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Pelucas tapa piojos

30. Septiembre 2011 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por COMOUSTÉ
Los que pensaban que el comienzo del uso de la peluca fue con fines de mejorar el look personal, conocerán una verdad menos glamorosa sobre la historia de este adminículo peludo.

Hubo una época de muchas pelucas, que en definitiva abrigaban a los piojos, no olvidar que dichas visitas pudieron ser controladas con el DDT y eso fue por los años 1940, pero el DDT agarró fama de contaminante y pasó a la historia.

Antes los arreglaban con vinagre, peine fino y dale que va a reventarlos con las uñas de los pulgares. Se han hecho resistentes a los piojicidas y entraron a tallar de nuevo, claro que ahora no tienen el monopolio los pobres, sino que es una plaga democrática ataca tanto en los colegios privados caros como en las escuelas públicas.
Creo que van de la mano con las modas, las niñas y muchachas pelilargas son un placer para los piojos y un medio de transporte ideal.

Antes te hacían el corte a la americana como le decían y te rapaban y quedaba el jopo, el que asimismo funcionaba como manija, porque cuando hacías algo indebido le vieja te agarraba del jopo y te zarandeaba, hoy sería violencia doméstica.
Pero mi intención no era de escribir de ahora, sino más bien de antes, pero antes, como ser las cortes francesas.

Han visto en las ilustraciones de los libros de historia un cuello que era plisado como el fuelle de un bandoneón y que daba toda la vuelta del pescuezo y se llamaba gorgolera. Los pliegues no eran para hacer pinta, no, eran para que cuando se les caían los piojos del casco de la cabeza, quedaran ahí y no siguieran por toda la ropa. Venía a ser un corralito piojero.

En esa época en que se utilizaba muchísima ropa, arriba del cuerpo y mucha para abultar, como ser enaguas, miriñaques, corsés, etc., etc.,( a falta de siliconas buenos son trapos para aparentar lo que no se tiene), pero eso sí, ropa interior, como podría ser una bombacha o un calzoncillo, no existían. En una palabra las zonas más sucias del cuerpo humano estaban en contacto con la ropa de vestir. La ropa que se lavaba eran las camisas.

Bañarse, era un tanto extraño, recuerdo haber leído que Barbarroja murió la primera vez que se baño, porque se cayó del caballo con la armadura puesta y se fue a pique en su última batalla, la batalla de Iconium, Federico I, tal era el nombre de nuestro homenajeado, se ahogó en el río Saleph, en Anatolia en junio de 1190. Las circunstancias exactas de su muerte no están claras: una parte cuenta que, acalorado tras cabalgar, quiso refrescarse con un baño; otros relatan que fue tirado de la silla por el caballo cuando estaba atravesando el río y que el peso de su armadura lo hundió.
Existía la convicción que el baño debilitaba y por su abuso, por ejemplo una vez al mes, se adquirían enfermedades que en aquella época en su mayoría, si no se curaban solas, eran letales.

La higiene en aquella época y hasta muy venidos acá en el tiempo, no fue una de las virtudes de los franceses y pienso que de ahí nació el surgimiento de una gran industria en perfumería con fama mundial. Todas las cosas ocurren por una necesidad y está surgió por el no uso del agua y jabón en forma adecuada y habitual.
La ducha es una costumbre americana, los franceses se bañan los sábados y el resto de la semana tout vas très bien.

Esto me trae a la memoria a mi madre que decía más agua y jabón y menos perfume.
No quiero que me tilden de escribir cosas de mal gusto, pero si estoy desarrollando una costumbre, no puedo disimularla ni mentirla, para que resulte menos chocante o más prolija.

En el Palacio de Versalles había más de trescientas habitaciones y femmes a tout fait (mujeres para todo servicio) por doquier, pero no existía un solo baño, no estoy exagerando, y no me estoy refiriendo a baño para bañarse, sino un baño para cumplir con las necesidades fisiológicas elementales.
Lo que había, pero pocos y con nombre propio, eran los necesaires, esas sillas de madera con un agujero en el medio del asiento que tenía una tapa y abajo un recipiente, un orinal.

Si era de día y estaba lindo, iban a pasear a los jardines y en los rincones entre las plantas cumplían, con el deber que les imponía el organismo. Venían a ser como las chilcas a la orilla de las carreteras nuestras actuales, cuando el consumo de mate apremia las circunstancias. Como ser bien mateado a llegar al segundo peaje de la interbalnearia, donde no hay ni baño ni chilcas y es bastante transitado el lugar.

