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Escrito a mano

13. julio 2012 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por COMOUSTÉ
Con el devenir del tiempo y las invenciones modernas la escritura manuscrita pasó paulatinamente a la historia.

Antes, era una falta de consideración mandarle una carta sentimental a una dama escrita a máquina, por favor, había que tomarse el tiempo necesario para hacerle llegar a la dulce amada, los términos de la pasión convertidos en trazos de pluma.

Cuando empecé, en mi tierna infancia en la escuela, el tintero lo poníamos todos los días en los bancos, que el asiento de uno, en la parte trasera, era el escritorio del siguiente y tenía un agujero en le medio, donde compartíamos con nuestro compañero de asiento el uso del tintero.
Todos los días se ponían y se sacaban los tinteros a los cuales se les agregaba la tinta faltante.

Alguna vez, sin querer queriendo, puse la trenza de mi compañerita del banco de adelante en el tintero, cosa que valió que se ensuciara con tinta la túnica y al día siguiente tuviera una de picos pardos con la maestra por haber cometido tal fechoría.
Cada pocos minutos, si llegaban a ser minutos teníamos que volver a mojar la lapicera en el tintero y así sucesivamente, teniendo sumo cuidado del nunca tan odiado borrón, que en algunos casos era parte de nuestra firma, porque cuando éramos chambones, teníamos más tinta en los dedos, que en el papel, siempre y cuando no contáramos el borrón.

Había algunos compañeros sumamente torpes que gastaban litros de tinta y nunca les salió la letra como la gente, ni una plana prolija.
La letra era religiosamente la inglesa, que aprendíamos haciendo planas en los cuadernos de Vázquez Cores, donde la inclinación de las letras largas estaba marcada con una línea punteada.

Como tenía buena manualidad, tuve buena caligrafía, cosa que me duró hasta que empecé a sacar apuntes en el liceo o en preparatorios y ahí la letra dejó de ser inglesa, porque a la caligrafía no le daban importancia, sino que lo que importaba era que los escritos de las pruebas fueran legibles y con menos de tres faltas.
Más de tres faltas de ortografía se perdía el examen.

Por el decurso de los hechos y el tiempo. la letra se me fue redondeando y la inclinación de la letra inglesa, se perdió y la letra era bien vertical.
Ahora con la bendita computadora ni yo entiendo lo que escribí y los borradores tengo que hacerlos en el PC.

También las mayúsculas tan trabajadas de la letra inglesa fueron simplificadas imitando las mayúsculas de la letra tipográfica.
El mundo fue dejando de tener firuletes, por lo menos en la escritura y se limitó a lo concreto, que era y es el contenido de las frases.

Pasé a tener un callo en el dedo medio, formado por la presión que le daban a la herramienta de escribir, los dedos índice y pulgar.
Cuando entré por concurso a mi primer empleo, me dieron una pluma Parker 21, aquellas que tenían el capuchón de acero y la pluma también y la mal llamada birome era mala palabra.

Cuando nos equivocábamos, mezclábamos dos medidas de agua corriente y una de agua jane, con un canuto de vidrio y ni bien se desvanecía el color de la tinta, había que secar rápidamente con el papel secante, para que no quedara amarillento el papel en el lugar del error.
El nombre birome, viene del inventor de la cánula que contenía tinta sólida y en la punta una bolita que administraba la salida de la misma.

Ese invento, que los hizo un señor, de origen judío europeo, que trabajaba como corrector de pruebas de galera, fue vendida la patente de invención en Montevideo, por el año 1954, por una cantidad importante para la época, pero la compañía Parker, complementó su fortuna.

Si mi memoria no me es infiel y si recuerdo como corresponde lo que leí, el escribano que autorizó la escritura fue el Esc. Esteban Bacigalupi, y el precio que se pagó fue de $ 140.000 pesos de la época.
Durante algún tiempo mejoré sustancialmente mis ingresos corrigiendo pruebas de galera en una imprenta que estaba al lado del conventillo Medio Mundo, en la calle Cuareim 1080, Imprenta Atlántida.
El papel se humedecía y luego se le pasaba con un rodillo tinta de imprenta a los tipos (letras sacadas de la linotipo) y se apoyaba el papel y se le golpeaba para que quedara impreso el texto a corregir.

Había que tener buena imaginación y mucha atención para no pasar por alto errores.
El linotipista, oficio del que prácticamente no existen más, por lo menos en Montevideo y en el Interior puede haber algún tipógrafo que levanta las letras una por una de las cajas que los contienen que se llaman burror.
El linotipista era un señor que se sentaba frente a una máquina que tenía un hornito en el que fundía el plomo y unas cajas arriba con todas las letras y en un teclado el iba escribiendo el texto.

