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El maldito ‘qué dirán’

13. marzo 2014 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por COMOUSTÉ
¿Sólo se es capaz de amar cuando estás en soledad?
Pero ¿qué significa el amor? Significa tal vez ver a una persona, en un espejo, adaptado para ver reflejado lo que yo quiero realmente ver y no como es la cosa realmente.

preocu_435x326No se puede amar lo que ni siquiera se ve.
¿Y qué es lo que impide amar?
Los preconceptos, las categorizaciones, los prejuicios y los proyectos preconcebidos de acuerdo a mis necesidades y gustos, los behaviorpaterns que me inculcaron y los que yo mismo he elaborado a partir de mis propios condicionamientos y experiencias vividas o imaginadas pasadas.

Ver es la más difícil tarea que un ser humano puedainiciar porque se necesita tener una mente apta y preparada, mientras que la mayoría de la gente prefiere ceder a la pereza mental antes que tomarse la molestia de ver a cada persona y cada cosa de un modo siempre nuevo, con la novedad de cada momento.
Liberarse de los preconceptos para poder ver es difícil.
Pero el ver exige algo aún más doloroso: liberarse del “qué dirán”, del control que la sociedad ejerce sobre uno, un control cuyos garfios han penetrado hasta lo más recóndito de nuestro ser, hasta el punto de que liberarse del “qué dirán” es tanto como despedazarse uno mismo.

Es una vida soporífera, desde la más tierna infancia.
“Esto tiene que ser así y no de otra forma”.
El prejuicio y el preconcepto son aditivos.
Llega un momento en que la falta de ellos resulta tan insoportable que el sujeto prefiere morir, al menos como ser libre.
Pues bien, esto es exactamente lo que la sociedad deshizo de nuestro ser desde siempre, es una especie de enajenación social.
No estaba permitido disfrutar de la vida: el trabajo, la actividad y la compañía de las personas y los placeres de los sentidos y de la mente.

Se nos hizo adictos a unas drogas llamadas “aprobación”, “aprecio”, “éxito”, “prestigio”, “poder”… y en especial “al que dirán”…
Sentir un profundo terror de transgredir dichas normas.
Ser tal y cobardemente dependiente de los demás y por ende sin la libertad propia, individual.
La felicidad y la dicha están condicionadas por otros.
Y, por más que detestes el dolor que ello supone, te encuentras completamente desvalido.
No hay un solo minuto en el que, consciente o inconscientemente, no trates de sintonizar con las reacciones de los demás, marchando al ritmo de sus exigencias.

Cuando te ves ignorado o desaprobado, experimentas una soledad tan insoportable que acudes de nuevo a los demás mendigando el consuelo de su apoyo, su aliento y sus palabras de ánimo.
Una dependencia total.
Vivir con los demás en este estado conlleva una tensión interminable, pero vivir sin ellos acarrea el agudo dolor de la soledad.
Has perdido tu capacidad de verlos con toda claridad tal como son y de reaccionar adecuadamente ante ellos, porque, en general.
Tu percepción de ellos está oscurecida por tu necesidad de conseguir la “aprobación”.
La aterradora e ineludible consecuencia de todo ello es que te has vuelto incapaz de amar a ninguna cosa ni a ninguna persona.
Si deseas amar, has de aprender a ver de nuevo, romper ese espejo mentiroso de la aprobación ajena.
Tienes que arrancar de tu ser esas raíces de la sociedad que se te han metido hasta los tuétanos.
Tienes que liberarte de ellas.
Externamente, todo seguirá como antes y tú seguirás estando en el mundo, pero sin ser del mundo.
E internamente serás al fin libre y estarás absolutamente solo.
Es únicamente en esa soledad, en ese absoluto aislamiento, como desaparecerán la dependencia y el deseo y brotará la capacidad de amar, porque ya no verás a los demás como medios de satisfacer tu adicción.

Sólo quien lo ha intentado conoce el terror de semejante proceso. Es como si te invitaran a morir un poco.
Es como pedirle al adicto que renuncie a la única felicidad que ha conocido y la sustituya por el placer del sabor del pan, la fruta, el aire limpio de la mañana y el frescor del agua del torrente, el cantar de los pájaros, mientras se esfuerza por hacer frente al síndrome de abstinencia y al vacío que experimenta en su interior una vez desaparecida la droga.
Pero para su enferma mente, nada que no sea la droga del “qué dirán” puede llenar ese vacío.

