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Historias secretas II

21. Febrero 2014 | Por | Categoria: Los mitos y la historia

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Por Nico Medees
Continuando desde el final de ‘Historias secretas I’ sobre los grupos de poder. Y en ella amplía la acusación de traidor a la de hereje. De esta manera, un rebelde contra el rey se convertía también en rebelde contra Dios. Este texto es de una gran importancia histórica.

histori-II-435x326Es en efecto el primero donde se manifiesta la transformación religiosa del poder real. Nogaret declaraba, en nombre de Felipe el Hermoso y dirigiéndose a Bonifacio VIII, un principio inédito y lleno de consecuencias: Lo que es cometido contra Dios, contra la fe o contra la Iglesia romana, el rey lo considera cometido contra él.

El reino se convierte en un cuerpo místico cuya cabeza, es decir el rey, esta investida de todos los poderes para preservar la unidad de la fe. Felipe intentó obtener el desafuero por parte del Papa, pero Bonifacio, en la bula Ausculta fili, reprueba al rey francés por no haber tomado en cuenta otra bula, la Clericis laicos sobre los impuestos a los clérigos, y por no obedecer al obispo de Roma. En Francia, la bula fue quemada, y en lugar de la Ausculta Fili circuló inmediatamente una bula falsificada. Bonifacio VIII convoca a los obispos franceses a Roma para juzgar al rey Felipe, culpable de unos abusos inauditos contra la Iglesia.
Felipe responde en 1302 acusando de herejía al papa ante la reunión de los representantes del clero y de la nobleza.

El rey, en palabras de Nogaret, se había convertido en el “ángel de Dios” enviado para actuar en su nombre.
Esta concepción “pontifical” del poder del rey volverá a aparecer amplificada en 1307 en el proceso contra los Templarios, durante el cual Felipe es definido como “ministro de Dios” y “campeón de la fe” al que incumbe “la defensa de la Iglesia“, de la cual el rey debía “rendir cuentas a Dios“.
Bonifacio VIII, mediante la bula Unam Sanctam, declaró, por el contrario, la supremacía del poder espiritual sobre el poder temporal y, por esta vía, la superioridad del Papa sobre los reyes, siendo estos últimos responsables ante el jefe de la Iglesia.
De hecho, intentó instaurar una teocracia occidental.
Con el apoyo de la población y de los eclesiásticos, el rey envió a su consejero, el caballero Guillermo de Nogaret, con una pequeña escolta armada a Italia, al objeto de arrestar al Papa y de hacerlo juzgar por un Concilio.

Nogaret se reunió con un enemigo personal de Bonifacio VIII, Sciarra Colonna, miembro de la nobleza romana, quien le señaló que el Papa se refugiaba en Anagni, en Italia. Nogaret y Colonna llegaron a Anagni y encontraron al Papa solo en la gran sala del palacio episcopal, abandonado por sus partidarios.
El anciano de 68 años estaba sentado sobre un escaño alto, vestido como de ceremonia y no reaccionó a la irrupción de la tropa armada.
Al ver aproximarse a Guillermo de Nogaret y a Sciarra Colonna, inclinó levemente la cabeza y declaró:” He aquí mi cabeza, he aquí mi tiara: moriré, es cierto, pero moriré siendo Papa“.
Guillermo de Nogaret retrocedió, impresionado, mientras que Sciarra Colonna, en su odio hacia Bonifacio VIII, avanzó insolentemente y le dio un cachetazo con su manopla de hierro.
Con la violencia del golpe, el anciano cayó estrepitosamente de su trono.
Poco después, la población de la ciudad, avergonzada de haber abandonado al Papa, se dirigió al palacio y detuvo a los franceses.
Pero era demasiado tarde: la violencia de la que había sido víctima, había quebrantado definitivamente la razón de Bonifacio VIII.
El Papa murió un mes más tarde sin reconocer a sus parientes y rehusando la extremaunción.
Este episodio se denominó el «atentado de Anagni» y ocurrió en el año 1302. Este enorme escándalo salpicó a Felipe el Hermoso.

