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Juana de Arco:¿Cuál fue su crimen?

31. Enero 2013 | Por | Categoria: Los mitos y la historia

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Por Nico Medes
La doncella de Orleans el 30 de mayo de 1431 fue quemada públicamente una joven en Ruán, Francia situada menos de cien kilómetros al noroeste de París.

juanad-280x210Su nombre había sido en vida Juana y desde hacía un año la llamaban también la Doncella de Orleáns.
Los clérigos que la condenaron a muerte en la hoguera esperar hasta el último instante, que el diablo acudiera a salvarla de las llamas.

Cuando los verdugos mostraron a la multitud los restos medio calcinados de la víctima, se sintieron aliviados los espectadores.
¿Qué crimen había cometido Juana para que la Iglesia se hubiera ensañado con ella?
¿Por qué nadie a se ofreció para salvarla, dado que la joven acababa de liberar parte del territorio francés del dominio inglés, después de la Guerra de los Cien Años?
Para entender el drama de Juana habrá que ir en el tiempo, hasta el siglo VI.
Un personaje legendario para nosotros que vivió en la corte del rey Arturo, temido por todos los súbditos de su majestad, por sus extraños poderes y, que sabía predecir el futuro.

Se llamaba Merlín, conocido también como el Mago o el Tenebroso Merlín.
Había dicho que una mujer pecadora hundiría al reino de los francos y que una doncella llegaría un día a salvarlo por medio de un milagro.

El mago Merlín jamás aclaró nada en cuanto a la fecha en que se cumplirían sus profecías, ni dijo los nombres de serían las dos damas.
En 1420 ocurrió un acontecimiento tal vez vinculado con la pecadora.
Por culpa de Isabel de Baviera, la reina adúltera, Francia tuvo que ceder a Inglaterra una porción importante de su territorio, en el curso de la Guerra de los Cien Años.
Los franceses cumplido la primera profecía.
Ahora tendrían que esperar a la doncella que le devolvería su soberanía.

En 1426, una tal María de Aviñón, que recorría Francia anunciando la segunda profecía con la llegada de la doncella, la que se presentó en el castillo de Chinony y pidió ver al príncipe Carlos, hijo de la adúltera.
Por esa época una joven de 14 años comenzaba a inquietar a sus vecinos en un pequeño poblado de la Lorena.
Se llamaba Juana y decía hablaba a diario con los santos y los ángeles, a su voluntad.

Los vecinos tomaron en cuenta sus pretendidas entrevistas, hechos que no tardaron en poner en alerta a las autoridades.
¿Fueron aquellos relatos y otros que oy óJuana lo que enfermó su imaginación, llegando a creerse la heroína escogida por el Cielo?
Cuando creció más de lo tolerable la cantidad y frecuencia de los encuentros celestiales, el clero no tuvo más remedio que intervenir, para preservar su monopolio en la materia y aquello era demasiado.
Amenazó a Juana con excomulgarla y hasta exorcizarla, si fuere menester.

¡Los santos de verdad jamás se molestarían en sostener diálogos con una niña tonta!
Las amenazas a Juana fueron en vano.
La joven vistió ropas masculinas y se dirigió a la guerra libertadora.
¿De dónde sacó Juana la certeza de que era la doncella anunciada en la vieja profecía?
¿Alguien, cuyo nombre no ha conservado la historia, se lo dio a entender?

¿Fue en los relatos escuchados en su infancia que halló el camino a seguir?
La joven fue recibida con recelo por el clero a su paso por los pueblos de Francia, y los campesinos la miraban con temor.
Le mandó un mensaje al Delfín de Francia, es decir, al príncipe heredero: ella había sido elegida para salvar la ciudad de Orleáns del asedio inglés, después de lo cual haría coronar a Carlos en la catedral de Reims.
¿No era para pensar que aquella joven ataviada con ropas hombrunas se había vuelto loca o que era una farsante?
El Delfín se mostró dispuesto a recibir a la joven, sólo con intención de burlarse.

El 6 de marzo de 1429 entró Juana en el salón de audiencias, ocupado por una multitud de cortesanos.
Carlos se había escondido, detrás de varias hileras de nobles, seguro de que Juana se desconcertaría y haría un papel tan ridículo que se retiraría a su pueblo natal.
Pero no fue así.

