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Nuestro Carnaval

23. febrero 2017 | Por | Categoria: Los mitos y la historia

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Por Nico Medes
El Carnaval es una fiesta popular, de origen pagano, de carácter nacional que se realiza todos los años entre mediados de enero y finales de febrero y combina festividades tanto de origen europeo como africano. Se destaca entre otras cosas por considerarse el carnaval más largo del mundo, con aproximadamente treinta y cinco días de duración.

Los antecedentes del Carnaval uruguayo provienen en Europa, donde en diferentes contextos, la celebración de las cosechas o de una festividad religiosa, servía como espacio para la reunión de los pueblos, creando un espacio de libertad individual y colectiva.
Ya en tierras uruguayas, en tiempos de la Colonia, los días de Carnaval y también en Navidad y Año Nuevo, los negros esclavos montevideanos se cubrían con túnicas de vivos y chillones colores y salían a la calle para ir hasta las murallas de la ciudad, a cuyo pie se les permitía entonar sus cánticos y realizar sus bailes.

Algunas prácticas carnavalescas comunes en Europa, como arrojar salvado y harina, arrojar agua con pomos, tirarse huevos vacíos con agua adentro, u otros objetos fueron importadas en Uruguay. La importancia de algunas de estas prácticas por parte de los primeros pobladores de la ciudad de Montevideo dieron origen a los festejos de carnaval. Según el Dr. Juan Carlos Patrón, es posible que en 1860, cuando se construyeron dos fuentes llamadas “Pozos del Rey”, las “guerrillas de furgo” se difundieran y conformaran las primeras prácticas carnavalescas.
En buena parte del siglo XIX, durante los tres días de feriado por carnaval, Montevideo se convertía en campo de feroces guerrillas, con el agua cayendo a torrentes desde balcones y azoteas y con el aire surcado por cáscaras de huevos rellenas de agua de olor o huevos de gallina, gaviota o avestruz. Desde las azoteas, las mujeres desafiaban a baldazos a los escaladores que intentaban “asaltar” las casas. Cuando los intrusos ingresaban se producían risas y corridas. Terminado el carnaval de 1885 un periódico informaba que eran muy pocas las viviendas que habían logrado mantener algún vidrio sano. Prácticamente toda la población participaba en estos festejos.

En 1872 se organizó una actuación de comparsas en el Teatro Solís. Las autoridades fueron tomando a su cargo la responsabilidad de organizar los festejos. En 1874 se organizó el primer concurso oficial de comparsas realizado el 16 de febrero en un gran escenario levantado en la plaza Matriz. Participaron 35 comparsas, de las cuales once eran de negros. La concurrencia fue muy numerosa, por la novedad del espectáculo. Al mediodía ya no había sitio donde ubicar más espectadores.
Fue en esta época cuando empezaron a surgir los primeros grupos carnavalescos como las primeras murgas (llamadas es esa época como mascaradas) y se estima que la primera comparsa, Raza Africana, se creó en 1865.

A comienzos del siglo se empiezan a formar las murgas modernas. En ese entonces era muy popular la zarzuela y varias compañías españolas de este género viajaban a Uruguay. En 1909 una modesta compañía de zarzuela procedente de Cádiz llegó a Montevideo para presentarse en el teatro Casino. Con esta compañía había viajado el actor Diego Muñoz, quien dirigía un conjunto llamado Murga La Gaditana. La Gaditana tenía tantos instrumentos como integrantes, seis: dos saxofones, flauta, pistón, bombo con platillos incorporados (a la usanza de la época), y armónica casera. Un grupo de amigos que fue a ver el espectáculo decidió sacar una murga que llamaron La Gaditana que se va. Esta fue la primera murga uruguaya que actuó en el Carnaval y estaba compuesta por seis jóvenes humoristas que ejecutaban trozos de la murga original. Salía de la calle Ejido y cantaba versos referidos a acontecimientos nacionales, extranjeros, políticos y de interés público.