Pero quedó claro que era mejor no oponerse al rey de Francia.
La muerte de Bonifacio VIII permitió a Felipe IV hacer elegir a Papas franceses (Benedicto XI en 1303 y Clemente V en 1305).
El rey encontró, además, en el Papa Clemente V a una personalidad más maleable.
Así que, entre otras cosas, le pidió la supresión de la Orden del Temple, en 1307, tras un juicio de siete años al que estuvieron sometidos cerca de quince mil hombres, entre ellos el Gran Maestre, Jacques de Molay, que junto con otros dos templarios, fue llevado a la hoguera en la isla de los Judíos por supuesta herejía.
El 13 de octubre de 1307, los templarios fueron llevados a prisión, por orden del rey Felipe, después de haberlos torturado para que admitieran su herejía.
El Gran Maestre de la orden, Jacques de Molay, pereció en la hoguera en París en el año 1314.
Felipe IV mantuvo un interés expansivo hacia el este, hacia las regiones de habla francesa al este del río Saona.

El conde Otón IV de Borgoña pidió ayuda al rey francés para sacudirse de los lazos con el Imperio que los reyes Rodolfo I de Habsburgo y Adolfo de Nassau. El 2 de marzo de 1295, el rey francés obtuvo un tratado con el conde de Borgoña, por el que se acordaba el compromiso matrimonial de Juana, hija del conde de Borgoña, con un hijo del rey de Francia, que sería Felipe el Largo, y aportaría como dote el condado de Borgoña.
La guerra civil comenzó en el condado.
El dinero francés consiguió que el rey alemán rompiese su alianza con Inglaterra.
El rey Felipe IV de Francia intervino en el condado y en 1297 asumió el control del territorio.
En abril de 1314, meses antes de la muerte de Felipe el Hermoso, explotó un gran escándalo: Margarita de Borgoña, esposa de Luis X de Francia, ya rey de Navarra, y Blanca de Borgoña, mujer del futuro Carlos IV de Francia, fueron denunciadas por Isabel de Francia, hija de Felipe el Hermoso y reina de Inglaterra.
Las nueras del rey habrían engañado a sus maridos con los hermanos Felipe de Aunay y Gauthier de Aunay, ambos caballeros del palacio real.
Las implicaciones políticas fueron tan graves que el castigo que se les dio fue ejemplar.
Los dos amantes fueron juzgados y condenados, siendo ejecutados en la plaza pública de Pontoise.

Margarita de Borgoña fue condenada a llevar el cabello rapado y conducida en un carro cubierto de sábanas negras hacia Château-Gaillard.
Ocupó una celda abierta a los vientos en la cima del torreón, donde murió en 1315.
Blanca de Borgoña también fue rapada, pero se benefició de un “tratamiento favorable“, en comparación con el de su prima Margarita, debido a que era la mujer del hijo menor, pero no del futuro rey de Francia.
La encerraron bajo tierra por siete años y luego obtuvo la autorización de tomar el hábito de religiosa.

Se convirtió en reina de Francia en prisión el 21 de febrero hasta que su matrimonio fue anulado el 19 de mayo por el Papa Juan XXII.
La condesa Juana de Borgoña, hermana de Blanca, esposa del futuro rey de Francia Felipe V, fue encerrada en Dourdan como cómplice por haber guardado secreto sobre los amoríos.
Apoyada por su madre, Mahaut de Artois, se reconcilió con su marido, cuando este ya era el rey Felipe V, y se convirtió en reina de Francia en 1317. Felipe el Hermoso murió tras un accidente de caza el 29 de noviembre de 1314 en Fontainebleau.
Sus restos fueron enterrados en la basílica de Saint-Denis.
A petición propia, su corazón fue llevado al monasterio de Poissy junto con la Gran Cruz de los Templarios.