La joven se encaminó sin titubeos hacia donde se ocultaba el Delfín y le dijo unas palabras al oído.
Jamás aclaró Juana en qué consistieron las pala¬bras ni cómo pudo identificar a Carlos, a quien no conocía.
Dijo en voz alta algo sobre unas voces que la guiaron hasta el lugar donde estaba el príncipe.
Afirmó que liberaría a Orleáns y que sería traicionada por sus compatriotas.
¿Fue Juana una santa de verdad, una mujer enviada por el Cielo para ayudar a los franceses a defenderse de los malvados ingleses, como afirmaría oportunamente la Iglesia en Francia?
¿Fue tan sólo una mujer dotada con poderes hoy se llamados psíquicos?.
Pero en los tiempos de Juana no sucedía así.
Se miraba mal a los que poseían poderes paranormales.
La Iglesia quemó a montones de médiums, en especial mujeres, acusadas de practicar la brujería.
A Juana de Arco jamás la atendió el pueblo por tal sensibilidad, sino que la temían.
Ni decir de lo que estaban a favor de los ingleses.
La Doncella fue a liberar Orleans, lo hizo en circunstancias por demás especiales.

Antes de lanzarse a la batalla al frente de sus hombres y en contra de los deseos del Delfín, se dirigió a las fortificaciones de por los enemigos y los amenazó a abandonarlas.
Como el Comandante de las tropas inglesas, se burlara las palabras de Juana, esta le anunció que moriría en la batalla.

La batalla se inició la noche del 28 de abril de 1329, cuando Juana ordenó a su ayudante, que llevara por el río al primer grupo.
Debían llegar a un lugar que no tenían vigilado los ingleses.
Entonces sucedió lo increíble, atribuido a un milagro: descendieron las aguas del río, lo que permitió el ingreso de los franceses en la ciudad amurallada, donde fueron recibidos por la población.

La historia jamás se ocupó de aclarar si fue un milagro o no.
Los franceses lucharon con sus desconcertados, que vieron aparecer, inesperadamente, lo que tomaron por algo sobrenatural y esgrimiendo una espada.
Uno de los primeros ingleses en caer fue, su Comandante como había predicho Juana; y no fue esta muerte la única que Juana había anunciado, la cuales por razones de espacio omitiremos detallar.

No fue ésta la única victoria obtenida por quien comenzaban a llamar Doncella de Orleáns.
Mientras tanto, el Delfín Carlos callaba y esperaba.
Se enteró que la ciudad de Reims no pertenecía ya al enemigo.
En la segunda semana de julio sucedió lo que nadie pudo imaginar un año antes: el Delfín fue recibido para ser coronado como Carlos VII.

Se cumplía otra profecía de Juana.
No todos en Francia recibieron con alegría los triunfos de la Doncella. El clero estaba indignado, porque la joven les quitaba los méritos mal habidos.
La Iglesia recordó que la religión católica prohíbe la práctica de la adivinación y se inició de inmediato una campaña contra Juana ante el nuevo Rey, a quien acusaron de proteger a una hechicera.
Juana al ver que iba perdiendo el favor del rey y que obtenía derrotas en el campo de batalla, perdió la fuerza con que lucha al principio.
Quiso retirarse de la lucha y no le fue permitido.
Era un elemento peligroso para la seguridad de Francia, decidió Carlos VII que había que hacer algo con la fiel luchadora.

El 24 de mayo de 1430 los compañeros de lucha la abandonaron sin previo aviso, como actuado por una conjura secreta.
La joven se vio rodeada de soldados enemigos.
Su carrera militar había terminado.
Juana sobrevivió sólo un año a su captura.
El tribunal de la Santa Inquisición la condenó a perecer en la hoguera.

¿Fue víctima de la ignorancia o de las intrigas políticas y de intereses mezquinos?
¿Sufrió la venganza de un clero corrupto que veía mal a la joven como fuerza independiente de la Iglesia, poniendo en peligro a la institución?
Juana de Arco, Doncella de Orleáns, murió en la pira funeraria, y a pesar de que la Iglesia reconoció finalmente en ella a una heroína y la convirtió en santa, siguen las dudas en cuanto a si fue o no una bruja…
¿Murió Juana por motivos netamente políticos o quienes la condenaron a la hoguera lo hicieron convencidos de que libraban a la humanidad de una bruja peligrosa?
Encontrándose Juana prisionera en una torre de Ruán, se lanzó al vacío, y aunque sólo recibió contusiones leves, la reacción general fue de indignación.

