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El dólar perdiendo pie

3. enero 2014 | Por | Categoria: Insólito

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Por Niquita Nipone
Letonia, pese a sus reticencias, entra en 2014 con el euro como moneda. Se convierte a partir de hoy en el 18º país que adopta la moneda única europea. En setiembre, sólo un 13% de los letones apoyaban la medida.

DOLAR3_435X326Letonia se ha convertido este martes en el decimoctavo país de la eurozona a pesar de la reticencia de sus ciudadanos, que temen que la introducción de la moneda común se traduzca en subidas de precios y nuevos ajustes económicos.
Hace un año, en plena crisis de la credibilidad del euro, el presidente del país báltico, Andris Berzins, explicaba a sus compatriotas que no tenía otra alternativa que adoptar la moneda común porque a ello se había comprometido en el momento de entrar en la Unión Europea, en 2004.
“Al integrarnos en Europa firmamos que era nuestra obligación integrarnos también en el euro.
No tenemos otra opción.

Estamos atados al euro”, dijo entonces Berzins en una entrevista a la cadena de televisión letona LNT.
Ante el escaso respaldo popular a la adopción del euro -en septiembre de 2012 sólo el 13% de los letones apoyaban la introducción de la moneda única- el Gobierno se negó a someter tal decisión a un referéndum, como exigía la oposición.
Sin embargo, la potente campaña gubernamental en favor del euro de los últimos meses ha dados sus frutos.
La mayoría de los letones se muestra preocupada por el abandono de la moneda nacional, el lat, el 53% respalda la unión monetaria, de acuerdo con la oficina de estadística comunitaria.
La mayoría de la población no apoya la medida, que no ha sido sometida a referéndum
Este cambio en el ánimo de la población letona, sin duda, ha sido propiciado también por los primeros síntomas de recuperación en la eurozona.
Berzins ha declarado que, como todos los letones, lamenta la desaparición del lat, pero ha recalcado que el euro representa “un escalón más hacia la libertad”.
“Es una realidad y vemos cómo se abre el mundo ante nosotros.
La introducción del euro es un escalón más hacia la libertad”, dijo el viernes pasado el presidente letón en una entrevista con la radio SWH.

Según el ministro de Finanzas, Andris Vilks, la transición al euro debería transcurrir sin mayores inconvenientes, habida cuenta de la experiencia en la vecina Estonia, la primera de las tres antiguas repúblicas soviéticas bálticas en entrar en la eurozona, paso que dio en 2011.
A diferencia de los estonios, que apoyaron abrumadoramente la adopción de la divisa común y hacían colas en los bancos para comprar euromonederos, los letones se muestran más indiferentes hacia su nueva moneda.
A partir de hoy los lats podrán cambiarse por euros sin límite de tiempo ni de cantidad únicamente en el Banco Central de Letonia, mientras que en otras instituciones financieras este plazo será sólo de seis meses.

Tras la entrada en vigor de la moneda europea, el lat y el euro circularán de forma conjunta durante dos semanas en las que los comercios y cajeros automáticos darán cambio únicamente en la moneda común.
Con la entrada en circulación del euro, todas las transacciones e informes financieros se publicarán en esa moneda, a la vez que todos los instrumentos calculados a base de los tipos de interés variable del indicador Rigibor utilizarán el de Euribor.
La tasa de cambio será de un lat por 1,4229 euros, la misma que en 2005 estableció de manera fija el Banco Central de Letonia cuando vinculó la moneda nacional a la divisa común.
Esa circunstancia hizo que la recesión que golpeó a Europa en 2008 tuviera un gran impacto en Letonia, cuya economía en 2009 decreció en casi el 18% con una tasa de desempleo del 23%.
Al año siguiente, la situación mejoró, y ya en 2012, cuando la economía letona creció el 5,6%, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, destacó a Letonia como un ejemplo del éxito las de políticas anticrisis basadas en el recorte de gastos.

Aun así, el PIB de Letonia, un pequeño país de poco más de dos millones de habitantes, no ha recuperado todavía los niveles de antes de la crisis.
Paso a paso, con dos ex repúblicas de la antigua URSS, en el campo del euro, la era en que el dólar americano era la divisa universal para la realización de cualquier tipo de transacción va llegando a su fin, si bien el periodo de transición en que pierda su liderazgo demorará un tiempo más y depende de varios imponderables.
Las economías del orbe llevan un par de años sustituyendo las reservas que tenían en dicho papel moneda y aunque sea un tema que se maneja con precaución dadas las desastrosas consecuencias que podría generar la aceptación de este hecho, es una verdad innegable.
La manera en que los EEUU imprimen papel para cubrir sus obligaciones inmediatas aún cuando su economía se encuentra estancada es un acto desesperado que no sólo provoca inflación fiduciaria sino que la pérdida de confianza provocada en los bancos centrales ha reducido la participación del dólar en sus reservas en no menos de 10 puntos porcentuales durante la última década.
El terreno ganado por el euro y la misma revalorización del oro son factores, pero también consecuencias de la debilidad de la divisa americana.

