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Orden en todos los órdenes

23. Agosto 2013 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por COMUSTÉ
Los que tuvimos la dicha de vivir en un país próspero, ordenado, con el guardiacivil en la esquina, el barrendero, el basurero, el botellero, etc.

fumeta-145x218La doña de la casa, si mi vieja, la maestra, baldeaba la vereda y le pasaba la escoba con agua y jabón y pulía el mármol de los cinco escalones con una piedra llamada Sapolio, la que no lo hacía las vecinas la tildaban de “espesa”.
Los viejos se juntaban en el café de la esquina el “Nuevos Rumbos” o de la otra cuadra, el de, para mí, “Don Segundo” y para otros, el del “Gallego Segundo” en los cuales se tomaba esa bebida que salía siempre igual, negra y amarga, el café, te podías juntar con los amigotes y mandar la vuelta sin necesidad de hacer una operación bancaria.
Los viejos jubilados tenían reservada al solcito en invierno y a la sombra en verano, una mesa junto a una ventana a la calle, donde anotaban quiniela los martes y viernes.
Estaba la legal y la clande, la clande pagaba algún peso más, pero si se jugaba fuerte u otro la había doblado, había riesgo de no cobrar nada.
Para los que no están en el ruido, no era un sorteo distinto el de la clande, sino que el trabajo lo hacía la legal y la clande simplemente se subía al carro, pagando unos pesos más al que ganaba.

Aguantar la jugada era una forma de la clande, no se anotaba en la oficial y el corredor de quinielas o el capitalista oficiaban de banca, si salía el número pagaban ellos de su propio bolsillo y si no salía se quedaban con lo jugado.
Claro que yo podía aguantarle la jugada a un amigo sin entrar a ser de la clande.
La mujer de un amigo era hija de uno que fue clande y vivía enfermándose hasta por comer un plato de arroz blanco y el psicólogo que conocía el tema lo atribuía a que cuando venía la razzia, el padre la metía en la cama arriba de todas las boletas negras diciéndole a la policía y a los judiciales que la niña estaba enferma y la autoridad pasaba por alto la revisación de una niña.

Como casi todas las cosas de nuestro país, para terminar con la quiniela clande, en 1939 legalizaron a todos los clandestinos, dándole agencia de quinielas a todos ellos.
Cualquier parecido con la maruja está en vuestra imaginación y por mi parte no he insinuado nada.
Claro que a pesar de haber sido legalizados, muchos siguen aguantando la jugada y pagan algún pesito más, o sea la clande a pesar de haber sido legalizada sigue existiendo.
Claro que la red que se oficializó en 1939 hoy con mayor capital y otros integrantes se transformó en la mayor red de cobros, de pagos y de giros no bancaria del país.
En el barrio sabíamos el nombre y el apodo del comisario y alguna vez vimos portar al quinielero de la esquina, Ernesto, por el comisario, de a pie, por todo el barrio hasta la comisaría.

Una vez el comisario había venido de visita a casa, era amigo de mi viejo, porque Montevideo era así, y se me escapó el apodo del Comisario delante de él y no pasó nada.

“Carita” le decían, debe de haber sido un buen funcionario porque terminó su carrera en la primera, donde yo continué mis cursos de cultura de la gente de mal vivir, los domingos de mañana en que mi viejo me llevaba a la primera y veía todos los líos que habían pasado esa noche en el bajo, inclusive las yiras que habían hecho noche en el calabozo.
Eso que hizo por mí mi viejo, mostrándome la otra cara de la medalla de la vida, no se la podré pagar nunca.
Lo portó a pié hasta la comisaría porque había pocos patrulleros y también era un llamado de atención a los que jugaban a la clande, como diciéndoles miren que esta vuelta no van a cobrar un mango.
Los patrulleros eran pocos, pero los chorros eran todos conocidos y los portaban a galera y ahí quedaban por toda la cuenta.
No tenían visita de damas en el penal, no le bajaban la pena por estudio ni por buena conducta, si en definitiva, el estudio al que beneficiaba era al preso y portarse bien era su obligación, no se le premiaba por hacer lo que tenía que hacer.
Las reglas han cambiado muy benignamente en la actualidad.
En el penal había talleres de imprenta, encuadernación, de carpintería, incluso de chapa y pintura de automóviles, claro que no trabajaban para todo el mundo, sino para determinadas oficinas, o gente vinculada.
Lo que ganaban se les depositaba una parte importante para cuando salieran y otro tanto se le daba a la familia.

