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La miseria más negra

23. mayo 2013 | Por | Categoria: Insólito

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Por Niquita Nipone
Tenemos temas como el escándalo levantado por Lanata, tenemos la carta del ex tupamaro Amodio Pérez, que por ahora están en la cocina y el que le vamos a entregar no le vemos solución por ahora y por mucho más tiempo.

hait-280x210Haití, es un país de las Antillas, situado en la parte occidental de la isla La Española y la comparte por el este con la República Dominicana.
Su territorio comprende también la isla de la Gonâve, la isla de Tortuga (famosa por los piratas en aquella época), el archipiélago de las islas Cayemites y la isla de Vaches.

La no habitada isla de La Navasse (en español isla Navaza) es reclamada por Haití ante la administración de los Estados Unidos.
La superficie total de Haití se extiende en 27.750 km², una población de 10.033.000 habitantes.
Su capital y ciudad principal es Puerto Príncipe, que oportunamente compartía con Montevideo, el triste privilegio de ser los dos únicos puertos habilitados por el Imperio Español, para recibir esclavos negros.

Haití está constituido en forma de república semipresidencialista según la Constitución aprobada en 1987, suspendida desde entonces por la violencia política, particularmente dos golpes de estado, uno de 1991, y otro de 2004, que forzó la intervención de Naciones Unidas.

Tras un proceso electoral tutelado por la comunidad internacional en 2006 fue elegido Jefe del Estado René Préval.
Haití es la economía más pobre de todo el continente americano y una de las más desfavorecidas del mundo.
Su población vive bajo el umbral de pobreza y 2/3 de ella es dependiente de un sector de la agricultura y pesca, tradicionalmente organizado en pequeñas explotaciones caracterizadas por la carencia y empobrecimiento del suelo.
La erosión del terreno es consecuencia de una intensiva y descontrolada deforestación que ha llevado la superficie arbolada de Haití del 60% en 1923 a menos del 2% en 2006.

Las devastadoras tormentas tropicales que se sucedieron a lo largo de 2008, afectaron a las escasas infraestructuras de comunicaciones que, a imagen de los sectores industriales y de servicios, sufren de la carencia de inversiones sostenidas por culpa de la inestabilidad y la violencia.

El sector industrial más importante es el textil, que representa más del 75% del volumen de exportaciones y 90% del PIB pero que es fuertemente dependiente de la demanda y ayudas arancelarias exteriores, particularmente la de los Estados Unidos.
Haití proclamó su independencia el 1º de enero de 1804, siendo el segundo país del continente americano, y primero de América Latina en acceder a ella tras un singular proceso revolucionario de carácter abolicionista iniciado en 1791 que desembocó en una lucha armada contra Francia.

Los postulados de la Revolución Francesa aparentemente no eran válidos para los negros haitianos.
El 5 de diciembre de 1492Cristóbal Colón llegó a La Española, parte de las que serían luego llamadas Antillas Mayores, y la isla pasó a formar parte del Imperio español.

A comienzos del siglo XVII, al igual que las demás colonias informal de los colonos de la isla y que iba en contra del monopolio que pretendía España, el gobernador español Antonio de Osorio ordenó entre 1605 y 1606 la despoblación de las bandas septentrional y occidental de la isla con el fin de frenar esa práctica.
Con el tiempo, en las zonas despobladas de la parte oeste se fueron asentando los bucaneros, hombres que vivían de la caza de reses y cerdos cimarrones, el comercio de pieles y el cultivo de tabaco, así como los filibusteros, ambos de origen francés.

Primeramente ocuparon la Isla de la Tortuga y más tarde estos poblamientos determinaron que la parte occidental de la isla fuera reclamada por Francia.
En 1697, España cedió a Francia esa parte de la isla constituyéndose el Saint Domingue francés.

A mediados del siglo XVIII, el Haití colonial, ocupado por Francia bajo un férreo y cruel sistema esclavista, contaba con una población de 300.000 esclavos y apenas 12.000 personas libres, blancos y mulatos principalmente.

En 1803, Jean Jacques Dessalines venció definitivamente a las tropas francesas en la batalla de Vertierres y en 1804 declaró la independencia de Haití, proclamándose emperador.
Después de la derrota de los franceses, Haití fue obligado a pagar una indemnización a la antigua metrópoli a cambio del reconocimiento de su independencia, que se concretó hasta 1838.
El gobierno francés indujo un bloqueo contra el azúcar haitiano, de modo que la economía de la pequeña república se vio muy perjudicada.

Tras unas revueltas populares en la parte oriental de la isla de La Española (República Dominicana) en 1821, entonces bajo dominio colonial español, las tropas haitianas invadieron ese país en 1822, y lo ocuparon hasta que recobrase su independencia en 1844.
La gran inestabilidad política del país sirvió a Estados Unidos como pretexto para invadirlo en 1915 y ejercer así un control absoluto hasta 1934.

Dando un gran salto en la historia, tenemos que en 1957 fue elegido como Presidente François Duvalier, conocido popularmente como Papa Doc, que gobernó dictatorialmente con ayuda militar y financiera de Estados Unidos y que en 1964 se hizo proclamar presidente vitalicio.

Teniendo una fuerza especial los Ton Ton Macutes, que cometían cualquier tropelía.

