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Tengo miedo

17. mayo 2018 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Como dijo aquel,”sabés un tango en latín…” –“No? En latimba de la vida me planté con siete y medio…”

Y como hay que plantar siendo ganador, porque el que sigue jugando con el bolsillo lleno de fichas, es candidato a que se le de vuelta la suerte y marche.

No existe constancia de dónde nació.
Algunos conocedores sitúan su origen en el Tíbet, otros en Roma, tales orígenes podrían haberla situado en Pando o en Tapia, en lo que me es personal pienso que tiene mucho que ver con el matemático Blaise Pascal.
En 1842, los hermanos François y Louis Blanc agregaron un 0 a los 37 números que contenía hasta entonces, o sea el doble cero, lo que la hace ganadora absoluta, porque en la teoría combinatoria un número más da un disparate de posibilidades en contra.

Sin perjuicio que las chances al salir un 0 o un 00, pierden todas, o sea pierden las mayores, las menores, los pares, los impares, los rojos y los negros, y todos los números más uno de los ceros, pagando solamente lo apostado a uno de los ceros.
De ahí, al estrellato: la ruleta alcanzó tal popularidad que François Blanc fundó los primeros casinos en Montecarlo.
La ruleta del Estado y la Municipal eran más justas porque tenían solamente un cero, claro que hubo un episodio en que hicieron perder a la ruleta municipal.

Las ruletas privadas, no solamente tienen un doble cero más, sino que no va en la fuerza del pagador cuando tira la bolilla ni la velocidad que le imprima al plato sino que el jugador está apostando contra una computadora, programada para ganar, no es el azar el enemigo del jugador, sino la cibernética.
Cuando muchacho, me daban para mis vicios chicos, $ 10.- por semana.
Siendo menor, menor, con 15 años, cuando la edad para entrar a las salas de juegos de azar eran 21 años, mi lucha era sortear al portero, porque en el salón había dos fiscales conocidos, y el jefe de fiscales también y un pagador se había criado con mi hermano.

Al principio entraba del brazo de una muchacha mayor y recuerdo que el portero le dijo si no me había traído la mamadera, pero me dejó entrar.
Después entraba sólo y la apuesta mínima era $ 1.- y creo que a los caballitos $ 0.50 pero no me gustaban porque era muy lento el juego, estaba concebido para viejas.
A la ruleta jugaba tres líneas por bolilla o sea en total $ 3.- y cubría 18 números y me quedaban 19 en contra.
Si acertaba un número me pagaban $ 5.- más la apuesta, o sea que hacía $ 6.-
Pocas veces me pelaron porque cuando llegaba a $ 25 o 30 me iba, calladito la boca, porque con ese dinero pasaba el resto de la semana como un bacán.
Una noche me había ido muy bien y había hecho como $ 80.- fui a cambiar las fichas para irme y de pasada dejé $ 10.- sobre el 13 en una mesa. En aquel entonces se podía apostar con dinero efectivo, y negro el 13 y me junté con $ 350.- más los $ 10.- jugados, agarré las fichas y fui a cambiarlas.
Al salir hice la misma jugada en otra mesa jugando otra vez al $ 13.- y otra vez negro el 13.- y agarré las fichas, las cambié y me fui para mi casa.
Tenía que venirme a Montevideo, para hacer algún trámite y de pasada, me arrimé a mi madre la cual dormía tranquilamente y la desperté y le fui dando los billetes de $ 100.- de a uno y mi vieja me miraba con los ojos desorbitados, le di como $ 700.- u $800 para que me los cuidara y me vine para Montevideo.
En Montevideo, fui a una casa de ropa para hombres y me compré una campera, un par de pantalones Artesano, un par de mocasines, un par de camisas de manga corta y me sobró dinero, de lo que me había reservado en el bolsillo que no eran mucho más de cien pesos.
Esa fue una lección que aprendí de mi mismo, pero con referencia al juego, era solamente en verano y en las vacaciones en el Este.

Pasaron los años y había hecho un trabajo importante y había ganado un buen dinero, ya eran otros pesos y fuimos a festejar con los que me habían dado el trabajo y cenamos opíparamente y bien regada fue la comida.
Venía en mi cachila con el patrón que me había pagado el dinero y pasamos por el parque Hotel, lugar donde nunca había entrado a su casino.
Entramos el patrón se puso a jugar a punto y banca, juego que yo nunca había jugado, por lo que me fui para la ruleta.

Con mi jugada y apostando grande, cuando quise acordar tenía en el bolsillo un montón de plaquetas, no recuerdo bien cuanto valía en aquel entonces cada una, pero era muy buena plata.
Estaba de pagador uno que había sido compañero mio de clase en el IAVA, y cuando me di cuenta que tenía un montón de dinero en mi bolsillo fui a buscar al patrón a la mesa de punto y banca para irnos, y lo veo al llegar que estaba como arrollado sobre el tapete verde, y me dijo, “me pelé” y yo muy seguro de mi mismo, le dije “no te preocupes” y empecé a tirar plaquetas a banca, una tras otra y cuando quise acordar me había pelado absolutamente todo el montón que tenía en el bolsillo.
Nos fuimos, le di de propina al cuidacoches los $ 100.- que me quedaban y lo llevé hasta la casa.
A la mañana siguiente le pedí mi vieja $ 100.- para comprarme los cigarrillos.
Mi teoría de muchacho joven, la aprendí en carne propia siendo mayor, mucho mayor que cuando entraba del brazo de una chiquilina al casino y salía ganador por buena conducta.
Por eso no juego absolutamente a nada y me vino a la cabeza en estos momentos este episodio, porque un primo mío, se fue a pasear a España y me pidió que durante las tres semanas que no está en el país, le jugara a cuatro líneas de número al 5 de oro, unos $ 140.- por semana y para no calentarme si sale y no jugué, juego una línea con mis número de antes para mí, o sea $ 35.- ya llevo más de un par de semanas y de todos los números de mi primo 20 más los 5 míos, han salido letras, porque números ni verlos.

Había un viejo amigo, que hoy no está, que me decía, si le tenés bronca a un tipo, no le desees que se le muera la madre ni que le salga un cáncer, deséale, que le entre el bicho de la timba, y no tendrá paz en su vida y se jugará hasta la plata de los remedios de la madre e hijos, no será nadie en la vida, será un ladrón de lo suyo, con tal de timbear.

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Un comentario
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  1. chus……chus….jodida vida la del timbero grandes empresarios que terminaron en banca rota en las puertas de los casinos a manos de usureros.

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