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Mujeres que fuman de noche

6. octubre 2010 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por; COMOUSTÉ

Cuando era chico, de nochecita, estaba jugando, con dos hermanos de mi misma edad, que en el zaguán de la casa de ellos.

¿Se acuerdan de lo que era el zaguán? Aquello que estaba entre la puerta de calle y la cancel, en la época que ninguna de las dos se cerraban con llave, excepto cuando salían o iban a dormir.

La luz que provenía de un farol muy aparente era bastante mortecina. Por cierto, que a pesar que la dueña de casa era millonaria y los que jugaban conmigo eran los hijos del mayordomo y de la mucama, se ahorraba energía eléctrica.

A la Doña, como le decían los chiquilines, nunca le conocí ni el nombre ni el apellido y no sé si alguna vez me dirigió la palabra.

Sé que existía un ser en esa casa y lo sé por comentarios que había sentido en la mía y por el final de película, porque la Doña les dejó la casa por testamento a sus fieles servidores.

Volviendo a lo nuestro pasó una mujer por el frente y con la luz de candil que daba el farol, se la veía muy pálida o con polvos en la cara, iba tosiendo como un carrero e iba fumando. Hubiera pasado desapercibida si los otros dos, ella y él, no me transmiten que era una gitana.

Acto continuo me pasaron el libreto “que las gitanas roban a los niños”, “que nunca vuelven a ver a sus padres” y alguna otra cosita más como para que me fuera bien tranquilo para mi casa.

Yo que vivía en un mundo de paz y amor, donde no me asustaban con el cuco, ni con el hombre de la bolsa, porque lo mío con el negro Cagadulce, era una situación personal, no adquirida de nadie, simplemente le tenía miedo al negro mamado y punto. Pero en casa si había que ir a buscar algo a un lugar que estaba oscuro iba sin prender la luz, sin ningún problema.

Pero se me sacudió el mundo con el tema de esta fumadora, tosedora, nocturna con color cadavérico (aunque nunca había visto un cadáver), me arrugué como sobaco de tortuga y ni lerdo ni perezoso, se me fueron las ganas de jugar y me fui para mi casa, intrigado porque los tres vivíamos a veinte metros unos de otros, desde el mismo tiempo, bah, la nena un año mayor que yo y el varón un año menor y nunca me había percatado de las gitanas roba niños, ni en mi casa, ni mis padres, ni mis hermanos me habían advertido de tal eventualidad.

Apareció mi viejo y aparecido que fue y plantearle el tema de la gitana roba niños fue todo uno. La respuesta de mi viejo fue cortita y al pie, que se dejen de pavadas, ma’ que gitanas ni gitanas, son las yiras y las yiras no hacen nada.

Yiras, qué son las yiras, otro tema para mis conocimientos, pero en esa época no existía la comunicación como ahora, con que los niños les enseñan a los padres todos esos temas candentes.

Mi viejo fue muy explícito y me dijo que las yiras, son las yiras y son un mal necesario y no roban a ningún chiquilín.

En todo estaba totalmente de acuerdo, que ellas eran ellas y que eran un mal necesario, o sea algo así como el sarampión, que cuando se lo agarraba algún chiquilín, te llevaban a verlo y te lo agarrabas, era una forma de vacunar sin inyección. Ese sistema de vacunación en aquella época no te mataba porque estábamos bien puchereados.
Agarré a los ignorantes de la mitad de la cuadra y les expliqué con lujo de detalles que las gitanas no eran gitanas y que las yiras eran yiras y no robaban chiquilines.
No tengo la más pálida idea de cómo recibieron los padres la noticia del intríngulis gitanas versus yiras, pero el tema no se trató más y creo que a los chiquilines los dejaron seguir viniendo a jugar conmigo.

Ahora sí, para ser sincero, de ahí, en más, me di cuenta de que había muchísimas yiras más y que hasta el episodio del zaguán no me había enterado.
Como mi viejo no dejaba las cosas a medias, una noche me agarró de la mano y me dijo vení que te voy a mostrar el café de los maridos y me explicó que los maridos esperaban en el café, tomándose un ídem hasta que ellas volvieran. El café de los maridos si mal no recuerdo era por Soriano y Convención y también tenía muy mala iluminación y algo que hacía de cortina porque no se veía casi nada para adentro.

Con el tiempo me avivaron que los tales maridos eran los cafishos de las yirantas y lo que tomaban no era café por cierto y se desplumaban entre ellos, a cuenta de lo morlacos que traerían las paicas, jugando a las cartas.

