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Hablando sobre nosotros y la parca

5. Agosto 2010 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por COMOUSTE

El hombre desde que tuvo raciocinio, o sea, desde que dejo de ser bicho y pasó a creerse gente, tanto desde el punto de vista religioso primero, como del filosófico después o viceversa, porque en esto no estoy para nada seguro si primero fue el huevo o la gallina, tuvo presente la muerte.

Dando una vuelta cortita y a la pasada, nada exhaustiva de las religiones y la muerte tenemos que diversas de ellas se volcaron dogmáticamente a la vuelta a la vida después de la muerte por medio de la reencarnación.
En esta línea estaban los seguidores de Buda, los Lamas Tibetanos y los antiguos egipcios.

En lo que se refiere a los griegos Platón fue uno de los primeros en proponer que el alma reencarna después de la muerte.
Trae a colación la Barca del Caronte, en cuya barca las almas de los muertos que han recibido honras fúnebres atraviesan los ríos que separan del Hades el reino de los vivos.
Los griegos eran sumamente respetuosos de las honras fúnebres, tanto para los compañeros de armas, como con los enemigos.

Tan es así que Agamenón por no haber dado sepultura a las víctimas de la guerra de Troya, -en 10 años se debe de haber juntado bastante materia prime- le sirvió de excusa a su esposa infiel Clitemnestra, para asesinarlo con la complicidad de su amante Egisto.
Paremos aquí porque con los adulterios y líos de los griegos nos vamos por las ramas y el chimento siempre es más agradable que el meollo del asunto y el que tenga dudas que mire los programas de la tarde y la noche en la televisión nacional.

Volviendo al Caronte, el barquero de los muertos, para cruzarlos el Hades los pasajeros (iban muertos) debían haber tenido honras fúnebres y pagar el óbolo (un peaje), la moneda la llevaban en la boca.

Máscara de Agamenón

Los griegos sentían un profundo respeto por el hecho de la muerte (honras fúnebres debidas) y la sanción por no haberlas recibido (muertos insepultos).
Otras corrientes filosóficas buscaron una explicación a la muerte en la propia vida.
Los epicúreos expresaban que para poder gozar de la vida es preciso superar el temor a la muerte. Por medio de la racionalización del hecho de la muerte, se llega a la conclusión que no debe preocuparnos porque no nos afecta en nada.

El temor a la muerte procede de nuestra imaginación, porque mientras vivimos no hay muerte y cuando llega la muerte nosotros no estamos.
Los estoicos sostenían, que el hombre debe dominar su vida emotiva, que no pueda ser perturbada por nada.

Ante la muerte el estoico propugna afrontarla serenamente y sin resistencia, dado que es un fenómeno natural, externo a nosotros, contra el cual no podemos resistirnos porque no tenemos ni los medios ni el poder de hacerlo y frente a este hecho es de aceptarlo como un evento que se origina en la propia naturaleza de las cosas.

La Iglesia Católica mantuvo en Europa Occidental la hegemonía sobre el tema, dejó de lado todas las teorías que trataban de fundamentar la reencarnación, imponiendo la doctrina de un mundo supraterrenal que castigaba a quienes no cumplían con los mandamientos establecidos en el Antiguo Testamento de la Biblia, con los más grandes castigos a los impíos y por otra parte prometiendo a través de sus sacerdotes –quienes impartían la palabra de Dios en la tierra- una feliz eternidad, después de la muerte, a aquellos que cumplían con los mandatos de Dios.

Kant, habla de la inmortalidad del alma, pero, no especifica o no aclara la posibilidad de la resurrección. En “Crítica de la Razón Pura” expresa que: “la completa adecuación de la voluntad a la ley moral es la Santidad: perfección que no puede alcanzar ningún ente racional del mundo en ningún momento de la existencia. Pero como ésta se exige como necesaria, sólo puede hallarse en un progreso hacia lo infinito, no que denomina la inmortalidad del alma”.

Heidegger realiza una interpretación respecto al sentimiento de la muerte para el cual utiliza el término “Dasein” que significa “ser para la muerte” y así lo define:
La muerte se nos presente primero por la experiencia de los otros; desde ahí aparece como realidad fundamental. Cada uno tiene que morir con su propia muerte. La muerte es un modo de ser que asume el Dasein tan pronto como existe. Desde que el hombre viene a la vida es ya bastante viejo para morir. La posibilidad más enraizada de nuestro ser es el morir. La muerte asedia de continuo la vida del Dasein que ha sido arrojado al mundo para morar y que en él vive muriendo, corriendo hacia la muerte.

