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Uno de mis hermanos

19. agosto 2011 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por COMOUSTÉ
El Reporte está medio diezmado porque tenemos a varios apestados.
En lo que a mi respecta, me pasé un tiempito, mirando el techo en el sanatorio, mientras me pasaban antibióticos por las venas y por la boca.

Después seguí mirando el techo en mi casa, donde seguía consumiendo mi dosis oral de antibióticos y tratando de mover los brazos y las piernas que pesaban toneladas y me fatigaba como si hubiera trepado un cerro y con la toma de aire totalmente abierta.
Siempre tuve a mi lado mis fieles libros y no fui capaz, porque no me daba la nafta de mirar ni siquiera el índice, ni el meñique ni el pulgar.

Ahora estoy bastante bien, hasta escribo y puedo con el bolígrafo y el teclado del PC.
Le neumonía como la escribe el DRAE y la nemonia como la llaman los médicos no es changa.
Pero ya escribí demasiado de mis nanas y vamos a ir a lo nuestro.
Mi hermano era un tipo brillante, pero como casi todos los tipos que se sobran en capacidad, era inconstante, empezaba las cosas y no las terminaba.

Para los exámenes iba estudiando tranquilamente en el ómnibus, y los salvaba, pero nada que tuviera que ceñirse a prioridades, el lo respetaba.

Le tenía profunda alergia al respetar el orden de los conocimientos para adquirirlos y en los estudios la bolilla número uno va antes que la dos y así sucesivamente, tal materia antes que tal otra, eso era más fuerte que él y lo superaba, no lo hacía sino que simplemente se metía en un montón de cosas más y diametralmente distintas.
Leía una cosa por arribita y le quedaba, pero se resistía a respetar los órdenes preestablecidos.

Para variar estudió ingeniería, demás está decir que estudiaba para él y no para rendir los exámenes y en consecuencia no obtuvo el título, pero saber de la materia, sabía lo que no tenía nombre.

Renunció en una empresa que lo tenían habilitado.
Le debían una torta de plata y le tiraban la de él, de a puchos, para evitar que se independizara y lo hacían cuando se les antojaba.

Se calentó y se mandó a mudar y perdió todo lo que le debían porque, todo era de boca, pero el dinero le interesaba solamente para reventarlo en lo que se le cantara.
Si tenía dinero él, tenían dinero todos los que lo rodeaban, parientes, amigos o lo que fueran.

No era preso de sus deudores, se fue, tuvieron que contratar a un Ingeniero recibido, de los caros y profesor de facultad, que después al poco tiempo se les fue también.
La ironía de las cosas, dicho ingeniero fue dependiente mío, en otra empresa y de él lo único que puedo decir es que era una excelente persona y brillante.

Sus comienzos en casa de los viejos no eran muy comprendidos.
Cuando era muchacho se iba al altillo de casa y le agarraba los materiales a mi viejo, con lo que costaban en aquella época y hacía sus máquinas infernales.
Si yo me acuerdo el tendría 17 o 18 años.
Cuando venía el viejo y veía el material que le había estropeado en esa máquina infernal e inútil, se asomaba a la terracita, que tenía el altillo a la altura de la escalera y decía, que hacés con mis materiales que cuestan una fortuna y no hay y te ponés a inventar cosas raras.

¡No te das cuenta que ya está todo inventado!!!
Y caliente la tiraba al patio, la cual se hacía bolsa en la caída.
Estamos hablando de la época de la guerra en que los materiales costaban y no se conseguían.
Recuerdo a mi viejo enderezando los clavos doblados con un martillo en una bigornia.
Se podía tener el dinero, pero no había mercadería para comprar.

Era inconstante y no sabía decir que no.
Venía uno y le decía ¿no me arreglás esto?
Y el agarraba viaje.
Lo que no sabía el que metía el garrón, que era constante en su inconstancia e inmediatamente se ponía a desarmar y buscarle la vuelta a la cosa, pero si lo llamaban por teléfono y salía, la cosa quedaría desarmada de por vida.
Mucho tiempo después recuerdo cuando salieron las máquinas que hacían las cuatro operaciones aritméticas y la raíz cuadrada.

Mi hermano se compró una y después de comer, sobre la mesa del propio comedor la destripó para ver como eran los circuitos impresos y después la dejó desarmada.
El sepulcro de todas esas cosas estaba en el sótano de casa, donde había grabadores, televisores a montones y todos aquellos electrodomésticos que empezaban a surgir en aquella época, después de la segunda Guerra Mundial, por lo general japoneses y en aquella época de mala calidad.

Cuando Henry Ford inventó o descubrió la producción en línea de montaje, donde el vehículo se ponía en la línea.
Cada operario que estaba en la línea le iba incorporando un elemento al vehículo hasta que salía uno atrás de otro como si fueran chorizos.
Los japoneses muy posteriormente, aplicaron un sistema conceptualmente similar, pero en lo que se refiere al control de calidad, lo que le dio grandes resultados en cuanto a la calidad de los productos.

