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Un gran discurso, no un discurso más…

24. Enero 2014 | Por | Categoria: Los mitos y la historia

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Por Nico Medes
Esta transcripción no obedece a ninguna fecha en especial, ni a ninguna cosa extraña, sino la más elemental de todas, mostrar a un pueblo unido pugnando por la patria, por la libertad, por la república y por la democracia, cosa que es buena y oportuna siempre.

cand-3_435x326El acto comenzó con el Himno Nacional y minutos después don Alberto Candeau comenzó a leer la proclama, que fue interrumpida numerosas veces por los aplausos y ovación de la multitud allí reunida.

En el palco estuvieron: Adolfo Aguirre González, Alba Roballo, Alberto Zumarán, Alembert Vaz, Américo Plá Rodríguez, Amílcar Vasconcellos, Antonio Marchesano, Carlos Baráibar, Carlos Gómez Haedo, Carlos Julio Pereyra, Carlos Rodríguez Labruna, Carminillo Mederos, Daniel Sosa Días, Danilo Astori, Dardo Ortiz, Eduardo Paz Aguirre, Eladio Fernández Menéndez, Elisa Delle Piane (viuda de Zelmar Michelini), Enrique Tarigo, Federico Slinger, Fernando Oliú, Francisco Rodríguez Camusso, Gonzalo Aguirre, Guillermo Chifflet, Guillermo García Costa, Héctor Grauert, Héctor Lorenzo Ríos, Helios Sarthou, Hugo Batalla, Humberto Ciganda, Jorge Batlle, Jorge “Chileno” Rodríguez, Jorge Sanguinetti, Jorge Sapelli, Jorge Silveira Zabala, José D’Elía, José Luis Veiga, José Pedro Cardoso, Juan E. Pivel Devoto, Juan José Crottogini, Juan José Zorrilla, Juan Martín Posadas, Juan Pablo Terra, Juan Vicente Chiarino, Julio Daverede, Julio María Sanguinetti, Lili Lerena (esposa de Liber Seregni), Luis Bernardo Pozzolo, Luis Hierro Gambardella, Luis Mardones, Luis Pérez Aguirre, Manuel Flores Mora, Manuel Flores Silva, Mario Cayota, Mitil Ferreira, Ope Pasquet, Pablo García Pintos, Pablo Mieres, Raumar Jude, Renán Rodríguez, Roberto Asiaín, Romeo Pérez, Sergio Previtali, Silvia Ferreira (hija de Wilson Ferreira Aldunate), Tomás Brena, Ulysses Pereira Reverbel, Uruguay Tourné, Víctor Licandro, Wilfredo Penco.

Se transcribe el discurso:

“Ciudadanos:
Los partidos políticos uruguayos, todos los partidos políticos, sin exclusión alguna, han invocado hoy al pueblo a celebrar la fecha tradicional de la elección de sus gobernantes y a proclamar su decisión irrevocable de volver a ejercer su derecho al sufragio de aquí a un año, el último domingo de noviembre de 1984.
Lo hacen al pie del Obelisco a los Constituyentes de 1830, autores del primer Código Fundamental de la República, en el que los orientales ratificamos nuestra voluntad de constituirnos en Nación libre y soberana y consagramos la norma sesquicentenaria que instauró la noble práctica de renovar a los representantes de la ciudadanía mediante su voto libérrimo, en un día como el de hoy, el postrer domingo del mes que ya fenece.
Aquí hacen resonar vibrante su reclamo de libertad y democracia, tanto tiempo acallado y sin embargo vivo en la conciencia de la ciudadanía, que no admite salvedades ni discrepancias, porque el anhelo de libertad y la vocación democrática constituyen el común denominador de todos los hombres y mujeres nacidos en esta tierra.
Y el pueblo ha dicho presente.
Lo testimonia esta multitud inmensa, y pacífica, jubilosa y esperanzada.
Ha dicho presente porque este es un pueblo que conoce sus derechos, sus deberes y sus responsabilidades.
Porque es un pueblo con madurez y cultura cívica.
Porque es capaz de dar al mundo ejemplos únicos y magníficos de altivez, coraje e Independencia, como el de aquel ya histórico 30 de noviembre de 1980 cuando dijo NO a la imposición de los detentadores del poder.
Prometeo fue grande porque supo decir que no a los dioses.
Y el pueblo uruguayo es grande porque supo decir que no a los dioses con pie de barro.
A quienes, asentados en la fuerza, pretendieron legitimar la usurpación de nuestros derechos sagrados en un proyecto de Constitución que desconocía toda la tradición democrática y republicana de la patria.
Ese mismo pueblo que dijo NO tres años ha, dijo luego SI un año atrás, en otra jornada cívica inolvidable.

