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Una dama formidable

7. junio 2018 | Por | Categoria: Entretenimiento

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Por Lorenzo Olivera
Adopta dos chicos haitianos. Me encantan las mascotas, ya sean perros, pájaros, tortugas, pero en mi orden de preferencias primero está atender a los niños y si son huérfanos o abandonados, con más razón.

El amor materno no lo da una incubadora, ni una nodriza a sueldo.
Ese amor lo da una mujer que quiere ser madre y no puede.

Tiene la mirada serena y reflexiva y una expresión que transmite orgullo y satisfacción. Dice que podría resumir su vida a través de la leyenda oriental del hilo rojo, esa que cuenta que las personas destinadas a conocerse están conectadas por un hilo rojo. Este hilo nunca desaparece y permanece constantemente atado a sus dedos, a pesar del tiempo y la distancia. No importa lo que uno tarde en conocer a esa persona, ni importa el tiempo que pase sin verla, ni siquiera importa si viven en la otra punta del mundo: el hilo se estirará hasta el infinito pero nunca se romperá. Su dueño es el destino.

Alejandra San Juan (50), más conocida en el mundo bloggero como Jana, es diseñadora de indumentaria y siempre trabajó ligada a la moda armando vidrieras, en decoración o marketing. Pero cuando a los 40 decidió quedar embarazada y, tras varios intentos frustrados no lo consiguió, en la alternativa de comenzar tratamientos o adoptar, eligió la segunda posibilidad. “No queríamos hacerlo en Argentina por la demora de años, y también por el miedo a la ley que existía que durante dos años el Estado estaba habilitado para sacarte al niño si aparecía algún pariente que reclamase su custodia. La verdad es que no nos sentíamos capacitados para soportar una situación así. Por lo que comenzamos a averiguar sobre adopción internacional, y así fue como llegamos a la posibilidad de adoptar en Haití”, recuerda.
El primer paso fue conseguir un orfanato que trabajase con argentinos. “Como cada país tiene sus leyes, algunos hogares se limitan a hacer adopciones con países que ya conocen. De uno de ellos, muy reconocido, me dieron el mail de otro orfanato que ya había llevado a cabo un par de procesos. A través de ese mail me comuniqué durante varios meses, me mandaron la información del dossier que debía hacer. Y así armamos una carpeta con muchos requisitos, informes médicos, psicológicos, de asistente social, económicos. Traducciones y apostillados. Eso nos llevó un par de meses”.

Alejandra sabía que el proceso podía durar entre seis meses y un año, por lo que a los dos meses de la asignación, viajó a conocer a su hijo con su hermana. “Fue muy fuerte encontrar la realidad de ese país y las condiciones en que vive su gente. Estuvimos unos seis días y dejarlo fue muy angustiante. A los tres meses volví con mi marido, fue alentador y triste a la vez ver cómo iba creciendo sin estar nosotros presentes, pero lo bueno era saber que el trámite seguía avanzando”.

Finalmente a los nueve meses de haber iniciado todo, pudieron ir a buscarlo. Era agosto de 2008. Y, cuando algunas mamás organizaban bolsos para irse a la clínica, Alejandra armaba valijas para ir a ver a Christ. “Cargué ropita linda, la que por semanas metía y sacaba tratando de calcular si le entraría o no, juguetes que no sabía si serían como para él, más miedos, ilusiones, incertidumbres y también un gran objetivo: convertirme en mamá”.

Volver a empezar
Los primeros años de la crianza de Christ fueron muy intensos y demandantes. Y, luego de algunos años, Alejandra y su marido Mariano decidieron comenzar a construir una casa para mudarse. “Eso también me llevó mucha cabeza. Y en ese interín decidimos comenzar el trámite para adoptar una hija. Como yo no quería estirar mucho más el tiempo entre volver a maternar, pero tampoco quería que ella llegase a la antigua casa y tener que hacerla pasar por otro cambio más, tuvimos que calcular los tiempos para que más o menos coincidiera el fin de la construcción de la casa con el lapso que estimábamos se terminarían los trámites”.

Phadeline era más grande, tenía tres años y medio, y una personalidad fuerte. “Sabíamos que queríamos una nena, pero no una bebé: tenía dos años y medio que parecían menos, unos cachetes enormes, casi sin cuello y un orgullo que la llevaba del amor al odio en dos segundos. Nuevamente fotos, una edad que nos asustaba, ¿cómo sería la adaptación de una nena más grande? Y nuevamente nos tiramos a la pileta. Viajé sola a conocerla, necesitaba un mano a mano con ella. No fue fácil, tenía puesto su escudo protector que se sacaba de a ratos. Quién sabe con qué cosas habría lidiado en su cortísima edad”.
Alejandra reconoce que con Padheline no fue tan fácil como con el varón. De hecho en el avión de vuelta hizo tremendo escándalo al momento de ponerse el cinturón. Todo el avión las miraba ¡y ella ya no sabía qué hacer para convencerla! En Ezeiza las esperaban los abuelos y su marido con Christ. Alejandra viajó enferma, con fiebre, por lo que apenas llegó a su casa se acostó, y la adaptación de los primeros días la hizo con el papá. Es más, Padhi dijo primero papá que mamá.

La nena enseguida quiso ir al colegio; acompañaba a la puerta del jardín al hermano y siempre quería entrar, hasta que un día la invitaron a quedarse, y fue de “oyente” el resto del año. Así Alejandra empezó a disponer de horas para ella. Pero sabía que luego de tanto tiempo fuera del juego, y sin ganas de volver a luchar con talleres, tiempos y demás, retomar la actividad de diseñadora iba a ser un arduo trabajo.

Christ ya tiene 11 años, y Phadeline 9. Van al mismo colegio, son muy activos, y con personalidades muy distintas. Van a casi doble escolaridad (un día por semana salen al mediodía). “Tengo mucho tiempo para hacer mi trabajo, que aunque quizás no parece o no se imagina, lleva muchas horas, ya que siempre estoy buscando contenido diferente para ofrecerle a mis seguidoras, referente a la moda, la deco, y al lifestyle en general. Mis hijos también están súper presentes en mi blog/Instagram, y ya se acostumbraron a tener una madre bloggera, y que por ejemplo cuando vamos a algún lado no se puede comer nada sin antes sacar una foto. Y cuando les pido que posen, a veces protestan un poco pero terminan entusiasmándose”, dice entre risas.

Mirando en perspectiva Alejandra recordó que el amor surgió inmediatamente. “Padres no son los que comparten adn, sino los que te educan, te alimentan, te cuidan cuando estás enfermo, te ayudan con la tarea, te preparan las fiestas de cumple. Claro que vinieron con algo propio, su personalidad. Pero, más allá de lo que puedan copiar y ó aprender en la familia, me sorprende lo parecido que es mi hijo a mi marido, y ella a mí”.
En cuanto a lo social, las miradas estaban divididas. “Hay gente a la que le enternece, y lo ve como un acto de nobleza. También hay gente que piensa que adoptamos en Haití por hacernos los cool, habiendo tantos chicos en nuestro país que necesitan padres.

Pero tal vez no conocen las leyes de adopción de aquí, por las que esperás cinco o diez años. También hay muchos chicos que necesitan familia, pero eso no significa que estén judicializados, tal vez el juez piensa que tiene posibilidades de revinculación con su flia biológica, y pasan los años sin amor ni contención. Nosotros pensamos que fue un encuentro, ellos necesitaban una familia y nosotros, hijos.

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Un comentario
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  1. Que genia que es Jana un saludo bien grande para ella y por suerte existe muchas mujeres en el mundo iguales a Jana………

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