En la cuadra por el lado de la calle Soriano, estaban dos casas que eran del Partido Colorado y más para Médanos (Barrios Amorín) una casa muy lujosa o aparente, donde vivía “una Saravia”, una vieja toda vestida de negro, que tenía una nieta que se llamaba Cristina. O la dejaban salir poco o no vivía ahí. Cuando se juntaba con nosotros compartía el monopatín y otros juguetes.

A la vieja la sentaban o se sentaba en una silla en el vano de la puerta de calle y Cristina venía corriendo y nos avisaba cuando la vieja se levantaba de la silla y se levantaba las polleras y orinaba contra el árbol. Habida cuenta de la información que poseíamos, estuviera o no Cristina, nosotros pastoreábamos a la vieja y nos arrimábamos despacito por entre los plátanos para verla orinar más de cerca. Fuertes los plátanos, todavía están vivitos y coleando y ese por lo menos aguantó la tacada y no se secó.

En Vázquez (Martínez Trueba) entre San José y Constituyente, hoy todo demolido por unanimidad, había una tintorería con un chino, casado con una rubia y recuerdo que tenía en una de las paredes un espejo con un cangrejo, o algo parecido, labrado.
El hijo del chino, bueno…, chino, japonés, coreano, digo chino por la tintorería, pero me pasó no hace mucho de ir a comer a un restaurante chino en Pelotas (la ciudad) y el dueño era un japonés.

Creo que vamos a tener que ir acostumbrándonos. Volviendo al hijo del amarillo, se llamaba Felipe, era bastante mayor que nosotros y la tintorería estaba al lado del boliche “Nuevos Rumbos”, frente a lo que era Emilio Fontana (hoy, Facultad de Ciencias) donde el mentado Felipe, en el boliche, no en la facultad que no existía, incrementaba su vocabulario de términos soeces en gran forma y estilo.

Terminó siendo boxeador, pero no sé si tenía el apellido de la rubia o del chino y en consecuencia no se si fue de los buenos o no, porque hubo unos cuantos Felipe en el ring.

Estábamos sentados en el umbral de mi casa y Felipe me dice: ¿Sabés lo que es un condón?.

No, no lo sé.
Andá y preguntale a tu vieja.
Y yo como un gil ignorante fui y pregunté.
Del voleo que me dieron y la penitencia que me comí no me voy a olvidar nunca.
Pensar que los chiquilines hoy le dicen al padre, che viejo, no te olvides de aquello.

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5 comentarios
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  1. Muy interesante el tema porque el oficio mas antiguo del mundo era nuestra Universidad Sexual. Pero había que hacerlo todo a la sordina. Los que nos animábamos a salir de yiras aprendíamos algo nuevo siempre. Ahora eso se llama “casa de masajes” y las chicas hablan en varios idiomas.
    La botijada ahora tiene todo con esto de la internet, apretan un botón y evacúan cualquier pregunta. A los viejos antes que le ibamos a preguntar si ni ellos sabían, por eso te pegaron el voleo y te comiste la penitencia.
    Saludos

  2. Que época cuando salíamos en barra y acompañabamos a alguien para el tradicional (debute). Ya ni se si se estila eso, con el asunto de las líneas HOT las piden como una pizza por teléfono. Los tiempos cambian.
    Saludos

  3. Antes que nada quiero felicitarlos por el nuevo look que tiene el reporte, esta mas moderno y mas atractivo. Esta muy linda esta historia y muy relacionada con los mitos que tiene un adolecente con la mujer cuando este quiere ser un hombre antes de tiempo y tiene que pagar para eso. A eso se refiere Carlos con el tema de la Universidad Sexual, un comentario de lo mas humillante.

  4. Ja. El articulo esta muy bueno pero me sorprenden algunos comentarios. Tengo entendido que antes te explicaban las tonterías de las abejitas y del polen…o que los niños venía de Paris. El tiempo pasa y ahora hay educación sexual en los colegios…ahora te explican lo que es un condon y como y porque debes de usarlo. pero en la adolecencia de antes era pasar por los saguanes con la luz roja para aprender entre otras cosas….a usar el condón.
    Saludos

  5. Las ilustraciones son tipo “pretty baby” y la realidad del bajo es muy distinta y mucho más dura, no sólo en apariencia. No son actrices, son sobrevivientes, en la última miseria humana.

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