Sí a los partidos silenciados durante una década y a los políticos injuriados, perseguidos, encarcelados y exiliados, que demostraron que, como al fundador de nuestra nacionalidad, un lance funesto podrá arrancarles la vida pero no envilecerlos.
Ese glorioso 28 de noviembre de 1982, ustedes queridos compatriotas, les dijeron que sí porque los reconocen como intérpretes, fieles de su voluntad y porque no ignoran que ellos saben, al igual que Artigas, que su “autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana” y que su primer deber es poder deciros, un día ya no lejano, que “vosotros estáis en el pleno goce de vuestros derechos” y “ved ahí todo el fruto de mis ansias y desvelos, y ved ahí también todo el premio de mi afán”.

El país se apresta, cuando se cumplan las condiciones mínimas que todos los partidos reclaman y que se precisaron en la declaración conjunta de los partidos tradicionales, del pasado 8 de octubre, a iniciar nuevas conversaciones con las Fuerzas Armadas, destinadas a regular el tránsito de la actual situación de facto al gobierno de Derecho a instalarse el 1º de marzo de 1985.
Los partidos políticos ratifican así su fe en el diálogo como el mejor método para restaurar las Instituciones democráticas en la República.
Y reiteran, asimismo, que ese diálogo político estará enmarcado, de su parte y al igual que en oportunidad anterior, por la defensa irrenunciable de los principios liberales y democráticos que configuran la esencia de la Constitución uruguaya desde la de 1830 hasta la de 1967, la cual, además, ninguno de ellos considera necesario reformar en las actuales circunstancias.
Ciudadanos: no hemos comparecido hoy aquí en nuestra condición de militantes de determinada colectividad política, autorizada o excluida, que no la negamos y que ostentamos con legítimo orgullo, cada uno según sus honradas convicciones.
Hemos venido en nuestra común calidad de uruguayos y de patriotas, herederos de un legado de libertad, de paz, de justicia, de respeto y tolerancia por todas las ideas, de devoción por la legalidad y de repudio a todas las expresiones de la fuerza y la violencia.
Dirigentes, afiliados y simpatizantes de todos los partidos políticos, de los ya rehabilitados y de los que aún no lo han sido pero que habrán de serlo, desde que no se concibe la democracia sin el pluralismo político irrestricto, hacemos pública nuestra convicción de que el límite de nuestras discrepancias estará dado, de aquí en adelante, por el mantenimiento de la libertad y la democracia.

No existe discrepancia alguna, por profunda que pueda ser, que autorice a comprometer el destino libre y democrático de la República.
El gobierno de facto al que la República fuera sometida hace más de diez años, se halla hoy agotado y agostado.
No responde a ningún sector de la ciudadanía y constituye un elemento artificial, incrustado por la fuerza en la vida colectiva.
Su aislamiento en el seno de la sociedad uruguaya es total, como lo es también su aislamiento internacional ante el conjunto de las naciones democráticas del mundo.
Por ello hemos venido a afirmar todos juntos y solemnemente nuestro compromiso irrenunciable, tras una década de regresión y oscurantismo, de restituir a la nación su dignidad, al país su prestigio, a la Constitución su intangibilidad, a los partidos políticos su papel insustituible, a los gobernantes la respetabilidad que sólo emana de las urnas, a los gobernados su derecho a elegirlos, a cada ciudadano su condición de elector y elegible, a cada hogar su tranquilidad económica y a cada uruguayo su derecho a ganar el pan con el sudor de su frente.
Restituiremos así a la Patria al sendero que nunca debió abandonar.
Y volveremos a hacer de ella una tierra de libertad.
De libertad y también de orden.

Pero orden emanado del estricto cumplimiento de la Constitución y la Ley, y no de la fuerza que archiva la primera y escarnece la segunda.
Orden querido por todos y garantido por gobernantes electos por su pueblo, por los políticos, que hoy comparecen aquí, rodeados de todos sus compatriotas, con la frente muy alta y la conciencia tranquila.
Con esta conciencia tranquila es que exigimos la eliminación inmediata y definitiva de todas las proscripciones que aún penden sobre los ciudadanos y partidos, sabedores de que la democracia es incompatible con estas arbitrarias exclusiones de la vida cívica y de que únicamente la soberanía popular, manifestada en las urnas, puede disponer la postergación de quienes se postulan ante ella para el desempeño de los cargos de gobierno.
La victoria está próxima y es segura.

Victoria que nos dará una vez más una Justicia única e independiente, cuyos magistrados no jurarán respeto sino a la Constitución de la República; una prensa libre, a la que ningún Torquemada podrá clausurar por decir su verdad; una enseñanza prestigiosa y una gran Universidad Autónoma; un funcionariado público inamovible y no más sometido al vejamen de su clasificación en categorías A, B y C; un movimiento sindical que actuará con entera libertad en defensa de sus legítimas aspiraciones de progreso y mejoramiento social; unas cárceles que sólo albergarán delincuentes y no dignos ciudadanos víctimas de su integridad moral y de su altivez cívica; unas Fuerzas Armadas, en fin, dignificadas por el fiel cumplimiento de su cometido histórico de defender la soberanía, la Constitución y la integridad del territorio nacional, reintegradas a sus cuarteles y olvidadas de misiones tutelares que nadie nunca les pidió y que el gran pueblo uruguayo jamás necesitó.
Victoria que nos dará, en suma, una Patria en la que sólo estarán proscriptas la arbitrariedad y la injusticia, una Patria sin perseguidos y fundamentalmente sin perseguidores, y en la cual, por consiguiente, se liberará de inmediato a todos los que fueron privados de su libertad por causa de sus ideas y se repararán, en todo cuanto resulte posible, las arbitrariedades cometidas a lo largo de una década de ejercicio discrecional del Poder.
Victoria que será de todos, de los que aquí tenemos la inmensa dicha del reencuentro fraterno y de los que no están presentes, de quienes aún padecen injustamente la amargura de la prisión o del exilio.

