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Hoy y antes

24. agosto 2017 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por COMOUSTÉ.
Nací en la esquina de la casa del partido colorado batllismo, al lado de la que fue la casa de los Requena, en aquel entonces Vázquez y Bernabé Rivera, calle de una cuadra entre Vázquez y Salto.

Vázquez ahora es Martínez Trueba, creo que fue un cambio exagerado, porque Santiago Vázquez fue un grande en nuestra historia y Martínez Trueba lo que hizo fue implantar extemporáneamente el colegiado, un sistema tal vez muy adecuado para otra época, pero para el mundo de 1950, dividir el gobierno, entre tantos integrantes, y con un presidente por año, nada que ver con la dinámica del mundo de la post segunda guerra mundial.
Lo mío no es la política, pero el hecho de que no sea mi materia la política, pienso y veo más libremente lo que sirve y lo que no sirve.

Vivimos en un mundo que cambia vertiginosamente día a día y no podría administrarse con un concepto de asamblea deliberativa permanente.
Recuerdo que con Pedro Zabalza, abogado y escribano, renunció al Consejo de Gobierno porque según manifestó nunca había visto comer de las latas de basura en su Minas natal.
Por ejemplo, cuando era niño teníamos teléfono en casa, éramos unos privilegiados, porque las casas con teléfono eran la excepción, porque UTE, que era la que tenía el teléfono en aquella época (Usinas y Teléfonos del Estado, hoy la misma sigla pero Usinas y Transmisiones Electricas), durante décadas la cantidad de líneas telefónicas eran la misma cantidad.

Una caja de bornes para cuatro manzanas en el Cordón, y como excepción a veces por muñeca, alguna línea cruzaba de otra manzana, con el costo disparatado del cableado de cobre de cientos de metros extras, sin perjuicio que era gauchada, significaba que la otra manzana tuviera un borne menos.
Hace unos años viniendo de Rivera a Montevideo, vi como hacían la zanja para la fibra óptica a todo trapo, creo que ya está en todo el país.
La fortuna en cobre que había en el tendido telefónico ni se sabe, cuando hoy tenemos la fibra óptica, que es de cristal y no usa el cobre.
Antes discábamos en el teléfono, ahora se digita.
En el interior, en la parte rural se utilizaba el teléfono que se conectaba con un alambre común y corriente (alambre 14) y recuerdo un día por los años 70 en que estábamos en el campo trabajando y había flor de tormenta eléctrica.
El teléfono sonaba inininterrumpidamente, y justo estaba con nosotros un instalador electricista, y agarró el teléfono para ver qué era lo que le pasaba.

Lo puso en la mesita y cayó justo un rayo no sé a qué distancia pero el ruido fue espantoso y el teléfono que era de baquelita se fundió en el piso, parecía un montón de bosta.
No mató al electricista Wiltor porque dios es grande.
Ya en otro artículo conté que cuando el Presidente Lacalle fue electo para la presidencia, su mano derecha el malogrado Dr. Sturla, que era hermano del actual Cardenal Sturla, se comunicaba permanentemente antes del cambio de mando, con el presidente, pero las comunicaciones de la época no le pusieron un teléfono provisorio, a la mano derecha del Presidente electo y el Dr. Lacalle de Herrera llamaba por teléfono común y corriente al almacén de enfrente de la casa de Sturla en La Coronilla y la chiquilina del almacén por la ventana le gritaba, “Che Sturla, te llama por teléfono el Cuqui”.

Ese fue mi Uruguay querido, nuestro Uruguay en que nos formamos todos nosotros y la de la Central telefónica, sabía vida y milagros de los que hablaban por los teléfonos, inclusive Sturla con Cuqui, como otras celebridades que vivían en el Balneario.
Me muero de la risa, con los secretos de estado de aquella época.
Hoy habría que suprimir el wi fi en los boliches así las parejas o los amigos pueden hablar entre ellos sin la interferencia del celular o simplemente darse un beso o pelearse como hacíann las parejas normales.
Ayer estaba el jardinero cortando el pasto en casa y el peón se había apartado para que no lo viera el patrón y estaba haciendo solitarios con el celular.
No le avisé al patrón, pero la tengo anotada en el libro de bitácora, para cantarle la justa al empleador y decirle que “mientras vos cinchás como un burro, tu peón está haciendo solitarios con el celular,” sin perjuicio que con la bordeadora me cortó la manguera, negocio que tenemos que arreglar.

No lo va a echar, pero podremos aclarar quién fue el que me afanó la manguera, cosa que cuando era niño, en mi casa no existía y mi vieja iba escaleras arriba, con un par de baldes para regar los claveles que tenía plantados en unas latas de aceite de dos libros, aquellos del Torero, Maricarmen y Manzanares, macetas de plástico o de fibra, pero en qué mundo te crees que vivíamos, las de barro cocido eran un lujo y las latas eran gratis.
Claro que a mi vieja le sobraba el tiempo, porque se levantaba a las cinco de la mañana, lavaba, planchaba, cocinaba, en una casa en que los tres hijos y el viejo, comían al mediodía y se cenaba.
A las 12:30 marchaba para la escuela del Barrio Palermo, que en aquella época después de la segunda guerra mundial venía a ser algo así como la sociedad de las naciones, teníamos hijos de tanos, armenios, judíos, aunque a todos esos los metían en el paquete de los turcos, porque la ignorancia llevaba a llamar de la misma forma a víctimas que victimarios, pero los turcos se mandaron un holocausto de un millón de armenios, cosa que no hace mucho fue reconocida por el mundo civilizado, les decían turcos a los judíos sefaraditas, que eran de origen judío, corridos de España por los Reyes Católicos y tuvieron que refugiarse en la parte oriental de Europa y parte de Turquía.

