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Palabras y malas palabras

21. Septiembre 2012 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por COMOUSTÉ
Los muchachos tienen sus problemas en el liceo, principalmente, porque es donde se empiezan a encontrar con la realidad cotidiana del idioma.

Hace unos días una muchacha, hija de una conocida, casi pierde biología en el liceo, por no saber los nombres de los órganos sexuales masculinos y femeninos.
Ella los sabía en forma vulgar, pero “pene” y “vagina” no estaban en su vocabulario y si lo estaban no los vinculaba con los órganos de referencia.

Pasa lo mismo con el carajo y el coño para los gallegos, que viven invocándolo permanentemente y no saben, porque no se lo enseñan en la escuela y los padres menos en la casa y no sabe cuál es cual.

Hasta ahí lo habían ido llevando con el “coso”, la “cosa”, que sirven tanto para determinar en forma indeterminada a una persona o un mueble, un auto es tan “coso” como una aplanadora, claro que esta ya es “cosa”.

El “ta” del que se nos ríen los porteños, no es más que el “viste” de ellos y los dos sirven para la misma cosa, algo así como para darle un tono afirmativo, aseverativo a lo dicho previamente.

El lunfardo, que era el idioma de los delincuentes, se jerarquizó socialmente, tiene un espacio más “disti”, hasta llega a ser un poco chic, una forma de hablar más abierta, no tan cajetilla, claro que estoy utilizando un término lunfardo para jerarquizar un modo de ser de moda.
Lo usan los nenes bien, los gobernantes y los muchachos del rioba, claro que como el habla popular evoluciona constantemente, los que no hacemos boliche, ni calle, ni vamos a lugares donde la muchachada habla, nos vamos atrasando y en cualquier momento vamos a tener que aprender un nuevo idioma, que no será el clásico lunfa, ni el lenguaje vulgar, ni el vesre, tal vez se llame el “yo que sé”, que casi les sería más fácil hablar bien, como la gente, de forma que todos se entiendan.

Cuando era chico, en la época en que los padres almorzaban en casa, con todos los hijos alrededor de la mesa, y la madre sirviendo la comida y controlando lo que comía cada uno, si era adecuado, si era demás, sin perjuicio de ir corrigiendo los modales, no levantar los codos, no llevar la comida con el cuchillo, limpiarse la boca antes de tomar el vaso, o con el si algo no le hacía mal para esto o para lo aquello.

Nunca faltaba el ping pong de alguna palabra que al perdedor, con el Pequeño Larousse ilustrado como árbitro, el famoso pequeño mataburros de la canción de María Elena Welsh y el que perdía le tocaba secar los platos.
Como mis hermanos me llevaban 12 y 16 años de edad, respectivamente, a mí no me tocaba la parte de los platos y al viejo, por un problema de jerarquía, tampoco, pero yo estaba en la primera fila, mosqueando, para ver quien había perdido y por qué y cuál era la palabra y de puro coruja, se me iba pegando el hablar y la grafía.
Recuerdo que una vez, el viejo preguntó si una palabra iba con “c” o con “s”, o algo parecido y a uno de mis hermanos, se le ocurrió la peregrina idea de cantarle errado y papá la metió en una carta, claro que mi vieja, de calletana le batió.

Se armó una podrida de padre y señor nuestro y papá les explicó, que todo lo que tenían y habían aprendido se lo debían a él, por haberlos mantenido, trabajando para que aprendieran.
Explicándoles asimismo que el había ido a la escuela hasta tercer año porque, como huérfano que había sido no tuvo nadie que lo mantuviera y tuvo que ir a trabajar de chiquilín, pintando paredes con la brocha gorda.

El se había pulido leyendo mucho y mucho cine y teatro, le habían dado una cultura no común, sin perjuicio de dominar ampliamente la universidad de la calle.
Supe llevarme una pateadura oportunamente cuando peleando de boca con otro chiquilín, le dije guacho, y me explicó el término y que él había sido criado guacho.
Nunca volvía a repetir dicha palabra.