De aquí a un año protagonizaremos otra jornada cívica que quedará inscripta, nos atrevemos a vaticinarlo, entre los grandes fastos patrios.
El último domingo de noviembre de 1984 un partido y sus candidatos emergerán triunfantes de las urnas.
Pero no habrá derrotados, porque venciendo la democracia y consagrándose el respeto a la voluntad popular, la victoria será de todos.
Como será de todos la responsabilidad de sacar adelante al país de la gravísima crisis en que lo ha sumido esta década de intolerancia, de soberbia y de ceguera, y de contribuir a la estabilidad del gobierno que el primero de marzo de 1985 asumirá la ímproba tarea de conducir la nave del Estado en circunstancias tan adversas como quizás no las haya conocido el país en toda su historia.
Ese compromiso también lo asumen pública y solemnemente todos los partidos Políticos, porque es imperativo irrenunciable del patriotismo que el próximo gobierno sea nacional, más allá de la filiación de los hombres que lo asuman, nacional en su espíritu, en sus miras y en el consenso que necesariamente ha de rodearlo, como es nacional toda esta inmensa conjunción de todos los sectores políticos y sociales, necesarios protagonistas del rescate del país.
Ciudadanos: hoy nos hemos congregado al pie de este querido Obelisco a los Constituyentes de 1830 porque es símbolo de una obra fundadora, realizada con la más alta idealidad y por encima de todo partidismo.

Y aquí hemos venido porque es con ese espíritu superior que todos transitaremos por el camino que nos conducirá a la gran victoria común que, una jornada espléndida como ésta, celebraremos dentro de un año.
Por eso aquí no hemos venido a corear consignas sectoriales ni a levantar emblemas partidarios, ni divisas tradicionales o no.
Hemos entonado el himno patrio, levantado la bandera nacional y hecho flamear sus colores inmortales.

Compatriotas, proclamemos bien alto y todos juntos, para que nuestro grito rasgue el firmamento y resuene de un confín a otro del terruño, de modo que ningún sordo de esos que no quiere oír diga que no lo escuchó:
¡Viva la patria!
¡Viva la libertad!
¡Viva la república!
¡Viva la democracia!”

PD: La proclama leída por Alberto Candeu, fue redactada por dos abogados y políticos que, sucesivamente, serían vicepresidentes de Uruguay luego del retorno a la democracia: Enrique Tarigo y Gonzalo Aguirre Ramírez, del Partido Colorado y Partido Nacional, respectivamente.
el Acto del Obelisco, llamado también río de la Libertad, fue dicho el 27 de noviembre de 1983 y la marea humana que presenció el acto se estimó en unas 400.000 personas.
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3 comentarios
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  1. Revisando el discurso me di cuenta que hay una parte dedicada a los militares en la que Candeu dice que se retiren a los cuarteles porque nadie los llamó….esto no es cierto……hay gente que los llamó y ese es el orden que hasta hoy siguen queriendo. Solo se les acabó la plata para mantenerlos, o se peliaron entre ellos de egoistas que son nomás pero nunca se arrepintieron de haberlos llamado y haberlos apoyado en todas las barbaridades que hicieron durante 14 años.
    Lo de Candeu fue escrito entre todos los partidos y aquellos que se arrepintieron quería que estuviera la frase (Nadie los llamó), pero todos sabemos que es mentira.

  2. Vale, no pretendas escribir la historia que ni siquiera viviste. Sos una sectaria que no ce más alla de un cuarto de sus narices. Sabés bien lo de los comunicados 4 y 7. Sabés muy bien quienes negociaron la salida y sabés muy bien que los blancos no fueron a las reuniones porque no lo harían con Wilson preso. Tené en cuenta que tus dioses no estarían en el poder si Tarigo y Aguirre no hubieran escrito ese discurso que leyó el gran Alberto Candeau. No te corre por la mollera lo que fue el debate de Tarigo y Pons Etcheverry con Viana Reyes y Bolentini. Son una opinóloga de lo que ignoras. Pensá antes de escribir.

  3. fue todo muy pensado hasta en los errores, el pdo nacional no fue al acto del club naval pero los blancos estaban rekete de acuerdo, entre bomberos no************

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