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Las armas las carga el diablo

26. Agosto 2011 | Por | Categoria: Insólito

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Por Niquita Nipone
Hace poco tiempo recibí un mail con un chiste que viene muy al caso.
Una señora llama al 911 y le explica al operador que se encuentra sola en la casa y que un presunto malhechor está escalando la reja del jardín.

El operador le contesta que en ese momento no tiene unidades disponibles y que asegure bien todas las aberturas de la casa.
La mujer desesperada llama al ratito y le dice al operador que ella asustada agarró una pistola 9mm del marido y le pegó cinco tiros al tipo que quedó seco, clavado de cabeza en la gramilla del jardín.

No habían pasado dos minutos que se vio rodeada de vehículos con sirenas y luces de todos los colores, parecía que viniera el Presidente de la República y todos los Ministros, en pleno, de visita a su casa.

Cuando la interrogaron por el muerto, ella les dijo que no había ningún muerto y que el presunto ladrón se borró en cuanto sintió la primera sirena.
En el caso que vamos a narrar lo que resulta fuera de lugar no es el procedimiento policial, ni judicial, sino lo insólito en el caso de marras, es la actitud de la prensa, de uno de los diarios más importantes del país.

El periodista o cronista o gacetillero o free lance, escribe un artículo, pero si estamos ante una empresa seria, el mismo debe ser revisado por gente responsable y con experiencia en la materia y algún editor.

La función de la prensa es informar con un criterio no comercial.
No se puede caer en aquella que ya tuvimos en nuestro país, tipo La Tribuna Popular o La Escoba, que primero escrachaban y después se retractaban en el juzgado, pero el daño ya estaba hecho y el llamado vulgarmente “chusmerío” se vende como pan caliente.
Tenemos muchos ejemplos en la televisión que nos llega allende el Plata.
De un hecho de sangre, que detallaremos lo más escuetamente posible, publicaron la fotografía de la casa domicilio del homicida y una de la esposa que parece una foto de estudio, a la cual le ponen nombre y apellido, por si faltaba algún elemento identificatorio.

En una palabra parece que faltó poner: “señores ladrones si quieren asesinar a la señora pueden presentarse en la calle tal número tal o a la vuelta de la esquina o en el almacén y proceder”

Los cronistas, no digo que hayan puesto lo que no dijo la señora, sino que la hicieron hablar y lo que es peor lo publicaron, lo que habló una mujer desesperada, en una situación límite, la cual con su estado nervioso, se encargó de dar todo tipo de información sobre el caso y principalmente para su mal y el de su esposo o por lo menos es lo que surge de la lectura del artículo.

El caso fue de un matrimonio, con hijos, al que le habían robado una camioneta hace un mes y compró un nuevo vehículo.
El suegro le prestó al yerno un revolver calibre 22 y ella se encarga, por medio de la prensa, de aclarar que su padre le explicó a su marido, que no es un arma potente, pero ante un rebote tiene un poder expansivo, por el cual la pequeña bala puede hacer mucho daño.

Téngase presente y esto va por mi cuenta, que en EEUU cuando el atentado contra el Presidente Regan utilizaron armas de tal calibre y como consecuencia del mismo a Regan, entre otros, le fue mal, pero no tanto como a su secretario, que quedó parapléjico.

Dice ella, que cuando vio que se le llevaban el automóvil, el marido tiró cuatro o cinco tiros y los ladrones huyeron.
A título aclaratorio el estampido de un disparo efectuado con un 22 equivale a un cohete pequeño, no es un estruendo.

Al rato, un vecino vino a avisar que había un “pichi”(sic) muerto en la vereda.
Por consejo de los vecinos, el hombre ocultó su automóvil y se presentó a las dos horas en la Seccional de Policía, como responsable del homicidio, estando a los dichos de su esposa, previo asesoramiento de su abogado.
Los vecinos pareciera que fueron prácticamente los correveidiles asesores gratuitos del homicida y señora.

Ínterin ella reconoce que mintió.
Del trato policial está muy conforme, no así del trato en el Juzgado, donde le molestó desde el celdario, hasta la revisación íntima por si tenía armas o drogas en zonas íntimas y que la habían tratado mal.
Esta señora aparentemente no se enteró que estaba presa y que la revisación se la hace una mujer policía, pero el tema parece que era contra el juzgado.
Después de negar la existencia de armas en la inspección ocular aparece el revólver debajo de la cama.

Y sin freno alguno dice que el trato que recibió de la Jueza fue muy cruel, muy duro, a la cual sindica con nombre y apellido.
Después de esos dichos, manifiesta que están haciendo fuerza para que el marido quede en Cárcel Central.

Tampoco se enteró que quien determina el lugar de detención es el juez de la causa.
En ningún momento estoy cuestionando la libertad de prensa, pero esto fue un abuso de inferioridad psicológica, porque la mujer después de lo que pasó el viernes y hasta que se publico, lo dicho, el día martes, no estaba en condiciones físicas, morales, psicológicas para un reportaje de especie alguna en la prensa y enterraba más a su marido y lo hacía ella misma, sin alguien que la parara.

No es un caso común y corriente, porque a nadie se le pueden dar todos los elementos para que pueda ser otra víctima de los ladrones que se salvaron y no tiene hora del día para estar seguro, porque tienen dirección, nombres y la fotografía de esta pésima declarante, que pareciera disfrutó su cuarto de hora en los medios.

Ella fue procesada por falso testimonio y el marido por homicidio en un episodio muy lejos de la legítima defensa y la causa recién empieza.
El auto de procesamiento no es una sentencia, pero con sus dichos la señora no ayuda para nada su situación ni la del marido.

Espero que la cosa no llegue a peores, ya sea en materia judicial como en la integridad de ella y de su familia.
Si por lo menos hubiera leído el Martín Fierro, hay un consejo del Viejo Vizcacha que le dice: “Hacete amigo del Juez, no le des de que quejarse, porque siempre es bueno, tener un palenque ande ir a rascarse”.

“Las palabras son como el pájaro, no vuelven a ser huevo”, como decía la poetisa norteamericana Emily Dickinson.

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