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Era mucho mas sencillo

23. Septiembre 2011 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por COMOUSTÉ
Cuando era chiquilín, todo era mucho más sencillo.
Las cosas se vendían por unidad, por docena o por kilo o litro.
Mi vieja me mandaba al almacén a comprar un kilo de harina.

Pedía el kilo de harina y lo sacaban de aquellos muebles que tenían una tapa inclinada y con una lata de duraznos en almíbar, cortada en chanfle y con un palo de escoba clavado en el fondo, la sacaban del mueble, luego la ponían arriba de un papel de estraza.
Previo pesado y le daban una media vuelta en el aire y quedaba el paquete armado.
Harina 0000, no existía o por lo menos no se la llamaba así y la gente muy contenta la compra y no sabe que los ceros indican los blanqueadores que se le agregan a la misma, los cuales en muchos casos resultan tóxicos, como el preróxido de bencilo.

Pero aparte de los blanqueadores vienen con ciertos leudantes agregados.
El ama de casa que todavía amasa y no se limita a comprar las masas de los estilos y clases que quiera ya prefabricadas, pierde el dominio del control de lo que agrega o deja de agregar.

Trae una barra de jabón, lisa y llanamente y ya sabíamos que era el clásico jabón Bao, que tanto lo usaban para bañarse, como para lavar los pisos o la ropa, era multifunción.
En mi casa la vieja no dejaba entrar otro jabón que no fuera ese.
Los supermercados apilan las frutas y verduras de forma que la compradora haga el mismo ritual que en la feria, elegir de su propia mano las buenas y dejar las podridas o pasadas.

Cuando están en malla el precio es otro y la patrona pierde el sabor al haberle sacado un poco de ventaja el mayorista (ilusiones).
El perejil lo cobran, aunque ya no existe más el “regalado como perejil de feria”.
Eso y la yapa pasaron a la historia.
Existían señoras que cocinaban para afuera de su domicilio a una clientela del vecindario.
Para tal menester había un aparato de aluminio que con dos correderas y una manija de madera arriba permitía llevar varias bandejas con alimentos, no cocinados en casa, pero caseros.

Las viejas esas viandas no las miraban con buenos ojos y menos a las mujeres de los maridos que tenían que comer lo que venía y siempre estaba en tela de juicio la higiene.
Era como la señora que no barría, ni baldeaba la vereda con agua jabonosa que sobraba después de limpiar el zaguán y las hojas de abajo del cordón de la vereda, las llamaban “espesas” sinónimo de mugrientas.

Había una piedra o algo similar blanca que se llamaba sapolio, que ahora he visto una marca comercial con productos de limpieza con esa marca.
La usaban para pasarle al mármol del umbral de la casa para que quedara bien blanco.
La presentación de la casa habla del ama de casa.
Como el dicho criollo que dice “en las pilchas del paisano se ven las manos de la china”.

En una góndola de supermercado se pueden encontrar innumerables productos, similares o idénticos con distintas marcas.
Los perfumadores de ambientes en los baños, que los hay con un gasificador que se aprieta el botoncito y parece que en vez de hacerse lo que comúnmente se hace en el baño, se hubieran manipulado flores.

Claro que estos desodorantes, tienen la contra del chiquilín malcriado, hijo de la mujer que vino de visita, se mete en el baño y hasta que no termina con todo el gas no para de darle al botón y la madre totalmente sorda.

Pero también están los de las aguas del water, que los hay de todos los colores, con gran variedad de aromas y algún elemento que bien puede ser un jabón líquido.
También hay perfumadores de ambiente a pila y cada rato, largan un chorrito de gas.
No sé a que se dedican las abejas hoy en día, porque la mayoría, por no decir la totalidad de las ceras son sintéticas y hasta vienen con sprite.

En materia de marcas, nombres, usos, la imaginación comercial en ese ramo es infinita.
Mi madre, que dejaba la vajilla brillante, con un fregón y jabón, no hubiera podido concebir que hubiera dispensadores de líquidos especializados en vidrios, grasas, hornos y todo lo que se le pueda ocurrir.
Eso sí los dispensadores valen más caros que los envases económicos, que son los vulgares repuestos del producto.

Como el tipo que hacía los mandados creció y paga él, pienso, sin hablar, la mugre de la cocina y de los vidrios no es toda proveniente de grasas.
Uno debe servir para todas las grasas, pero ahí entra a tallar la publicidad.
A las viejas que blanqueaban la ropa al sol, no les podría correr por la cabeza que existiera un líquido para limpiar cuellos de camisas.

