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El pibe Giménez

12. Septiembre 2013 | Por | Categoria: Fútbol

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Por Lorenzo Olivera
El fútbol me gusta, me apasiona, claro está que no es mi especialidad escribir sobre deportes, pero soy oriental, como decía don Pepe Artigas y me gusta hablar de las glorias deportivas los orientales.

gime1_145x170Recuerdo muy bien aquella época en que cuando no se rendía bien en la cancha, cuando se volvía al vestuario, después de haber echado para atrás o no lo suficiente para adelante, estaban los jugadores más veteranos y guapos de alma que llevaban la camiseta bajo la piel y era preferible encarar a los rivales que a estos compañeros, en un mano a mano, como podría ser ante el Tito Goncalves.

Él dejaba el alma en la cancha, pero cuando zafaba de la concentración se venía al apartamento donde nosotros estudiábamos, a tomar vino de naranja (8 ½ litros de jugo de naranja más un kilo de azúcar, 40 días al sol) y fumar naco con chala (tabaco en cuerda con chalas de choclo), un deleite pero con un par de vasitos nosotros ya éramos boleta.
También algún técnico, creo que fue Langlade, que hizo bajar la escalera al viejo túnel, a algún jugador de un solo boleo, donde la espalda pierde su buen nombre, hasta el piso de abajo abajo sin tocar los escalones.

Era y es un deporte de guapos.
El pibe José María Giménez que ya había demostrado en la sub 20 que no iba para atrás, antes de este partido, tuvo una buena y amigable conversación con Diego Lugano. El tigre habló con el gato chico y lo hicieron de hombre a hombre.
Le dio todo su apoyo y el pibe Giménez ni lerdo ni perezoso, en los hechos le empezaron a salir franjas en la piel y le pidió prestada la 2 a Lugano y no se la deshonró para nada, metió para adelante, como buen tigre chico en el aprendizaje, se conversó a los rivales de boca y ya que estábamos, físicamente también, claro que, como quien no quiere la cosa, también con sus dieciocho pirulos estuvo conversando a la par con alguno de treinta y ocho años y un montón de futbolista, claro que en un equipo fraterno, donde todos se hablan y salvo las diferencias normales entre las mayores o menores simpatías, es un equipo de hombres que se aprecian y por sobre todas las cosas, aprecian más a la celeste, a esta bandera del sol y las cuatro franjas, que a todos los orientales nos unen.

Eso es un oriental, de igual a igual, sin agrandarse sino humildemente mostrar los valores, y sin achicarse, haciendo callar a un estadio fanatizado como lo fue Maracaná, por no nombrar el insuceso del otro día en Perú, que también bajó los decibeles, salvo unos desubicados.

Los partidos se pierden y se ganan en la cancha y no con un malón, un par de días, afuera de los hoteles tirando fuegos artificiales y en las canchas como si fuera una guerra, y con los jueces también, episodio por vergüenza de los hermanos peruanos debemos y preferimos olvidar.

No creo que sean ideas de Markarián, aunque sigue hablando, pero como dije hace una línea preferimos olvidar, es un deporte y no una guerra.
Tantear los puntos del rival con alguna pierna metida un poco más fuerte e ir viendo hasta donde se la bancan y se la bancaron.
José María Giménez habló de su debut en la selección mayor, se mostró agradecido con sus compañeros “por la confianza” y especialmente con Lugano, quien “me habló y en todo momento estuvo apoyándome”.
Hay que tener en cuenta la generosidad de la Tota Lugano, con este gurí que tarde o temprano eventualmente le puede sacar el puesto, pero Lugano es oriental y primero tiene su bandera.
Además, contó detalles de su mano a mano con Falcao y reconoció que “en la primera fui a darle una buena patada”.

“Pensé que me iba a poner nervioso por jugar en el Estadio, pero estuve tranquilo”, dijo José María Giménez tras el triunfo ante Colombia.
Fue la primera vez que jugó a cancha llena y la segunda que lo hizo en el Centenario.
Los nervios pueden ser al principio, pero con el calor del partido y un poco de audacia se ven los pollos en la cancha y apare3ce la solvencia necesaria.
“Sabía que tenía la confianza de todos los compañeros y traté de jugar tranquilo”.
“Estoy muy agradecido a ellos por el apoyo, y porque casi no tuve problemas en el fondo”.

Se mostró especialmente agradecido al capitán Diego Lugano y claro que con ese profesor “callado” e incapaz de callarse y gran “conversador” de jueces y adversarios no podría defraudarlo.
“Lugano en todo momento estuvo apoyándome, hablándome y dándome tranquilidad”.
“Estoy muy agradecido por todo lo que me habló y mismo por dejarme usar su camiseta”.
“No sabía que iba a usar la 2, pensé que iba a jugar con la 6, pero por suerte se dio de buena manera y pude defender esta camiseta que es la más linda de todas”.
“Hablamos el tema del césped, que estaba un poco alto y hacía que se frenara la pelota, y de la medida de los tapones a utilizar”. “Aprovechó para hablarme del tema de la tranquilidad”.

