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Mafalda II

20. Octubre 2010 | Por | Categoria: Entretenimiento

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Por; Lorenzo Olivera

Como veníamos hablando en el número anterior, la niña prodigio me diría: si le hiciste caso a Felipe, ahora no hay tu tía, te vas a dar contra el horcón del medio, ese que dice: “Segundas partes nunca fueron buenas” muy probablemente tenga razón y por eso pasó a la historia.

Pero vos, que te creés que me conoces tan bien, solito te metiste en el meollo y solito saldrás, claro que si hay que darte una mano, aunque más no sea que de bleque, te la puedo dar. Porque no soy como esa gente que entre darte una mano o una cachetada, te da una cachetada.

Esto viene a ser como una receta de sopa, ponés los ingredientes y luego a procesarlos. ¿Por qué causal?, me preguntó mi pequeña amiga, sería por Asociación Ilícita para delinquir.
A pesar de que no estoy en actividad, dijo Mafalda, sigo al tanto de las cosas, y la sopa viene a ser, algo así, como violencia doméstica en reiteración real y podría dar lugar a una denuncia contra los padres torturadores, que te la hacen presente todos los días, verano e invierno, aunque a veces me tocan el lado venal y transo tomando un plato de sopa y como compensación unos panqueques de postre, si son de dulce de leche mejor.
Lo mío, sería algo así como concusión o soborno depende de la intención mía o la de mamá.

Pensar que, por lo que he visto, consideran a un viejo de 25 o 30 años como si fuera joven, cambian las leyes de juego de tal forma que uno tiene que ser joven hasta tan viejo. No es justo.
El Citroën de papá está bien, porque con la velocidad máxima que da, difícilmente haga como esos coches, de mucha pinta, que andan a gran velocidad y terminan suicidándose con la gente adentro, por más cinturones, cascos, air bags y yo que sé cuantos chirimbolos que les ponen o traen.

Mi amigo Felipe, el vecino del 5º. piso, ese que tiene los dientes como un conejito, con lo de tener que ir a la escuela, le vienen unas depresiones, que si no fuera porque no se anima a tal cosa, podría llegar a incendiarla y cuando va, parece que lo hace pateándose el ánimo, a pesar de que le pesan un montón de kilos cada pie, pierna o yo que sé.
Mejor ni le planteo todos los años que le quedan de escuela, de liceo y de alguna academia para prepararse para ir a trabajar al banco y estar siete horas, sentado en un escritorio, acomodando papeles de una pila para la otra.
Es tan indeciso que se llega a olvidar del motivo de su indecisión.
Pero la vida no siempre es igual, porque su fuerza de voluntad le dura lo suficiente, hasta que se cruza con un juguete y se pone a jugar, ajeno totalmente, del mundo cruel que lo rodea y lo que se habría propuesto hacer.

Por el contrario Miguelito es la encarnación de la imaginación creadora.
Ve una barriga prominente y se imagina un timbal.
Le enrostra a otros no tener que pasar los papelones que él tiene que pasar por su propia cobardía.

Tiene una duda existencial que lo carcome, por qué Suiza, la reina de los relojes, no puede utilizarlos para controlar la llegada de su flota marítima y piensa que la marcha oficial de la marina suiza, quizás sería un himno a la claustrofobia, no tiene con quien pelear por una salida al mar como Bolivia. Con el Papa no se metió, aunque podría haberlo hecho, dado que este tendría que tener una guardia vaticana y no una guardia suiza.

Se encuentra profundamente resentido, porque sus padres desvalorizan comentando, por ahí, un berrinche suyo, en el que puso todo su oficio.
En las reuniones familiares le impresiona la cantidad de parientes que tuvieron que aportar sus elementos, para que el fuera como es, parecido por partes a todos y cada uno y a ninguno en general.

El piloso Manolito aporta el razonamiento propio de su progenie. No planta lo que no se come o no se vende. No tiene bichos que no sirvan para comer o vender. Todo tiene que ser utilitario y dar un rédito.
Si alguna mercadería huele un poco fuerte, no es que esté medio putrefacta, sino que está en situación de oferta.