El Carnaval comienza a institucionalizarse también en esta época, principalmente en la ciudad de Montevideo. En 1905 se crea el actual concurso oficial de comparsas de negros y lubolos, su primera edición fue ganada por Negros de Asia y en 1910 la murga La Gaditana que se va recibe un premio como “Máscaras sueltas”, en el concurso oficial.
La Gaditana que se va, al igual que las murgas que surgieron inmediatamente después, tenían sólo seis integrantes, además de su director. Cada uno de ellos ejecutaba un instrumento distinto: flauta, pistón, saxofón, bombo y platillos, a los cuales se les agregaron otros instrumentos caseros, como uno hecho de caños o tubos con una hojilla de fumar en un extremo que el murguista hacía vibrar con su propia voz.

Existen algunas referencias a otras murgas como la Excéntrico Musical, que usaba una batería de cocina a modo de instrumentos de percusión, o Los Pichones de este año, con candelabros que hacían sonar con el recurso de la hojilla de fumar. Las canciones tenían la música de las zarzuelas más populares de la época, iniciando así la tradición murguera de usar melodías no originales.

Los Profesores Diplomados incorporaron al conjunto en 1915 a un negro, que era soldado y tambor de la Escuela Militar, para que tocara el redoblante. Esta idea, fue tomada y perfeccionada por el director José Ministeri (Pepino), quien creó en 1918 con sus Patos Cabreros, la batería de murga tal como se conoce actualmente, compuesta por un bombo los platillos y un redoblante. En un primer momento las murgas cantaban sus melodías con un ritmo adecuado para el desfile, pero luego, gracias a la batería de murga, fue cambiando hasta llegar a la actualmente conocida marcha camión.
Con el pasar de los años, los espectáculos y festividades que se ofrecían en carnaval se diversificaron lo que llevó a la creación de nuevas categorías en los concursos oficiales. En 1934 se incluyó la categoría de revistas que no priorizaba tanto el humor o el canto sino el baile y en 1939 surgió la categoría de parodistas, que a diferencia de las murgas se enfoca más en la representación teatral de humoradas y no tanto en la parte coral. La última categoría que sigue presente en el concurso oficial en crearse fue la de humoristas, cuya primera edición tuvo lugar en 1946.

Durante estos primeros años surgieron los primeros grandes grupos carnavalescos así como algunos de sus personajes más icónicos. Las murgas Patos Cabreros y Curtidores de hongos (el conjunto carnavalesco más antiguo en seguir compitiendo en Carnaval) y la comparsa Esclavos de Nyanza fueron algunos de los conjuntos que marcaron esta época.
En 1956, se realiza el primer Desfile de llamadas en Montevideo, un concurso destinado únicamente para comparsas, y que de cierta forma oficializó las ya conocidas Llamadas barriales que tenían origen en los conventillos de negros (principalmente el de Mediomundo y Ansina).
Durante la década de los 70 y comienzos de los 80 el carnaval se convirtió en un foco de resistencia durante la dictadura militar de Uruguay entre 1973 y 1985 a pesar de la constante censura.

Para finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI el Carnaval uruguayo comenzó un proceso de profesionalización que continúa hasta el día de hoy, en el que comenzaron a surgir conjuntos que viven exclusivamente de sus ingresos por sus espectáculos, tanto dentro como fuera de los concursos oficiales de Carnaval. Tal es el caso por ejemplo de la murga Agarrate Catalina.
El Carnaval es la mayor fiesta popular de nuestro país
En uruguay el Carnaval se festeja desde tiempos de la Colonia. Junto con sus dioses los conquistadores trajeron tradiciones, leyendas, festejos cristianos y paganos. El Carnaval vino en sus equipajes como exaltación de la carne y tributo a los míticos festejos saturnales de la antigua Roma o a las bacanales de la antigua Grecia.