El que seguía en la línea de producción verificaba, si lo que había hecho el anterior estaba bien, a vía de ejemplo, el segundo, verificaba si el anterior había apretado bien la tuerca que había puesto, además de poner la que le correspondía a él y los siguientes ponían la propia la ajustaban y revisaban la anterior.
Mi hermano se casó joven y al poco tiempo se separó.
Mi viejo no vio el fracaso del matrimonio porque había fallecido, pero tampoco vio el triunfo de mi hermano.

Todos los tipos cuando se separan recurrían a calmantes para los nervios, hoy sería el valium o el lexotán, pero mi hermano era distinto, tomaba estimulantes para concentrarse leyendo unos librotes técnicos en inglés, idioma que dominaba poco y unos buenos diccionarios técnicos.
Invertía fortunas en esas fuentes de conocimiento que se encargaban de comprarle los libros que él pedía en EEUU.

Armó una fábrica de pilots, no confundir con los de nylon, que eran caros e italianos y con flor de pinta.
Estos eran hechos con PVC costaban vintén y se vendían baratos, pero tenían muy buen mercado, porque nadie se calentaba por su poca durabilidad porque costaban muy poco.
En una palabra eran desechables.

Eran como ahora con los paraguas chinos que con cualquier brisita se dan vuelta y la gente los tira y compra otro y no son como los ingleses que duraban una vida, aunque se perdían, o los robaban igual que los chinos.
Los pilots eran prácticos porque venían en un sobrecito y no había que andar con ellos puestos.

Se usaban para lo que eran hechos, porque si se pretendía otra cosa en la primera de cambio un enganche y rajadura y a la basura.
La fábrica la hizo en una pieza alquilada y compraba varillas en L de aluminio y armaba los distintos sectores, con equipos equivalentes a los que se utilizaban en origen.
Las varillas las utilizaba como un juego de cuando era niño llamado Meccano, que se iban ajustando las piezas de acuerdo a las necesidades.
Lo similar actual seria el Lego.

Recuerdo que un transformador que había que importarlo y costaba un montón de dólares lo sustituyó por una lámpara a carbón (ahí estaba la ventaja de saber de todo mezclado y en una época que no había cosas importadas) hoy, se importa la máquina entera y a otra cosa.

El arte está en arreglarse con lo que se tiene.
Después pasó a hacer simultáneamente juguetes inflables, como salvavidas, colchones inflables, pelotas de playa, piscinas, todos en PVC.
El margen era interesante porque las pelotas se vendían a un dólar cada una, hasta que aparecieron las pelotas coreanas que costaban un dólar la docena, hasta ahí llegó el negocio.

El hombre vio que la cosa no andaba por ese lado y se pasó para los materiales accesorios a la medicina.
Sondas, bolsas, catéteres para el electro cardiogramas e infinidad de cosas más.
Eso lo producían los ingleses y la mano de obra charrúa era mucho más accesible que la británica y volvió a levantar vuelo.
Pero para todo era igual.

En materia de mujeres las coleccionaba, pero no de a una por vez sino simultáneamente.
Uno de los días más penosos de mi vida, cuando el velatorio de mi madre, en que había cuatro novias de mi hermano y había que andarlas separando para que no se hablaran entre sí, y se avivaran porque nos podían complicar aún más la situación, haciéndola gratuitamente más dura, ellas que habían venido por cumplir.

En materia de comidas, todo le servía si era de buena calidad y en cantidades industriales, claro que en casa hay dos genes que heredamos.
De mi abuelo la miopía, ninguno de mis tíos, ni padres fueron miopes, pero si tengo 32 primos miopes, va eso era al principio, ahora de los 32 quedamos 2, pero eso si miopes.
Otra cosa hereditaria por parte de mi viejo fue la diabetes y de mi vieja la hipertensión.
A mi hermano con sus excesos gastronómicos la diabetes hizo pasto de él, en mi caso me tocó la hipertensión.

Al gordo la diabetes le costó una pierna y galán con una sola pierna pierde muchos puntos y se entregó a la novia más antigua y a la gula, no sin antes adaptarse él mismo su automóvil para lisiado.
El importado le salía más barato pero los trámites llevaban demasiado tiempo y el adaptado por él, aparte de gustarle hacerlo como satisfacción personal lo armó en muy poco tiempo.

Siguió haciendo su vida, ya más conservador en materia femenina, no así en materia masticatoria y un gentil infarto se lo llevó mientras dormía a los 65 años.
Vivió su vida de primera y murió de cuarta, sin sufrimiento físico.
El otro día con mi inutilidad par las cosas electrónicas no podía pasar las fotografías de mi máquina a la computadora.

Vino mi hija más chica, que por ahora en todo es genéticamente heredera del tío y le sacó la tarjeta de memoria a la máquina de fotos y se la puso a una lap top que andaba en la vuelta.

Luego de la lap top la pasó a mi PC convencional.
Es igual a mi hermano en todo, en sus estudios, sus empleos, todavía es chica, pero me di cuenta una cosa, que sabe que hoy sin título no se va hasta la esquina y espero que los genes hagan lo suyo hasta cierto punto.
En mi velatorio pretendo que no haya nadie entreteniendo a los galanes para evitar que se complique un poco más la situación a los restantes deudos.

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