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Mi barrio

19. Octubre 2012 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por COMOUSTÉ
El Barrio Palermo era un barrio de rompe y raja. Los guapos eran guapos y los demás gente. Eso si, ningún chorro del barrio afanaba en el barrio. Los líos se arreglaban a las trompadas.

Los tajos y puñaladas eran para otros barrios marginales, porque si bien el barrio Palermo tenía sus cafishos, las que hacían la vida se las fumaba el cafiolo.
La falopa de aquel entonces era del laboratorio Merck, por eso hoy se le llama “merca”, otro ejemplo de cómo una marca da un nombre, la gilette por hoja de afeitar, la kolynos por la pasta de dientes, la birome por bolígrafo.

La falopa se compraba en las farmacias y los narcos estaban dedicados a otros menesteres y no se llamaban narcos y la de hoy está sometida a múltiples estiramientos, de acuerdo a la ambición de los intermediarios y los vendedores.

La falopa de antes venía procesada de Suiza, país que se dedicaba a eso además de la venta de los relojes y las cuentas bancarias numeradas y los relojes Cucú.
Sin hacer porquerías con la falopa les iba muy, pero muy bien a los laboratorios, tan es así, que el que la fabricaba, hoy sigue en el mercado y es uno de los más grandes del mundo.
Se sabe que en esa industria se compran unos a otros y son montones de laboratorios fusionados, pero con los nombres aparte.

En el barrio, cuando el tiempo acompañaba, las vecinas sacaban las sillas de madera y cardo a la vereda y como quien no quiere la cosa, cuereaban a la que no estaba o a alguna medio ligerita de cascos que vivía a la vuelta.
Era la política del gallinero, todas a picar a una a la vez.
Esa actitud la supieron ver los autores de los sainetes, comedias de vidas y costumbres, luego teatros, radio teatros y teleteatros.

Actualmente la pantalla viene a ser una ventana o un par de orejas y un par de ojos metidos en la casa del personaje de ficción o sea que se chismea o chusmea igual, pero ya no hay necesidad ni de saludar a la vecina, que en definitiva era medio metida e imbancable.
Pero estar sentado a la puerta de la casa era un salir a tomar el aire y dejar un poco el claustro familiar.

Copamiento en aquel entonces podría ser mentir en las copas, porque los asaltos eran en carnaval e iban las mascaritas disfrazadas a una especie de baile lluvia y de sorpresa, conversada previamente con los dueños de casa y por lo general para enganchar a una de las hijas del locatario que era medio fulera.
La punga, actualmente extinguida por la falta de venta en los bolsos de las damas y los caballeros en el transporte público.

Ese mercado lo explotaban principalmente los chilenos, que caían por temporada y se hacían una zafra y luego volaban, porque todos de lejos sabían dónde estaban los chilenos.
El punga era un artista en robar el monedero o la billetera desde un bolsillo, fuera de la zona que fuere, del caballero o de la cartera de la dama, sin que se le moviera un músculo y sin que se enterara la víctima.
El oficio fue perdiendo su sabor artesanal y empezaron a trabajar los media cuchara y la punga paulatinamente se fue mezclando con la violencia y cuando hay violencia deja de ser punga y se transforma en rapiña.

Estos oficios, mejor dicho ocupaciones, tienen nacionalidades que prefieren dedicarse a ese “metier”, por ejemplo los peruanos y algunos otros habitantes del Pacífico tienen por especialización las tarjetas magnéticas y los cajeros automáticos.
Ese tipo de delito es mucho más etéreo porque sin tocar un pelo puede llegar a vaciar completamente un patrimonio.

Aquella seguridad que tenía la familia de dejar a los hijos hasta la caída de la tarde o más en la calle, sin temor a nada, con la única consigna de que ante el menos chistido desde la casa volver corriendo para ver lo que querían los viejos.

Cuando Paquito Bustos un capo cómico argentino, que hacía su temporada en el Teatro 18 de Julio, de la empresa Messutti hermanos, los cuales también eran dueños del Teatro Artigas, hoy un gran estacionamiento en Colonia y Andes, teatro de tres plantas con entradas por Andes y por Colonia., con sus tres funciones diarias, matinée, vermouth y noche, sábados y domingos, y vermouth y noche los jueves, decía Paquito, cuando era hijo mandaban los padres, ahora soy padre y mandan los hijos.

Con estos cambios, espero que todo sea para bien….

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Un comentario
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  1. la gente de antes usaba gomina, era mas sencible, no habia tanta Internet y television que te deforme la manera de pensar y de querer a tu barrio, amigos y a tu familia y dormias con las ventanas abiertas en mi casa de pibe se ha dejado varias veces sin llave la puerta. Hoy hay tres cerraduras rejas, primero perros despues alarma, bue para que seguir…dicen que lo de antes era mejor y yo pregunto porque no se puede volver a ser como antes?

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