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La libre expresión del pensamiento

8. octubre 2018 | Por | Categoria: Los mitos y la historia

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Por COMOUSTÉ
El 20 de setiembre se conmemoró el día de la libre expresión del pensamiento. El pensar es una gimnasia mental en solitario y en forma introspectiva, está limitada por la capacidad intelectual del individuo, por la formación cultural que posea y por le presión que ejerza sobre él la sociedad en la cual habita, y con los seres con quienes convive.

La falta de formación impide pensar y es la peor de todas las censuras porque no necesita manifestarse ni ejercerse.
El que no sabe es como el que no ve, dice el saber popular y tal cual, es así.
El que no piensa no medita.

El que no piensa no existe. Pienso, luego existo dijo el sabio.
De manera parecida, la información torcida, parcial y a medias tintas, tendenciosa, interfiere en la educación y dificulta y llega a inhibir pensar con libertad, sin que nadie tenga necesidad de prohibir nada.
El ser humano puede retener cierta cantidad de información, pero en la medida que se excede de ciertos límites, borra su efecto formativo y se transforma en efecto deformativo, porque el sujeto no soporta mantener la atención.
Reconozco en mí ese defecto, que en el afán de acumular información llego a saturar la capacidad de almacenamiento en mi disco duro cerebral y me voy por las ramas, aunque reconozco que apremiado rindo mucho más que con tiempo ocioso, tal vez la falta de tiempo pode algunas ramas.
El individuo al estudiar o al atender se fatiga y distrae hasta con una mosca y en consecuencia se ausenta y no cambia, no oye, no siente; se ausenta del tema y se va como ya dije por las ramas y no se concentra y demasiado puede transformarse en nada, se logra una melange de información o valores extraños.
Todo le resulta igual, o con gusto a poco o con gusto a demasiado y se evade en la nada.
No todos los individuos tienen la misma capacidad de atención.

Para estar en buenas condiciones para pensar, sin zonas límites o estancas, se requiere una formación sin límites religiosos, políticos, sin dogmas, ni odios, nada de verdades a priori o preconcebidas, formación que se recibe tanto en la escuela como en la educación familiar doméstica o en la calle en el decurso de la vida misma.
Un fanático no puede dialogar ni consigo mismo, vive peleado con su propia sombra.
No en vano la reflexión y la especulación presuponen a alguien ante un espejo, es decir: hay diálogo interior en toda meditación.
Meditar es razonar con uno mismo sin dogmas, o sea verdades que se creen verdaderas a priori, sin razón valedera que las apuntale.
Hay pros y hay contras y sobre eso se apuntala la meditación.
En ciertas sociedades que hemos visto y estamos viendo, intolerantes, fanáticas, fundamentalistas y en las escuelas intolerantes, fanáticas, fundamentalistas, no es necesario imponer ninguna prohibición para mantener a la inmensa mayoría bajo censura; cada uno está formado de tal manera tan débil a la razón, que no hay individuos con mucha fuerza interior, como para atreverse a disentir, cuando se atreve a pensar.

Por supuesto siempre nacen seres de fuerte personalidad que se atreven a cuestionar, en su fuero íntimo.
Otros, aún más selectos que van más allá: y dicen lo que piensan para manifestar su rebeldía.
Lo que cuenta en el laicismo es la cualidad personal, no confundir laicismo con laico.
En los tres momentos, en la libertad de pensar, en la libertad de expresión y en la libertad de comunicación, funciona el laicismo.
Se habla de escuela laica, de Estado laico, de educación laica como si esa condición fuera algo propio de las instituciones.
Uruguay es considerado el país más laico de América y eso no es decir poco.
El laicismo es una facultad humana, una flexibilidad antidogmática que tienen por igual creyentes o no creyentes.
Es una mentalidad, un modo de ser, en parte natural y en parte adquirido, como suele ocurrir en todo lo cultural.
Se nace tolerante y la vida a los golpes nos enseña a ser tolerantes.
El laicismo es lo opuesto al fanatismo: en vez de una estrechez para cursar el pensamiento por un túnel, el laicismo es la amplitud para pensar a cielo descubierto, sin límites preconcebidos.
Es vivir en un edificio abierto, con grandes ventanas al exterior, abierto siempre a lo nuevo, a lo distinto y desprenderse de lo caduco, a lo preconcebido como verdades y que resultan meras patrañas.
El laicismo es una modalidad del ser, como lo es la tolerancia; una cierta imparcialidad que uno se impone a si mismo; un aflojamiento en la defensa de lo que se piensa o lo que se cree, cuando otro no coincide con uno.
La tolerancia es admitir en otro cierto grado de oposición con lo que nosotros pensamos.
Que lo malo que admitíamos no perjudique todo lo bueno que obtenemos, un pequeño sacrificio en la búsqueda de un beneficio mayor y mejor.

