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Un desliz caro

27. Julio 2012 | Por | Categoria: Insólito

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Por Nikita Nipone
Claro que lo del título no es tan claro, porque desliz es cuando hay intención de una persona por hacer algo, como ser un caballero tener una relación especial con una dama.

Pero si falta la intención de tener algo especial, no es desliz.

Claro que la ocasión hace al ladrón y si el caballero está en un lugar donde se le arrima una dama, deja de ser un caballero impoluto y se transforma en el cazador o pescador, claro que a veces el cazador resulta cazado y el pescador pescado.
Veremos como se manejan estas dos situaciones similares pero tan distintas que pasaré a narrar y ambas pertenecen a la vida la real, la primera es de hace poco y la otra es de principios de los años noventa.
La primera.
Los elegidos eran personas relativamente jóvenes, con buen manejo de dinero, o sea dispuestos a gastar algún dinerillo, sin que necesariamente les fuera la vida en ello, ni que se fundieran.

Eran elegidos, no eran electores, por unas damas que frecuentaban un lugar que podríamos llamar nocturno en la zona del Parque de los Aliados, las que elegían eran ellas, un par de jóvenes atractivas, dos o tres, la cantidad no se puede precisar con certeza, aunque podría haber muchas más en la vuelta.
Los hombres preferentemente tenían que ser casados, porque el hombre casado es discreto y sobre todo cuando es perdedor, aunque hasta el momento de haber perdido se cree todo un ganador.
Las damas seductoras se dejaban seducir por los galanes que le caían en suerte, claro que ellos no sabían que habían sido elegidos por las damas, en los escarceos previos.
Había una película italiana cuyo título serviría para este artículo “Seducido y abandonado”.
Los hombres tomaban unas copas con sus conquistas y en un descuido les echaban un polvito en la copa que era lisa y llanamente una droga.
Perdían el conocimiento y les robaban dinero, que llevaban encima, los anillos, relojes y todos los valores que portaran consigo.
Cuando el caballero despertó estaba completamente desnudo en su automóvil, en la zona de la rambla del Buceo.
No tenía la más remota idea de lo que había sucedido.
Le habían robado todo lo que tenía en ese momento del encuentro, llamémoslo amoroso, porque de alguna forma hay que llamarlo.

Las seductoras no se pasaban de ciertos límites predeterminados, porque eran delincuentes pero no tontas, sabían que delito podían cometer con cierta impunidad, pero por ejemplo no se tentaban con robar el auto, que lo dejaban con la víctima en su sitio, porque eso muy probablemente diera lugar a denuncias y otras cosas que ellas preferían evitar.

Era una forma de prostitución, que se mezclaba con el hurto, pero sin sexo y sin caer en delitos mayores, salvo una excepción que se dirá.
Una de las víctimas que no se inhibió por los hechos que lo involucraban o simplemente no era casado y si lo era no le importó, resolvió presentar su denuncia ante la Dirección General de Información e Inteligencia, para que esto modus operandi fuera resuelto dentro de un marco de discreción.
Por un momento los investigadores pensaron que además de un robo casi de ratero tuviera algún objetivo de otro vuelo, pero no simplemente el nivel era el que motiva este racconto.

La investigación fácilmente permitió desbaratar los delitos cometidos con el modus operandi relacionado precedentemente de tres atractivas mujeres que utilizaban sus encantos femeninos para seducir y robar a sus víctimas.
El trío como ya lo dijimos utilizaba un conocido lugar nocturno de la zona de Parque de los Aliados como forma de introducción de las víctimas en su entorno.
Las damas elegían a sus “galanes” entre hombres de relativamente jóvenes, con buena disposición de dinero y como condición casi sine qua non que fueran casados.
Con este pequeño gran detalle las delincuentes tenían la casi certeza de su impunidad.
El modus operandi era similar en casi todos los casos, aunque en una ocasión también emplearon la violencia.

Uno de los damnificados contó, que luego de trabar relación con una de las mujeres, la conversó para ir a uno de los moteles allende el arroyo Carrasco, para lo cual convinieron en ir hasta allí.
Pero al llegar, en galán se vio apuntado por un arma que empuñaba su dulce aventura.
En la habitación la seducida por el amor a la billetera lo obligó a tomar una sustancia, tras lo cual cayó knock out.
Al despertar no le quedaba ningún objeto de valor, con seguridad que le tuvieron que fiar el alquiler de la pieza.
No se sabe que droga era, pero se presume que eran esas conocidas por su uso en abusos sexuales, donde la víctima cae inconsciente y luego no recuerda nada de lo ocurrido.
Todos los damnificados reconocieron judicialmente a dos de las tres encausadas, una de ellas con antecedentes por prostitución.

La justicia penal de turno, resolvió el procesamiento por hurto especialmente agravado de dos mujeres y la tercera quedó en libertad por falta de pruebas.
La situación de los años noventa era en forma individual.
Un conocido fue la víctima y lo sé porque me lo contó con sus propios labios.
El todos los días venía de Carrasco al Centro por la Rambla cumplía sus tarea laboral y a la tardecita, más clara o más oscura, dependiendo de la estación del año, volvía por el mismo camino hacia su casa.
Una mañana a la altura de Comercio un joven agraciada, le hizo dedito, para que la llevara y el ni lento ni perezoso, detuvo su marcha y la joven subió en el asiento delantero.

Tuvieron una amena y simpática conversación y al llegar a Andes y la Rambla, la joven dijo que era su destino y él la dejó ahí y siguió su camino.
Tras un día laboral completo, a la caída de la tarde, volvía con su automóvil para Carrasco y al llegar a Andes, estaba de la acera del lado del río la joven pidiendo viaje, a lo cual, como en la situación matinal, el detuvo su marcha y retornaron juntos hacia el Este.

La conversación fue un poco más subida de tono, cosa que terminó en el besódromo del Buceo.
La cosa fue subiendo de tono y la joven se dirigió con sus caricias y arrumacos a la zona erógena del cazador de amores y consumó el sexo oral.
Claro está que ella lo apuró de forma tal que él no pudo contenerse a tiempo y se le escapó lo que tendría que haber detenido.
La joven dejó de ser una joven y lo insultó de arriba abajo y le escupió en toda su ropa lo que a él se le había escapado y se bajó haciendo escándalo del vehículo y con un portazo como broche de oro.
Cuando él se vio como estaban sus ropas, se quería morir, porque de esa forma no podía llegar a su casa sin tener un lío de padre y señor nuestro.

Paró en un bar tranquilo y pidió, en el mostrador, un par de grappas y hacía como que se las tomaba y las iba volcando sobre su ropa, para quitarle el olor a todos los trofeos de guerra que le habían quedado a la vista y paciencia de todo el que se dignara mirar.
Cuando fue a pagar metió la mano en el bolsillo y no tenía ni un peso, no le había quedado nada, de una importante cantidad que siempre llevaba sobre el bolsillo derecho del pantalón.

Cuando el éxtasis amoroso, la joven, mientras mi amigo luchaba contra las veinte mil hormigas que lo atacaban, le birló todo el dinero y con el escándalo cubrió perfectamente su retirada.
Otro cazador que resultó cazado.

Como entre el amor y el odio hay tan poca distancia, pero es casi siempre así.

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Un comentario
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  1. No nos cuenten todos los trucos…..no aviven giles……jajajajaja!!!!!!!!!!!!

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