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Goncálvez

16. agosto 2012 | Por | Categoria: COMOUSTÉ

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Por COMOUSTÉ
Mantuve la relación con mi vecina hasta que un día me dijo, que su hija estaba visitando a Goncálvez en Cárcel Central

Colonicé, allá por 1971, lo que le llaman el Cementerio de los Elefantes, una parte de Carrasco Este, así denominada, porque ahí van a morir los grandes.
Todos los terrenos de más de mil metros, con frentes de 20 metros o más, buenos frentes que permiten entrada a garaje o cochera, entrada peatonal, hasta de servicio y un buen jardín a gusto del propietario.

Claro que estoy hablando de una época dorada, sin rejas, ni alarmas, perros sueltos para desgracia de los carteros y los repartidores de diarios en bicicleta, con algunas casas cuyas entradas eran menor largas que las cuentas que le debían al negro Sosa.
Con los basureros era otra historia porque desde el camión recolector los habilitaban a los perros con huesos y alguna otra vianda y los perros corrían locos de la vida atrás del camión.

Me enteré de un Coronel, que vendía su casa en $ 2:000.000.- de aquella época, me pareció que podía llegar.
Cuando la vi, estaba muy en cuenta, a pesar de haber sido pintada de gris y descuidada en el mantenimiento, cuando hablé con el hombre me pidió $ 4:000.000.- lo cual me pareció que igual me servía.
No miraba lo que veía, sino lo que podía hacerle a la casa, por las posibilidades que tenía.

No tenía un mango, andaba pelado como talón de angelito, pero tenía posibilidades de conseguir un préstamo para comprar la casa y si me iba mal, no tenía bienes y por ende nada que perder.
En el interior de la misma, en unos muebles que en una época pretérita, habían sido provenzales, no sentamos y echamos un real de prosa, como dicen en mi pueblo, y palabra de caballeros convinimos la compraventa, claro está que sin poner una seña ni nada, porque si me daban vuelta, se me caían las llaves, que era lo único que tenía y si había que ir a comprar una Coca Cola de a litro para festejar, me iba a ser dificultoso bancar ese ágape light.

A nuestros pies había una alfombra color arpillera, que con el tiempo cuando ocupé la casa la llevé a Asimakos para que la limpiaran y cuando me la devolvieron le decía al empleado que no era la mía, por la cantidad de dibujos y colores que tenía, resultó ser una alfombra belga hermosa.

Conseguí un préstamo de $ 3:000.000.- y le quedé adeudando al hombre $ 1:000.000.- a interés bancario tasa pasiva que era la que él pensaba obtener por colocar el dinero en el Banco Hipotecario. Con el tiempo, acorde con la inflación se la fui aumentando en un uno por ciento mensual, un dos y por ahí cancelé.

La tasación de la casa para el préstamo fue de $ 7.500.000.-
Las condiciones del préstamo fueron que se actualizaba la amortización por el índice de la inflación, pero no se actualizaba el monto del préstamo.
En consecuencia un préstamo que tendría que haber pagado en 6 años, por la inflación de la época y la forma de actualizar la amortización, lo saldé en tres años con un sueldo bueno, pero nada del otro mundo.
Eso sí anduve apretado un tiempito, pero cumplí con el sueño tan uruguayo del techito propio con creces.

Al hombre le empecé pagando intereses todos los meses, hasta que un día, cuando el cambio de pesos a nuevos pesos, el hombre me empezó a decir que yo le pagaba con pesos viejos y es cierto si era la moneda que circulaba.
Todos hablábamos de miles de pesos y nos pagábamos con nuevos pesos.
Como buen militar, su abogado era el tristemente famoso Coronel Bolentini, convinimos con “mi Coronel acreedor”, en encontrarnos en el estudio del mentado “Coronel abogado” y duramos menos de cinco minutos.

