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El gran Houdini

4. noviembre 2010 | Por | Categoria: Entretenimiento

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Por Lorenzo Olivera

Harry Houdini junto a su madre

Mi deber es ser honesto con mis lectores. No creo para nada en la magia ni en cosas fuera de lo normal, creo sí en los trucos y paquetes que nos venden los señores ilusionistas que viven de eso. El hecho de que no me de cuenta de cómo hacen los trucos, es un problema de mi capacidad y no habilita nada paranormal.

Puestas las cosas en su lugar, tenemos que el ilusionista y escapista conocido como el “Gran Houdini”, o como Harry Houdini, era un señor nacido en Budapest, Hungría el 24 de marzo de 1874 y fallecido en Detroit, Estados Unidos, el 31 de octubre de 1926.
Su nombre real era Eric Weisz, el cual le fue cambiado cuando emigró por Erich Weiss y era de origen judío.
Por motivos laborales de su padre, el cual fue designado rabino en Appleton, Wisconsin, hubo de mudarse a dicha localidad a los cuatro años de edad.

De origen muy humilde tuvo que luchar por sobrevivir desde muy pequeño, así como ayudar a su familia, a los 8 años era vendedor de diarios y lustrabotas en la calle.
Con sus amigos de la calle, después de haber visto un espectáculo de un mago itinerante, le entró a su sangre el virus de las tablas y con los demás chiquilines, improvisaron un circo callejero, donde él hacía de trapecista y contorsionista, bajo el nombre de Eric, “El príncipe del aire”, para sus nueve años y actuar en una cosa improvisada callejera, no tuvo miedo de quedarse corto con el nombre artístico.

Como era norma en aquella época, se fue de la casa a recorrer el mundo y hacer su vida y volvió a los 13 años cuando su familia se había mudado a Nueva York.
Allí siguió trabajando de siete oficios y estudiando todo lo publicado sobre magia que le caía en manos, dado que con sus actividades liberales, mal remuneradas, mal podría armarse una biblioteca especializada en los suyo.

Le cayó en manos un libro de las memorias de Robert-Houdin, escritas por él mismo, del que surgían las memorias del mago Jean Eugene Robert – Houdin, el que además de convertirse en su libro de cabecera, lo adoptó al autor y protagonista, como su ídolo y de ahí en más adquirió su tercer nombre “Harry Houdini”.
Cambió el trapecio por la magia. En 1882 era profesional en todas las ramas de la magia y era conocido por sus escapismos imposibles, gracias a una resistencia física que adquirió con una fuerte preparación en el gimnasio.

La magia era su pasión y con la muerte de su madre el desenmascarar falsos mediums, que explotaban la ignorancia o credulidad de la gente, fue para él un apostolado, tomado por la pasión entrañable que sentía por su madre, no olvidemos una yiddishe mamele, que lo marcó como sólo lo hacen las madres judías.

Su campaña antifarsantes lo llevó a malquistarse con amigos como el escritor Sir Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes, porque este creía en esas cosas del mundo espiritual y paranormal y Houdini vivía para destruir a todos los estafadores, que amasaban fortunas, con la gente que quería comunicarse con sus antepasados en el más allá, en una época de guerras que dejaban a las familias desarmadas.

En su campaña en tal sentido llegó a crear un código con su esposa, que si había algo en el mas allá, se comunicaría con ella por medio del mismo, cosa que hasta el día de hoy no ocurrió.
En sus comienzos de mago chistoso manipulando naipes y otros objetos menores, vio que en el escapismo estaba lo suyo.

Houdini era atado e introducido dentro de un saco de fuerza, a su vez introducido dentro de un baúl, todo ello, atado y sujetado con candados. El partenaire se subía arriba del baúl y levantaba una cortina y en breves minutos aparecía Houdini sin ataduras de especie alguna en el lugar que había ocupado el ayudante hasta pocos momentos antes.
Como sigo siendo un escéptico, dicen que ejecutó este número más de diez mil veces en toda su carrera. Una simple operación aritmética me hizo hacer una cuenta elemental, 32 años por 365 días, me da un promedio de que hizo el truco 1,16 veces por día, tomando la base de 20 años para comenzar con el escapismo auténtico.

No dudo del escapismo, pero si de la asiduidad en que lo pudo haber practicado.
Tenía gran habilidad, además, para publicitar sus actuaciones, por ejemplo, llegaba a un lugar y se comunicaba con la prensa y concurría, acompañado de los periodistas a una comisaría (como le llamamos acá) o a una prisión y públicamente desafiaba a las autoridades a que las esposas policíacas no lo detendrían y lograría desembarazarse de ellas.

No olvidemos que en el sistema americano, los cargos de los fiscales son por elección y nadie quería quedar en blanco y perder el empleo. Accedían y los periodistas registraban su actuación.
La noticia corría como pólvora y ahí estaba la publicidad la que hubiera costado muchos miles de dólares, obtenida en forma gratuita.
Nadie pudo conocer su técnica y los secretos si los hubo se los llevó a la tumba.
A mí me viene a la mente un proverbio árabe que dice que el secreto mejor conservado es aquel que nunca se dice.

Que fue el mejor escapista del mundo no caben dudas, escapó de candados, grilletes, cadenas, chalecos de fuerza, barriles, cajas fuertes, todo tipo de esposas, ataúdes y habitaciones cerradas.
Entre sus habilidades además del escapismo estaba la de poner un reloj a la vista del público y les solicitaba asimismo que mantuvieran la respiración, mientras él estaba en los menesteres del escape. Claro está, el tenía un muy buen entrenamiento y el público estaba mucho más nervioso que él y no aguantaban la respiración elemento que jugaba a favor de él al igual que el reloj.

Vi una de sus películas con Tony Curtis y la liberalidad de los libretistas lo ponen como que tuvo un ataque de apénditis cuando iba a escapar de la Cámara de tortura china.
Una en que lo metían con chaleco de fuerza, con los pies para arriba, con candados y grilletes de todo tipo y marca en una pecera llena de agua y lo bajaban y cuando veían que no salía los bomberos o no se quién rompían uno de los vidrios con un hacha y moría por una peritonitis en acción.

Es cierto murió de una peritonitis, pero gracias a unos estudiantes universitarios que venían de clase y practicaban boxeo y lo desafiaron a que no soportaría los golpes que le propinarían en el vientre.

Parece que le lesionaron seriamente el apéndice y murió de peritonitis a los 52 años de edad.
Tuvo vocación por la aviación y en 1910 fue la primera persona en sobrevolar Australia y también incursionó en el cine, con poco éxito.

Su truco para desenmascarar a los mediums consistía en comunicarse con su madre y las comunicaciones venían en inglés cuando su madre judía de nacimiento y de educación, cerrada en su casa, lo único que hablaba era una mezcla de alemán, húngaro e yiddish. Nunca habló inglés. Esto fue el caballo de batalla de Houdini contra los farsantes que robaban con la credulidad de la gente.

Pero las películas tienen que ajustar su libreto un poco a las necesidades de la taquilla, dado que no son libros de historia ni biografías de nadie.
El único Mago que admiro como tal es a nuestro Carlos Gardel.

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2 comentarios
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  1. El gran escapista de todos los tiempos, todos los que estan ahora aprendieron del maestro. Muy bueno.
    Saludos

  2. Es encantadora la historia de Houdini, ya de por si la historias de magos para mi son atrapantes. No sabia que habia sido actor de cine y menos que su muerte se debio a una penitonitis. En las pelicula que vi me parece que se ahoga tratando de salirse de unas cadenas.
    Saludos

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