Actualmente he sentido, con cierto dolor, a un hermano llamar “mina” a su propia hermana.
Creo que fue por ignorancia del significado de la palabra, porque han caído muy bajo, en el uso del idioma, ni siquiera saben el lunfardo o los vulgarismos.

El problema es que a toda hora del día, generalmente en los canales de aire, tenemos alguno o algunos, que están totalmente tinellizados y otro con un programas argentinos, que la “verba” les “funcasegual”, como decía MiniguitoTrinquitela, el gran Juan Carlos Altavista, que en la televisión personificaba al típico reo porteño, sin modales, tanto en la expresión como en la forma.

A Juan Carlos Altavista, por razones circunstanciales, lo trate unas pocas veces, y en persona era un caballero, que a uno, deformado por la imagen televisiva, lo dejaba de boca abierta, por la prolijidad en la expresión, por la delicadeza en el trato y la galantería con las señoras.
Claro que para hablar tan mal, hay que saber hablar muy bien, para poder saber la forma y el como del rol que está desempeñando.

Picasso, el pintor, en sus comienzos, tuvo que saber dibujar muy bien y pintar en forma excelente para después hacer cosas como “El Guernica”.
Para manejarme en lo mío, tengo diccionarios en serio, como ser el de la Real Academia Española, el cual no me divierte mucho, porque para incorporar una palabra, demora más que la Iglesia en santificar al más piadoso de sus fieles, por ejemplo el tiempo que se tomó para canonizar a Juan XXIII, el papa bueno, o a la Madre Teresa de Calcuta.
Cuando incorporan una palabra como neologismo, ya está prácticamente convertida en un anacronismo.

Otro Diccionario el de Julio Casares, que vale mucho, porque marca las palabras principales con un asterisco, y después tiene un sector donde esas palabras con asterisco, tienen decenas de palabras equivalentes o sinónimos, en columna y es ideológico, en consecuencia.
Después está el de María Moliner, que es más moderno que el de Casares y sigue un sistema similar, en cuanto a palabras derivadas, muy útil.
También tengo el Diccionario Etimológico de Corominas, que trae el origen de todas y cada una de las palabras, uno se puede pasar leyendo horas el diccionario, sin estar buscando ninguna palabra.

En los tres primeros diccionarios nombrados, no encontré una palabra y la cosa me tenía mal, no podía ser que no estuviera una palabra en esos diccionarios, hasta que descubrí primero que se escribía “maguer” y no “magüer” como lo puso el autor, que me inspiró en la duda y era una palabra antigua que no se usa prácticamente más.

Tengo una joya que se llama “Lexicón Lunfa”, de Chiappara, que en lunfa es lo mejor que hay y como obras de consulta “El habla del Boliche”, “El Lenguaje Campesino Rioplatense” “Diccionario del Lenguaje rioplatense”, “Diccionario de Voces Lunfardas y vulgares” y “Lunfardología”, que entre ellos se han pirateado muchas cosas, sin tener la prolijidad de cambiar algunas palabras o y algunos se han plagiado a si mismos sin tener la delicadeza de decir versión X corregida y ampliada.

Hay una obra para el mundo globalizado llamado “Diccionario Panhispánico de Dudas”, editado por todas las Academias de nuestro idioma, claro que nuestro idioma no se habla en ningún lado, porque si juntamos un mexicano, con un uruguayos, con un chileno, un paraguayo y un argentino.
Con el paraguayo vamos muertos todos porque nos mete guaraní y no sabemos nada, salvo algunas palabrotas o el significado de algunos lugares de nuestra geografía, como batoví, o cuñapirú, etc.

