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Ordo Ab Chaos

2. noviembre 2012 | Por | Categoria: Los mitos y la historia

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Por Caronte

El hombre al estar dotado de la palabra, mediante ella fue entrado en el territorio del pensamiento, del razonamiento más primario o primitivo.

Empezó utilizando el fuego del rayo y después tuvo que darse maña para no perderlo.
El fuego mejoró sustancialmente la comida y también la defensa del hombre de las bestias salvajes en la noche.

Cuando tuvo un poco de ocio para pensar en forma abstracta, porque sobrevivir le llevaba casi todo su tiempo y sus pensamientos, así como recuperar sus fuerzas.
Era muy difícil filosofar con un dientes de sable en la puerta de la caverna u otro cavernícola que le pretendía sus vituallas alimenticias entre las que estaba comprendida su media naranja, aunque en aquel momento no la consideraban un citrus, sino más bien un utensillo transportable de un lado a otro, tomado por sus cabellos y con un garrote en la otra mano.

Después evolucionó y la hacía cargar a ella las cosas y el machismo duró bastante, casi hasta este siglo.

Lograda que fue la superación de esa etapa primitiva, aunque la lucha por sobrevivir nos persigue hasta nuestros días, se empezó a plantear de dónde vengo, esa pregunta estaba en la tapa del libro, aunque el libro todavía no había sido inventado.
Todavía hoy en día, seguimos cuestionándonos, si fue primero el huevo o la gallina.
También si somos descendientes de los animales que bajaron del árbol, pero por ahora, a pesar de los avances de la ciencia, solamente estamos seguros de ser descendientes de los que descendieron del barco a vela o a vapor o del avión, lo del homo sapiens de Neanderthal y sus descendientes, estamos en deuda, porque como en las grandes herencias, siempre aparece un nuevo descendiente que bajó antes, con más vocación de ser el último.

Algunos se plantan y dicen que son descendientes de los aborígenes que ocuparon esta tierra por primera vez, pero después se encuentran con el libro de Paul Rivet, “Los Orígenes del Hombre americano” y nos deja un lote de teorías.
Los argentinos tenían una teoría que el hombre era originario de la pampa y que ésta por su llanura, lo obligó a erigirse en dos patas, de ahí en más pies y piernas, pero la teoría de Ameghino no tuvo mucho andamiento.

Un escandinavo Thor Heyerdahl, creó una balsa, la Kon Tiki, e hizo cruzar el Pacífico, que de tal tiene nada más que el hombre, y a sus hombres les hizo llegar en unas balsas de madera de balsa, proveniente de un árbol que se da en la zona, armada sin una pieza de metal y atada con bejucos, desde el Perú a Polinesia.

Recuerdo que comprábamos dicha madera para nuestros modelos de aeromodelismo, los que no podían hacerlo, utilizaban madera de ceibo.
Tampoco esta teoría tuvo andamiento y prevaleció la que los hombres cruzaron por el estrecho de Behring, islas Aleutianas, Alaska y de ahí en más toda América.
En definitiva fue de allá para acá y no viceversa.

Volviendo al hombre primitivo y dejando por ahora el hombre americano, tenemos muy presente el terror que produciría en ellos el rayo, que nos despertaba con su ronco estampido y al mundo adormecido hacía estremecer, parodiando al poeta español don José de Espronceda, nos encontramos con una imagen que vivieron los fundadores de la vida animal en la tierra y todavía los elementos telúricos hacen estremecer a hombres y mujeres, a animales domésticos y animales salvajes.

Más de cuatro, con el relámpago nomás, meten la cabeza debajo de la almohada y pocos, muy pocos se detienen a pensar, que el rayo que los matará, nunca lo sentirán, ni les producirá el mínimo dolor, porque los mató antes de sentir su ronco estampido.
El doloroso será el que caiga a pocos metros y nos producirá lesiones de diversa entidad.

