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¿Quién tiene las respuestas?

30. agosto 2013 | Por | Categoria: Galería

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Por Waldemar García

Bob Dylan cantaba aquello de que “la respuesta, amigo mío, está soplando en el viento”. Sin embargo hay muchas preguntas que nos hacemos y que no encontramos respuestas ni en el viento, ni en los libros, ni en la prensa, ni en los discursos de los políticos y mucho menos en los discursos de los militares.

bob-1_145x170La historia de la humanidad es una historia de guerras, de luchas, de muerte, de conquistas, de invasiones, de genocidios, etc, etc,
En el principio la búsqueda de zonas con buena caza y abundante recolección era el motivo para que unos hombres atacaran a otros. Ha sido la lucha por la subsistencia la que enfrentó a las tribus primitivas, que fue la primera forma de organización social del grupo. Hoy la tribu ha dejado paso a otros tipos de relaciones sociales, a otro tipo de grupos. El cambio se ha producido a lo largo de miles de años; miles de años en los que los humanos hemos aprendido a modificar el entorno para adaptarlo a nuestras necesidades; miles de años en los que han surgido nuevas sociedades, nuevos pueblos, nuevas etnias, nuevas formas de civilización y muchos también han desaparecido por efecto de las guerras, de la conquista de otros pueblos, de otras etnias y han ido formando nuevas sociedades y nuevas formas de civilización.

El ser humano ha desarrollado una inteligencia creadora que le ha permitido evolucionar y situarse muy por encima del resto de los habitantes del planeta. Pero a pesar de la evolución, a pesar de haber conseguido una sofisticada red de formas de comunicación, a pesar de haber desarrollado conceptos abstractos que es la única especie que los domina, como el amor, la dignidad, la solidaridad, el respeto, el hombre sigue matando al hombre, y lo peor es que no lo hace solo por comida, ya no es solo por la necesidad de sobrevivir, ahora lo hace por otras razones y es ahí donde no encontramos las respuestas.

¿Por qué nos matamos los unos a los otros? ¿Por el poder? El poder como sustantivo, el poder como forma de dominación, el poder para elevarse por encima de los demás.
¿Se mata por odio? ¿Es el odio una razón para matar? ¿Y la tortura? ¿Se tortura por odio? El odio puede ser una explicación para estas conductas, pero hay quien mata y quien tortura sin odio, quien lo hace como trabajo, como forma de vida. ¿Se puede bombardear una ciudad y matar a cientos de personas, incluido niños, sin sentirse culpable? ¿Se puede rociar con armas químicas a la población civil y sentirse héroe?
El que mata desde el aire aún mata sin ver la muerte de cerca, en cambio el que tortura convive con el sufrimiento, ve la desesperación en los ojos del torturado. ¿Cómo puede una persona llegar a casa luego de haber trabajado torturando sin odio, solo por obedecer órdenes y con sus manos que vertieron la sangre de otros abrazar a sus hijos, a su mujer y sentir que ha cumplido con su deber de trabajar y ser útil a la sociedad?
¿Por qué tantas guerras? Hoy podemos decir que la guerra es creada por los fabricantes de armamento, pero las armas surgieron como consecuencia de las guerras. Primero fue la guerra y después las armas para matar más y mejor. Hemos oído muchas veces hablar de guerras justas. ¿Hay guerras justas? ¿Para quién es justa una guerra? ¿Los que provocan las guerras pero no salen de sus despachos, merecen el respeto de los que tienen que arriesgar sus vidas? ¿Merecen el respeto de la sociedad? Nuestra sociedad ha creído necesario destacar a los mejores y por eso se han creado premios que reconocen los valores de las personas más destacadas en los distintos ámbitos de la vida. Uno de esos premios es el Premio Nobel de la Paz. ¿Se puede conceder ese premio a quien hace o ha hecho la guerra? Hay muchos casos: Theodore Roosvelt, Woodrow Wilson, Henry Kissinger, Anwar Al-sadat, Menachem Begin, Shimon Peres, Yasir Arafat, Isaac Rabin, Barak Obama. ¿Quién tiene la respuesta a esta contradicción?
Entramos en el siglo XXI. Atrás quedó el siglo XX, el más violento de la historia, en el que más seres humanos murieron por efecto de otros seres humanos; 2 guerras mundiales, centenares de guerras pequeñas entre naciones o guerras civiles, cientos de países en donde se desarrolló la guerra sucia desde el poder del Estado contra sus ciudadanos. La humanidad ha evolucionado de forma espectacular en tecnología, en comunicaciones, en medicina. Hoy se ha conseguido elevar la edad media de la población en varios años gracias a la investigación y los adelantos tecnológicos, hemos conseguido conectarnos en tiempo real con cualquier persona y en cualquier lugar, la globalización ha hecho que las grandes empresas puedan establecerse en cualquier lugar del mundo, todo lo que pasa en el planeta podemos saberlo en minutos. Sin embargo seguimos matándonos entre nosotros. Podemos comunicarnos pero no podemos entendernos. Podemos dialogar pero no estamos dispuestos a hacerlo. Se siguen fabricando armas cada vez más destructivas y la industria del armamento es de las que más dinero mueve.
Convivimos con la violencia sin que casi nadie haga nada para evitarlo. Cada día vemos a través de la pantalla los horrores de la guerra. Siria, Egipto, Palestina, Somalia, Líbano, etc. Hay pueblos que están sufriendo la opresión de otros pueblos pero que permanecen olvidados; Tibet, Eritrea, Sahara Occidental. La violencia contra el diferente también está presente; contra las mujeres, contra los homosexuales, contra los negros, contra los judíos, contra los musulmanes, contra los católicos, contra el opositor político, etc. etc.
Y hay otra violencia que no se ve, que no le prestamos atención, la violencia de la pobreza, la violencia del hambre, la violencia de la miseria.
La violencia que provoca el consumo y la adicción a las drogas.