Porque existen mil argumentos técnicos para defender al dólar, pero aún siendo ciertos, ni todos ellos juntos son suficientes para contrarrestar los dos más grandes que se tienen en su contra: que está respaldada en una economía endeudada y que sus reservas en metal son ficticias.
Si bien es cierto que EEUU es la mayor economía del mundo medido a través de su PIB nominal, gran parte de su desarrollo se debe al endeudamiento, por lo que su riqueza está comprometida.
La unión americana es la nación con mayor deuda externa del orbe y ella rebasa la totalidad de los valores agregados generados en un año.
Debido a la alta carga que representa su deuda, cada vez le es más complicado conseguir financiamiento para solventar sus finanzas en el sector público y ello explica en parte la simulación entre partidos para no aprobar su presupuesto y llevar sus instituciones a paro.
Bajo esas mismas condiciones y si se tratase de un ciudadano americano en su misma nación, seguramente la preocupación de embargo y desalojo ocuparían su mente las veinticuatro horas.
Porque el primer cese de pagos en la historia estadounidense está a la vuelta de la esquina y a medida que pasa el tiempo las dudas incrementan, algo que es mortal en un mundo regido por la especulación.

El oro volvió a ser el instrumento de reserva por excelencia.
Las operaciones estabilizadoras de política monetaria suelen ocupar los dólares para proteger sus intereses debido a la facilidad de comercialización que brinda el papel-moneda y así poder influir en el mercado.
Pero lo anterior se hace bajo el supuesto de que el dólar cuenta también con un respaldo en metal precioso y no simplemente a la especulación sobre la economía estadounidense.
Recién el año pasado tras el escándalo protagonizado por Goldman Sachs al vender certificados íntegros de oro cuyo aval físico en bóvedas resultó ser ficticio, el gobierno alemán –que además es sostén y pilar del euro- comenzó las presiones hacia la banca central estadounidense para repatriar la mitad de sus reservas en oro que se encuentran almacenadas en territorio americano.
Tras diversas gestiones alemanas, las inspecciones permitidas fueron mínimas y se generó un alto grado de desconfianza hacia la Reserva Federal de EEUU, concluyendo diversos especialistas que como en Goldman Sachs, el respaldo era fraccionario o inexistente.
Por ello el argumento de hacer la devolución hasta el año 2020 a no ser que con canales diplomáticos logren extender dicha fecha de entrega también.
El dólar sigue siendo un valor de cambio exclusivo en el sector energético, principalmente del petróleo, así como la divisa ideal para los emprésitos, aunque precisamente los escenarios actuales exigen mayores alternativas. Porque lo que es su principal fortaleza también es su mayor desventaja: al tener presencia en todas las monedas del mundo y por tanto, la capacidad de devaluarlas todas, de darse una erradicación del dólar de forma simultánea alrededor del orbe, la desvalorización de las divisas sería proporcional a su respaldo en dólares, estos es, que en términos mundiales se perdería un valor nominal, no real –cosa que se daría al revés con cualquier otra moneda.

Entonces el paradigma cambia: es la moneda –y la economía- de EEUU la que se sostiene y opera gracias a las monedas -y economías – del mundo, y no viceversa, como ellos suponen.
Las naciones del mundo tienen conocimiento de la fragilidad del dólar pero con la finalidad de no acelerar procesos, guardan silencio y actúan con cautela, pues toda la economía se encontraría al borde del colapso.
Los países saben que sus reservas en dólares valen mucho menos de lo que se especula pero nadie quiere –o puede- reventar la burbuja que encadene una serie de eventos fatídicos.
Es que la forma en que la economía de mercado asigna un valor, es verdaderamente sencilla y hasta irrisoria: basta que un par de personas, o en este caso naciones, crean –o digan- que una mercancía cuenta con valor, para que de inmediato le sea asignado un precio y pueda ser comercializable.