El que se formaba a su costado y la máquina fundía el plomo y con las letras que largaba el linotipista formaba las barras, que se utilizaban como moldes para imprimir las hojas que terminarían en la confección del libro, revista o lo que fuere al final.
A veces se empastaba el plomo en los tipos y saltaba el plomo derretido y producía graves quemaduras al linotipista y a todo aquel que estuviera en la vuelta.
Los linotipistas y tipógrafos de la época se intoxicaban con las sales emanadas del plomo y les provocaba una enfermedad llamada Saturnismo.
Por disposición del Ministerio de Salud Pública todos debían consumir un litro de leche por día, cosa que en el gremio no lo hacían y si consumían alguna bebida espirituosa, como ser grappa o caña.

Después de una cantidad importante de barras de plomo, las ataban y se les pasaba la tinta, para sacar las pruebas de galera.
El tipógrafo, mandaba a hacer nuevamente las barras en las cuales se había detectado los errores y las sustituía, las buenas por las erróneas.
Cualquier accidente en que se cayeran los tipos o las barras al piso le llamaban empastar.

En las épocas de las dictaduras, siempre las imprentas fueron mal vistas y los adláteres de los regímenes totalitarios entraban a las imprentas y les empataban los burros o sea les entreveraban los tipos de las distintas letras y los distintos tamaños de letras.
Volver a la normalidad a la imprenta le llevaba mucho tiempo y dinero.

Siempre algo se le escapaba, tanto al corrector como al linotipista, como al tipógrafo.
La imprenta Atlántica, era propiedad de un húngaro, que había nacido en la época del imperio Austro – Húngaro y cuando terminó la primera guerra mundial, él viviendo con una bala alojada en la columna vertebral, descubrió que le tocaba ir a vivir a Checoslovaquia, a lo cual él con su acento y unos cuantos vinos entre pecho y espalda, decía que en Checoslovaquia no era checoslovaco y en Hungría no podía vivir porque no lo consideraban húngaro.

Se fue a París a trabajar de linotipista en francés, sin conocer el idioma, simplemente copiaba lo que decía en el original y lo sacaba en barritas de plomo.
Como Europa era un tembladeral se vino para América y cayó al lado del conventillo medio mundo, escribiendo en español sin conocer el idioma, claro que al final el se daba el lujo de corregir al más letrado.

Ganaba fortunas porque trabaja no de sol a sol, sino de lucero a lucero, lo que le daba como cuatro horas más por día, para trabajar.
Era una persona que tenía una cultura por haber leído, por haber aprendido el idioma nuestro y por buscar nuevos horizontes.
Su idea era plantar nogales y producir nueces uruguayas, todo lo que ganaba como imprentero lo convertía en nogales para lo cual se mataba haciendo pozos y cuidando las plántulas y cuando le fracasaban los nogales, volvía a matarse trabajando en la imprenta.

Vivió hasta más de los 90 años, peleado con el mundo, porque siempre estaba rezongando, aunque tenía un corazón de oro y le daba al vino que él decía que era húngaro, pero era una mezcla de vino tinto con vino blanco.
Se aburrió de esperar la muerte, con su bala en la espalda y visto y considerando que la parca no venía, se pegó un tiro y la hizo venir a la huesuda más pronto que ligero, así era don Francisco Gaal.

Todos le atribuyen la invención de la imprenta a Gutenberg, pero este lo que inventó fue los tipos móviles y con ese descubrimiento logró que con las mismas letras se pudieran escribir más libros.
El primer libro escrito con tipos móviles fue La Sagrada Biblia.
Los correctores de pruebas de galera se los llevó la civilización y el progreso, pero claro está, que el PC (personal computer) tiene incorporado un diccionario en su inteligencia digital, pero computa, no piensa y muchas veces corrige palabras que no debe corregir y hace algunos zafarranchos dignos de encomio.

El corrector de pruebas no puede ser sustituido totalmente por la máquina, porque la inteligencia humana no puede ser sustituida in totum por unos circuitos impresos.
Una carta a una dama escrita de puño y letra transmite el calor de un corazón, que late en el pecho de un amante, que busca comunicar los suyo.
Las letras escritas en un PC son de una frialdad total y hasta pueden ser escritas por otro, porque son impersonales en cuanto a la forma y el contenido.

Hubo una película brasileña, llamada Estación Central, en la cual una señora se ganaba la vida, escribiendo cartas para los analfabetos y ella, les ponía la sal y la pimienta necesaria por unos cruceiros.
Me faltó mucho sobre el tema, pero dejémoslo por aquí.

Que todo sea para bien.

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Un comentario
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  1. Muy bueno COMOUSTE, los que peinamos varias canas preferimos el lápiz y el papel para hacer notas. Lo que nos va quedando de nuestra era romántica si se quiere, es el momento de mandar flores, tarjeta en mano, birome y a escribir. en cualquier momento perdemos ese ultimo bastión o se funden las florería.

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