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Prohibido prohibir

29. abril 2010 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por; COMOUSTÉ

En principio soy contrario a las prohibiciones, tienen un cierto tufillo a prepotencia, aunque digan que se establecen en bien general del individuo y de la sociedad.

El Cinturón de seguridad
Por ejemplo el cinturón de seguridad no me gusta nada, porque atarme a una cosa que va a determinada velocidad, me da la sensación de que me voy a hacer pelota entre todos los fierros. Si puedo elegir prefiero reventarme suelto (sin perjuicio de una experiencia que tuve).

El del avión es otra cosa, porque cuado uno sube al avión está jugado, o llega o no llega y con un pozo de aire, el cuerpo o cualquier porquería que ande suelta por ahí, es un proyectil bastante peligroso y hasta mortal. Pero viene a ser un peor es nada, porque si uno ve el asiento al cual se ata y el riel sobre el que corre, mejor sería ir a pie, pero los tiempos son los tiempos y ya no se va seis meses a Europa en un barco, que pone catorce días, bien comido, mejor bebido y dormido como un lord inglés. Ahora 14 horas son demasiadas y si liga un sándwich y un refrigerio hay que tirar cohetes.

De los precios ni que hablar, una cifra es la de la publicidad, otra que aparece abajo, en caracteres más pequeños, por algo vinculado al combustible, más la tasa de embarque y la mar en coche, costo total el doble. Además hay que estar dos horas antes en el aeropuerto para el check in de las valijas, el avión despega y a los quince minutos está aterrizando en Buenos Aires, el vuelo más corto y más caro del mundo.

Volviendo al bendito cinturón, hace unos cuantos años, cuando estaba ahí, en el asiento del auto, pero no era obligatorio usarlo, veníamos con tres amigos, compañeros de trabajo, un domingo, después de haber trabajado tres días en el interior y deseando llegar a las casas para poder por lo menos discutir con la patrona o pegarle al nene.

Veníamos altos del suelo y conversando, porque aparte de trabajar en la misma empresa, habíamos hecho la carrera juntos, en definitiva nuestro vínculo afectivo era muy fuerte y la carretera larga que no se terminaba más. Yo venía en el asiento trasero, acostado a lo ancho, con una maleta como almohada y hablando de las vueltas de nuestras vidas, pasado y presente, porque el futuro para uno de nosotros terminó ahí. No me di cuenta que pasó, pero sentí el ruido a fierros y ahí se apagó la luz. Cuando quise acordar estaba tirado en un camellón en el campo, cerca del alambrado y no me entraba aire a los pulmones, como cuando éramos chicos y nos pegaban una cortita en las costillas. Me levanté me corría sangre por la cara porque me había incrustado el armazón de los lentes.

La gente que me vio salir del campo me miraban como si fuera un extraterrestre porque nadie me había visto antes e inclusive el propio camionero pensó que en el choque me habían atropellado y tirado para afuera de la ruta, si no recuperaba el conocimiento en tiempo, que le discutía a los médicos que nunca lo había perdido, era boleta. El auto en el medio de la carretera, de lado enterito, un camión un montón de metros más arriba y mis dos amigos tirados en la carretera, uno inconsciente y el otro muerto, junto al asiento del acompañante que yo había arrancado con mi cuerpo al salir despedido por dicha puerta. Había volado como quince metros o más y el lugar donde estaba recostada mi cabeza sobre mi maleta justo en ese lado del automóvil quedó hecho un acordeón. Si hubiera tenido puesto el cinturón no estaría escribiendo esto.

Años después un tipo me contaba, que al dar la vuelta en el Cabaret de la Muerte, atrás del Cementerio del Buceo, antes que cerraran un poco la curva e hicieran el besódromo que está atrás, salió despedido del auto y narraba que mientras volaba vio como pasaba por debajo suyo el cordón de la vereda, el murete de la rambla y ahí no pude más y lo mandé donde tenía que mandarlo por mentiroso. En ese lapso no se ve un corno y lo demás es una novela que cuentan los sobrevivientes porque de tanto, les queda tan poco y de ahí en adelante dejan volar la imaginación creadora. En mi caso sentí el ruido y la falta de respiración al levantarme, lo demás me lo debo a mi mismo y a los demás, existió pero yo no estuve o no lo retuve.

