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Obama habló

17. septiembre 2018 | Por | Categoria: Entretenimiento

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Por Lorenzo Olivera
El expresidente de EEU está de vuelta y se ha lanzado a la yugular política de Donald Trump, de su gobierno y de quienes lo apoyan, incluso cuando eso implica ir a contracorriente del bien de la nación.

“Esto no comenzó con Donald Trump. Él es un síntoma, no la causa”

El expresidente mantuvo desde que entregó el poder a Trump, el 20 de enero de 2017, un muy bajo perfil público y se abstuvo mayormente de expresar ideas u opiniones en torno a la gestión de su sucesor. Lo hizo así incluso pese a que Trump reiteradamente ha criticado y minado las acciones y logros de la administración de Obama y a que varias de las determinaciones del actual gobierno han causdado inquietud y zozobra a gran escala.

Pero ese periodo ha terminado. Con su discurso sobre “el estado de la democracia” en Estados Unidos (un título que hace eco, para ponerlo en contraposición, al discurso del “estado de la unión” que los presidentes emiten ante el Congreso a principios de cada año) Obama ha hecho un diagnóstico y una crítica punzantes de la realidad nacional y de las acciones y conductas de Trump y del Partido Republicano en varios aspectos relevantes.

Barack Obama rompió su silencio y por primera vez criticó frontalmente a Donald Trump y a sus seguidores.

Todo en el contexto de la acelerada campaña política rumbo a las elecciones intermedias del 6 de noviembre de 2018, que si las previsiones se cumplen podrían poner la Cámara de Representantes bajo control del Partido Demócrata, lo que implicaría que la administración de Trump tendría frenos sustantivos para impulsar sus políticas, sobre todo aquellas que resultan conflictivas o unilaterales, y lo forzaría a buscar la negociación.
Para empezar, Obama llamó a restaurar la “honestidad , la decencia y la legalidad” en el país, una afirmación que por contraste alude a la carencia de esos valores en la actual Casa Blanca, cuyas actitudes y políticas en inmigración y en materia de derechos civiles y de las mujeres y de la comunidad LGBTQ, por ejemplo, han sido erosivas e incluso inhumanas e insensibles, y que en otros aspectos, como la posible obstrucción de la justicia en el caso de la investigación de la injerencia electoral de Rusia o en la relación con Moscú (en la que muchos consideran Trump ha claudicado ante Vladimir Putin), también han desatado severos cuestionamientos sobre las prioridades de la administración presente.

En su discurso, pronunciado en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, Obama dijo que Trump ha “capitalizado el resentimiento” que los políticos han estado ventilando por años y consideró que Estados Unidos se encuentra actualmente en un momento de “retroceso en el progreso”, algo que ha sucedido en otras épocas pero que en la actualidad resulta especialmente punzante.

Otro ejemplo en su diagnóstico fue su crítica a la actitud de Trump ante la actividad de movimientos racistas y supremacistas, que el año pasado tuvieron en Charlottesville un momento especialmente ominoso y trágico (con una persona muerta): “¿qué tan duro puede ser el decir que los nazis son malos?”, exclamó Obama, en claro reproche a lo hecho y dicho entonces por Trump, quien tardó excesivamente en condenar a los grupos de extrema derecha y dijo, en una suerte de justificación o alineamiento impresentables, decir que había “buenos y malos” en ambos bandos.
Obama indicó que los estadounidenses han de “alzarse contra la discriminación y estamos cierta, clara y un equívocamente seguros de alzarlos contra los simpatizantes del nazismo”.
El expresidente, empero, no atribuyó la causa de todo ello a Trump en sí. “Esto no comenzó con Donald Trump. Él es un síntoma, no la causa”, mencionó, aunque ciertamente Trump ha echado gasolina al fuego de esos prejuicios y de los agravios que muchos sienten y con ello ha crispado aún más a la sociedad y la opinión pública. La confrontación generada por ello (sea intencional o por negligencia) es deplorable y debe ser mitigada.

Al respecto, Obama fustigó también a los republicanos, quienes han permitido que Trump actúe de esa y otras maneras potencialmente nocivas para el país, sin hacerle frente de modo sustantivo. Incluso dijo que “las políticas del resentimiento y la paranoia desafortunadamente hallaron un hogar en el Partido Republicano”, algo que se dio de modo paulatino desde años atrás, pero que en la actualidad habría conducido a que los republicanos toleren e incluso impulsen y defiendan una visión que “no es conservadora, ciertamente tampoco normal. Es radical. Es una visión que dice que la protección de nuestro poder y de aquellos que nos apoyan es lo único que importa incluso si eso lastima al país”.

John McCain fue un duro crítico de Donald Trump, pero su voz y la de otros que han enfrentado al presidente dentro del Partido Republicano serían ejemplos puntuales. Los líderes y gran parte de los miembros de ese partido han apoyado o al menos tolerado las acciones de Trump hasta ahora.