Las catástrofes naturales consiguen movilizar a la solidaridad a toda la sociedad, después de un terremoto, de unas grandes inundaciones, de un huracán, llegan ayudas de todo tipo desde todo el planeta, fundamentalmente de los países ricos por supuesto. Pero mucha de esta gente que está dispuesta a mandar comida, ropa, medicamentos, en situaciones límites cuando se habla de destinar el 7% del PIB para la ayuda a los pueblos más pobres, se indigna, se opone y no está dispuesta a colaborar.
¿Por qué somos sensibles a un tipo de sufrimiento y no a otros?

J.J. Rousseau sostenía que el hombre es bueno en su naturaleza, que es el sistema social que lo ha trasformado ya que el hombre al agruparse y formar el tejido social creó la desigualdad entre semejantes.
Amin Maaluf en su libro Identidades Asesinas dice que el miedo puede hacer asesino a cualquiera y que dentro de cada uno de nosotros …“hay un Mr. Hyde y lo importante es conseguir que no se den las condiciones que ese monstruo necesita para salir a la superficie”.
J.A. Marina el filósofo español se ha dedicado últimamente a investigar la Inteligencia Social que ha definido como “los fenómenos que surgen de la interacción entre inteligencias individuales, y que pueden ser emergentes o submergentes, producir formas de de convivencia nobles o encanalladas, claras o confusas, ascendentes o degradantes.” Y esto en todos los ámbitos: en la pareja, en la empresa, en las naciones. Y nos dice que su estudio le lleva del entusiasmo a la angustia ya que la inteligencia social puede ser la gran esperanza de la humanidad pero simultáneamente puede ser el gran peligro de la humanidad. (J. A. Marina y Mª. Teresa Rodríguez – La conspiración de las lectoras). En otro libro (La lucha por la dignidad) analizando la historia desde el punto de vista de los derechos humanos dice. ..”cuando la persona se convierte en medio y no en fin, cuando se instrumentaliza para preservar la cultura, o el grupo (Estado), o el desarrollo, las violaciones de derechos humanos se justifican y el dolor de las personas no es tenido en cuenta . El fin acaba justificando los medios.”
La Revolución Francesa se hizo bajo el lema de Libertad, Igualdad, Fraternidad, pero se quedó en un lema.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos puso las bases para la convivencia en paz y el respeto entre las personas y los pueblos pero se ha quedado en una declaración de intenciones que pocos respetan.

Nos quedan muchas preguntas sin respuesta.
Nos queda la esperanza de que seamos capaces entre todos de encontrar esas respuestas.
Tenemos la convicción de que todos tenemos algo que aportar, de que entre todos podemos encontrar las soluciones.

Un joven de 22 años, llamado ‘Bob Dylan’ irrumpe en un programa de TV estadounidense en el mes de marzo de 1963. Blowing In The Wind, subtitulada en castellano.
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Un comentario
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  1. No importa algunos oculten o no quieran o no tengan respuestas mientras no se pierda la capacidad de seguir preguntando. Hay que seguir preguntando hasta encontrar las respuestas. Y las preguntas que hacia Bob Dylan hace 50 años no pierden vigencia, algo anda muy mal.

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