En Montevideo esta fiesta se inaugura con un desfile que se realiza por la avenida 18 de Julio, en el que participan agrupaciones del carnaval (parodistas, murgas, humoristas, revistas y agrupaciones de negros y lubolos), carros alegóricos, cabezudos, las reinas de Carnaval, de las Llamadas y de las Escuelas de Samba.
Una semana después se realiza la máxima fiesta de la colectividad negra de Uruguay: el Desfile de Llamadas, donde los protagonistas son miles de tambores que tocan el ritmo del candombe, mientras recorren la calle Isla de Flores entre los barrios Sur y Palermo.
Durante más de cien años los carnavales en Uruguay se festejaban con bailes de disfraces, juegos de agua, caballadas por la ciudad, sin la presencia de la colectividad de ascendencia negra.

En 1750 se registrala llegada al puerto de Montevideo del primer barco (de origen inglés) tratante de esclavos de origen africano. El dolor, los maltratos físicos y psíquicos que recibieron estas personas generaron poco a poco, en su intimidad, un canto lastimero que acompañaron con el toque del tambor para danzar en recuerdo de su tierra perdida, África.
La incorporación definitiva de las comparsas de negros en los desfiles de Carnaval fue en 1870, y hacia 1876 aparecen las comparsas de negros y lubolos, similares a las que conocemos actualmente.
Durante esos años los desfiles de Carnaval abarcaban un largo recorrido: partían de la Plaza Constitución, recorrían varias calles de la Ciudad Vieja, pasaban por 18 de Julio, llegaban hasta la Plaza Cagancha y regresaban al punto de partida por otro recorrido. Los avances tecnológicos trayendo la iluminación, primero a gas y después a electricidad, que engalanaron las avenidas cada año con más esplendor.

Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, nuestro Carnaval se convirtió en uno de los más largos del mundo: dura cuarenta días. Durante todo febrero y parte de marzo las agrupaciones actúan en escenarios llamados tablados, y en el concurso oficial en el Teatro de Verano Ramón Collazo.
La murga tuvo su origen en España y la pionera en Uruguay surgió en 1908, se llamaba Gaditana que se va y formaba parte del repertorio que ofrecía la Compañía de Zarzuelas. Luego de la murga Gaditana surgieron otras agrupaciones que adoptaron nombres de gran comicidad como “Don Bochinche y Compañía”, “Fórmale el cuento a la vieja”, “Tírame la punta del naso”, “Domadores de suegras”, “Salimos por no quedarnos en casa”, “Los peludos terribles”, “Amantes al salamín”, “Escuela de tiburones” y “Asaltantes con Patente”, entre otras.

Estas primeras murgas, integradas por seis o siete miembros, cambiaban las letras originales de canciones por otras de tono picaresco y utilizaban instrumentos de viento fabricados con cartón. La murga evolucionó y fue reconocida como una nueva categoría en 1917. El número de componentes fue creciendo un promedio de 20 integrantes y se comenzó a utilizar el bombo, el platillo y el redoblante. Esta innovación fue obra de José “Pepino” Ministerio quien también impuso la vestimenta del director con frac, levita y zapatillas. En la década de 1980 la corriente denominada canto popular le dio nuevos impulsos a la murga.
Aparecieron títulos de gran arraigo popular como La Reina de la Teja y Falta y Resto y se revitalizaron otros como Areca la Cana y Los Diablos Verdes, que prolongaron sus actuaciones a todo el año.

La categoría Murgas es conceptualmente un natural medio de comunicación, transmite la canción del barrio, recoge la poesía de la calle, canta los pensamientos del asfalto. Es una forma expresiva que trasunta el lenguaje popular, con la veta de rebeldía y romanticismo.
La murga, esencia del sentir ciudadano, conforma una verdadera autocaricatura de la sociedad, por donde desfilan identificados y reconocidos, los acontecimientos salientes de la misma, lo que la gente ve, oye y dice, tomado en chanza y en su aspecto insólito, jocoso y sin concesiones y si la situación lo requiriera, mostrar.
Las Llamadas derivan del llamado que hacían los negros cuando comenzaban a reunirse, ya sea para actividades festivas como para tratar determinados temas sociales. Era costumbre que un par de tambores de cada agrupación saliera a recorrer las calles tocando candombe y así se comenzara a armar el grupo para ir juntos a festejar el Carnaval.

