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El Refrigerio Fobal Clu

19. agosto 2010 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por COMOUSTE

Cuando la época brava, habían ‘guardados’ en Punta Carretas (el Penal, no el Shopping), a unos cuantos compañeros de clase, que seguían siendo para nosotros los mismos de antes, pero ahora estaban rotulados como sediciosos.

Habíamos tenido tantas garufas juntos y ahora ellos estaban el 100% en lo de ellos y nosotros afuera.

Un día, no se idea de quién fue, pintó de ir a verlos al Penal, pero éramos solamente amigos y no parientes, por ende visitas nones.

Como siempre hay un ingenioso, armamos un cuadro de fútbol, teníamos camisetas, pelota y hasta bandera, todo del Centro de Estudiantes.
Ninguno estaba para nada tranquilo. Hicimos la colecta para llevarles cigarrillos a los presos, no fuimos nada originales, por lo menos en aquella época. ¿Qué se les lleva a los presos? Cigarrillos!. Compramos un montón de cartones, que para nuestro presupuesto era más que gravoso.

A la barra se nos coló uno que no era del grupo y tal vez alguno o algunos del grupo, también estaban en el otro negocio y nosotros cándidamente le o les hicimos el caldo gordo, pero como en el Antón Pirulero cada cual atienda su juego (si hacíamos problema no entraba nadie).

Lo nuestro era darles un abrazo a los compañeros de clase que estaban guardados y nada más, porque en nuestra cabecita no corría la idea, de que nunca más iban a ser nuestros compañeros de clase, sino que iban a salir y volveríamos a sentarnos juntos, que todo eso era transitorio, circunstancial.

El otro día me encontré con uno de los que estaban guardados y manifestó tal bronca contra el Presidente de la República, menor que la que le tenía en aquel entonces al otro Presidente constitucional.
Hace un tiempito leí, en un semanario, una carta de otro de los que estaban guardados en aquel entonces, bajándole la caña con tutti a lo que representa lo que sería el partido de gobierno actual.

Que voluble es la mente humana, el primero de los nombrados se comió una muy larga y penosa cana de acuerdo a las leyes morales, porque de acuerdo a las normas jurídicas vigentes en aquel entonces todavía estaría adentro.
Y el segundo de los nombrados, se comió una canita de un par de años que le sirvió para recibirse adentro y empezar a ejercer cuando salió. Su cana fue una beca para estudiar forzadamente.

Todos los hechos narrados ocurrieron antes del denominado “Abuso”.
Cuando entramos al Penal, si tendríamos pinta, de poca cosa, que ni nos revisaron.
Jabón grande si me llevé, cuando pasamos una reja y había gente vestida de civil, que iba y venía y eran los presos comunes mezclados con los presos políticos.

Una cosa que me quedó muy gravada, fue un preso común, hombre viejo oriundo de Artigas, que hacía ocho años que estaba adentro y nadie lo había venido a ver nunca, estando a sus dichos y parece que la cosa iba para larga (por lo general este tipo de paisano se desgracia en un homicidio pasional o en una riña de un boliche, sin abogado propio, el expediente va de defensor de oficio a defensor de oficio que nunca dan abasto).

Tuve la oportunidad de ver un preso con un pantalón a rayas, el único que había en Punta Carretas, casi con seguridad.
Reja por medio pasamos de la libertad a la prisión.
Pensé rápido y ligero, se arma algún lío y hay para todos y más para nosotros que no sabíamos para donde rajar.

En lo alto del muro había un tape grandote, con poncho bayeta y un arma larga, aparentaba ser el jefe de los restantes que también lucían armas largas.
Si se armaba era como ir a cazar a zoológico.

Fuimos acompañados por nuestros compañeros y algunos presos comunes nos gritaban desde la celda, reja mediante, que si no comprábamos las artesanías de guampa o de cuero, que hacían los presos comunes, iban a “limpiar a fulano de tal”, que era en los hechos el preso anfitrión que íbamos a ver.

Por lo que pude apreciar, el secreto de nuestra ida, era a voces. En los vestuarios trataron de entrar unos presos comunes para ver si requechaban algo y los presos políticos los sacaron sin ninguna violencia, sino simplemente mirándolos fijo.
Dejamos la ropa en los vestuarios con el total convencimiento que nos íbamos a volver en calzoncillos, pero nadie toco nada.

Las canchas de fútbol y básquet ball estaban a pleno ritmo. Los presos políticos se entrenaban todo el día, no por hedonismo por cierto sino, visto de ahora, para cualquier eventualidad, que al poco tiempo se convirtió en realidad (fugas que le dicen).
Los compañeros agarraron los cartones de cigarrillos, los abrieron y empezaron a tirarle cajas a los presos comunes, pero a los que tenían pinta más humilde, porque recuerdo que vi a uno que estaba sentado en la tribuna, con traje azul de alpaca y camisa de seda azul a lunares blancos, rodeado, de lo que afuera serían guardaespaldas y adentro, ignoro el nombre de la función que prestaban pero sería similar o más violenta.