Dejo jugar mi imaginación y con la población, que andaba en la vuelta de las trescientas habitaciones, comiendo y tomando, los verdes links del palacio lucirían, como un verdadero lodazal, pero muy bien abonado por cierto, un chiquero debería ser sumamente limpio en comparación con esos parques que vemos en las postales y de un verde fuerte por acción y efecto de la urea. Donde dice postales debe leerse mails porque Internet mató a las postales.

Otro lugar muy utilizado, por cierto, era atrás de los cortinados, los cuales eran múltiple propósito y las escaleras se convertían en verdaderas cascadas. La fajina de la mañana siguiente tendría que ser mortal y a full.

En los jardines o en las reuniones, como un mozo más, circulaban unos encargados de las micciones, si, aunque Ud. no lo crea, este señor, antepasado de los baños químicos, pero ambulante recorría discretamente donde estaban los señores y señoritos y cuando alguno requería los servicios se arrimaba y con un paño le cubría la zona orinatoria del beneficiario y le alcanzaba una especie de embudo que daba en un envase que portaba el empleado.

Creo que la buena o mala puntería del usuario, daría para escribir un artículo aparte, todo ello sin perjuicio de las complicaciones que podría ocasionar el hecho de haber tomado algunas copas demás, que iría en detrimento de la calidad del servicio y del señor encargado de dispensarlo. Sería como si tuviera menos diez en conducta porque todo el mundo lo orinaba encima.

Pensar que cuando estuve en la casa de Horacio Quiroga, en las Misiones, cerca de las ruinas de Mini, me extrañó que hubiera sobre ese terreno alto con el Paraná allá abajo, una bañera de portland lustrado o algo similar, en una pieza tipo letrina de campaña, lejos de las casas y había que llenarla a balde, aquellos baldes de madera, que pesaban más vacíos que el agua que contenían.

Pero tras el baño refrescante, había que vaciarla en forma sofocante, a puro balde porque a nadie se le ocurrió hacerle desagote a la bañera, claro que la mano de obra era barata, un par de indios y a otra cosa, Era más sano llenarle la bañera a Quiroga que trabajar en los yerbatales.

Frederick I Barbarroja
Volviendo a la Ciudad Luz, en las viviendas la producción mingitoria de la noche y demás desechos se tiraba por la ventana y a otra cosa, no era nada fácil caminar de noche por ahí, evitando llevarse un viaje de esos elementos encima, claro que en Montevideo cuando la colonia también se estilaba vaciar los orinales por la ventana.
Una dama de la corte de Luis XV, cuando ya estábamos en la época de Napoleón Bonaparte, pasó por un corredor por el cual corrían los miasmas de aquellos viejos tiempos de Versalles y al sentirlos ella, nostálgica, exclamó: “… Este olor… como me recuerda los bien hermosos tiempos…”

Un periódico de la fecha narraba “París es un lugar odioso. Las calles huelen tan mal que no es posible salir… La multitud de personas en la calle produce un hedor tan detestable que no puede soportarse”.

Para ir completando el cuadro podemos seguir hablando de las prótesis dentales, que eran talladas en madera con dientes de caballo aplicados y con forma parecida a los dientes humanos. El problema era que tenían que ponerle un resorte para que se abrieran y para mantenerlas en la boca había que hacer fuerza con las mandíbulas permanentemente porque sino se quedaban de boca abierta. No olvidar que en aquella época los dentistas, bien gracias, y las extracciones eran materia de peluqueros. De anestesia mejor no hablamos, pero a más de cuatro los deben de haber matado con el cloroformo, claro que se utilizaba en 1847 y antes no tengo la menor idea. Por lo que he leído las extracciones eran en frío o con el paciente borracho o noqueado.
Nosotros los mal llamados sudacas, cuando esas exquisiteces andábamos en las cuchillas meta a lanza y facón y a pocos metros nunca faltaba una cañada, un arroyo o un río, pero los nuestros chicaban tabaco y no olían rapé (que en definitiva ambas cosas son tabaco, claro que usado por distintas vías).

Por algo los perfumes franceses son tan especiales…
No quiero pensar lo que sería la giga parisien en el Follies Bergère o en el Moulin Rouge y las mujeres abanicando al público con sus polleras a todo trapo. Si efectivamente a todo trapo.

Pienso que en esa época el Sena tendría un aroma peor que el Pantanoso y el Miguelete juntos.

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2 comentarios
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  1. En cualquier momento encargo una de esas y si sirve para ahuyentar algun piojo que anda cerca mejor…..ja ja ja ja!!!!!!!!!
    Saludos a todos por ahiiii

  2. 300 habitaciones y ningun lugar donde bañarse en el Palacio de Versalles, por mas ventilado me parece que no la pasaría nada bien alguien de esta epoca en los pasillos del Palacio. por mas que le metan perfume no hay nada que hacer si no te bañas y con los olores de las materias del organismo dando vueltas…
    Saludos

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