Los negros eran ya desde hace mucho tiempo parte de los festejos del Carnaval montevideano, aunque muchas veces no podían ser parte de los festejos oficiales, por lo que festejaban entre sí cantando y bailando por las mismas calles donde vivía la mayoría de ellos.
Hoy, ya no se habla de blancos y de negros, se habla de murguistas, comparsistas y carnavaleros, y muchos de estos repiten todos los años un verdadero homenaje a sus antepasados en los barrios Sur y Palermo. Allí, dos días al año, cuando el almanaque anuncia que febrero recién ha comenzado, se festejan las Llamadas.
Las Llamadas comienzan en el año 1956 y a partir de ese momento se convierten en un clásico de Montevideo.

Se trata de un desfile en el que participan hombres, mujeres y niños de todas las edades y que, al ritmo del candombe y de los tambores, recorre miles de metros en compañía de un público vivaz que se mueve al ritmo de los protagonistas.
Al frente de las comparsas aparecen los estandartes de cada agrupación, emblema que las distingue del resto. Luego llegan las banderas y detrás un conjunto de artilugios de fantasía compuesto por lunas, estrellas, medialunas y luces. Estos símbolos hacen referencia a los ritos, que tenían los esclavos africanos antes de ser traídos al Río de la Plata.
Enseguida aparece el Gramillero o el Brujo, que es el hombre más viejo de la comparsa, generalmente portador de una importante barba blanco que denota sus años. Sin embargo, su baile endemoniado muestra al publico una juventud arrolladora que es acompañada por su compañera de baile, la Mamá Vieja o Abuela o Reina, una vieja negra y gorda que mueve sus caderas como si fuese una adolescente más, con su sombrilla y el coqueteo con el Gramillero..
Detrás aparece el Escobero, que es el personaje de la comparsa que se encarga de barrer las ondas negativas y la yerba mala que puede tener la calle mientras la recorre anticipándose al cuerpo de baile y a la cuerda de tambores, que es la formación de músicos que tiene cada agrupación y que con su ritmo va marcando los pasos y movimientos de todos los integrantes de la comparsa.

DESFILE DE LLAMADAS
Durante la década de 1950, era tan notorio el fervor popular de que gozaban las Llamadas que se formaban espontáneamente, razón por la que las autoridades municipales del momento, programaron un espectáculo que denominaron Desfile de Llamadas. En realidad, el nombre adecuado hubiera sido Desfile de Comparsas o de Sociedades de Negros. El carnaval montevideano, de gran brillo por entonces, necesitaba un broche consagratorio.
El primer Desfile oficial se realizó en febrero de 1956, con señalado éxito, siguiendo un recorrido completo por los barrios Sur y Palermo, los típicos reductos del candombe. En 1978, poco antes de la demolición del conventillo Mediomundo, y el barrio Reus del Sur, el desfile se hizo por la Avenida 18 de Julio, pero en 1984, luego del advenimiento de la democracia, volvió a su escenario natural.
A partir de entonces el desfile de Llamadas, espectáculo pleno de ritmo, luz y color, se ha constituido en la máxima fiesta del carnaval montevideano y una de sus principales atracciones.
Un tema que busca evitar es salirse de lo autóctono y no mezclar candombe con scola do samba.

Los tres tambores clásicos, el chico, el medio y el piano y las bailarinas y nada de vedettes emplumadas como se está dando mucho en el norte, en Artigas, por influencia brasileña.

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Un comentario
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  1. Muy buen post con buena informacion para todos los que quieran saber sobre la historia de como surgieron las murgas en el Uruguay.

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