Su sepultura, como la de otros príncipes y dignatarios que reposaban en ese lugar, fue profanada por los revolucionarios en 1793.
Le sucedió su hijo Luis X de Francia, llamado “Luis el Obstinado”. Felipe IV transformó un estado feudal en una monarquía absolutista, en la que la voluntad del rey se imponía a todos.
Instauró un impuesto nacional sobre todo el reino francés. Igualmente, extendió el territorio del reino con la anexión de Lille, después de la firma del tratado de Athis-sur-Orge.
Sus contemporáneos lo juzgaron como poseedor de una extraña expresión facial, pues su mirada era fija y no parpadeaba durante mucho tiempo.
Se decía que su rara belleza y su físico “parecían una viva imagen de la grandeza y majestad de los Reyes de Francia“.

Tal como ya hemos indicado, Felipe el Hermoso conspiró contra dos Papas hasta que encontró a un Papa que obedeciera sus órdenes.
El primero en sufrir las intrigas de Felipe fue el Papa Bonifacio VIII, que murió. Luego ordenó envenenar al Papa Benedicto XI.
Ello le permitió instalar en el trono papal al Arzobispo de Burdeos, que se convirtió en el Papa Clemente V.
Su primera decisión fue mover la sede papal a Aviñón, causando un cisma en la Iglesia Católica Romana durante 68 años.
Habiendo establecido a su propio Papa, Felipe movió su atención hacia los Caballeros Templarios.

Codiciaba su riqueza, odiaba su poder y era miembro del Priorato de Sión.
Los Templarios perdieron gran parte de su influencia con la iglesia después de 1291, cuando los sarracenos derrotaron a los defensores cristianos y los expulsaron de Tierra Santa. Felipe, confabulado con el Papa Clemente V, se dispuso a destruir los Templarios.
En 1306 había arrestado a numerosos judíos en Francia, a los que echó del país y se apropió de todas sus propiedades.
Planeó entonces una operación secreta para que todos los Templarios en Francia fueran arrestados al amanecer del viernes 13 de octubre de 1307. Muchos Templarios fueron arrestados, incluyendo su Gran Maestre Jacques de Molay, y fueron sometidos a tortura por parte de la Inquisición.

Pero hay pruebas claras de que muchos Templarios conocían el plan y escaparon a tiempo.
Los documentos que detallaban sus reglas y rituales fueron retirados o destruidos antes de las incursiones y cuando fueron abiertas las bóvedas de las oficinas centrales templarias en París, la vasta fortuna que Felipe tanto codiciaba había desaparecido. Felipe y el Papa Clemente V presionaron a otros monarcas para que arrestaran a los Templarios, pero esto no era fácil.
En la región alemana y después francesa de Lorena, el duque apoyaba a los Templarios y en otras partes de Alemania los Templarios se fueron sin ser perseguidos.
Otros cambiaron su nombre de Caballeros Templarios y continuaron bajo otra apariencia.
Algunos se unieron a la orden de San Juan de Jerusalén (Malta) o la Orden Teutónica.
Mientras oficialmente estas órdenes estaban desconectadas, en sus niveles superiores eran la misma organización.

Eduardo II, el rey inglés, hizo todo lo posible para hacer caso omiso de la orden papal de arrestar a los Templarios y, cuando fue presionado, fue tan indulgente con ellos como fue posible.
Escocia e Irlanda hicieron lo mismo. Al final, sin embargo, los Inquisidores llegaron y los Templarios que pudieron dejaron Inglaterra e Irlanda.
Pero Escocia fue un caso diferente.
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2 comentarios
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  1. Muy bueno, que crack Felipe el hermos y despues lo de lo templarios muy interesante todo…y que paso en escocia?

  2. Es fascinante la historia de los reyes malditos: Una continua desgracia. Asesinatos, intriga, odios, traiciones, falsas acusaciones, robos, persecusión a los que algo tenian: Judíos, lombardos, templarios….. Este felipe IV lo que tenía de hermoso lo tenía de ególatra. es una historia maravillosa, parece la historia del poder actual en el mundo.

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