¿Es inimaginable una vida en la que te niegues a disfrutar de una sola palabra de aprobación y de aprecio o a contar con el apoyo de un brazo amigo; una vida en la que no dependas emocionalmente de nadie, de manera que nadie tenga ya el poder de hacerte feliz o desdichado; una vida en la que no necesites a ninguna persona en particular, ni ser especial para nadie, ni considerar a nadie como propio?

Hasta las aves del cielo tienen nidos y los leones sus cubiles, pero tú no tendrás una almohada dónde reposar tu cabeza a lo largo de tu travesía de la vida.
Si alguna vez llegas a ese estado, al fin sabrás lo que significa ver con una visión despejada y no enturbiada por el miedo o el deseo.
Y sabrás también lo que significa amar.
Pero para llegar a esa región del amor deberás soportar el trance de la muerte, porque amar a las personas supone haber muerto a la necesidad de las mismas y estar absolutamente solo.
Se llega por medio de un incesante proceso de concienciación… y con la infinita paciencia y compasión que deberías tener para con un enfermo.
También te ayudará el emprender actividades que puedas realizar con todo tu ser; actividades que de tal manera te guste realizar que, mientras te ocupas en ellas, no signifique nada para ti ni el éxito ni el reconocimiento ni la aprobación de los demás.
Te será útil volver a la naturaleza: despide a las multitudes, sube al monte y comulga silenciosamente con los árboles y las flores, con los pájaros y los animales, con el cielo, las nubes y las estrellas.
Entonces sabrás que tu corazón te ha llevado al vasto desierto de la soledad, donde no hay a tu lado absolutamente nadie.
Al principio te parecerá insoportable, porque no estarás acostumbrado a la soledad.

Pero, si consigues superar los primeros momentos, no tardarás en comprobar cómo el desierto se convierte en un vergel.
Tu corazón romperá a cantar, y será primavera por siempre jamás.
La gente está sola porque construye muros en lugar de puentes.
Todo en esta vida tiene un precio y uno de los más grandes a pagar es vivir nuestra vida en libertad siendo nosotros mismos y quizá se pregunten;
¿Por qué?
Pues por algo muy sencillo, porque hoy en día vivir fuera de las normas que nos han impuesto con el único motivo de mantenernos dentro del rebaño, para ser previsibles y manipulables, se paga con la incomprensión de quienes nos rodean e incluso en numerosas ocasiones el precio es la exclusión, por miedo al contagio, por quienes no ven más allá de sus narices.
Como dice la sabiduría milenaria: “Nada en el universo existe por azar.

Todo cuanto ocurre, ocurre porque tiene una razón que cumplir, el ser humano debe entender que sus circunstancias, están rodeándole para que pueda superarlas siempre que se enfrente a ellas.

“El resultado se llama evolución”.
La libertad es ser quien soy y no lo que los demás esperan que yo sea.
Incluye mi libertad de decidir dónde quiero estar en cada momento.
Libertad es pensar lo que pienso, y sentir lo que siento… y no necesariamente lo que debería sentir, o lo que otros hubieran sentido, o lo que esperan que yo sienta.
Libertad es correr los riesgos que yo decida correr, siempre y cuando esté dispuesto a afrontar por mí mismo los costos de dicho riesgo.

Libertad es salir al mundo a buscar lo que creo que necesito, en lugar de vivir esperando que otra persona me lo resuelva o me diga donde conseguirlo…
Es más cómodo echarle la culpa a los demás de nuestros fracasos,
Por ello, elige tú, asume tu propia equivocación..
Poco para agregar, que no esté dicho…
Tenemos el don y el derecho a la libertad…
Libertad de pensar, de sentir, de expresarnos, libertad de elegir.
De elegir lo que pensaré, lo que sentiré.
Sí, no lo dudes podemos elegir lo que sentimos también.
A veces no podemos elegir lo que nos pasa, pero podemos elegir qué hacemos con eso.
La sensación de libertad, como cualquier otra, es intransferible pero te invito a que respires hondo… todo el aire está para ti… mira el cielo… enorme, imponente… todo para ti…
Eres libre…
Aún si estás en la oficina, en la fábrica, en el hogar o haciendo algo que no te gusta, estás eligiendo, estás haciendo uso de tu libertad.
Piénsalo.

Se siente distinto cuando tomamos conciencia de que todo lo que nos pasa es el fruto de nuestras elecciones…
Los problemas que tienes hoy, no pueden ser resueltos si piensas de la misma manera que cuando los creaste, pero ten siempre muy presente que:
“No conseguir las metas es temporal, rendirse es permanente”

Que todo sea para bien…
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