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Fosforito

2. junio 2011 | Por | Categoria: Entretenimiento

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Por Lorenzo Olivera
En mérito a ser el menor e hijo de la vejez, marchaba de la mano de mi viejo para todos lados y gracias a él conocí a mucha gente.

Un día estábamos por la Av. 18 de Julio y frente a la vidriera de la Joyería Brela (Bresciani y Laffitte), que estaba en un costado, sobre la izquierda, de donde arrancaba el hall de lo que era la entrada del cine Eliseo, estaba Fosforito vestido como la gente, medio agachado mirando o más bien tratando de ver el precio de algo que estaba en exposición en la vidriera de la joyería.

Del bolsillo de atrás, a la izquierda, medio le sobresalía la billetera.
Mi viejo se le arrimó como para sacarle la billetera y Fosforito que lo había visto por el reflejo que hacía el vidrio del escaparate le dijo: “Mario, si encontrás algo, vamos a medias”.

Cuando dije vestido como la gente, era porque no estaba vestido para su laburo o sea disfrazado de Chaplin, o de hombre sándwich (con un cartel publicitario adelante y otro atrás) o algún otro disfraz apropiado para lo suyo.

Lo veía en su casa de la calle Isla de Flores (Carlos Gardel, hoy) a la altura de Rio Branco a mitad de cuadra, atrás de lo que fue el gasómetro, cuando iba con mi viejo y después cuando eché alas lo veía por todos lados haciendo el mango.
Tenía picadas en el Mercado del Puerdo y sobre el lado Este de la Feria de Yaro (Tristán Narvaja), a la altura de Paysandú o de Mercedes y hacía changas varias como animar cumpleaños infantiles o promocionar algún espectáculo infantil.

También acompañaba un trío formado por un viejo barbudo, que vivió en el sótano de San Salvador y Vázquez, que tocaba una lata con un agujero y un palo por el que corrían dos alambres a guisa de cuerdas y con una púa le sacaban un ruido parecido a lo que quería simbolizar y en su defecto tocaba el serrucho de hoja larga con un frasquito que producía un sonido como vibrato y el de color, para variar un tambor de candombe.
Ellos eran encargados de pasar el plato.

Fosforito era el consagrado que miraba y no pedía, el animaba y tocaba un par de huesos, que sonaban como castañuelas y para redondear la orquesta tocaba un par de cucharas que también sonaban muy bien.
La Feria de Tristán Narvaja y el Mercado del Puerto eran doble propósito porque servían para hacer el mango y ahorrar también el mango con convites de los parroquianos de algún escabie o algún choripán o milanesa en dos panes.
Todo servía para arreglar el presupuesto.

Para todos era Fosforito y en las fuentes consultadas surge, a mi criterio la más confiable, que llevaba por nombre Juan Antonio Rezzano Ferrín, nacido en Montevideo, Barrio Sur, en 1914 y fallecido en 1994.

Otros autores se entreveran con los lugares y las fechas como llamarle cine Atenas en la época al cine Apolo, el que estaba en la calle Maldonado y Salto, frente a la Perrera, ahí donde está la proa de la calle Encina (hoy peatonal, si Fosforito la viera se haría una panzada) la que separa La Figari (Anexo de la Escuela Industrial) que ocupa el local que fue el cuartel del 4º de Cazadores.
Famoso el cuartel en la época de Santos y Latorre.
En el Cine Apolo los mersas llevaban palomas en bolsas de papel y cuando se apagaban las luces las soltaban.
Los pobres bichos se daban contra la pantalla lo que terminaba con que prendieran las luces de la sala y seguir proyectando porque venía la moto que traía y se llevaba los rollos de y para otra matinée.

También lo ponen animando la semana Criolla de la Rural del Prado cosa que hizo y la de Dalton Rosas Riolfo en la cancha de Liverpool, cosa que no hizo.
Su origen como el de la mayoría de los “fanintes”” –del italiano fare niente, no hacer nada-, pero estos eran fanintes fracasados, porque no era que no hicieran nada, sino simplemente que no bancaban cumplir horario y tener patrón fijo.
De las 8 horas ni que hablar, cuando había pique 14 horas o más, porque mañana no iban a hacer la de hoy.

A Fosforito muy probablemente los lectores jóvenes no lo hayan visto jamás, pero fue un personaje que se trilló todo Montevideo, de punta a punta, vestido de Chaplin, de hombre sándwich, de Cantinflas o de lo que fuera, atrás de ese mango que le hiciera morfar, como dice la letra del tango, y tanto acompañaba un tango, como un paso doble, o un corrido o lo que le pidieran con los huesos o con las cucharas.
Fosforito por hombría de bien y dignidad a él, el título de celebridad le rechinaría y le sonaría feo, pero como no está para defenderse, podemos bien abusar de la desdicha de no tenerlo con nosotros y llamarlo como le corresponde.

Era un hombre millonario en amigos y un gran gastador de suelas caminado miles de kilómetros atrás del mango, pero jamás tocó un centésimo que no le perteneciera.
Era de una pobreza franciscana y una dignidad de la mayor solemnidad.

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3 comentarios
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  1. A quien no le han dicho algo de Fosforito? De como gastaba suela y de los Zapatos grandes!!!! Que epoca!!!!!

  2. que personaje fosforito——————————cuando pibe yo lo vi caminando con los carteles colgando por el centro————–todos lo saludaban————-y fosforito te encajaba un bolante de donde laburaba—————era muy comun verlo———————si hizo un buen laburo no se———–pero que ahora tienen que poner chicas muy lindas y con poca ropa para hacer el laburo de fosforito es realidad————-jajajaja———————

  3. Muy biennnnnn!!!!!! Nadie se acuerda de Fosforito y es barbaro que en esta seccion que tienen para las celebridades hagan cosas de uruguayos, no porque no hayan grandes celebridades en el mundo sino porque pocos en el uruguay le dan espacios a uruguayos que en su momento fueron importantes. Yo era muy chiquito cuando vivvia Fosforito y lo recuerdo así, todo de negro con unos sapatones y haciendo reir a la gente,con algo pegado en la espalda,repartiendo volantes y sacandose fotos con los niños, todo un personaje…cuanto recuerdo….
    Un saludo grande para todos por ahi…

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