“En un momento la tribuna empezó a cantarme pero me dijo que estuviera tranquilo y que ni mirara”.
“La emoción más grande fue cuando me tocó cantar el himno”. “Nunca imaginé vivir esto”.
“Lo soñé, pero nunca lo imaginé”.
“No me puse a llorar pero se me cayeron un par de lágrimas, aunque sabía que no me podía desconcentrar porque si no estaba en el horno”.
“Sentí el aliento de la gente en todo momento y cuando gritaba me temblaba el pecho”.
“A pesar de que soy un gurí, el público me apoyó un montón”.
“En un cierre que fui abajo con Falcao y gané fue cuando dije ‘no puedo errar’, y gracias a Dios se dio el triunfo”.
No se achicó ante uno de los mejores delanteros del mundo, dice que en la cancha “me miró un montón”.
“Yo lo miré y no le cambié la mirada”.
“¡Que la cambiara él!”

“Después me felicitó por el partido y nada más”.
“En todo momento me respetó, pero si me hablaba yo no iba a entrar en lo que me pudiera llegar a decir”.
“Yo estaba muy tranquilo sabiendo que tenía que hacer las cosas de forma perfecta porque es un delantero que si le das una te la manda a guardar y no podés regalarle nada”.
“En la primera pelota que fui a barrer sobre la línea, no fui a la pelota”.
“Fui a darle una buena patada, la primera del partido, pero es normal”.
“Pero no pude hacer ninguna de las dos y seguí de largo”.
José María Giménez, un pibe de 18 años que dio el salto que todos sueñan.
Con un extraño corte de pelo, que anteayer debutó en la selección mayor con la camiseta número 2 del capitán Lugano y le hizo pasar una mala noche al crack Radamel Falcao.
En la cancha no se asustó, es donde trabaja y ahí pasa casi todo lo bueno y lo malo.
Las suspensiones, las lesiones y su hombría de bien, le abrieron el camino y Giménez no desaprovechó la oportunidad.
Lugano fue su estampilla antes del partido y puede estar tranquilo.
Giménez no debutó con un partido de morondanga, sino que lo hizo en el peor momento de las Eliminatorias, cuando las papas quemaban, contra una importante selección del continente.

Debutó ante un equipo, que en Barranquilla nos ganó 4-0 y a la que solo le falta tan solo un punto para clasificar a Brasil 2014.
El gurí demostró que le sobra clase, desde el dentre nomás se colocó cerca de Falcao y pagó un poco derecho de piso.
Pero no se achicó ante un grande, sino por el contrario, de a poco se fue parando en la cancha, creció y ganó en confianza y terminó ordenando a sus compañeros, incluso a Scotti que le lleva 20 años de edad.
Al empezar el partido, nació un contragolpe de Colombia y la corrió Falcao.
Giménez se tiró al piso y falló.
El colombiano se quedó con el balón y, cuando se acomodaba para picar hacia el arco, Giménez lo bajó.

Ganó un par de veces de cabeza en el área y cuando Maxi Pereira le jugó la pelota atrás y vio que llegaba Falcao, el pibe salió rápidamente hacia adelante.
En el segundo tiempo ya estaba agrandado, no pillado, sino por guapeza, por valor.
Antes de los goles le ganó un mano a mano a Falcao a la entrada del área y ardió el público del Centenario.
Más de 40 mil voces lo apoyaron para acompañar a un gurí oriental.
Cuando terminó el match, se abrazó con Muslera y con Pereira y festejó.
Esta fue su noche inolvidable, vendrán mejores o peores, pero esta fue la gran primera noche, nunca más se va a olvidar de este debut y para completar se hizo tatuar la fecha en un brazo para tenerla presente de por vida.
Demostró Giménez que la vieja patria sigue pariendo excelentes defensas.
La línea de producción está a pleno produciendo formidables delanteros como también excelentes zagueros.

Pasó con Lugano cuando se retiró Paolo Montero, con Godín, con Coates cuando le tocó jugar en la Copa América y ahora con Giménez, que no transpiró en vano la camiseta del capitán.
José María Giménez (18 años, 7 meses y 21 días) se sumó a una lista de jugadores precoces en la celeste mayor como: Carlos Aguilera, Walter Gómez, Cristian Rodríguez, Ruben Sosa, Marcelo Tejera y Álvaro Recoba y muchos otros que escapan a nuestra memoria.
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2 comentarios
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  1. tiene un gran futuro gimenez y puede llegar a ser uno de los mas grandes zagueros de la seleccion ,con 18 años juega a gran nivel en el Atle de Madrid……….la va a hacer toda……

  2. como decis el pibe ya mostro en sub 20 toda su capacidad a nivel mundial y lugano ya no creo que llege al mundial de brasil, se las va a tener que arreglar con el faraon godine en la repartija de patadas….jajajaja….

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