En el boliche si era chico o normal también había un lustrador, un viejo jubilado por lo general, porque los pibes en aquella época vendían los diarios en los ómnibus y antes en los tranvías o repartían los diarios puerta por puerta, todo laburo servía para hacer un mango.

Nada venía de arriba.
No existía San Olesker.
El lustrador sacaba el polvo de los zapatos, le pasaba una tintura al cuero y luego una cera del color de los zapatos, por lo general, negra o marrón, cuando secaba la cera, pasaban la franela, la que en invierno era un placer porque calentaba los pies con la fricción de la franela con el cuero.
Tanto los que anotaban quiniela como los lustradores se sacaban la de ellos y no eran mendigos.
Hace un tiempito a un lustrador vi que lo echaron los mozos de un bar de la calle Colonia y Eduardo Acevedo, que ahora cerró.
No veo por qué les molestaba una persona de edad que se estaba ganando la vida sin mendigar, era un tema que tenía el dueño del bar con el lustrador y por ende no quería lustradores.
Parece que ese señor era de la teoría que no había más perro que el chocolate y el chocolate era él.
Ahora que cerró el boliche que vaya a cobrar la llave del comercio a donde cayó el avión, espero que los mozos hayan conseguido otro boliche para laburar.
Lo de la quiniela como lo de los lustradores es una cosa que pasó de moda por varias razones.

La quiniela la llevan en línea con las computadoras, inclusive he visto a personas levantando juego con unas computadoritas parecidas a las de los toma consumos de UTE y en Punta del Este he visto levantar quiniela con dicha maquinita en la playa.
En lo que se refiere a los lustradores, cuyo capital era un banquito casero y cuatro o cinco latas de cera y unos frasquitos y media docena de cepillos, fueron, porque la mayoría de los zapatos no son acharolados, ni de cuero lustrable, sino de cuero descarnado sin contar con los zapatos que usa la gurisada y no tan gurisada que son tipo deportivos y de tela.
Los que tienen zapatos lustrables los lustran en la casa y se ahorran los $ 50 de la lustrada.

Lo que si aumenta a todo trapo es el juego en nuestra sociedad, durante largo tiempo estuvimos sin el deporte de los reyes, el turf.
Le dieron la concesión a unos gringos que pusieron los verdes arriba de la mesa, reflotaron Maroñas y están en eso con Las Piedras.
Reflotaron el edificio del ex Diario El Día, (que diría don Pepe) y lo dejaron que es una timba de corrido porque aparte de jugar en las carreras de caballos de todo el mundo, a las que ellos tienen convenio, tienen maquinitas traganíqueles que transforman el local en un casino.

Antes se jugaba a las carreras en el propio Hipódromo y en la rinconada de la plaza Cagancha, donde transformaron uno de los mejores lugares de espectáculos en una sala de cultos no tradicionales, y otra en la calle Andes a la vuelta del Edificio del Jockey Club.
El hipismo mueve mucho personal especializado y no especializado, desde veterinarios, compositores, jockeys, vareadores, peones, una cantidad importantísima, la cual se multiplica por las haras donde se reproducen los caballos, comidas, remedios, transporte, etc.
Es un deporte que produce muchísimo trabajo y le da vida, no solamente a los que están directamente vinculados con el mismo, sino también, los días de carreras, desde la gastronomía y demás servicios, los cuidadores de automóviles, hasta los porteros, boleteros, y todo el personal de los hipódromos, más el anteriormente nombrado.
Lo nocivo son las maquinitas, pero están en el contrato y sin las maquinitas, aparentemente el negocio no es productivo, claro que esos negocios los manejan otros Pérez que no están a nuestro alcance.