Martin Heidegger - Adolf Hitler y el humor

Cotidianamente se mira a la muerte como un accidente que ocurre a los otros pero aun no le toca a uno, algo indeterminado que ha de llegar algún día, pero por lo pronto no.
El hombre en la existencia inauténtica trata de tranquilizarse ante la muerte que mira aun en la lejanía. Vivimos en un continuo esquivarla como posibilidad de que atañe solo a otros. El ser para la muerte es en esencia angustia.

La existencia auténtica es aceptar el hecho de nuestro ser para la muerte como nuestra posibilidad más radical. La aceptación de la muerte reviste un carácter de espera entreviéndola a cada instante como una posibilidad inminente y superando a cada instante la cobardía de la angustia”
Salteando unas cuantas corrientes del pensamiento porque matices más o matices menos todas andan en el entorno y para tener una visión más completa del tema vamos a uno que está en la otra punta.

Jean Paul Sartre (de la corriente materialista atea), rechaza la interpretación de Heidegger por considerar que la muerte no es asimilable por el hombre en ninguna forma.
La muerte, dice Sartre es una pura exterioridad, algo ajeno al hombre, extraño, externo, que trunca las posibilidades del hombre.
Lejos de ser, como dice Heidegger, la última posibilidad nuestra es por el contrario, la negación de todas las posibilidades del hombre.

Por esto, la muerte es, sin más absurda. La nada está en el inicio y en el fin del hombre, “todo existente nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por azar”. “Si debemos morir, dice Sartre, nuestra vida no tiene sentido, porque sus problemas no reciben solución alguna”. Si el hacerse libre para la muerte es lo que le da sentido en Heidegger, en Sartre la muerte aviene desde fuera de nuestra libertad.
No crean que tengo tal poder de síntesis que resumí el tema de la “muerte” que ronda miles de años en la humanidad –porque cuando éramos bichos, nos mataban y no nos importaba o no nos enterábamos- con esta columna, pero por lo menos les dejo a mis queridos lectores, un menudo tema para pensar.

Los chinos con su sabiduría milenaria establecen el concepto de los infinito con un dragón que se come la cola y forma un círculo y el pensamiento primitivo de los epicúreos y los estoicos lo encontramos en el Dasein de Heidegger.
Como sospecharan los lectores tengo mi opinión formada hace largo rato, pero no la hago saber, aunque perfectamente puede estar incluida en la transmitidas en estas líneas o no.

Pero saliéndome de los sagrado y de la profundidad de los razonamientos de los verdaderos sabios también tengo muy presente un tema muy profano y prosaico.
La muerte es un gran negocio, para los mercaderes de la misma, y quien lo dude vaya a contratar un servicio a una empresa de pompas fúnebres, el más baratito, o compre o arriende un nicho en un cementerio privado o municipal. No hablemos por favor de una corona, son más baratas las del dentista, ni de un aviso mortuorio en la prensa, uno de dos columnas.

En plena primavera, 2 de noviembre, las flores cuestan fortunas, y prefiero no seguir.
A los que tengan interés en comentar sobre este estudio, les recuerdo la frase de Emily Dickinson, “la palabra es como el pájaro, no vuelve a ser huevo”.

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2 comentarios
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  1. uy…FUERA BICHO¡¡¡¡¡¡¡¡

  2. El tema es espinoso pero esta muy bien instalado Sr. Comouste. Hay mas preguntas que respuestas y por eso le digo que esta bien instalado. Es que todas las civilizaciones independientemente de lo retrógrada que fueran, tenían el ritual y el status con el cual despedían a sus muertos. En la antigua Grecia los cementerios estaban en la calle principal y si no me equivoco ellos inventaron el tema de pagar una cuota en vida para elegir el lugar y junto a quienes ser sepultado. Si hablamos de los egipcios, entre la momificación, el cotejo y el libro donde te mostraba el camino de salida (que parece que te lo hacían a la medida), era carísimo morirse ahí. La mejor de todas es la de los marinos, como hacer un agujero en el barco no se puede, no hay otra, baratito!
    Y lo otro es lo último de la columna, lo del negocio. Estoy de acuerdo es un negocio que depende de la creencia de la familia del finado en este caso, porque el finado no esta ahí para controlar ni los materiales que le ponen, ni el cotejo, ni las ofrendas, ni nada. Si te tendrás que portar bien en vida. Cuando ya no estés para controlar, te pueden dar una patada y rodar por la bajada. Donde caigas, ahí quedaste.
    Yo no había pensado en eso;
    Saludos

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