Con las monedas sucede de manera parecida, dado que bastan dos naciones que crean que una divisa vale y está respaldada, para que sea ocupada como unidad de cambio.
La especulación es la madre de la economía actual y aunque en apariencia el mercado de divisas sea el mayor informado, la verdad es que se cimienta en la mentira compartida: “acepto que su moneda tiene un valor siempre que ustedes acepten que la mía cuenta con una proporción de dicho valor”.
Por eso los vaivenes del mercado de valores y sobre todo del mercado de dinero son tan impredecibles: se basan en pronósticos, nunca en realidades.
A lo más, su especulación obedece a la posibilidad de que un escenario se presente dado un fenómeno real, nunca a la consecuencia en sí.
Una de las intrigas principales en la fase de maduración de la crisis económica consiste en, si EEUU seguirá siendo la primera economía del mundo, y si el dólar norteamericano mantendrá el estatuto de divisa de reserva única.
Parte de los expertos augura el debilitamiento del dólar y su sustitución por varias divisas regionales.
Otros aseveran que, para la economía global es imprescindible establecer una unidad monetaria básica.

Los analistas financieros concuerdan con que, si el dólar está condenado a perder su protagonismo, ese momento no ocurrirá pronto.
El proceso no será revolucionario, sino evolutivo, y se extenderá por décadas.
“La era del dólar” comenzó en 1944.
En Europa tronaba la guerra, cuando políticos y financieros de unos cuarenta y tantos países se reunieron en el balneario estadounidense de Bretton Wood, para determinar por décadas la marcha de la economía mundial.
Aquella actividad se denominó Conferencia monetario-financiera de la ONU. Allí quedó consignado, documentadamente, el estatus especial del dólar.
Estadounidenses y sus aliados británicos convencieron a los colegas que, tan sólo la existencia de una divisa “principal”, sujeta estrictamente al oro, garantizará la estabilidad de la posguerra.
Aparte del dólar no existían tampoco otras candidatas al papel de esa moneda principal.

Mijaíl Hasin, economista de renombre y presidente de la empresa consultora “Neokon” lo explica así:
“Hacia comienzos de la década del cuarenta, la economía de EEUU comprendía cerca del 50 % tanto de la producción como del consumo mundial.
En tal sentido, el papel del dólar era del todo natural.
Si la mitad de la economía mundial se compra en oro, es obvio que, todos los que podían producir algo deseaban venderlo en dólares.
“Aquello era un efecto económico absolutamente natural”.
El estatus especial del dólar ayudó, durante muchos años, a las autoridades estadounidenses a acumular el grueso de los ingresos mundiales, destinándolos para el desarrollo de su economía.
Pero, la situación cambió.
Hace ya tiempo que el dólar no está respaldado por oro, los centros de la producción mundial se han desplazado de Occidente al Oriente, y ha decrecido la cuota de EEUU en la economía mundial.
En tal situación, la influencia desproporcionada del dólar se ha convertido en un factor adicional de la crisis.
Para muchos, las posiciones de la divisa norteamericana no parecen ya ser tan categóricas.
Kirill Tremasov, director del departamento de análisis de Nomos-Bank señala al respecto:
“Hasta hace diez años, las posiciones del dólar como moneda de reserva eran inexpugnables.
En la última década, se redujo considerablemente el valor del dólar en el comercio mundial, en la economía mundial, y creció sustancialmente el del euro.
Además creció el valor del yuan.
Estos procesos seguirán desarrollándose, y lo más probables es que, la tendencia apunte hacia la disminución del papel del dólar en el mundo”.

El mundo ya conoció algo parecido.
La libra esterlina británica desempeñó, de facto, durante doscientos años el papel moneda mundial de reserva.
Pero, a mediados de la década de los años cuarenta, la vapuleada “soberana de los mares” cedió las palmas, no en combate, sino a EEUU con todos sus dólares.
Sin embargo, no cabe esperar el ocaso acelerado del dólar.
Durante décadas, la infraestructura financiera estuvo afianzada con dinero estadounidense.
Las entidades financieras influyentes operan hasta el día de hoy con dólares. Las deudas de las mayores compañías y de los Estados están consignadas en dólares.
Los precios de las mercancías bursátiles se calculan partiendo de su precio en dólares.
Son necesarios muchos años para dar un vuelco a esa situación”.
Mijaíl Hasin destaca un factor importante más: EEUU es el mercado número uno para las corporaciones mundiales líderes:
“Todos desean vender algo a los estadounidenses.
La sanción más terrible que puede aplicar EEUU es el bloqueo a su mercado. Porque se trata del mercado más gigantesco del mundo.
Si usted no entra en ese mercado, no puede llegar a ser líder mundial”.
Entre los expertos no hay consenso con respecto al futuro de la moneda de reserva mundial.
Mijaíl Hasin prevé la formación de unas cuantas zonas monetarias.
Por ejemplo, las zonas del dólar, del yuan y del euro. La influencia de cada divisa, fuera de su zona, no será muy grande.

Elena Matrosova, experta en macroeconomía insiste en que, mientras el mundo avance hacia la globalización le será necesaria una unidad monetaria “principal”.
El dólar es la medida universal de valor que no tiene sentido cambiar.
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