Para gozar los beneficios del laicismo, es necesario percibir al otro como un semejante, tener el concepto de igualdad con el prójimo.
Hay que conocerse bien a si mismo por le meditación para poder evaluar al otro semejante.
En nuestro caso: piensa y deja pensar.
El dicho es vive y deja vivir.
Si no dejamos oír en nuestro monólogo interior, que siempre es un diálogo, entre mi conciencia y el encare de los hechos, las razones o las creencias ajenas, corremos riesgo de pensar mecánicamente, es decir, pobremente, a medias, e inclusive caer en las garras de un dogma.
Una muy dura frase de Sigmund Freud dice:
El día más feliz en la vida de un hombre es el día de la muerte de su padre.
La frase es, vista así nomás, enteramente repulsiva, tal vez sería menos efectista si en vez de “más feliz”, se hubiera puesto “más libre” pero la cita es esa.
Pero me pasó en lo personal cuando tenía 18 años y falleció mi padre y tuve que ir a la empresa de pompas fúnebres a elegir el servicio, hube de resolver algo, que interiormente no me sentía competente para hacerlo, sino que el competente hubiera sido mi padre, que ya no estaba, y pensando que hubiera hecho el viejo, nada más ni nada menos, que cajón hubiera elegido y me salió aquello que mamé de sus enseñanzas que vale más la carta que el sobre y elegí algo económico porque mi gran tesoro ya no estaba y él hubiera hecho eso.
Pero esa frase dura, que pareciera que la escribió para mi persona me sirvió para entender lo que es quedarse solo y asumir la responsabilidad de ser enteramente libre para pensar y para decidir.

De pronto hay que cambiarla y basta con unas pocas palabras sensatas, dichas en el momento oportuno.
Ejecuté ese mandado de acuerdo a los principios referidos precedentemente.
Tengo pleno derecho a ejercer la libertad de expresar mi pensamiento, pero estoy obligado a pelear porque mi prójimo, con o sin razón, esté o no esté de acuerdo con él, esté él en la misma situación que yo y sea libre de ejercer la expresión de su pensamiento, aunque no lo comparta ni un ápice y tengo que estar dispuesto a pelear porque así sea y pueda él expresar libremente su pensamiento.

Que me perdone Giuseppe Garibaldi, pero es tema de Nico Medes y espero que esté para la próxima semana.

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2 comentarios
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  1. Buen articulo. Es muy sencillo para los humanos ser libres pensadores, despues de todo cada uno tiene una opinión y se jacta de ser diferente de las de otros. Esto hace de que hayan 3 millones de ministros de economía, de tecnicos de la seleccion..etc…etc..
    Pero lo mas difícil de la libre expresion del pensamiento no es tenerla – porque ya vimos que todos tenemos ese ombligo – lo mas dificil es ejercerla. Y generalmente a lo largo de la historia humana el dominio del pensamiento se ejerce con la espada, a balazos y con muertes.
    Porqué será que se vuelve tan tedioso e insoportable el pensamiento de los demás?

  2. La libre qué? de que me hablan? eso no existe!! los gobiernos junto a las bebidas colas, marcas deportivas, y marcas de moda y de consumo masivo son los que te dicen que hacer de bueno con tu vida…fijate en lo que te rodea y preguntate que tan libre sos,,,chau..

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