Pero con los mexicanos tenemos otros problemas peores, porque agarrar para ellos es igual que para nosotros y la forma española la utilizan otros latinoamericanos, pero los mexicanos le dicen la “chota” a la policía y “dulce de cajeta” al dulce de leche.
Lograr un español neutro para todos los pueblos de Hispanoamérica requeriría más habilidad y paciencia que atarse los zapatos con el cordón de la vereda.
Como saca peludos tengo una colección de ”Diccionarios de dudas e incorrecciones del idioma”, el de “Sinónimos y Antónimos”. “Entienda la gramática moderna”, “Ortografía práctica” y “Conjugación”.

Ahora, después de estas pocas palabras para una de las lenguas más difíciles, pero nos va cómoda porque la aprendimos mientras tomábamos la teta (libábamos el seno materno), una lengua que en Estados Unidos le está haciendo sombra al inglés y de las más habladas del mundo, excepto los dos chinos, el mandarín y el cantonés, pero por cierto la que tiene mayor número de palabras y los verbos casi tan complicados como el francés, pero con un montón de tiempos de conjugación.

En inglés tenemos, presente, pasado y futuro y punto.
Nosotros tenemos además de esos tres tenemos catorce más, todos del indicativo, como del subjuntivo y el imperativos y los verbos impersonales con seis personas, tres en singular y otras en plural, claro que no debemos olvidarnos, que también tenemos el tuteo y el voseo, y no dejen de pensar los verbos irregulares, excepciones en la conjugación.
Podemos jugar un poco con las palabras mostrando curiosidades.
Como para no enloquecer a un gringo si tenemos palabras que son masculinas en singular y femeninas en plural, “el arte” y “las artes”.

Tenemos la palabra “oía”, que consta de tres sílabas con apenas tres letras.
En “aristocráticos”, cada letra aparece dos veces.
La palabra “barrabrava”, tiene una letra que aparece una vez, otra que aparece dos veces, otra tres veces y otra cuatro veces.
“Centrifugados”, todas las letras son diferentes y ninguna se repite.
“Cinco” es el único número que tiene tantas letras como su significado.
“Ecuatorianos” y “aeronáuticos” tienen las mismas letras pero en diferente orden.
La palabra más larga del idioma tiene veintinueve letras “electroencefalografista”.
Hay una palabra que tiene cuatro letras consecutivas del abecedario e”stuv”e.
El único número que no tiene ni “o” ni “e” es mil.

La palabra “pedigüeñería”, tiene la virgulilla de la ñ, la diéresis sobre la ú, la tilde del acento y el punto sobre la i.
“Reconocer” se lee igual de atrás para adelante que de adelante para atrás al igual que” yatay”, claro que esta viene del guaraní.

Hubo un sabio español, Ortega, que en una visita a la argentina lo estuvo cargoseando, un presunto anfitrión, hasta que este le dijo que era “argentino” y también la única forma en que se pueden combinar las letras de tal palabra, las cuales dan lo que el opinaba de su interlocutor y esa fue la palabra “ignorante”, claro que se lo dijo y se fue.
Con un abrazo a los hermanos argentinos.

Que todo sea para bien…

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2 comentarios
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  1. Todo cambia; antes se le deciamos turbo a un ventilador cuadrado ahora le decimos turbo a la alimentacion asistida del auto, y antes le deciamos charlotte al chocolate liquido del helado y ahora le decimos charlotte a una rubia sin cerebro que sale en tinelli…ven…Todo cambia

  2. Muy bueno. pero hay algo que no tienes en cuenta COMOUSTE u otros…, la vida es dinámica y de los jeroglíficos a la era moderna, pasaron miles de años en la comunicación entre las personas, todas validas (según la época). En mi trabajo, ya se desusó el fax, hoy todo es vía e-mail. La redes sociales eliminaron las cartas vía corresponsalías. Como dice jaime, “todo cambia” pero estoy de acuerdo contigo en el reconto final, da nostalgia de lo que hemos perdido en el IDIOMA tradicional. y sabes una cosa; lamentablemente “JAMAS LO VAMOS A RECUPERAR” mientras haya gente que diga TA! en vez de un protocolo final. y si ese es nuestro presi TAMO TODO EN EL HORNO….
    bss Rita

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