En la medida que el hombre fue tomando conciencia de sus actos le atribuyó al rayo el carácter de castigo divino, claro que como la culpa no la quiere nadie, era más fácil atribuírsela a la arbitrariedad de los dioses.

Montones de civilizaciones se han perdido en la prehistoria, sin dejarnos sus inquietudes con referencia a esos temas, pero nosotros que vivimos en un mundo, que tuvo su origen más próximo en las civilizaciones judeo cristianas, las cuales tenían una fuerte inspiración griega y romana y todos lo que estas civilizaciones fueron adquiriendo de las que les precedieron en el tiempo y en el espacio, no debiendo olvidar el lejano oriente.

Los griegos armaron su Olimpo con dioses, con características muy humanas y para que los dioses no se aburrieran, el dios con mayor mando, encomendó, a dos dioses, uno más prolijo y otro más distraído, como siempre, para que fuera el que metiera la pata, la confección de unos muñequitos de barro, con formas que hoy llamaríamos humanas, con sus defectos y sus virtudes y dichos juguetitos, una vez hechos gente, tenían la obligación de rendirle culto a los dioses.

Sin perjuicio de volver atrás en el tiempo y empezar a utilizar los nombres de los dioses, semidioses y mortales, a los que hicieron famosos Homero, Virgilio, Esopo, Platón, Hesíodo y un montón más de autores al principio poetas, juglares y posteriormente, escritores que llegaron a que todo aquello, con múltiples variantes, llegara hasta nuestros días, con algún nombre cambiado o con hechos de unos atribuidos a otros, pero nadie podrá resolver el tema porque Caronte es uno más de la historia y le comprenden las demás generales de la ley.

Sin pretender ser indiscreto, quiero hacer notar un símbolo que está a la entrada del local de la Gran Logia de la Masonería del Uruguay, está compuesto por un águila bicéfala coronada que lleva una leyenda que dice “Ordo ab chao” (orden desde el caos).
Vayamos al origen de la cultura occidental, si es posible realizar dicha dicotomía, dado que por algún lado hay que empezar y sin que ello signifique ignorar ninguna cultura por más lejana que sea, en cuanto a su influencia y su antigüedad, como ser la china, la hindú, la japonesa, entre otras por ejemplo o más próxima como las precolombinas (maya, azteca, inca, etc.).
El hombre dejaría de ser hombre si no se preguntara acerca del mundo que lo rodea.
Este pequeño artículo se referirá muy someramente y en sus inicios e influencias a las culturas griega y romana y su marca en los elementos que nos rodean.
Hace muchos miles de años, cuando la humanidad aún vivía en estado primitivo.
Los hombres se debieron de asomar de sus cuevas y preguntarse qué era lo que contemplaban.

Qué producía la luz del rayo o el ruido del trueno o el viento o la lluvia o el calor o el frío.
En lo interno también se preguntarían sobre la enfermedad, la vejez y la muerte.
Cómo descubrieron la forma de dominar el fuego o confeccionarse las ropas.
Eran muchas las preguntas sin respuestas.
El hombre primitivo tuvo que inventarse las respuestas más convincentes para sí, de acuerdo a su nivel y el de sus contemporáneos.
El viento era como el soplar de un hombre gigante y enfurecido, tremendamente poderoso que no moría nunca, este ser sobrehumano era un dios o un demonio.
En los planisferios antiguos obran en los vértices cabezas con los carrillos inflados soplando.

El rayo era como una lanza disparada por otro dios.
Como los hombres y mujeres tenían hijos, la lluvia al caer sobre la tierra la fecundaba y creaba las plantas, algo así como que estas eran hijas del cielo y de la tierra.
Con ello el transcurso de las estaciones les producía la muerte y los ciclos primaverales daban lugar a la regeneración natural de las plantas.

