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Rampla viejo y peludo

1. Noviembre 2013 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por COMOUSTE
Este artículo me voy a tomar el atrevimiento de hacerlo a la memoria de Moirano, un fundador de Rampla, a quien tuve la dicha de tratarlo, porque siendo un chiquilín y don Ernesto una persona mayor no puedo alardear de haber sido su amigo, pero si, eran muy amigos y compinches con mi viejo y me vi montones de partidos sentado al lado de él, en el viejo Parque Nelson.

Rampla Juniors 1950 - Campeón del Torneo Competencia

Rampla Juniors 1950 – Campeón del Torneo Competencia

Mi padre de muchacho, en la Aguada, de donde él decía “la Aguada, donde llueve y no gotea” un dicho de la época que no sé a qué se debía y creo que mi viejo tampoco, simplemente lo repetía como algo que venía acoplado al concepto de su barrio, tal vez se deba a que sin que lloviera en el barrio y si en otros cercanos la cuenca hacía que sin lluvias in situ las aguas pluviales corrieran por la calle La Paz, la que se inundaba enseguida, porque estaba por debajo del nivel de la bahía de Montevideo, o tal vez, muy remotamente por los pozos del Rey, donde se nutrían de agua dulce los barcos, donde hoy hay casas en que todavía tienen los manantiales en lo que vendrían a ser los sótanos.
No era barrio de rompe y raja, claro que estaba cerca del puerto y ahí algún marinero mamado podría armar algún lío, con alguna dama de las que fumaban, que les aliviaban el bolsillo y algo más en el viaje largo a los marineros.

Catorce días sin hacer puerto le entraban a un yacaré, sin asco, ni miedo.
Cuántos se deben haber llevado algún recuerdo de las damas del lado de la bahía, alguna “papillon d’amour”, mariposas del amor, como les llamaban con esa sutil y romántica delicadeza los franceses al bichito que los brasileños más gráficos y en forma más ilustrativa llaman “a panteira das bolas” y en aquella época en que no existía el DDT, las matarían con vinagre y uña como a los otros piojos.

Saliendo de este tema prosaico pero muy normal entre hombres y más de aquel entonces.
No es casualidad que Aguada lleve los colores rojo y verde y mi viejo que había nacido en el 99 del otro siglo se crió junto con Rampla que nació en el 14.
De la época pretérita en uno de los libros que salieron hace unos cuantos años, como no era de estilo utilizar palabras gruesas, pintaron a mi viejo como “un animador”, lo que hoy sería un jodón, siempre gastando bromas de distintos calibres, las livianas, las no tan livianas y las pesadas.
Contaba que tenían un rancho, donde entre otros menesteres hacían comilonas y había un vivo, como los que hay siempre, que se borraba antes y no arreglaba el escote.

Se pusieron de acuerdo y se complotaron con la futura víctima, la accedió gustoso, para atar a mi viejo a un poste (cosa a la que se prestó gustoso, como carnada mi viejo) y cuando lo agarraron vino el otro belinún a atarlo y se dieron vuelta y lo ataron al vivanco.
Todos comieron y bebieron y brindaron a la salud del garronero atado y cuando terminaron de comerse todo, lo soltaron, el que se fue caliente y nunca más volvió por el rancho y por ende se perdió todas las festicholas futuras.

Era una buena forma y ejemplarizante de limpiar la barra de malos sujetos, no hay cosa más bastarda que un garronero entre gente que la plata la tenía justa, para un pequeño disfrute personal de laburantes que andaban con los vintenes justos.
Tengo alguna fotografía de los tablones del parque Nelson, que siendo niño, desde arriba se veía entre las tablas negros, curtidas por el agua del mar, porque en el pasado pudieron haber sido la cubierta de un barco, se veían las piedras puntiagudas que afloraban en la falda del cerro.
Caerse ahí no era programa porque la más barata sería salir con múltiples fracturas o quedarla lisa y llanamente.

Natalia Oreiro. Una famosa picapedrense de ley

Natalia Oreiro. Una famosa picapedrense de ley

En la vida fui encontrando hinchas de Rampla impensables, un par de profesores de facultad, gente de Paysandú, que como los picapiedras tuvieron una cantera de jugadores en la heroica, había un cuadro sanducero, que nos nutrió de grandes futbolistas.
Tengo un querido amigo oriundo de Cardona, que salvaba los exámenes de la facultad con tres sobresalientes, hincha a muerte de Rampla.
Era un bohemio perdido y sin previo aviso abandonó la carrera y se fue para España, sin fines de lucro, sino para sobrevivir, se dedicó a algo que a ningún oriental le puede correr por la cabeza hacer.

Organizaba corridas de toros y de eso vivía o hacía las “pelas” como le decían los españoles a las pesetas, ahora está viviendo su retiro laboral con una pensión española que le da para ir tirando y para vivir en una casa de viejos, mandarse a bodega unos chatos y unas tapas y cuando la lechera anda medio seca le pone a unas cañas (cervezas) porque allá a las destiladas le dicen aguardiente y si la mano viene corta le entra al aguardiente.