De niño me llevaban a Maroñas como paseo, un hermoso lugar con estatuas de mármol y el espectáculo de los caballos y los jockeys.
Cuando fui adolescente, entraba con una medalla de un socio del Jockey Club y vivía todo lo que era, el preparar los caballos para la competencia, el paseo preliminar, el floreo y la carrera, hasta el día de hoy sin jugar un mango, cuando lo pasan por televisión lo miro porque es un espectáculo que disfruto.
Cuando niño el tiempo entre carrera y carrera me parecía una eternidad y ahora lo sigo y no me molesta.

Una vez con un compañero de estudios, estábamos en Maroñas, con pocos pesos en el bolsillo y no teníamos la más pálida idea de cómo venía la cosa.
Adelante nuestro había dos veteranos, de esos que no se sacan el sombrero ni para dormir, hablando en voz baja uno le hizo al otro una seña con la nariz y le dijo más dos.
Mi compañero que sabía jugar a truco me dijo le hizo la del 4 más 2 está acomodada la carrera para el 6.

Fuimos raudamente y le pusimos todo lo que teníamos al 6.
Se nos hizo y debe de haber sido un tongo machazo porque pagó como $ 80 por cada 2 jugados.
Con esa torta de guita fuimos Gardel unos cuantos días, pero en lo que me es personal, no creo en las casualidades, más bien en las causalidades.
Nunca más fui a Maroñas.
Una noche me encontré a mi amigo con otro íntimo amigo en la plaza que estaba frente al cine en Atlántida, la que está a la vuelta del Casino, yo veraneaba con mis viejos en Las Toscas.
Mis amigos no tenían un solo mango, habían entrado al Casino y habían perdido absolutamente todo.

Los llevé a casa, mi vieja baqueana de las de casa y las ajenas, les hizo el desayuno, les conseguí la plata para los pasajes del 7E10 para Montevideo y los despaché rapidito para evitar conversaciones innecesarias entre la doña y mis compañeritos.
En lo personal algo más había aprendido del juego, mi amigo el de Maroñas no aprendió nada y siguió barranca abajo y de un muy buen pasar que tenía, habiendo heredado un establecimiento comercial quedó como dicen en Pampa y la Vía.
Mire amigo que no soy un carmelita descalzo, sino simplemente estoy contando lo que no me pasó, pero bien me pudo haber pasado, el tema son las oportunidades y la muy fuerte influencia familiar.

El jugador está convencido que se puede llegar a millonario sin trabajar y ahí está el gran error.

Aprendí de un viejo amigo dos cosas, una que el ladrón es un financista apresurado y que si uno le tiene bronca a un individuo no tiene que desearle nada en el físico, sino que le pique el bichito de la timba y ese es hombre muerto en vida.
Como dice tan bien la letra del tango, han sido víctimas de los caballos lentos y las mujeres ligeras… que todo sea para bien…

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3 comentarios
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  1. Uh!…lo de la clande me interesa, porque le queda poco pàra ser clande, la vamos a poder comprar en la farmacia pero no plantar, festejen uruguayos

  2. Excelente, se me hace que retorne 55 años atras, al boliche Los 3 Mosqueteros, de Duvimioso Terra esq. Pagola, donde quien levantaba quiniela (de ambas) era el Pape “Corvina”, de quien habia una caricatura colgada detras del mostrador junto a otras de famosos habitues de aquella epoca. Me parece que lo estoy viendo, sentado en aquella mesita para dos ubicada junto al ventanal que daba sobre la calle Pagola, con su cafecito y su vaso de soda, leyendo el diario y a la espera de algun cliente que se sentara en la silla que se encontraba frente a el.
    Aun recuerdo cunado los policias apostados en la Carcel de Mujeres, hacian la ronda por el barrio y se caian por el cafe a tomarse una grapita con limon, alla al final del mostrador, como tratando que ocultarse de miradas indiscretas. Que hermosa epoca !!!

  3. Jajajajaja! lo de San Olesker me encantó porq quizas alguna platita de esa que regalara el Estado termine en un 5 de oro q nunca te salva o en los caballos lentos que nunca ganan, jajajaja. yo no soy de jugar, algun 5 de oro que otro, poca plata pero conozco gente que perdio casas y autos. lo lindo es jugar a las cartas y sacarse las ganas apostando porotitos nomas.
    bss Rita.

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