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Paren el mundo dijo Mafalda

11. Marzo 2010 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por: COMOUSTÉ

Soy un desubicado, me siento fuera de lugar en la sociedad en que me tocó vivir. A confesión de parte relevo de prueba, como reza el aforismo jurídico.

En la cama tengo cuatro controles remotos, uno para el TV, otro para el DVD, otro para la TV por cable y otro para el aire acondicionado y dos celulares. Necesito urgente un niño de cuatro o cinco años para que los maneje, porque tengo grandes dificultades con ellos.

Dama, señora, señorita aunque ahora no se utiliza más este último término me resulta sumamente agradable (lo siento por la Real Academia pero seguiré utilizándolo) son términos correctos y no el lunfardesco devenido a neologismo “mina”. La mina es el túnel o pozo para extraer minerales o el grafo del lápiz. De ser posible les doy el lado de la pared y les cedo el paso. Manejando esto último no lo hago no por cortesía sino por cautela.

Hace años una de mis hijas volvió de la escuela bastante sulfurada con la maestra de primer año porque no le permitía que la tutearan. Preguntada que fue por la razón de sus dichos respondió que era una vieja como de 30 o 35 años y pensar que le di toda la mejor educación posible, pero nadie es profeta en su tierra.

Puedo soportar ver una película en una sala cinematográfica sin tener que tomarme medio litro de refresco o comer una caja de palomitas de maíz o pop corn, maíz acaramelado o salado o soplado. Esa costumbre masticatoria era indispensable en las matinées y/o vermouths, de cuatro o cinco películas al hilo, donde un refuerzo de mortadela o salame ayudaban a la maratón que nos dejaba con los ojos colorados y chiquitos.

Una de las formas de colarse era en el intervalo entrar corriendo y masticando un refuerzo. La constraseña ficta se la iban trabando a los mordiscos.

No me olvidaré nunca de las broncas del portero (siempre boxeadores retirados, por las dudas si la película se cortaba o no llegaba la moto del enlace con el rollo siguiente) cuando entraban con cucurucho de maní y tiraban las cáscaras al piso y luego para amenizar las pisaban con el consiguiente crujido. Nunca lo hice porque mi vieja siempre estaba a mi lado en esas épocas y me arreglaba con caramelos de menta marca Mu Mu. Los Zabala eran un lujo pero afectaban el presupuesto.

No soporto a la gente que habla a los gritos, ES COMO SI ESCRIBIERA TODO CON MAYÚSCULA y por tal hecho no se tiene más razón, viene a ser como si me quisieran convencer a las trompadas y no con argumentos.

No soporto el boxeo femenino, la belleza de la mujer no está bailoteando en el ring largando swings, cross, upper cuts y bolo punchs a diestra y siniestra. El boxeo con todos sus pros y sus contras es masculino por excelencia.

A propósito del viril deporte las normas que regulan un match se denominan reglas del Marqués de Queensberry (aunque parece que las escribió otro señor llamado John Graham Chambers), pero la historia siempre tiene algo de cruel. El hijo del tal Marqués fue un joven homosexual que a los 21 años se convirtió en notorio amante de Oscar Wilde y que luego, presionado por su padre, lo vendió, en el juicio que le siguió el Marqués al escritor y que terminaron con la prisión de éste por dos años por el delito de sodomía y su ostracismo a París en plena decadencia física, moral y económica. En la época Isabelina con esas cosas no se jugaba, por lo menos públicamente.

Me gustan las fiestas donde se pueda hablar normalmente con los que están sentados a la misma mesa y no soporto esa música que revienta los tímpanos. Me gusta la armonía y me molesta el bochinche.

Me dan pena las mujeres bailando solas por su lado y los hombres haciéndolo por el otro. Esto tiene, sin perjuicio, algo más llevadero, no se ven las mujeres que planchan y no existen más las señoras mayores sentadas en las sillas alrededor de la pista, campaneando como iban las cosas, ojos expertos en calcular las distancias y en ordenar retirada si no se cumplía con la palabra empeñada antes de entrar.

Decían que el baile era una forma en que dos personas se abrazaban y compartían la belleza de la música, sin conocerse, pero sin perjuicio de la distancia actual entre bailarines de distinto sexo, las cosas siguen pasando entre hombres y mujeres a pesar de los pesares, como antes. No será como el cuento de las tortugas pero algo de ojito hay en el asunto.

Me sentiría muy mal si viera, a un hijo mío, en un noticiario de la televisión absolutamente borracho a las 10 de la mañana y todavía, floreándose ante cámaras como si fuera un crack. No creo en el apronte, hay que arrancar cuánto antes y disfrutar la noche plena. No hay necesidad de empezar cuando todos terminan y terminar cuando todos empiezan. Pensar que La Pedrera y La Paloma eran lugares familiares y tranquilos.

Me da mucha bronca cuando llamo telefónicamente a una casa o una empresa y me atiende una empleada y me tutea y muchas veces “vosea”. El empresario o el dueño de la casa creen que es una actitud simpática o no se dan cuenta de la imagen que da la empresa, hoy que se gasta tanto dinero en marketing y otros anexos.

Muchas veces atiendo el invento de Thomas Bell y del otro lado siento una voz cristalina que me ofrece un producto tentador y cuando pretendo profundizar en el tema se trata que la joven es de un call center y del producto lo único que sabe es ese versito introductor.

Otra cosa que me saca de las casillas son esas centrales telefónicas que tienen grabado el mensaje de salutación y de todos, pero todos los internos con los destinos de cada uno con una voz de locutor de antes y al final si no conozco el interno debo digitar o discar cero para hablar con la operadora, con esa que yo quería hablar de entrada cuando llamé. Además es muy común que no actualicen el mensaje y al interno que me derivan, es una línea descompuesta que no corre más y no atiende nadie y dejamos pasar los minutos esperando.

