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Violencia doméstica

9. marzo 2012 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por COMOUSTÉ
Por más apellidos que le pongan, la violencia, es una sola.
El apellido se lo dará el lugar o los sujetos intervinientes en la misma.
Una sola cosa no se da en la violencia no es casual, sino que el que actúa violentamente lo hace con un fin determinado, ya sea para obtener un beneficio propio, hacerle daño a un tercero, beneficiar a un tercero o a varios también.

Es la que usa el rapiñero para apoderarse de cosa ajena, la que usa el que me mete el codo para ocupar mi lugar en la cola o al subir al ómnibus, el que intencionalmente le pega a una persona, ya sea mayor, menor, hombre o mujer, pariente o no, el que le pega al perro o al gato del vecino, el que como encargado de la oficina de recursos humanos le niega arbitrariamente la licencia, al que la tiene ganada, para que pierda el tiempo recurriendo la resolución y de paso, también, el pasaje, el que se regodea con el llanto de un anciano o un niño u otro ser humano y también la mujer, esposa o no, que le sirve un mate frío al marido o al compañero, o no le tiene pronta la comida para que llegue tarde al trabajo o la que te mancha adrede de rouge el cuello de la camisa.
Unos son delitos y otros no.

Por lo general todos la encaran hacia el hombre castigador, un sopapo correctivo al hijo menor, o sea todas aquellas faltas, penales o no, muchas de las cuales hoy se transformaron en delitos.

El código faculta al padre a utilizar medios moderados no violentos, como ser un sopapo, para la corrección de la conducta del hijo.
Pero eso encarado por una vecina, que te tiene bronca, te denuncia y terminas pagando abogado y el ejercicio de tu patria potestad queda pendiente de un hilo.
La violencia doméstica es aquella que produce o intenta producir un daño mayor o menor, no siempre buscando un beneficio por parte del infractor, pero si causar un daño a la víctima.

Por lo general se encara el problema de la violencia doméstica protegiendo a la mujer, cuando en la igualdad en que se vive en una casa, pueden ser tan violentos uno como el otro.
La mujer puede provocar al marido insultándolo, sin testigos o con ellos conformes, buscando la reacción de éste y si este reacciona violentamente va a tener un problema que no lo inició él, pero que va a terminar sobre sus espaldas, muy probablemente sí.
Los que la encaran superficialmente verán la violencia doméstica con el uso deliberado, o inmoderado diría yo, para ser más justo, de la fuerza, por parte del hombre.
Y no hay violencia doméstica, con el abuso psicológico, sexual o físico.
La crueldad mental puede causar más daño, en una medida determinada, que la violencia física.

Es muy difícil de probar, si mi esposa es católica y yo vivo denostando contra su Dios, puedo lograr una reacción muy dura y si lo hago “sotto voce” no habrá testigos en mi contra.
Es un ejemplo simple, pero la imaginación del hombre o de la mujer es muy rebuscada para lograr sacar de las casillas al otro.

Hay una palabra que las mujeres usan mucho cuando quieren enfurecer a su propio marido y con un uso moderado se puede lograr la violencia, llamarlo simplemente “cornudo”.
Otro tema por la vía de los hechos es en la omisión del débito conyugal, tanto por una parte como por la otra.

“El hoy no porque me duele la espalda” es un clásico de todos los tiempos.
Y esa omisión puede generar una acción fuera de casa que traerá aparejado un problema de gran vuelo.
Nadie está libre de que le duela la espalda, pero es tan manido el hecho y la omisión que ya son un clásico en los tribunales.
Eso como causal de divorcio se puede tipificar como “crueldad mental”, claro que con la abundancia de causales que tiene nuestra legislación no hay que ingeniarse mucho en tal sentido.

