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Les Luthiers ‘Epistemología’

27. enero 2011 | Por | Categoria: Entretenimiento

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Por Lorenzo Olivera

Los he visto reiteradamente de garrón.

Cuando en la época de la dictadura venían al Teatro Solís, dos viejos amigos, que ya no están, me conseguían entradas para los palcos de la Intendencia Municipal de Montevideo, por ser ellos integrante de la Junta de Vecinos, cuerpo que sustituía a la Junta Departamental como consecuencia del, a veces, también llamado proceso cívico militar, que de cívico tenía poco y de lo otro mucho.

Los dos palcos de la Intendencia eran el avant scene de la izquierda, paradójicamente, y el número 9.

En el palco avant scene, ver a Les Luthiers, era una misión prácticamente imposible, porque en aquella época usaban unos parlantes, que ubicaban sobre el proscenio, que tapaban casi medio escenario y escucharlos, era mucho peor, porque metían un ruido infernal a pocos metros.

Por algo el palco avant scene siempre estaba disponible.
Pero gratis, es lo que había, aunque los porteros eran muy simpáticos y con unos pesos se podía mejorar la visibilidad en gran forma y estilo, siempre y cuando hubiera algún otro palco vacío.

Una sola vez me tocó el palco 9, desde el cual se ve perfectamente, pero fue para escuchar a la Tana Rinaldi, cuando no usaba el pelo blanco.
En Buenos Aires, las veces que estaban en cartel, localidades agotadas con bastante tiempo de anticipación y con lo comedidos que son los boleteros y porteros, con unos pesos por delante, nunca pude lograr, a ningún tipo que se le hubiera enfermado la abuela o el perro.

Nunca pude integrar la lista de los “por las dudas”.
Ahora que pienso, la última vez que estuve en Buenos Aires, me agarré una neumonía y mi señora tuvo que ir a vender a última hora, las entradas en la puerta del teatro, con rebaja por cierto, faltaba más.

En el Conrad, pagando una pequeña fortuna y sacadas las entradas por las redes que obran al efecto, no entiendo el por qué las diferencias de precios en las localidades, si me tocó igual al fondo, con unos compatriotas de los músicos, que ni bien pudieron zafaron para allá adelante, cosa que no hice porque no es mi estilo y me da un no sé qué.
El no sé qué, tal vez sea, que sea, valga la redundancia, el único al que le dan la pica y me papeloneen a viva voce en público, como les pasa a esos que les suena el timbre a la salida del supermercado y les revisan hasta el apellido.

Empezaron a las 22 horas, sin esperarme y yo iba en el auto, no sé por dónde, ni para dónde, porque me guiaban por celular.
Me tuve que cambiar de ropa y luego encontrar donde estacionar, un sábado a esa hora en el Conrad, donde había tres pueblos, uno brasileño, otro argentino y otro uruguayo.
Estaba la palangana loca electrónica funcionando, pero también a las 22.30 horas Charlie García.

Después de caminar un par de cuadras sobre las mullidas y floreadas alfombras, cuando precisamente había subido la hermosa, amplia y larga escalera de entrada que tiene como sepetecientos escalones.

Era como los bañistas que después de castigarse en las bravas olas durante horas, tienen que volver a casa subiendo y bajando los médanos de arenas sueltas y al rayo del sol.
Después de tanto subir y caminar, volver a bajar escalera mullida mediante, a otro nivel que lleva a la sala de convenciones que oficia de teatro improvisado, para acceder a la cual hay otra escalera, en repecho y con pinta de casera pero moqueteada, para llegar a la butaca.

Como lo establecí precedentemente ya había empezado el espectáculo y un diván rojo, en el cual uno oficiaba de psicólogo y otro de orate.
El resto del escenario cámara negra, en la que se entreveían los cambios de la futura escena.

Todo muy bien, excelentes excéntricos musicales y con varios instrumentos no convencionales y uno que me llamó poderosamente la atención en base a pelotas o peras con chifle que no tuvo desperdicio.

El ejecutante lo admiro doblemente porque para sacar algo musical con ello, yo que tengo oído de primus, me las vería negras y no lograría absolutamente nada.
El grado máximo del espectáculo fue “La cumbia de la epistemología”.
Como sonido de fondo y sin que nos cobraran nada extra se podía sentir como en el otro local destinado a un fin similar, Charlie García había vibrar hasta el aire de los pulmones.

A todo esto qué les puedo contar de Les Luthiers que Uds. no conozcan, tal vez, que en sus comienzos como I Musicisti participaron en nuestro queridísimo y añorado Telecataplum, dato que no está en ningún lado.

De una pachanguita estudiantil, un concurso, un premio, llegaron después de 45 años o más, a lo que son, un grupo de artistas, que no obstante sus títulos universitarios, siguieron siendo músicos y actores.
De los siete originarios quedan cinco, por esas cosas que tiene la vida, pero la calidad se impone.

Si tuviera que escribir un artículo completo sobre Les Luthiers tendría que nutrirme y plagiar a Wikipedia, y para evitar tal cosa, mal vista, les recomiendo que lean el artículo que trae todos los detalles de ellos y en Youtube un montón de actuaciones inclusive la cumbia prenombrada.

Las palabras no pueden sustituir las imágenes tan fácilmente y con estos calores agobiantes les recomiendo buscar en Google lo recomendado.

Si sobreviven a la canícula, nos encontramos en la próxima.

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3 comentarios
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  1. Un humor muy fino y bien rioplatense hace Les Luthiers. A parte son musicos muy dotados y tocan cualquier instrumento y tambien fabrican cosas raras que hacen sonar bien…creoo que el nombre biene por eso. No me recuerdo que cuando empezaron vinieran a Telecataplum, si haríamos buena television en eso días ehhhh?. muy bueno, saludos

  2. Le meten palabras finas a la cumbia villera¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡genios¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

  3. Son unos maestros Les Luthiers y esta muy bueno el video,
    Saludos a todos por ahí…

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