El tabaco
Empecemos el capítulo con una nota de humor, aunque sería realmente humorística si no la hubiera dicho en serio la protagonista. En una entrevista para una campaña federal antitabaco en 1998 la actriz Brooke Shields dijo:
“El fumar mata y si te mueres, has perdido una parte muy importante de tu vida”.

Lo del tabaco es una historia escrita con saña, porque le dieron fuerte y bien fuerte. No sólo en los lugares de fumar, sino en las marcas, publicidad, forma y lugares de expendio, precios, impuestos, etc.

Creo que atenta contra mi derecho de no fumador la prohibición de que haya un lugar lleno de fumadores donde tenga que cortar el humo con un cuchillo para poder entrar y no puedo hacerlo porque dichos lugares no existen por la tan mentada prohibición. Por qué se les coarta la libertad a los fumadores y no fumadores de compartir un lugar así.
En cuanto a los lugares mixtos, lo entiendo y lo justifico, que se fume en medio lugar o en un cuarto de lugar público. Vendría a ser como si se permitiera orinar solamente en el cubo 6 de la piscina, a la corta o a la larga todos están disfrutando de un baño de pichí diluido pero pichí al fin.

Un partido de truco sin fumadores no es concebible. Los campeonatos de truco van a tener que hacerlos de fumadores y no fumadores y el de fumadores a la intemperie (en una cancha de bochas para hacerlo más folclórico, por ejemplo). El campeón va a ser poseedor de un premio compartido “campeón de truco de fumadores” y “campeón de truco de no fumadores”.

En lo que me es personal fui un fumador empedernido de tres cajas o más, porque con el convite o el pechazo se pierde la noción de los puchos. Viene un cliente y en son de paz se le convida con un café y un pucho, pero ahora no se puede fumar en el escritorio dado, que es un lugar afectado al uso público. Esperemos que el superior gobierno nos subsidie la pérdida de clientes por falta de tal atención.
Dejé de fumar de un día para el otro. Hice un síncope y me agarraron los médicos y mientras probaban con un remedio y con otro, hice tres síncopes más, hasta que el último lo hice de pura suerte cuando estaba disfrutando de un cateterismo y vieron los médicos como era el tema.

Eso de que, cuando nos viene a conversar la huesuda con la guadaña, se ve una luz, allá en el fondo de un túnel, pindonga (DRAE: mujer callejera), no vi ningún túnel, ni el minón vestido de rosado amagando con dar el besito del adiós que te vaya bien y lo único que sentí es que se prende la lamparita y se respira fenómeno (lógico porque cuando se apagó la luz uno dejó de respirar).

Me destaparon una carótida que me tenía a punto de dejarme idiota del todo y a la pista.
De ahí hasta ahora no fumé un solo cigarrillo , pero no me molestan los fumadores. Quedé resabiado con el humo de segunda mano, ese que se siente cuando uno va por el centro y sale la gente de las oficinas y de los comercios y se mandan esa pitada a fondo y largan esa bocanada que uno se la papa todita y es la bien fulera.

Los entiendo, horas sin fumar y logran disfrutar ese “placer sensual”, como dice la letra del tango. Eso si, aclarando que me gusta el tango “pero no espero al hombre que yo quiero” porque es para que lo cante una dama y cantado por Gardel queda medio amariconado con el perdón del Mago.

Encender el cigarrillo tiene una gran ventaja sobre todas las expectativas, en la parada el ómnibus no falla nunca, es prender el cigarrillo y el ómnibus nuestro llega y hasta con algún asiento desocupado. No lo prenda y le saldrá verdín en la suela de los zapatos antes de que venga su transporte colectivo anhelado.
Qué derecho tengo yo que apesté a una humanidad, fumando tres cajillas durante gran parte de mi vida, a decirle a alguien que me molesta el humo de su cigarrillo.
Un paisano amigo decía “no gracias, yo no quemo la salud, ni la plata” y lo mataron de un tiro por una terquedad propia. Fue su opción de vida no fumar, no quemar plata y ser terco.