Ahí lo que preocupa más es el tema económico, porque con una casa no se pueden fabricar dos apartamentos y con una estancia no saldrán dos estancias, sino dos campitos, si no se hicieron los papeles en forma en su momento.
Claro que por el dinero o los bienes en general las partes pueden llegar a hacer cualquier guerra dentro de un juzgado.
La violencia psicológica puede causar daños muy importantes en la víctima, pero también se puede simular de forma tal de convencer al juez y hasta al portero del juzgado.

Otro caso de crueldad mental se da cuando una de las partes es alcohólico y hay que tener mucha imaginación para abarcar todas las posibilidades que se pueden dar, sin perjuicio que ambos pueden serlo, por separado o conjuntamente.
Además del alcohol tenemos otras adicciones como ser drogas, o el juego que es tan fuerte como cualquier droga y no tiene límites.
En nuestro país no hay hora del día, ni día del año en que no haya un lugar para jugar por dinero a lo que sea.

El timbero al igual que el drogadicto, bueno, ambos son adictos son capaces de robar para seguir jugando o consumiendo.

En esta historia tenemos rehenes que pagarán las consecuencias toda la vida, los hijos.
Uno de los cónyuges puede negarse al régimen de visitas, y lo conducirán por la fuerza pública, pero a los 15 días otra vez la misma historia.

Un sistema que se aplica mucho en EEUU y acá también es cuando uno de los cónyuges se pone violento y amenaza que va a atentar físicamente contra la esposa o los hijos y se le prohíbe aproximarse a menos de X metros de la esposa o los hijos.
Es una medida, a mi criterio inspirada en la candidez del sistema anglosajón, donde el juramento vale, porque en nuestro medio le pueden jurar hasta por la madre y harán lo que se les ocurra.
Amenazas contra a integridad de los hijos, qué garantía hay, a mi real saber y entender hay una sola, la prisión preventiva, pero hasta cuando, porque la ley tiene sus límites a la privación de la libertad.

Alguien pensará que a mi criterio vale más la libertad de un desquiciado que la vida de una mujer o de un niño y en derecho todas las cosas tienen que tener un límite.
Autorizar a una de las partes a que saque a los hijos del país, es un riesgo de que se los secuestren definitivamente y el padre crédulo no verá nunca más a sus hijos o cuando sean mayores de edad.

La violencia psicológica va desde, el abuso verbal: I) inferiorizar a la otra parte, insultar públicamente, someterla al escarnio público, de diversas formas; II) Intimidar con gestos, gritos, y demás formas violentas; III) Amenazar de muerte, de suicidio, de secuestro; IV) Ahogar a la otra parte económicamente; V) Abuso sexual, desde la violación, pasando por menosprecio, y la imaginación humana en esta materia es muy creativa; VI) Seguimiento por terceras personas, prohibiciones de cultivar determinadas amistades o lugares; VII) Desprecio, desvalorizar a la otra persona.
La imaginación humana es infinita en las formas de perjudicar al otro, ya sea en la vida, como llegar al extremo de la muerte.

Es un tema que da para mucho más.

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3 comentarios
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  1. No hay dudas quel primer golpe que te tiran es verbal con la presión sicologica y eso no hay como denunciarlo, no lo puede ver un forense, no tienen que pegarte y dejarte moretones para hacerte sentir infeliz. Lo bueno es que ahora socialmente esas cosas la podemos comentar y nos podemos meter si nos dejan ayudar. Y las hijas y hijos golpeadores desgraciadamente se esta haciendo bastante común,
    sdos

  2. Dentro de cada uno y seas hombre o mujer existe una bestia, un animalito despues de todo eso somos, animalitos. Cuanto mas adulto seas se presume que vas controlando esa bestia pero nadie lo garantiza que puedas hacerlo. Pasas por psicologos, abogados jueces y hasta te meten preso, todo por no poder controlar al animalito…!!!!

  3. Un juez puede poner restricciones de X cantidad de metros a los gopeadores, pero en los hechos no se da a menos que controlen al golpeador con un brasalete electrónico. España y Francia ya lo estan usando con buenos resultados impidiendo que el golpeador termine matando a la mujer.

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