El agarró unas monedas de su bolsillo y unos billetes y le dijo a Ud. le paga con esto y puso las monedas arriba del escritorio o con esto y puso la cantidad en billetes.
El hombre dijo, “no paga con esto”, señalando los billetes y el Coronel Bolentini le dijo, pero entonces le paga bien, y se quedó tranquilo, pero como vi que a mi vendedor, le estaba entrando humedad en la azotea y la cosa en el futuro se podría complicar, por cochera del viejo, agarré y le pedí al Dr. Bolentini que redactara un documento, por el pago del saldo de precio de unas herramientas que había comprado, aparte de la casa y el que fuera posteriormente Ministro de la dictadura, gustoso lo redactó y puse todo lo que le debía arriba de la mesa y el viejo se vino como pollo al bulto, pero su abogado patrocinante le dijo: “Un momentito y se le quedó con la mitad”.
Para mis adentros pensé vos elegiste tu abogado y te cobró un cincuenta por ciento de lo no reclamado.

A la semana siguiente, fui a un escribano conocido y con dos escribanos más, le pagué el saldo de precio de la casa y figuraron como testigos en la escritura los otros escribanos, cosa que si alguno mañana decía que el viejo estaba medio bobeta y que no había cobrado, tenía una escritura pública por medio y dos testigos calificados por ser escribanos por ello por si las moscas, además el dinero lo hice colocar en pilas por determinado monto y que los contara el interesado y todos los testigos presentes.
Macaco viejo no sube a palo podrido, después de los pesos nuevos y los pesos viejos, dos veces no iba a pasar por una situación angustiosa y me daba pena que Bolentini le tragara la mitad de una cantidad importante.

Para llegar a la casa había en el medio, de una de las principales calles de Carrasco, un par de cuadras de arena pura y con mi fitito me enterraba, un dos por tres, pero siempre andaba apretado.
Los tiempos fueron cambiando, las calles de tosca se pavimentaron, los terrenos baldíos se fueron llenando de casas a cuál de ellas más aparente, entre las que la mía, con alguna reformita maquilladora, no se destacaba por lo fea, ni por ser la mejor, pero ahí estaba.

Al lado tenía un muy buen vecino del que nos hicimos muy amigos con su familia y en el muro divisorio habíamos hecho una puerta, para que las nenas, cruzaran de una casa a la otra para jugar, para evitar los riesgos de que las atropellara un automóvil.
No era como hoy que las podrían secuestrar o cualquier otro vejamen.
Los perros se querían comer crudos cuando se sentían del otro lado con la puerta cerrada y cuando quedaba abierta, con niñas en la vuelta era lo más común, se ladraban pero ninguna iba a territorio ajeno.
Enfrente había dos casas en propiedad horizontal, con dos viejos en una y en la otra un matrimonio con tres hijos, un varón y dos niñas.
El tiempo pasó y los niños fueron creciendo, en la casa de enfrente los viejos se fueron muriendo de a uno y en la del matrimonio falleció el marido.
La viuda, excelentísima persona, muy sacrificada y sufrida, quedó trabajando fuerte y con magros, resultados para mantener a sus hijos y a sus padres que ya eran personas de edad.

Con el tiempo murió uno de los abuelos y el otro quedó con Alzheimer.
El varón andaba con eso de arreglar motos y venían otros varones unos como clientes y otro como que estaba también en la parte mecánica.
Para mi criterio de adulto, eran unos buenos para nada, que andaban con los escapes a todo trapo perdiendo el tiempo, gastando combustible, cubiertas y molestando a la gente.

Los ignoraba porque decirles algo iba a significar un problema para hacerles entender todos mis sentimientos hacia sus personas que perturbaban la paz del barrio.
Ese otro, relacionado ut supra, era y es el tristemente famoso Pablo Goncálvez.

Pasó el tiempo, me mudé, seguí teniendo trato esporádico con la viuda y con una de las chiquilinas, la menor, por su relación con mis hijas.
La otra hija, muy o no tan muy inteligente, pero sin sacarle provecho a su condición de tal, se conformó con ser profesora de inglés en los colegios de la zona.
Pasó el episodio Goncálvez, sumamente conocido por su divulgación por la prensa, persona que a pesar de andar ahí en la vuelta, no la traté, ni lo conocí porque simplemente, en aquel entonces lo ignoraba, por ser un muchachote más entre las motocicletas.