Su hijo Jean-Claude Duvalier (BabyDoc) le sucedió en 1971.
En enero de 1986 una insurrección popular le obligó a exiliarse y el ejército se hizo con el control del poder, mediante la formación de un Consejo Nacional de Gobierno, presidido por el general Henri Namphy.
En enero de 1988 ascendió a la Presidencia Leslie François Manigat, pero fue depuesto en julio del mismo año por Namphy, a quien derrocó Prosper Avril. Tras una presidencia provisional de Ertha Pascal Trouillot, depuesta por un golpe de Estado, Jean-Bertrand Aristide fue presidente electo a partir de febrero de 1991, siendo también depuesto, tras una grave crisis interna en el año2004, que incluyó violentos episodios, que culminaron con la ocupación de Haití por parte de los “Cascos Azules” de la ONU con participación de tropas uruguayas y algún episodio desagradable manejado políticamente.

En el 2006, René Préval fue elegido presidente del país.
Las elecciones generales estaban previstas para enero de 2010, pero fueron pospuestas debido al terremoto. Se celebraron el 28 de noviembre de 2010. Los candidatos más votados fueron MirlandeManigat y el oficialista Jude Célestin, quedando en tercer lugar Michel Martelly.

Este hecho suscitó una crisis electoral, porque se alegó que el candidato oficialista Célestin había sido favorecido por un fraude cometido por el gobierno.

El 3 de febrero de 2011 se anunció el pase de Martelly a la segunda vuelta, que se celebraría el 20 de marzo, después de un pacto en el que Célestin desistió de continuar en la contienda.
En la segunda ronda presidencial entre Michel Martelly y Mirlande Manigat fue elegido Martelly.
El 12 de enero de 2010, Haití fue golpeado por un terremoto de magnitud 7 grados en la escala Richter, el terremoto más severo del país en 200 años.

El epicentro del temblor fue cerca de la capital Puerto Príncipe.
Era la primera hora de la tarde de aquel nefasto 12 de enero de 2010cuando la tierra tembló en Puerto Príncipe y se tragó la capital haitiana, casas y personas, hasta convertirla en una nube de polvo, cadáveres y cascotes, inundándola de un hedor a muerte que, como alquitrán, se quedaría pegado a la ropa durante semanas y para siempre en la memoria.

Haití era un país inestable en lo político y en lo estructural: casuchas levantadas con más arena que cemento que no resistieron un temblor de poco más de 7 grados Richter que, en México, no produciría mucho más que un susto colectivo.
Tres años más tarde se dan por buenas las cifras que entonces aportó el Gobierno local: alrededor de 300.000 muertos.
Un número imposible de asegurar, pues, por no haber, en Haití no hay ni siquiera estadísticas.

Tres años después, con una epidemia de cólera y una nueva convulsión política que llevó al poder a Michel Martelly, la nación caribeña es aún un país a medio hacer, frágil y tambaleante, a la espera de que la ayuda internacional comprometida llegue alguna vez.

Pasados tres años del terremoto, “cientos de miles” de personas continúan alojadas en campamentos en una situación “catastrófica”, según denuncia Amnistía Internacional.

El terremoto dejó a más de dos millones de personas sin hogar y más de 350.000 haitianos continúan viviendo en 496 campos de refugiados cuyas condiciones “están empeorando” ante la “falta de acceso a agua, saneamiento y eliminación de residuos” y la exposición de mujeres y niños a “agresiones y violaciones”.

El secretario general adjunto para operaciones de paz de la ONU, Hervé Ladsous, anunciaba que la Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití retoma “el contexto de antes de 2010, cuando realizamos muchos progresos”.

Tres años después del catastrófico terremoto que azotara a un país que ya se encontraba de rodillas, la atención de los medios de comunicación se ha desviado a nuevos escándalos, a otras miserias, a inconclusas revoluciones o dimisiones celestiales que han vuelto a poner a Haití en el lugar que ha ocupado por ya más que un siglo: a la cabeza del olvido, o al menos del desinterés, como la más ilustre de las causas perdidas.
Tan es así, que una colaboración de Rumania, para las víctimas del terremoto, llegó a Tahití, por confusión y desconocimiento de la existencia de Haití.

El caos que en la actualidad condiciona la vida de una inmensa proporción de la población haitiana tiene su origen directo en el sismo de enero de 2010 y en la ineficaz administración de los considerables recursos —alrededor de 3 billones de dólares— que se han puesto a disposición de docenas de organizaciones no gubernamentales con el propósito de llevar a cabo unas obras que más que de reconstrucción iban a ser de construcción de una infraestructura de antemano colapsada y que, tres años más tarde, sigue sin llegar a cumplir la más mínima de las expectativas.
El breve asomo de protagonismo que la tragedia de 2010 otorgara a Haití hizo que una serie de prejuicios y estereotipos reverdecieran en la conciencia colectiva, apuntando a todo tipo de quimeras y motivos fundamentales por los que al parecer la nación caribeña había estado destinada a la miseria y el fracaso desde su invención como país.

De lado a lado surgieron voces recriminadoras, trasladando la culpa de un sufrimiento que ha sido tan sostenido como ignorado a factores lo suficientemente vagos, lejanos y esotéricos como para que pudiera ser expiado por casi todo el mundo: el vudú, una maldición divina (posiblemente producto del vudú), la lascivia de los haitianos, la codicia de Occidente, el neocapitalismo liberal, el imperialismo francés, los 150 millones de indemnización que la nueva república se vio obligada a pagar a su antiguo soberano a partir de 1825 (21 después de su independencia), Papa Doc (y su vudú), Baby Doc (y su codicia). En fin, cualquier cosa.

Es duro que a este tema no se le vea la punta.
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Un comentario
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  1. hola…que tristeza es horrible ese lugar lleno de hambre y catastrofes climaticas, por eso hay que valorar en el lugar que cada uno vive.

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