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El juego Ender

15. noviembre 2013 | Por | Categoria: Butaca Polémica

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Por Oscar Alas
Ciencia ficción junto a la acción y a la aventura, pues la historia se centra en un video juego, un entrenador (Harrison Ford) y un niño, (Asa Butterfield). Si el niño pierde el juego, todos moriremos.

Se espera una dura batalla contra seres extraterrestres que están próximos a atacar la Tierra, el comandante de un departamento secreto de defensa deberá entrenar a un grupo de adolescentes a contrareloj. Existe un sofisticado sistema de control virtual para dirigir para la batalla pero para poder vencer al enemigo, hay que encontrar sus debilidades antes que los alienígenas encuentren las nuestras.

enderr7_435x326El entrenamiento es despiadado y muy riguroso pues expondrá a los adolescentes con todos sus miedos y lo que parece un simple juego tendrá un dramático desenlace.

La visión de seleccionar ante la guerra que se avecina a soldados virtuales adolescentes consiste en que ellos a diferencia de los adultos tienen presente una única prioridad, la de ganar. Este estado mental es el que imperaría también en los alienígenas. En consecuencia, si a los chicos se les enseñara estrategias de guerra para sumar a las habilidades que tienen con los juegos madurarían en eficacia y ellos estaría en similar condición mental que nuestros invasores.

No hay maduración sin auténtico dolor. Es el mensaje final de un film que ni siquiera en su último tramo, entregado a la adrenalina de una impactante batalla sideral en dos tiempos, deja de dirigir el foco hacia el infierno interior de sus protagonistas, unos niños que juegan a ser adultos y tratan de no morir en el camino. Ese es el auténtico juego de Ender. Y el puñetazo que te llevas al salir del cine.
Ciencia ficción junto a la acción y a la aventura, pues la historia se centra en un video juego, un entrenador (Harrison Ford) y un niño, (Asa Butterfield). Si el niño pierde el juego, todos moriremos.

Se espera una dura batalla contra seres extraterrestres que están próximos a atacar la Tierra, el comandante de un departamento secreto de defensa deberá entrenar a un grupo de adolescentes a contrareloj. Existe un sofisticado sistema de control virtual para dirigir para la batalla pero para poder vencer al enemigo, hay que encontrar sus debilidades antes que los alienígenas encuentren las nuestras.

El entrenamiento es despiadado y muy riguroso pues expondrá a los adolescentes con todos sus miedos y lo que parece un simple juego tendrá un dramático desenlace.

La visión de seleccionar ante la guerra que se avecina a soldados virtuales adolescentes consiste en que ellos a diferencia de los adultos tienen presente una única prioridad, la de ganar. Este estado mental es el que imperaría también en los alienígenas. En consecuencia, si a los chicos se les enseñara estrategias de guerra para sumar a las habilidades que tienen con los juegos madurarían en eficacia y ellos estaría en similar condición mental que nuestros invasores.

No hay maduración sin auténtico dolor. Es el mensaje final de un film que ni siquiera en su último tramo, entregado a la adrenalina de una impactante batalla sideral en dos tiempos, deja de dirigir el foco hacia el infierno interior de sus protagonistas, unos niños que juegan a ser adultos y tratan de no morir en el camino. Ese es el auténtico juego de Ender. Y el puñetazo que te llevas al salir del cine.

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