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Poco pan y mucho circo

14. junio 2018 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Me gusta el fútbol, me gusta el circo, me gusta todo, inclusive soy una rara avis porque también me gustó trabajar siempre pensando en lo que tenía que hacer y no en cuanto iba a cobrar, porque los que piensan en el dinero antes que en la tarea, suelen hacer lo que no les gusta y tener algún problema legal.

El ladrón mira su ocupación como un trabajo y la cárcel como un castigo inmerecido, porque él se estaba ganando la vida, claro que nunca pensó moralmente en cómo se estaba ganando la vida.
Los empleados de la empresa barométrica no les debe gustar su trabajo, pero no trabajan por diversión, sino por necesidad de ganarse la vida honestamente, manipulando heces.
Hay muchas tareas para ganarse la vida, nada agradables, con una retribución no muy retributiva ni acorde con lo que hay que hacer, y los que la cumplen no le hacen asco y viven de ello.

Nadie piense que las reducciones en los cementerios o las cremaciones le pueden causar satisfacción a los sepultureros o encargados de dichas tareas y lo hacen porque alguien tiene que hacerlo y les pagan por ello.

También vi la presentación del avión que llevó a la celeste a Moscú y entre las cosas que les brindaba a los pasajeros eran pijamas de seda, entre otras cosas y pensé cuantas veces estos muchachos antes de ser estrellas tuvieron que dormir a la criolla o sea vestidos para no pasar frío y pensar en pijamas de seda es un exabrupto para cualquier ser pensante.

Antes la gente de mucho dinero dormía en sábanas de seda, inclusive hay una leyenda urbana o una historia verdadera de una dama de la high de los tiempos de Tata con Mama, que fumando droga en la cama se le cayó el pucho y murió de las quemaduras por tomar fuego las sábanas de seda y ella no estar en condiciones de ponerse a cubierto.

Me inclino más por la leyenda urbana, forma delicada para definir un chisme de tradición oral, el whatshap de antes, palabras al oído de la vecina barriendo la vereda.

Y ya que estamos hablando de sábanas, las de tricolina 2 por 1 marca El Obispo eran las codiciadas por nuestras madres, después aparecieron los sintéticos, y hoy existen las hechas con descartes de PVC que son bien rústicas pero abrigan más que una manta de lana, con la diferencia que el cuerpo extraña el peso de la lana, pero son mucho más accesibles al bolsillo y nadie se percatará que estamos vestidos con basura.

Volviendo al circo, tenemos cosas que entretienen y la gente entretenida no piensa, cosa que viene desde el Imperio Romano, donde se gastaban millones de horas de trabajo humano, no importa si eran esclavos, u hombres libres, pero el circo costo muchas vidas hacerlo, pero también los combates entre gladiadores eran en serio, no se hacía el muerto, el vencido, sino que lo mataban de verdad a pedido del pueblo masa, de donde era oriundo el gladiador.

También al principio los gladiadores eran esclavos que luchaban por su vida, claro que al final siempre terminaban perdiendo o comidos por los leones.
Claro que en la época cristiana no eran esclavos sino hombres libres que luchaban a muerte para sobrevivir, valga la paradoja.
También se inundaba el coliseo, en Roma donde no había agua potable corriente pero si se gastaban millones de metros cúbicos de agua para que flotaran unas naves construidas expresamente para las batallas navales donde se mataban en serio los tripulantes de las embarcaciones.

Todo esto para qué… mirándolo hoy, desde la época del celular para no pensar, claro que el celular, si es usado sin criterio es otra forma de no pensar.
Los gladiadores antes de hacerse matar o matar al adversario decían “«Ave, Caesar, morituri te salutant», que en nuestro idioma quiere decir más o menos esto «Salve, César, los que van a morir te saludan»), todos felices y contentos, que poco aprecio a la vida que tenían estos seres, si vivieran hoy, andarían con motocicletas cruzando los semáforos a toda velocidad con luz roja.

Un chiquilín de la mitad de la cuadra, cuando fuimos muchachos tenía una moto a título ilustrativo aclaro había sido eliminado tres veces en primero de liceo y se conoce que lo único que le había quedado en el soporte del pelo conocido por cabeza, era que a mayor velocidad en más difícil que dos cosas se encuentren en el mismo lugar al mismo tiempo.
Teoría que no usan los motociclistas de ahora, que por necesidad en su trabajo de llevar encargues a los vecinos, llamado finamente catering, lo hacen para ganar algún peso más, sin darse cuenta de lo caro que es un entierro.
En lo que me es personal me encantaba el circo de carpa, y tenía la dicha de entrar gratis a los circos y parques de diversiones porque mi viejo, que era joven, los tenía de clientes.

Jueves vermouth, sábados y domingos, matinée y vermouth de corrido, tan es así que en el número del chimpancé, el Mickey le había tomado bronca a mi persona, no sé por qué mal entendido.

Cuando hacía equilibrio en la cuerda y tomaba su coca cola, la botella indefectiblemente me la tiraba a mí, habiendo palcos todo alrededor de la pista y no tenía mala puntería porque el envase siempre pegaba cerca.
Cuando andaba en monopatín, y en bicicleta, me tiraba con el monopatín y la bicicleta.
Todo ello hasta que el americano que hacía trabajar al mono, habló con mi viejo y le explicó que vivía del chimpancé y si tenía que matarlo se iba a la B.

Acto continuo me obligaban a salir del palco cuando venía el Mickey, mono que ya estaba medio viejo y mañoso y me iba para las gradas, que estaban lejos de la pista y sin iluminación, sin perjuicio de lo cual el mono quedaba encandilado con los focos, pero igualmente me veía y cuando daba las vueltas a la pista doblaba el cogote para seguirme con la mirada.

Era un bicho revirado, se había hecho muy amigo de un chileno que trabajaba como boletero, o sea vendedor de entradas, y fumaban juntos.

El mono en su jaula y el chileno prendía un cigarrillo y lo convidaba a través del tejido y el mono metía trompa y fumaba.
Todo ello hasta que el mono lo facilitó al chileno y cuando se distrajo le pegó una mordida en la mano muy importante, que le tuvieron que dar un montón de pulgadas a su ex amigo.

Fui creciendo y me entró a gustar mucho más estar en la parte de atrás del telón donde veía como se preparaban los artistas y las maniobras con los animales, ver cómo había broncas entre los leones y los tigres y entraban primero los tigres y esperaban al lado de la puerta al león para meterle unos zarpazos, y como ninguno de ellos se metía con los osos, que medio pachorrientos con un par de sopapos, era el desbande de tigres y leones.

Claro que no todo eran animales sino que había unas icaristas de más o menos mi edad muy rubias, muy bonitas que hacían los ejercicios de calentamiento livianas de ropas.

No sé cómo fue que llegó a oídas de mi viejo algo sobre la situación que de ahí en más solamente palco y si no nada de circo.
Eran otros tiempos y los padres todavía mandaban.

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