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El Ruso Maluk

27. Marzo 2014 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por COMOUSTÉ

Hace muchos pero muchos años, tuve que ir a un campo que estaba al lado de una estación de ferrocarril.
El tema en cuestión era la compra de un campo lindero y yo como pinche ayudaba al escribano.

zorro-1_435x326Profesión que tiene muchos detalles de fondo y de forma y muchas veces el escribano por esquivar la rama se revienta contra el tronco.
Me habían contado unos vecinos que el vendedor, descendiente de los rusos de San Javier, departamento de Río Negro, de ruso le quedaba su afición por el cuá o quá o kuá, suena más a pato que a una bebida alcohólica casera típica de los rusos de esa zona y se elabora con un pedazo de panal, miel, azúcar y agua y se deja fermentar un tiempo.
Lo probé y lo encontré empalagoso, sin perjuicio de queno soy muy afecto a la miel y menos a las abejas.

Una vuelta venía caminando por una calle arbolada y una abeja no sé qué bronca había tenido ni con quién, ni dónde y sentí el zumbido y me picó adentro de la oreja.
Ella pica y deja el aguijón clavado, pero como es muy tarada no se da cuenta que no puede picar, más pero insiste y cuando el bicho pasa el campo visual y siente el zumbido, no sabe si es una abeja o cuatrocientas al mismo tiempo y anda a los manotazos a diestra y siniestra y si la logra matar es de pura casualidad, pero es un bicho tan porfiado que termina muriendo en la demanda.

Enseguida los conocedores de remedios caseros me metieron tabaco mojado en el pabellón de la oreja y ahí empeoré del todo, porque apararte de la picadura que arde que se las pela, queda uno sordo por el tapón de tabaco mojado y boleado por unanimidad.
Esa vuelta terminé en la Española donde me dieron una inyección de no sé qué antialérgico que dormí un día entero de corrido.
El ruso que proporcionó el kuá se llamaba Maluk, rústico como sueco nuevoy bruto como portón de barraca.
Contaban en el pago que había pescado a un zorro merodeando el gallinero y lo encerró.
Claro que después de agarrarlo y encerrarlo al infeliz bichito, no sabía qué hacer con él, hasta que resolvió matarlo para que dejara de amolar con las gallinas.
Al costado del rancho el ruso tenía una quintita y un maizal para consumo de las casas y los choclos para los cristianos y el rastrojo para las vacas.
Más adelante había un hermoso trigal a punto de cosecha, era como un manto de oro ondulante sobre el campo.
Esas tardes de siesta en que no se hace la siesta por los calores, los paisanos aburridos, prosean de bueyes perdidos y de vacas encontradas, debajo de la parra de uva chinche, brasilera que le dicen y maliceando de qué forma iban a matar al zorro.

No hay cosa más peligrosa que un paisano zonceando pensando la forma de difuntear al animal, bala no gasta porque es cara, cuchillo, peligroso por alguna mordedura del zorro y el enchastre de la sangre, cuerearlo no vale la pena, se precisan 15 cueros para un tapado y no sé cuál fue el bagual que se le ocurrió la peregrina idea de rociarlo con kerosene y prenderlo fuego, dicho y hecho.
El zorro convertido en una tea pasó a ser una mecha incendiaria que se refugió en el desespero en el trigal maduro, el cual ardió como yesca en pocos minutos el zorro y el trigal fueron, ya no existieron más y del trigal ni rastrojo quedó.

Cuando el bicho corría para el trigal le decían para ahí no, zorrito para ahí no, pero el zorro no entendió las instrucciones de los piromanos.
Les hubiera salido más barato atarle una lata llena de piedras en la cola al zorro y todavía estaría corriendo, pero pudo más las ganas de hacer daño.
Era un campito de ciento y tantas cuadras, que en aquel entonces campo arena no daba para sobrevivir, los paisanos se iban fundiendo año a año, cuatro malos y uno bueno es la regla de oro.
Los números se le iban complicando al ruso con el tiempo las hijas se van de sirvientas para el pueblo y los varones, los hijos chicos que crecen empezaron a hacer nido por ahí y se fueron a trabajar de peones en la vía y el viejo tenía que tomar peones y pagarlos ya el presupuesto no le daba.
Le puso precio al campo y por ser lindero aunque estaba un poco alto servía igual.

Siempre lo lindero es más caro, pero conviene pagarlo un poco más para evitar que se meta otro desconocido y complique la existencia a los vecinos.
Se transó un precio y un par de cosechas a levantar y ahí se cerró el negocio.
La profesión de escribano tiene muchas formalidades que cumplir que no necesariamente hay que cumplirlas, claro está, que son frases que vienen del derecho hispánico.

Por ejemplo, hay una que dice que “los vendedores se obligan al saneamiento” y a uno lo miran como diciendo que está hablando este pavote si el pozo negro tiene un robador que no lo deja llenarse.
Claro que ese saneamiento no tiene nada que ver con las aguas servidas sino que se refiere a que se obliga a que los títulos sean buenos y que no tengan vicios ocultos.
Hay otra frase que dice “y en señal de tradición” y para el que no sabe es como el que no ve, esa tradición no es un pericón, ni un cielito, ni partidos tradicionales, no botas ni culeros, sino que consiste en que una vez vendido permitirle al otro ocupar el bien con ánimo de dueño.
Para describir un campo o solar hay que poner todas las medidas, la orientación de las mismas, puede llevar páginas enteras.
En el medio rural el dueño del campo siempre habla en cuadras y los planos en hectáreas.

El precio siempre se habla en tanto la cuadra y el campo para el vendedor tiene tantas cuadras.
Cuando uno agarra el plano y conviertelas hectáreas en cuadras siempre le cantaron una cuantas cuadras demás y en el precio pesan.
Aclaro que esto no es una lección de derecho notarial sino en pocas cosas explicar lo que puede ser tomado por gente que no está en la cosa, en un sentido que no tiene absolutamente anda que ver con el papel que va a firmar.
Como durante muchos años trabajé tanto en el medio rural como en el urbano, uno tiene que ir acomodando el cuerpo de acuerdo al lugar donde está trabajando.
El ruso vino con su mujer a firmar y con su escribano, uno que yo conocía y también le conocía las mañas, pero me daba más tranquilidad porque lo que yo hiciera, contaría con el aval de mi colega y evitaría cualquier malentendido.
Agarré y le expliqué al ruso el precio es este y le di un cheque para el Banco República y el campo es aquel que está ahí, señalándolo por la ventana.
Luego leí todo lo que el ruso no entendió, pero su escribano si.
Cuando terminé dijo el escribano del ruso a las risas, vos estás en la justa, la escritura la explicas y la gente sabe lo que está firmando y luego la lees para cumplir con la ley.

Después de la lectura se firmó y el escribano, mi patrón autorizó la escritura, o sea la firmó él.

Que todo sea para bien…
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