Ciertamente hay voces desde el Partido Republicano, por ejemplo las de senadores como el fallecido John McCain o los salientes Jeff Flake y Bob Corker, que han sido críticas de Trump. Pero a gran escala, el Partido Republicano, con todo y sus diferendos internos que lo han paralizado en algunas iniciativas legislativas clave en su agenda, se ha plegado a Trump y no ha sido, en el caso de sus congresistas, un contrapeso efectivo.

En ese sentido, en alusión al artículo anónimo publicado en The New York Times en el que se dice que existen personas que presentan, desde el interior de la Casa Blanca, una “resistencia” a Trump e intentan evitar que la nación se descarrile ante los arrebatos presidenciales, Obama señaló que “la idea de que todo se arreglará porque esas personas dentro de la Casa Blanca secretamente no siguen las órdenes del Presidente” sería equívoca o fútil porque eso no es realmente un balance en un entorno democrático.

Y allí es adónde desemboca finalmente el discurso de Obama: lo que a su juicio y al de muchos otros se requiere, es establecer en el Congreso, en las próximas elecciones, un contrapeso eficaz para las inclinaciones autoritarias de Trump y sus políticas radicales. El voto, traducido en una mayoría demócrata, sería el camino, de acuerdo a Obama. Y, en realidad, lo que el propio Trump dijo casi al mismo tiempo en Montana en un mitin ante sus seguidores parece reforzar, como un negativo o la otra cara de la moneda, lo planteado por Obama: en una mezcla entre arenga y reproche, Trump dijo a sus seguidores que deben salir a votar en noviembre porque será culpa suya si ganan los demócratas y lo someten a él un proceso de destitución.

De acuerdo a Obama, restablecer ese balance institucional es imperioso, pues la democracia estaría en riesgo de no conseguirse. “Ustedes necesitan votar porque la democracia depende de ello. Solo un vistazo a los recientes titulares noticiosos debe decirles que este momento es realmente diferente”, dijo Obama, quien criticó específicamente el desplante autoritario de Trump al exigir reiteradamente que el Departamento de Justicia persiga a sus enemigos políticos.

Con todo, y en el entendido de que republicanos y otros opositores a los demócratas presumiblemente difieren al respecto, Obama recalcó que el país está actualmente en un momento de retroceso pero que como con otras generaciones, los estadounidenses de hoy lo superarán: “Esa es la historia de Estados Unidos… Una historia de progreso… [y] el progreso no avanza en línea recta”.
Así, el voto por los demócratas y una eventual mayoría de ello en el Congreso sería, a la luz de lo dicho por Obama, un retorno a esa ruta de progreso, en la que él mismo aceptó que, más allá de lo hecho o desecho por él y otros, aún persisten multitudes de personas que no se han beneficiado de la prosperidad y unos pocos privilegiados que reciben porciones excesivas o injustas de la riqueza nacional.
Y muchos, aunque ha habido estabilidad y avance económico, aún sufren la incertidumbre sobre el destino económico de sus familias y sobre la vigencia de muchos de sus derechos civiles básicos.

Obama dio inicio con su discurso a una campaña que lo llevará por muchos lugares del país en apoyo de los candidatos demócratas. Y es previsible que al hacerlo continúe su crítica frontal a Trump y su administración, pero también plantee alternativas y la plataforma que los demócratas tendrían al respecto. Y en ello es necesario, aunque no es claro lo que sucederá, que se busque el espíritu de reconciliación y reencuentro entre los estadounidenses, pues presumiblemente Trump y políticos republicanos recurrirán a atizar los contrastes y reiterar los factores que, en la época de Obama, llevaron a muchos a un desaliento o enojo que los volvió votantes de Trump.

Por lo pronto, el propio Trump ya dijo desdeñoso que se quedó dormido al escuchar el discurso de Obama.

En todo caso, como el mismo Obama dijo al inicio de su discurso, aunque por un tiempo se propuso seguir “la sabia tradición estadounidense de presidentes que graciosamente salen de la escena política para hacer espacio a nuevas voces e ideas”, el momento actual requiere una acción diferente. E hizo un llamado a los jóvenes y en general a los estadounidenses a votar y participar.

“Cada generación de estadounidenses nos ha llevado de algún modo a la otra orilla”, dijo Obama. Esa travesía, en el diagnóstico del presidente, es hoy deseable, muy necesaria y posible.

 

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Un comentario
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  1. Que podemos decir de Trump? que patético, déspota y poco politico. Pero parte de los americanos aman esa manera de ser.
    Pero si nacieras allá capaz que pensabas igual que Trump. Obama es otra cosa. Obama es un señor político igual que su mujer.

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