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Faruq I de Egipto

19. agosto 2011 | Por | Categoria: Los mitos y la historia

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Por NICO MEDES
Nacido en El Cairo, 11 de febrero de 1920 – Falleció en Roma, 18 de marzo de 1965).
Rey de Egipto.
Sucedió a su padre Fu’ad I en 1936.
Su título completo era Su Majestad, Faruq I, por la Gracia de Dios, Rey de Egipto y de Sudán, Soberano de Nubia, Kordofán y Darfur. Fue coronado con dieciséis años.

Mantuvo en modo de vida lujoso y se prodigó en excesos en una tierra asolada por el hambre y la pobreza.
Conocidos eran sus viajes a Europa, la compra de automóviles caros y la inmensa fortuna en dinero, joyas, tierras y palacios de la que disponía.
Durante la Segunda Guerra Mundial su modo de vida disipado fue objeto de mayores críticas, especialmente durante los bombardeos italianos a Alejandría que nunca afectaron a su residencia a pesar de que toda la iluminación permanecía encendida.
También fue objeto de duras críticas que mantuviera al personal italiano de sus residencias y palacios sin ser internados como los del resto del país.

Con su primera esposa la reina Farida, nacida con el nombre de Safinaz Hanim Zulficar (1921-1988) tuvo tres hijas: Ferial, Fawzia y Fadia, todas fallecidas ya.
Se le consideró cleptomano al robar en distintas visitas al exterior objetos personales de otros mandatarios, como una espada al Sha de Persia y un reloj a Winston Churchill.

Su modo de conducirse, junto a su gobierno, de forma y manera corrupta le llevaron a ser apodado “El ladrón de El Cairo”.
Esta situación, unida a la derrota árabe en la Guerra árabe-israelí de 1948, favoreció que el Movimiento de Oficiales Libres, encabezado por Gamal Abdel Nasser y Muhammad Naguib, diera un golpe de estado el 23 de julio de 1952.
Poco antes, Faruq se había proclamado oficialmente descendiente de Mahoma.
Faruq se exilió en Italia primero, y Mónaco más tarde.

La mayoría de sus bienes en Egipto fueron confiscados cuando al año siguiente, en 1953, fue proclamada la república.
No obstante conservó una gran fortuna -la que personalmente pudo llevarse al exilio y la que tenía depositada en bancos europeos- y siguió disfrutando de una lujosa vida.
Falleció en Roma en 1965 durante una opípara cena.
En Roma se había dedicado a la “dolce vita” y en Mónaco a evitar de que el casino diera déficit.

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