Para esos ni un pucho les tiraron. Por la pinta podían fumar habanos Romeo y Julieta.
Les reprochamos que nuestro regalo se lo dieran a los presos y nos contestaron que estaba perfectamente bien lo que estaban haciendo, que los humildes no tenían quien les trajera un pucho.

Nos alternábamos en la cancha para que todos pudieran estar con todos.
Yo que soy un desastre para el deporte en general, tuve que correr una pelota, como puntero derecho y al ladito nomás, estaban sobre la presunta raya de cal, unos presos comunes que me piropearon y seguí corriendo totalmente sordo a las ofertas sexuales más variadas.

Cuando pude zafar pedí cambio y a la tribuna con los presos políticos que eran muy respetados.
Otro jabón grande me llevé, cuando siento un griterío y todos los presos corrieron hacia un rincón entre el celdario y el muro exterior que daba para el Este y todo era porque habían habilitado el televisor. Lo pienso y todavía siento el chucho. Ante mi cara diarreica un compañero me dijo, todavía no (y el Abuso después fue).

Cuando terminó la cosa, le compramos un pretal y una correa a la “Viruta”, la perra que, junto al “Morito” un gato negro que comía tallarines, si les ponían queso, eran las mascotas del Centro de Estudiantes y se la llevamos como regalo de nuestro homenajeado a la gallega Antonia, que se puso a llorar sin parar, pensando en el compañero preso.

Excepto la bobada de que si no comprábamos una artesanía se la iban a dar a nuestro amigo, todo fue con la mayor corrección por parte de los presos comunes, los carceleros y demás personal que nos tocó tratar. Hoy pienso que la Organización tenía todo controlado.

Cuando salimos, ninguno miró hacia atrás, tres o cuatro nos fuimos al boliche, que estaba en Miranda y Ellauri y nos pusimos a tomar unas grappas con limón y ahí por la ventana vimos al anochecer la cárcel y teníamos un nudo en la garganta y alguna lágrima también, de ser libres, de ir a cualquier lado y tomar lo que se nos antojase con el límite del dinero y los otros, compañeros de clase hasta hacía un tiempito y ahora amigos, quedaban en esa cosa espantosa que es el Penal.

Cuando hablé de compañeros, lo hice siempre en el sentido de compañeros de clase y no en el sentido que se le dio políticamente después.
Nuestro grupo era de todo menos político, salvo algún colado que sospecho que pudo haber habido.

Esa lección de vida que encontramos sin proponérnoslo nos hizo valorar profundamente el concepto de libertad. Asimismo quiero dejar muy presente que nunca autoridad alguna nos complicó la vida por esa picardía de un cuadro de fútbol inexistente que jugó un amistoso con los presos políticos.

Fueron compañeros y nunca más volvieron a serlo, eran amigos y hoy los que han sobrevivido son apenas conocidos, porque el concepto de amistad no ha variado, sino lo que varió fue la relación que teníamos nosotros con ellos.

Valoro todo lo que tuve y en su momento ellos fueron parte de nuestra vida y de nuestras andanzas juveniles, pero tengo muy presente que aquello fue y tal vez había terminado, antes de que nosotros los de afuera, nos diéramos cuenta.

Estas cosas producen un dejo amargo difícil de tragar, pero hay que tragarlo como muchas otras cosas de la vida.
A la memoria de los integrantes del Refrigerio que ya no están y a la salud de los que todavía están.

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5 comentarios
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  1. Hola. Esta es la seccion que me da mas miedo comentar cuando digo algo. Yo debo tener la tercera parte de la edad del que escribe esto pero veo ahora que es un genio. Eso es ser amigo si fue amigo en las buenas cuando esta en la malas que la politequeria y otras cosas no nos dividan. yo soy amigo en las buenas y en las malas. porque alli se ven lo verdaderos amigos. Y ahora te digo algo. vos siempre hablas de la vida pero hoy empiezo a entederte.
    Saluso Pilu

  2. jajajajja———–les regalaron los fasos———pero todo tiene un vueltita———–cuando escribe esto hablade los presos politicos———–y sabe que————-alguno de ellos hoy es ministro o presidente————creo que jugo al futbol con alguno————-nada mas———no digo mas———-felicitaciones—————

  3. Si no los revisaron podia haber entrado cualquier contrabando al penal Que increíble. Pero lo bueno es que safaron!!! Y por lo demás, es triste saber que los afectos no son para toda la vida. Eso nos pasa a todos.

  4. Eso es ser solidario!!!! Y bueno dicen que las pasiones asi como une a la gente, también las divide. La politica es una de las grandes pasiones de la gente y los hombres tienen el fútbol…y ya ven que hay heridos y muertes………lo que leo al final redondea todo cuando dice que valora todo los momentos que tuvo………eso en definitiva es felicidad.
    Bsos………..Rita

  5. Como siempre, muy bueno los anécdotas contados sobre todo para personas que no vivimos en esa época. Siga escribiendo sobre como eran las cosas antes! Está bueno tener una persona que nos trasmita eso a través de este tipo de artículos. Felicitaciones!

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