Cuando iba a Buenos Aires llevaba los cigarrillos de acá porque los de allá no me gustaban. Cuando me iba para afuera marchaba con unos cartones de cigarrillos porque si bien allá había de la misma marca, afuera no se consumían y en el boliche estaban resecos o ardidos o yo que sé, en definitiva era todo por las dudas. Si me llegaba a pasar lo de la serial “Lost” era candidato al suicidio, aunque en el sanatorio cuando aparecieron los muchachos del gorrito y el uniforme celeste y me pusieron el chiripá verde para llevarme en la camilla al quirófano el que estaba “lost” era yo.
De ahí en más el cigarrillo ya fue para mí y no estoy arrepentido para nada, ni lo extraño, ni me molesta, excepto el humo ese de segunda mano que no me gusta al olfato, ni en la ropa del fumador.

En casa puse un cartelito en el living que dice:
“EN ESTA CASA SE FUMA UN DIA SI Y OTRO NO, HOY ES NO”

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6 comentarios
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  1. Muy bueno….no me gusta prohibir nada…pero algunas cosas la gente se tiene que dar cuenta!!!!!……………impeca el cartelito del final…
    Saludos

  2. Que buena la frase de Brook Shields, porque describe tanto a las modelos como a las actrices que estan re-buenas pero muy decerebradas. Y lo que cuenta en el artículo, esta requete demostrado que el alcohol, las drogas y el cigarrillo son dañinos, pero cual es la solución?. Si siguen subiendo los impuestos, aumentara el contrabando. O sea la gente que ya consume, consumirá igual sin pagar impuesto.
    Lo otro que siempre pasa, es que cuando prendes un cigarro en la parada, o viene el omnibus o en caso contrario siempre aparece uno pa’ manguearte un pucho.
    Saludos

  3. Desde mucho antes de la prohibición de vazquez, en algunos lugares no se permitía fumar. Si entras a un lugar que es privado, no te podes calentar si te dicen que no podes fumar. Y eso no quiere decir lo de prohibido prohibir. En los espacios comunes la cosa cambia, porque el derecho a masticar chicle, pastillas o ingerir alimentos se puede llegar a prohibir un día tambien. Yo tenía entendido que se prohibían las cosas ilegales. Si el tabaco es ilegal, entonces se expone a una sanción al utilizarlo y estaría bien lo de prohibido fumar. Lo otro no lo entiendo, porque es legal vender tabaco pero esta prohibido encenderlo.. Para que m….puede comprar la gente tabaco????????????????????????????

  4. Yo también soy contraria a las prohibiciones. hace poco recibi un correo que decia algo asi: Nada causa mas rechazo que la palabra prohibir. Nos causa tal rechazo que terminamos haciendo todo lo contrario. donde dice prohibido tirar la basura….ahí mismo la tiramos. Prohibido ir con mascotas a la playa…que hacemos?. Llevamos las mascotas cuando no nos ven. Prohibido doblar a la izquierda…que se hace?. Prohibido pisar el césped…como si no lo pusieran. Prohibido estacionar….claro porque esta lleno de coches. Y así tenemos que está prohibido cruzar con la luz roja, manejar hablando con celulares, andar sin las luces cortas, sin el cinturon de seguridad, carros con caballo que no estén señalizados, bicicletas sin luces, manejar bajo los efectos del alcohol….y cuando vemos un cartel de prohibido fumar….nos vienen mas ganas y con el faso en la mano preguntamos……Che, acá no se puede fumar…no?….etc. etc.
    Si estas a dieta y el médico te prohibe la manteca y el chocolate…Q TE VIENEN GANAS DE COMER YA??????
    Parece que lo prohibido tuviera un atractivo muy especial….y causa rebeldía

  5. Una vez escuche una convesasion entre un tipo veterano que tenia mucha guita y otro. El tipo le decia al veterano que tenia un negocio para el y el veterano le pregunto si era ilegal o sucio. el tipo le dijo que no. que era un negicio limpio. el veterano le dijo que no estaba intersado porque para el no era negocio.
    NADA ESTA PROHIBIDO PARA EL QUE TIENE GUITA

  6. Ramiro creo que tu pensamiento justifica demasiadas cosas injustificables. El que tiene dinero puede violar a una mujer? Pero piénsalo mejor porque esa mujer podría ser tu hermana. Creo que el dinero compra muchas cosas, pero no compra el amor (si compra el sexo con una prostituta y eso es amor?), la salud, la felicidad y así podemos seguir. Ese razonamiento simplista creo que es un tanto gratuito o tal vez impensado o no razonado. La vida no es así, es otra cosa.

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