Los negros eran como una tercera parte de los alumnos de mi vieja, la cual tenía una teoría muy especial, y una vuelta le vino la gallegada, y le dijo a la inspectora que no quería la dirección de la escuela porque prefería lidiar con 50 negros del conventillo, y no con ocho ayudantes (maestras) que faltaban sin aviso, ella no mandaba los chiquilines de vuelta a la casa y terminaba dando clase a los de primero con los de sexto en el mismo momento y alguna otra clase más si se daba la situación..
Entre nosotros el magisterio era su pasión, y los pesos miserables que le pagaban ($ 47.- sueldo mensual y pagában $ 30.- de alquiler por casa centenaria) le importaban solamente cuando no le alcanzaban en el almacén, pero enseñar era lo suyo.
Siempre quiso primer año, porque decía que prefería enseñarle a los chiquitos, como ella les enseñaba la O como letra redonda y no quería luchar para enderezar los conceptos mal enseñados a los de tercero o cuarto.
En eso salí a la vieja, prefiero hacer las cosas de primera y no corregir burradas ajenas.
No ponía a los chiquilines a dibujar en clase o a escribir una redacción, sino que las cuatro horas de clase estaba dando clase permanentemente y vivía afónica.
Los deberes los corregía en casa.
A la salida se venía con cuatro o cinco gurises de los conventillos y les servía un café con leche con pan con manteca, para que no les chiflaran las tripas y entendieran bien la clase particular gratuita que les daba.

En el barrio era una institución y cuando las llamadas, las amateurs, las de antes, las que con el repique de un tambor en Ansina o en Cuareim, se llamaba a los demás mientras se templaban las lonjas, porque se templaban a fuego y no se afinaban a tensores como ahora..
El café con leche no lo calentaba en el micro ondas porque no existía.
La heladera era un mueble de roble, tapizado en su interior con hojalata y un cañito para que fuera saliendo el agua del hielo en la medida en que se descongelaba.
La primera heladera usada la compraron en 1950.
Televisión mi viejo no llegó a verla porque murió antes y el sueño de mi vieja, ya vieja, era que en vez de tener que ir a la matinée del Capri o del Apolo (después Atenas) y tener el cine en casa y verlo desde la cama, porque el único momento en que no estaba trabajando mi vieja, era los sábados en que cuando yo era chico me llevaba al cine a la matinée, claro que ahí sufrí bastante porque como era miope no leía los subtítulos y algo pescaba y el resto lo adivinaba.
El idioma de Cantinflas no lo entendía y el de los argentinos con cuatro velorios y varias novias dejadas en el altar el día del casamiento no era lo mío.

El hombre en la luna, si en la película sobre la novela de Julio Verne.
Computadoras, o procesador de datos, acá me junté con la primera por los años 90, era un cero kilómetro pero un Ford T al lado de las de ahora, pero un jet al lado de las Remington Rand, las Underwood, las Royal, las Smith Corona, etc..

Si no existían los teléfonos de línea quién iba a pensar en los teléfonos celulares, claro que en las películas hablaban por teléfono, inclusive desde el auto, como si fuera un teléfono urbano.
No había televisores alta definición, si no existían los televisores comunes y corrientes, que vamos a hablar de HD o los de ahora que bajan directamente de internet a la computadora, cualquier película a cualquier hora y si vas al baño lo dejas stand by.
El partido de 1930, la final del campeonato, lo transmitían a lo bandido, adivinando las jugadas y mintiendo alguna para la hinchada, el público de a pie, rodeaba el estadio y se enteraban de los goles por los gallardetes, que eran una banderita triangular roja, que se subía por la cuerda de la bandera del equipo que había hecho el gol.
El viaje a Europa era para los ricos bien ricos, porque iban en un transatlántico, all inclusive, comidos y bebidos los 14 o 15 días que duraba el viaje.
Hoy no te dan ni un refuerzo de mortadela y si vas al baño, ojo con los pozos de aire y a no mojarse los bajos de los pantalones.
Mi madrina, cuyo marido tenía vento, mucho vento, se fue a Europa 6 meses y volvió con 16 baúles de cosas.
El hombre que era un exquisito culturalmente trajo obras de arte a rolete.
Mi madrina era una mujer ignorante, y para que me asustaran en casa mandó para que me pusieran en la cama, una serpiente en bronce que todavía estoy por saber de que dinastía era, pero no debe ser berreta pero no me animo, llevarla a tasar por miedo a que me afanen, ahora el ignorante soy yo.

Como chiste me regaló una escultura original de Molina Campos,(firmada), que como tenía forma caricaturesca le debe de haber parecido un buen chiste para hacerme y yo hoy miro el chiste y todavía lo festejo, cosa triste un ignorante con plata, es como un mono con gillettes.

Que todo sea para bien…

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Un comentario
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  1. Hola. El avance de la ciencia para el mundo es bueno pero no para la mayoria de las personas hay mucha gente que se esta quedando sin laburo porque su trabajo desaparece.

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