Y qué decir de las centrales automáticas que nos establecen las opciones que nos llevan a apretar botones y estos botones nos pasan a grabaciones que nos indican más botones y más botones y musiquitas recontramanyadas y no atiende nadie y terminamos colgando. No hay posibilidad alguna de pelearse con nadie y las fichas del celular siguen cayendo inexorablemente una tras otra. Si Antel o Ancel o la competencia se dieran cuenta del dinero que hay en danza regalaría esas centralitas a sus clientes con las voces a elección. Me encanta la cibernética, para bien y en beneficio del usuario, y estamos cayendo en una burocracia cibernética, aunque Ud. no lo crea. El burócrata se cree dueño de su chacrita de poder y con las centralitas digitales pasa exactamente lo mismo.

Esos pequeños robots actúan como un big brother y si le caben dudas mire a la gente caminando por la calle o en la parada del ómnibus o manejando lo cual es aberrante. Las palomas mensajeras no vuelan ni en los actos militares donde antes se hacía una suelta. Lo paradójico fue cuando en Korea, nada más que en Seúl cuando el acto inaugural de las Olimpíadas, se hizo una suelta de palomas blancas que acto continuo se posaron en el pebetero de la antorcha y al encenderla fueron incineradas en el emporio de los celulares.

El celular es formidable hasta que sé nos rompe el automóvil en la carretera y estamos en un lugar donde no llega la señal. Ahí fuiste.

Refiriéndome a las épocas y a los tiempos no pongo lo que usted está pensando que voy a poner, pero esté seguro que era así…

Por todo lo que he escrito se que me van a calificar de viejo, pero eso no me preocupa, lo que no me gusta es el apellido que me adjudicarán porque creo estar entre personas bien educadas, pero yo escribo lo que pienso… y Uds. son libres de ponerme el apellido que les viene a la mente, piénselo, no lo escriban. Tenga piedad por este viejo.

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5 comentarios
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  1. Esta bueno. Y si sube al bus, tiene que llevar plata para boleto, para las cosas que te enchufan de pesado, para alejarte el sentimiento de culpa (Ojo que sino agarran la droga devuelta o salen afanar) y para el artista uruguayo. Que antes tocaban dos temas y ahora solo uno. No me diga que USTÉ no sube al bus…no ve que es un viejo de m…jajaja

    De: COMOUSTÉ
    Estimado Chacho:
    No todos podemos ser jóvenes, apuestos, con un buen pasar, un buen automóvil y dos apellidos. Yo por ahora si la cosa no empeora, sigo con mi bastón y en consecuencia no me limpian el parabrisas, no me manguean en los semáforos, no pago patente cinco veces más cara que en Nueva York y tampoco contribución inmobiliaria. Con mi edad no pago pasaje, aunque se me dificulta subir al ómnibus porque si me acuerdo del número me olvido del recorrido. Los pungas, bah… esos se murieron de hambre, y el otro día iba a darme el lujo de tomar una bebida sin alcohol y light en un bar de 18 y Minas y me zambulleron de cabeza con las manos en mi bolsillo y me dejaron sin un mango. El único que se tiró para agarrar al rapiñero fue otro viejo de mi mismo apellido y estaba escrito en la tapa del libro, rajó por la plaza Artola (sin rimas, la de los Bomberos o de los “33”) y te tuve que ir caminando hasta el parque Urbano, ese que está al lado del Parque Hotel. La vida es así y si quieres que te la cuente ten a bien de leer el próximo número de EL REPORTE.
    Un abrazo y perdoná el olor a humedad que tenemos los viejos, pero lo que pasa que de noche nos babeamos cuando dormimos, por las pastillas y nos queda ese aroma.

  2. Las cosas en su lugar COMOUSTE. no tengo que saber mucho para decirle que es lo mejor que leí sobre las costumbres nuestras. Me encanto que se ponga como ejemplo y NO LO TOME A MAL. es muy de valiente y de gente de barrio. yo tambien soy de los que dice que la comodidad y los adelantos de la ciencia—a veces estorban.

  3. No se meta con la Namus y la Colmenares que me gustaría boxearlas a las dos. Me mató lo de los 4 controles remotos que le son totalmente poco práctico y lo de la suelta de palomas…que bien dicho che!

    De:COMOUSTÉ
    Estimado Mauro:
    Parece que doña Cris está estudiando psicología, bien por la muchacha, porque los guantes son para un rato y lo otro es para el resto de su vida. Se imagina cuantos divorcios se evitarían si no existieran los controles remotos. Apagá que tengo frío, el informativo no lo banco y el culebrón venezolano que están pasando no lo soporto yo. El control remoto es un símbolo de poder. Lo de las pobres palomas todavía lo tengo presente, habían hecho todo bárbaro y las palomas blanquísimas, fuera de libreto hicieron lo que hacen todas las palomas se posaron en lo más alto. Y ahí prendieron el pebetero y se quemó el símbolo de la paz.
    Nos encontramos en otra amigo Mauro y gracias por intervenir dándole prestigio a la página

  4. Yo quiero parar el mundo que lo estan jodiendo de lo lindo…me sumo a Mafalda

  5. Liz al mundo no lo puede parar nadie, excepto estos experimentos como los terremotos.
    Pero creo que una de las formas de hacerlo es como hace Quino por boca de Mafalda, sin utilizar ninguna palabra fuera de lugar. Digo yo, no se, tal vez, sea como tu piensas.

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