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El varita y otras yerbas

28. junio 2012 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por COMOUSTE
Cuando se rompe un semáforo se arma el tal lío.

El otro día venía por Av. Italia y Ricaldoni hacia el centro y había 4 o 5 inspectores de Tránsito de la IMM.

El carril de entrada para el Parque de los Aliados lo habían convertido en calle de salida y habían levantado todo un paño de la avenida.

Una inspectora que hacía las veces de semáforo me dio paso y otros dos me curtieron a pito y me dejaron parado en la mitad del cruce, yo no sabía si insultar a la mujer o si los hombres del pito me iban a vacunar, pero después se compadecieron de mí y me dejaron seguir.

Cuando hay un corte de energía o se quema la lámpara de un semáforo es un peligro total, los automóviles se engarrafan, se embotellan, (garrafa es brasileño) y empiezan los conciertos de bocinas.
La bocina es una cosa que odio, muchas veces me dan ganas de bajarme y decirle al estúpido, que está meta a bocina, que me ofrezco a ponerme en su lugar y él en el mío y yo le rompo la lírica castellana con mi bocina, o en su defecto me gustaría indicarle en que lugar podría meterse la bocina.

La bocina no hace caminar a los automóviles, ni mejora el arte de conducir de los chóferes, sino simplemente molesta, perturba y está prohibida, pero hay tipos que manejan en base a bocina.

Me viene a la memoria las cornetas que usaban las cachilas que tenían una pera de goma atrás y el chofer cuando tenía que advertir a los demás su presencia pulsaba la pera, como si no fuera suficiente el ruido que hacían los antepasados de los automóviles de hoy, claro que había otro respeto entre los conductores, aunque también se agarraban a los piñazos cuando no se cedía el paso o cuando se producía un choque.
Cuando no existían los semáforos, había en las arterias importantes una cabina o una cosa que se parecía a un casillero de Coca Cola de las chicas y el hombre se subía y meta a pito ordenaba el tránsito y todos lo conocíamos como varita.

Un viejo conocido, que manejando era una nutria, recuerdo que atropelló al cajoncito del varita y este se salvó porque saltó para el costado y le hizo pelota el cajoncito.
Se le llamaba varita, al policía que ordenaba el tránsito, y hasta se sincronizaban y se sentían de una esquina a la otra y todos cambiaban de posición al mismo tiempo, ya no existe más ese personaje, que fue sustituido por los semáforos o por los inspectores municipales y los policías de tránsito, claro que estos actúan en caso de accidentes o de cortes por alguna circunstancia no común, y los semáforos no llegan a estar sincronizados como lo estaban los varitas.

Recuerdo que en el Gaucho, el monumento de Zorrilla de San Martín, en 18 y Médanos o Barrios Amorín, había una casilla de metal, que lo levantaba al varita más de un metro del suelo y tenía techo para evitar las inclemencias del tiempo.

Se cuidaba todo, los caballos que tiraban de los carros en verano tenían un sombrerito del cual por dos agujeros le salían las orejas.
Una vuelta el varita a todos los que venían por Constituyente los desviaba para Médanos, hacia el lado de Colonia y no habilitaba para que siguieran por 18 de Julio.
Mi viejo que le gustaba jorobar la paciencia, se plantó ante el varita y le decía por qué voy a ir por donde Ud. me indica si yo tengo que ir para el otro lado.
Estuvo un rato amolándolo al policía y al final tuvo que hacerle caso, cosa que se sabía que iba a ser así.

Lo que habían armado en la calle Médanos era una especie de ratonera para agarrar a los que no tenían libreta, un mal bastante común en aquella época.
Mi viejo tenía libreta, pero le gustaba discutir al santo botón y no acatar las órdenes del policía o acatarlas demostrando que no estaba de acuerdo en que lo hicieran ir por donde ellos querían y el no estaba dispuesto a hacerlo, sin discutir previamente sus derechos.

El uniforme del varita, era como el de un policía de tránsito, pero tenía las mangas desde la muñeca hasta el codo, con una sobremanga blanca, para que se vieran bien los brazos y los ponía horizontales autorizaban a seguir a los que venían en la dirección de los brazos y los que venían de frente o a sus espaldas se tenían que detener, cuando veía que se habían juntado algunos para cruzar en el otro sentido y habían pasado todos, se daba vuelta y le daba paso a los que estaban deternidos.

Si dejaba un brazo horizontal y el otro lo cruzaba en el sentido de ese brazo autorizaba a doblar y detenía a los que venían de frente a los que autorizaban doblar.
Era una persona que funcionaba como los semáforos combinados de ahora, que permiten seguir de largo o doblar, depende las luces que se prendan.
La diferencia estaba en que los semáforos cuestan una fortuna y el sueldo del varita era bastante bajo.
Los varitas multaban y los semáforos no multan sino que requieren una persona que lo haga.

Actualmente, cuando la Rambla se pone espesa en las horas pico, se ponen inspectores o policías debajo de los semáforos y muchas veces el semáforo está en rojo y el inspector está en verde.

Los que siguen utilizando el palito, no la varita, son los cuida coches, para marcar presencia y hacer como que cumplen una función fundamental, los que por lo general, cuando nos afanan la radio o lo que fuere del automóvil, no están o se borran cuando ven venir la mano mal.

Había un cuidacoches mamado por unanimidad, dirigiendo a una dama que estaba estacionando en Colonia y Tristán Narvaja y para darse lustre tocó fuertemente un pito que tenía y un chofer que venía un poco apurado frenó de golpe y el que venía atrás se lo comió todito.

Vino un policía y a guisa de escarmiento le sacó el pito al cuidacoches y quedaron ambos vehículos a la espera del seguro.
Una tarea que ya no se ejerce más, la del varita, y aparecieron otros con una nueva tarea inventada, los cuidacoches.

Las calles resultaban amplias por la poca circulación de vehículos, aunque los autos en su mayoría eran mucho más grandes que los de ahora.
Actualmente la cantidad de vehículos ha aumentado en forma importante, así como las motos y los ciclomotores en general, lo cual implicó un aumento muy importante en los accidentes de tránsito, sin perjuicio que antes lo normal era ir a 40 kmts. por hora y el que venía embalado venía como a 80 kmts.

Y los botijas decíamos pah… venía como a 80.
Las velocidades excesivas actuales son 75 ktms. en las zonas habitadas y de cruce de peatones y cuando uno se descuida pasan por las calles de preferencia o carreteras a 140 ktms. pero estese seguro que a esos los vacunan los inspectores o la caminera.
No hablemos de las picadas, en las cuales habría que mandarlos presos por atentar contra la vida de los demás a los conductores y sacarles la libreta de por vida, si es que la tienen.

Se vive más apurado, pero nadie sabe a qué tanto apuro, porque en un tramo lo suficientemente largo, se sacan pocos minutos de ventaja y los riesgos se multiplican en forma exponencial.

Creo que para llegar más rápido lo mejor es llevar una marcha uniforme, sin picos en más ni en menos, de 110 kmts. por hora y llegará tranquilamente a destino.
Que todo sea para bien.

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Un comentario
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  1. Acordemos en debe haber 50 o 100 veces mas automóviles en las calles que en aquellos entonces. ¿Quien puede jugar una tarde a la pelota en la calle como hacíamos antes? y lo otro es que los varitas de antes, estaban mas “sincronizados” tal vez porque tenian mas experiencia, los de ahora son mas de madera que los propios semáforos, que forma de trancar el transito?

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