Con él fuimos incontables veces al Olímpico, era un ritual luego del partido, a la salida íbamos a la sede, con aquel ventanal que daba sobre la bahía, que era una de las postales más hermosas que he visto en mi vida, a tomar unas cañas con yuyos y nos quedábamos desde que terminaba el partido hasta tarde y entonaditos, nos veníamos en el trolleybus él a Pocitos y yo a Palermo.
Desde que me conozco y hasta ahora me pasa cada vez que pierde o perdía Peñarol, los bolsos me caían a babosear y cuando les decía que era de Rampla, me agarraban para el lado de que estaba mintiendo para no sufrirlos.

Si era de Palermo tenía que ser de Peñarol y en situación extrema de Central o de Mar de Fondo, es el concepto tan uruguayo de que sos o de Nacional o de Peñarol y Rampla que le amargó la vida más de una vez a los mal llamados grandes, o se olvidaron los bolsos de aquel 4 a 0 en el Estadio Centenario, con por lo menos cuatro jugadores que le habíamos requechado a Nacional, Ciengramos Rodríguez, el Rata Núñez, el caballito Langón que fue el que le hizo el cuatro gol.
Mi viejo, agarraba la cachila y subía a la vieja y a mis hermanos cuando eran chicos y rumbeaba para el cerro, yo no iba porque todavía no estaba en el mapa.

Mi hermano el mayor era fanático de Rampla y del fútbol, mi hermano el gordo iba a contrapelo porque el fútbol no le interesaba para nada y era hincha de Rampla, porque no le quedaba más remedio, para no tener problemas con su hermano mayor o con el viejo.

Un día jugaban Rampla y Cerro y mi viejo le dijo al gordo andá que se va a armar lío y cuando terminó el primer tiempo, mi hermano volvió quejándose que no se había agarrado a las trompadas nadie y que le aburría quedarse viendo el partido, el otro volvió cuando terminó.
Qué época y qué gente, mandar dos chiquilines al clásico de la Villa solos y sabiendo que no les iba a pasar nada, cuando hoy en ningún lado pueden ir sin correr riesgos, ni al almacén de la esquina, si es que todavía hay almacén en la esquina, porque es una especie en extinción, tanto por los asaltos como por la competencia de las grandes superficies.
Cuando entré en circulación el viejo delegó en mi hermano mayor que me llevara a ver a Rampla y nos daba una moneda de plata de un peso, aquella que tenía el puma, parecida a la de diez pesos de hoy, pero de plata y sin el borde postizo que tiene la nueva y que aquella rendía un montón.
Aclaro que como era muy chico el ecónomo era mi hermano que me llevaba dieciséis años.
Nosotros le sacábamos buen provecho, nos servía para ir al Cerro en vaporcito, y cuando el tiempo no acompañaba para la náutica, nos tomábamos el 125 en Rondeau y Uruguay.
En ambas circunstancias era ida y vuelta, pagar las entradas a la cancha, en aquel entonces el glorioso Parque Nelson, nombre dado en honor del Almirante Nelson, dado que el terreno lo había donado el frigorífico Swift.

En la cancha del lado del varadero frente al área había una parte en que no crecía el pasto por la sal que se usaba en ese lugar con motivo de los frigoríficos probablemente fuera donde se salaba la carne para hacer el charque o los cueros, aclaro que esto es una suposición mía.
Ahora se llama Estadio Olímpico, porque las instalaciones del estadio las pagó Tsarkos, el varadero de origen griego, una de las plateas mejores para disfrutar de la bahía de Montevideo y toda la costa portuaria.

La entradas a la cancha de nuestro Rampla, viejo y peludo, ojo que ida y vuelta a la aduana para tomar el vaporcito o el ómnibus en Rondeau y Uruguay, desde el barrio Palero hasta esos lugares era a pata y a la vuelta nos tomábamos un Colette en la Conaprole de 18 de Julio y Yi, con un pan de leche (hoy tortuga) con jamón y queso y cuando llegábamos a casa le dábamos el vuelto al viejo.
Las tortugas como era en un lugar para gente bien no tenían la misma cantidad de jamón y queso que le ponía el bolichero de la esquina a las preñadas, pero estábamos en un lugar finoquio, con mozo y todo.

En las vísperas del Centenario del cuadro de mis amores la seguiremos en otra oportunidad, con algunos recuerdos muy propios, personales, pero compartibles y disfrutables, no le parece… y que todo sea para bien…
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3 comentarios
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  1. Me parecio que en la foto chiquita ver a Natalia Oreiro jajajajaja es una genia…

  2. Mi Rampla, sólo de recuerdos podemos vivir… nuestro presente es lamentable. Gracias directiva, sin uds no estaríamos así.

  3. aguada y rampla un solo corazon………..con los mismos colores rojo y verde…aguante ramplaaa,..aguante aguadaaaaa..!!!!

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