Cada grupo humano elaboró historias de este tipo y las de algunos resultaron más atractivas y lúcidas que otras, teniendo por consiguiente más aceptación.
Recuerdo a uno de mis profesores de literatura en lo que en mi época se llamaba Preparatorios, Guido Castillo, fallecido no hace mucho, el que con el tiempo, terminó dándole clase de Cervantes a los españoles de la Madre Patria, hizo guiones para cine, televisión, escribió teatro y en definitiva hizo todo lo vinculado con la literatura, quien nos decía en clase, explicándonos, la azarosa vida amorosa de Zeus con cuanta diosa o mortal que se le cruzara en el camino y las insidias que se producían, por ello calificó “jocosamente” el Olimpo como un “conventillo”.

En cierto sentido tenía plena razón, porque las aventuras de los dioses estaban libradas a la creación, no de uno sino de cientos de juglares, que ajustaban los mitos a las circunstancias para justificarlas.

De la imaginación popular, trasmitida verbalmente las leyendas, los mitos, no eran nada más que lo que significa esta palabra en griego cuentos o historias.
Los griegos imaginaron que, en un principio, el universo estaba compuesto por una materia mezclada en pleno desorden.

Nada tenía forma ni figura definida.
El universo era tan solo una materia prima y de ella nada había sido hecho todavía.
A esta materia prima le llamaron Caos (en griego “khaos”, abismo, abertura”).
Todo existía meramente en forma de vapor turbulento y transparente.
Al parecer, sólo había vacío, un vasto abismo y de hecho los científicos modernos creen que así era el universo en su origen.
Hoy en día empleamos la palabra caos para expresar todo cuantos se encuentra en un estado de confusión y desorden, siquiera sea una habitación con todas las cosas desparramadas en ella.

Esta palabra ha llegado hasta nosotros en otra forma incluso más familiar, aunque prácticamente nunca nos damos cuenta de ello.
Cuando fueron creadas del caos cosas con forma y figura, el resultado fue el Cosmos.
Es una palabra griega que significa orden y buena distribución y por lo tanto, es lo opuesto al caos.

Hoy en día es muy frecuente referirse al universo con la palabra cosmos, la cual también es utilizada para otras cosas.
Por ejemplo en 1911 se descubrió un nuevo tipo de radiación que parecía bombardear la tierra por todas partes.
Se tenía la impresión que esa radiación procedía del universo entero, de hecho, de todo el cosmos.

En consecuencia un físico americano sugirió que se les denominara rayos cósmicos y de ahí al día de hoy.
Cósmico también significa vasto y de gran importancia, al igual que el propio universo y un cosmopolita es aquel que se considera a sí mismo como parte integrante del mundo entero y no únicamente un trocito de él.
Existe una huella aun más conocida de la palabra cosmos.
Dado que cosmos significa buena distribución y orden, los polvos, el carmín, los lápices de labios, los sombreados y otras cosas para poner la cara en orden son los “cosméticos”.

Para cerrar una pizca de humor.
No cabe duda que, viendo trabajar a ciertos empleados de los institutos de belleza, uno tiene la impresión de que emplean el maquillaje para convertir un caos en un cosmos.

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2 comentarios
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  1. Yo no entiendo mucho pero a mi me parece que vino gente de otro mundo a colonizar pero como las condiciones de la tierra eran diferentes a la de sus planetas, colonizaron con seres que se adaptaran y asi nace la humanidad, parece que empezaron primero con los chinos, siguieron con los indues y en algún otro viaje hicieron a los demas. Si miran el calendario milenario de ambos y se fijan la cantidad que son veran que por ahi puede andar la cosa.. A…las religiones y el bien y el mal pienso que impusieron los propios alienigenas como forma de detener el proceso de invenstigación de la humanidad y los adelantos cientificos…no me roben la idea…si no hay una pelicula habría que hacerla y quiero los derechos..

  2. Pinta bien esos temas estan rebuenos, mas que nada lo de las sectas como los masones y otros…pero el simbolo del aguila era utilizado por muchos paises distintos como los americanos, los alemanes, los italianos los mexicanos etc, hay muchas organizaciones tienen como simbolos la imagen del aguila real. lo del cosmos y la existencia de seres extraterrestres son todos temas apasionantes…

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