2515, previo afane de la limosna de las monjitas, unos $ 1.000.- y se patinaron la plata que era mucha, en pilchas y con mujeres del ambiente.

Dicen que el prontuario, que no existía para los menores, pero la policía llevaba un control de entradas y causales, el Cacho tenía más anotaciones y más profusas que el de Roscigna, un ácrata que Asaltó el Cambio Messina y se fugó por un túnel del Penal de Punta Carretas.

Como los menores no podían ser fotografiados era muy difícil la identificación del Cacho y sus aláteres por medio del manyamiento.
Las autoridades llegaron a mirar con cariño a la Isla de Flores, como si fuera una eventual Alcatraz, faltaba el Golden Gate y la ciudad de San Francisco, ganas no faltaron pero políticamente no era bien visto después de haber sido lugar de confinamiento de los detenidos políticos cuando la dictadura de Terra.

El Cacho estaba enterrado en la casa de la madre en el Buceo y el batilana había sido su “amigo” la Chancha.
La policía lo fue a buscar a la casa de la madre y por suerte madre hay una sola, ésta se encargó de avivarlo, él acható la pezuña por el fondo y azoteas linderas perseguido por el agente Carlos Audiffred.

Al llegar a Rivera se tomó caminando el 142 para afuera, cosa que también intentó hacer el policía y recibió un tiro de un 32 que portaba el Cacho que le atravesó el corazón.
Anduvo disparando por Rivera hasta el Cementerio del Buceo, siempre a los tiros hasta que se le rompió el gatillo del revólver, se deshizo del arma, levantó las manos y apeló al clásico “No me maten… ¡soy menor!”. Frase tan común en nuestros días.

La sociedad quedó nuevamente conmocionada con este hecho, así como todos los anteriores y pretendían mediante colectas populares ayudar a la viuda, claro que el dinero no compra vidas.

El Juez de Menores lo internó en la Cárcel Central en el 4º piso en un calabozo de 2.50 de largo por 2 de ancho, una litera de madera suspendida de la pared, sin colchón. Al fondo una ventana pequeña de 0.40 por 0.40, con triple reja. Puerta de hierro hermética y mirilla. La sensación que uno siente en estos calabozos cuando cierran la puerta es como si le cerraran la puerta a la heladera con uno adentro.
Lo digo por experiencia, lugar donde me comí un garrón de 24 horas de calabozo pelado, o sea sin colchón, sin cucheta, ni un banco, cuando me soltaron un oficial me dijo vos acá no vas a volver ni por casualidad.
Para ir al baño había que pedirle al carcelero que abriera la puerta del calabozo para lo cual había que gritar “llavero” y dar el número del calabozo.

Venía el hombre y abría y acompañaba. Todo bárbaro hasta que cayeron dos pungas el Canario grande y el Canario chico, armando alboroto y llamaron “llavero” a lo cual el carcelero pedía el número del calabozo y le contestaron “en el culo tenés un agujero”.
De ahí en más no hubo baño para nadie.

En enero de 1959 luego de la mayoría de edad, marchó para la Penitenciaría (Cárcel de Miguelete) y luego el Penal (Punta Carretas) hasta 1962.
Se portaba bien, cambió su aspecto físico, perdió peso y no ladraba fuerte, porque el único perro que había, era el chocolate y era duro con los que le molestaban.

Aprendió música, técnico en radio y terminó la primaria.
En 1962 fue liberado, pero anduvo con malas juntas, sin llegar a delinquir. Se comió una cana por desacato en 1963.
No pudo rehacer su vida en Montevideo, como tampoco la pudieron rehacer sus víctimas.

En 1964 lo buscaba Interpol de Sao Paulo y en 1965 fue detenido en Buenos Aires por porte de armas y escándalo.
En 1967 dejó alguna huella en Chile, algunos robos y falsificación de documento público.
Fue expulsado de Chile, fue expulsado de Brasil (?!?!).
Nunca más se supo.

Capaz que lo agarro “a mao branca” y fue Zelacio Terencio Durán Naveiras, (a) el Cacho liquidado por ese grupo para policial.

Cinco momias extraterrestres

Crisis migratoria europea

Kim Jong Un, elogia programa nuclear

Creación del gas mostaza

¿Sexo oral o fumar?

Esposas y amantes de Perón

El ‘Cacho’ mataba al azar

El asalto al Paganini

Más artículos en esta Sección:

4 comentarios
Deja tu comentario »

  1. periodista Escarlar? yo pense que era igual quel Piñe…

  2. Esto es para que aprendan algunos que dice lo de antes era mejor¿? habian delincuentes como el Cacho, y la leyes no podian hacer nada. El tipo hacia lo que queria igualito a hoy….en lo que era mejor es que habia un solo Cacho……que pasaria con cinco Cachos en aquellos días?
    Saludos a todos…

  3. Sabandija y pico el cacho—————-eso de pasarle por arriba al pobre bombero para ver que ruido hacia—————-es de puro malo————buen historia———–

  4. Que puedo decir Niquita?. Ante tu comentario de Gustavo Escanlar, el que conosco de la TV. me parecio un tipo con una gran entereza. que le hicieron un quilombo por el cual perdio el trabajo en zona urbana con el asunto del plagio de un editorial que escribio en el Observador. que se le atribuyo escandalos en la noche. pero para mi era un genio y los genios nunca son perfectitos. buena nota…
    bsos Rita

Deje su comentario