Mantuve la relación con la viuda, hasta que un día me dijo, que su hija estaba visitando a Goncálvez en Cárcel Central.

Las visitas se transformaron en matrimonio y el matrimonio en una niña de siete años que está criando para variar la abuela.
De todos los hechos narrados, aparte de las víctimas mortales de este asesino serial, hay dos víctimas más, la criatura que no pidió venir a este mundo y la abuela, que después de toda una vida de trabajo sigue luchando por sobrevivir criando una niña, que si bien los niños no heredan las culpas de los padres, pero sí los apellidos ya ha tenido problemas de admisión en los colegios de la zona, porque lleva un apellido estigmatizado.

Los jueces estaban debatiendo la libertad anticipada por el cumplimiento parcial de la pena, con buena conducta y estudios.
Las medidas de seguridad, no eliminativas, no le son aplicables porque fueron derogadas con la ley de amnistía de los presos políticos y cumplida que sea la pena será puesto en libertad ipso facto.

Le negaron la salida anticipada, porque no había gozado de salidas transitorias del penal, como preparatorias a su reinserción en la sociedad.
De ahora en más, los jueces estarán un tanto remisos en darle salidas transitorias, por la naturaleza de los crímenes que se le imputan.
Asimismo es de hacer notar, que como estamos en un caso penal donde las partes tienen un nivel económico de vida superior, tanto el victimario, como los familiares de las víctimas, no han escatimado en abogados penalistas de fuste, por las distintas partes que componen el juicio penal.

Ante un planteamiento en pro o en contra, caen varios escritos oponiéndose o dilatando el proceso, aplicándose las múltiples bibliotecas que hay en la materia.
Los jueces que son independientes de todo poder extraño, no son ajenos a la presión popular en el caso de acción o de omisión.

Los jueces viven en la sociedad y esta los mira y juzga por sus actos u omisiones.
Hubo una manifestación en la ciudad de Salto de más de 20.000 personas oponiéndose a la libertad anticipada de Goncálvez y eso que el banco de pruebas, de su capacidad de no reincidir el homicida serial, sería en Montevideo y no en Salto.

No quisiera estar sentado en el despacho de ninguno de los jueces de turno, cada vez que se plantea el recurso, claro está que lo pueden presentar tantas veces como lo crean oportuno, hasta que un día un juez, por cansancio o por inadvertencia, porque son falibles, le conceda las salidas transitoria y que estas colaboren para la libertad anticipada de Goncálvez.

Si esto ocurre espero que este señor no reincida en sus hábitos.
La relación con su esposa e hija es un galimatías que tiene mucho que ver y puede ser para bien o un desastre.
Los psicólogos y psiquiatras forenses y no forenses, no las tienen todas consigo ni nada que se parezca.

Claro está que si no se da la libertad anticipada, a los treinta años de prisión quedará en libertad y será como en el truco cuando cantan con ley de juego está todo dicho.

Que todo sea para bien…

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3 comentarios
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  1. Muy esclarecedora historia. Es lo que le ha pasado a muchos que vivimos tanto en Montevideo como en el interior. Este es un país muy chico y fácil de que uno se encariñe con el vecino. Pero la mayoría de las veces conocemos a la persona pero no lo que hace. El vecino puede ser un medico, un abogado, un militar o como en este caso un asesino en serie.
    Muy bueno!

  2. Hicieron bien en no darle la libertad anticipada pero tienen razón que en 10 años sale el asesino en serie que mataba mujeres. Yo no entiendo como la hija de la vecina se encanchó, ¿Con que ojos lo miraba? ¿Creía en su inocencia? porque me imagino que no se enamoró de un asesino. Pero aparte le dio un hijo.
    El año que viene su abogado va a pedir la liberación nuevamente, si no sale ahí sale el años que viene, pero en 10 años sale seguro.

  3. En el examen psiquiátrico el tipo no reconoce que hizo algo malo, por eso no lo libetaron. Estamos todos locos()()()() la proxima vez que lo examinen la tienen clara, va a decir que esta muy arrepentido y lo sueltan…

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