Hipoclorito que no deja amarilla la ropa blanca.
Este nuevo producto desvirtúa aquel mentado cuento, de subido tono, que aludía el por qué Tarzán tenía cierto órgano de su humana naturaleza blanco y no tenía nada que ver con la mona Chita.

Con la invasión de mercadería china e india, el que no luce una camisa de vestir, una presentable corbata y unos mocasines, por pocos pesos, es porque tiene naturaleza plancha.
Es más barato andar bien vestido que con los benditos jeans de marca y con grifas por todos lados y los benditos championes, que desde lejos les siento el mal olor.
No sólo los pagan más caros, sino que todavía les hacen publicidad gratis, perdón, pagando caro por hacerla.

Un pollo al spiedo sale mucho más económico que cuatro muzzarellas y es comida.
Ni que digamos que un chivito, un sandwiche caliente, unos panchos o unas hamburguesas.

Son puro pan y papas prefritas en grasa.
Chatarra total.
De los jamones no podemos hablar, porque vienen en una pasta con mucha humedad, no olvidemos que así pagamos el agua al precio de chancho.
A aparecido en las fiambrerías una cosa cuadrada que le ha quitado el lugar a la paleta y al jamón cocido y como ya la imaginación no les da para más lo llaman “fiambre de cerdo” y dejémoslo entre comillas, porque no dice nada de lo que es.
Compare los precios de los salames, la bondiola, la longaniza y se dará cuenta que salen más caros que esos presuntos jamones.

Es lógico porque con esos productos con esos productos no se puede hacer muchos malabares y en definitiva el cerdo hay que pagarlo, pero no el agua a precio de chancho.
Alguien puede concebir que los quesos en los comercios montevideanos, estén cien pesos más caros el kilo, que los mismos de marca o similares en Nueva Helvecia, por nombrar un lugar de Colonia.

Cómo puede ser que un bagre vietnamita, llamado pangasius, (véase en Wikipedia) cueste lo mismo o algún peso más, que la merluza que viene del Atlántico sur y el otro viene de quien sabe que lugar y en que condiciones se conserva y maneja.
Creo en que en nuestro país se respeta la cadena de frío, pero en un mercado agresivo y famoso por lo corrupto como el asiático ¿se cumplirán esas reglas?.

En las ferias veos esos pescados con los ojos turbios y me hago la misma pregunta, porque tenemos que ser honestos con nosotros mismos y no dar palo para una lado solo.
Lo que antes arreglaban por jabón Bao, fue sustituido por una colección de shampoos de todas marcas, colores, virtudes, anticalvicie, no lavar las tinturas de los cabellos, ya sea masculinos o femeninos, porque ya la tintita para el caballero corre al igual que para la dama.

Lo triste es que pintándose el pelo no se dan cuenta que no tapan un poco la vejez, sino que la juventud se lleva en el espíritu y en el corazón, elementos que no se arreglan con chapa y pintura.
Esas industrias que manejan muchos millones o tal vez billones de dólares, los cuales con un poco más de agua en el frasco, se pueden multiplicar por mucho.
Si Ud. quiere saber a cuanto ascienden las utilidades de determinados artículos y en especial los de la cosmética, mire televisión a las horas pico, las de mayor costo de los avisos y haga su propia encuesta.

La cosmética y en especial la femenina se lleva los laureles.
Un amigo propietario de un laboratorio muy importante en el ramo un día me dijo: “Mirá yo produzco lo que usan las mujeres y lo que las mujeres les regalan a los hombres”.

Sabía de lo que hablaba el hombre y su empresa, le seguía el paso en ese rumbo.
Recuerdo cuando las madres zurcían las medias, les metían un mate adentro y con una aguja y un hilo muy similar a la media, pasaban hebras de una lado para el otro y luego las cruzaban una si y otra no y reconstruían la trama.
Las medias de nylon cuando se empezaban a vainillar les ponían una gotita de esmalte de uñas.

Téngase presente que no existían la infinidad de siliconas y otros pegamentos, líquidos o en forma de gel.
El pegamento ese que tiene olor a banana lo hacían casero con celuloide y acetona.
Para pegar la cometa hacíamos engrudo con harina, sin saber de la existencia de los blanqueadores.

Todo eso no fue… todo eso se fue transformando para lograr las cosas que tenemos hoy.
Cuando veía quemar el maíz para producir energía para que anduviera el tranvía eléctrico, pienso indirectamente estamos volviendo a lo mismo, con la producción de combustibles renovables.
Conforme me preocupan los excesos de hoy, temo a la eventual escasez de mañana.

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