No es prudente y mal visto por la maestra, a falta de goma, borrar en el cuaderno de clase, con el taco de goma del zapato.
No entiende para que se sacrificó tanto Cristóbal Colón descubriendo, que la tierra es redonda, cuanto todos porfiaban que era plana y no ganó un peso por el royalty del descubrimiento.

Tiene un gran problema existencial y es estar perdiendo de ganar hoy, los intereses de los millones que tendrá cuando sea grande.
Su culto, en este país de la libertad de cultos, es la máquina registradora, la cual es motivo de sus mayores cuidados y desvelos, por cuya bandeja entrarán los fondos para fundar el Manolo’s Market.

Pero como también es celosamente custodiada por su padre, el dueño del negocio, tiene para su uso y abuso la canasta para repartir los pedidos, que son las semillas del futuro árbol comercial.
Lo grave es cuando jugando a las damas, y hace una dama, la festeja gritando ¡¡¡ goool!!!.
La futura ama de casa, Susanita, se amarga profundamente, cuando ve que Mafalda no se libera de la idea, como lo hace ella exclamando simplemente ¡qué barbaridad! y pretende que, su paño de lágrimas, haga lo mismo, obviando el problema, para ponerse a jugar juntas. Mafalda siempre sigue machacando con la idea que venía elucubrando.
No es que Susanita aburra a su auditorio, sino que su auditorio, como muy bien ella lo advierte, no es abierto a sus monólogos.

No le encuentra justificativo al movimiento por la liberación de la mujer, dado que a su criterio, no se justifica. Para ella lavar, planchar, cocinar, no es señal de esclavitud. Por el contrario sería atentar contra la base misma de la sociedad y sería desperdiciar la ventaja de tenerlo al marido a mano para amargarle la vida cada vez que se le dé la gana.

Para ella la igualdad, no es tan igualitaria, como pretende Mafalda, porque cuando a ella le duele el estómago, a los demás no les duele como a ella.
Libertad, que viene en envase chico, más chico que el Guille, el que nació después de que pasó aquello en Argentina, las marchas militares, la licencia de Quino por un tiempito, Mafalda jugando en voz baja, el liberticida Onganía y los suyos.

Libertad, cuyo nombre creo que no es casual, vendría a ser algo así como un resumen de Kohn Bendict y mayo del 68 de París.
Es, sin estarlo, ni saberlo, muy politizada, contestataria, que se digna poner el planisferio al revés, para sacarles el aire de superioridad, a los del hemisferio norte.
Tiene uno de tantos problemas, porque su padre fue al médico, en busca de unas pastillas contra el cansancio, la intranquilidad, la preocupación, nerviosismo, desequilibrio, ansiedad y el médico le contestó que todavía no se inventó nada contra la normalidad.

Digo yo, que brutal que un invento contra la normalidad fuera la panacea universal.
Al pobre Guille y no se por qué le digo pobre, si de pobre no tiene nada, odia los peines porque le pinchan las ideas.
Está luchando para que Burocracia, la tortuguita, crezca así lo lleva a pasear en su carro, claro que con lechuguita la cosa va a ser brava y creo que con vitaminas no va a andar tampoco.

Está justamente asustado, porque piensa que el polvo del ambiente salía de él, porque se estaba gastando de a poco.

Aunque amigos míos, creo que se asustó bien, porque todos nos vamos gastando unos más poco y otros menos poco, pero nos vamos gastando.

Si Uds. acompañan, yo mando otra vuelta de Mafalda en el próximo número, con nuestro mundillo de fantasía tan real y si no están de acuerdo, sírvanse indicarlo y le hincaremos el diente a otra cosa, un diente como el nuestro y no como el de Felipito.

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2 comentarios
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  1. Siempre es bueno saber mas de la IDOLA y si sabe mas cosas tiene que contarla porque a Mafalda no le gusta guardarse nada…yo por lo pronto estare leyendo….
    Saludos

  2. Si , las segundas partes de las pelis a veces no son buenas, pero estamos con un personaje fuera de lo común y estoy de acuerdo con que si hay mas que decir de Mafalda lo digamos, a mi me encanta esa niña contestataria que es un amor.
    Saludos

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