Si la joven pretendió quitarse la vida, se dijo, era porque renegaba de Dios.
Decidió averiguar si la joven era tan doncella como afirmaba.

La duquesa de Bedford entró el tercer día en la celda, acompañada por dos damas de la nobleza, e informó sobre el examen practicado a la prisionera era doncella, en efecto.
El proceso se reanudó el 21 de febrero de 1431, pero como viera el exobispo que algunos jueces se mostraban reacios a condenar a quien, consideraban inocente, los despidió y decidió proseguir el juicio en el calabozo, en presencia del inquisidor Jean Le Maistre, del promotor de la fe Jean d’Estivet y del sustituto Jean Beaupére.

Se afirmó entonces que Juana no hablaba con los santos, sino con los demonios, y que en cierta ocasión desenterró una raíz de mandrágora con la que preparó fórmulas mágicas que servirían para ponerla en contacto con los espíritus malignos.

Fueron inútiles los esfuerzos por lograr que la joven confesara sus crímenes.
Si la acusaban de haber vestido ropa masculina, respondía que fueron los ángeles quienes se lo ordenaron.
Acusaron entonces a Juana de incurrir en el pecado de escándalo, al vestirse como un hombre.
¿Y quién, sino el propio diablo, iba a ordenar tal cosa?
Al empuñar la espada, ¿acaso no realizaba la joven un acto de magia ceremonial?
Si montaba a caballo, ¿no era que cabalgaba en el corcel como si fuera la escoba que la conduciría a las reuniones del aquelarre?

Además, era blasfema, falsa profetisa, invocadora de espíritus satánicos, cismática, indecente, seductora de príncipes y vanidosa.
Los acusadores tenían ante ellos a una criminal depravada.
De manera inexplicable, desapareció la acusación de bruja, que no había servido para nada, y fue sustituida por la de hereje, que sí era terrible.
En tal caso, se imponía el tormento para obtener la confesión.
Se convocó al verdugo, pero no tuvo que intervenir.
Ante la insistencia de Cauchon y la promesa de perdón si confesaba, Juana se prestó el 24 de mayo a admitir que había vivido en el error y deseaba regresar a la Santa Iglesia.
La obligaron entonces a firmar un documento, so pena de ser quemada de inmediato.
Cuando Juana hubo estampado una cruz a manera de firma, la Iglesia la perdonó.
Solamente la castigó a permanecer en prisión el resto de sus días.
Sin embargo, y a pesar de las muchas promesas hechas a Juana por Cauchon, la acusada fue conducida el 30 de mayo a la plaza del Mercado.

La hicieron subir a lo alto de un montón de leña, para que las llamas tardasen más tiempo en alcanzar a su cuerpo y se prolongase el martirio. Encendieron la hoguera.
Carlos VII, mostró gran indiferencia por el destino de aquella que le había devuelto el trono.

Tal parecía que todos en Francia se alegraban por la muerte de la Doncella de Orleáns.
Otra gran duda por último, ¿murió realmente Juana en la hoguera, como afirman los libros de historia, o sacaron de la celda a otra mujer que ocupó su lugar en la pira?
Su muerte es un misterio y aparecieron algunas Juanas, que inclusive fueron reconocidas por los hermanos de ésta.
Hoy en día hasta hay obras de teatro sobre Santa Juana, y leyendas por doquier.
Gran misterio el fin de la Doncella de Orleans.

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3 comentarios
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  1. Cual fue el crimen? el tener una coneccion mas alta con el supremo que la mismisima iglesia, yo creo que ese fue su mayor crimen. Los trastornos mentales y las alusinaciones eran tratados por la inquisición, hoy Juana sería una chica mas con trastornos de personalidad y llendo a consultas semanales y tomando medicamentos.

  2. El clérico esclesiatico y la propia monarquia se sentian amenazadas cuando alguien acertaba un pronostico de lo que fuera. Los milagros deberían ser divinos y solo se les consedía s los que estaban mas arriba en las escala de la iglesia o de la monarquia. Un sistema cuasiperfecto de sometimiento de la voluntad de la gente, y no cambio mucho porque aun hay vivos que venden espejitos y se te quedan con el sueldo.

  3. Su crimen fue desafiar a la Iglesia y su supuesta autoridad. En aquella época era un delito muy grave.

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