Midamos la vida

Se mide por los compromisos que cumples y las confianzas que traicionas.
Se trata de la amistad, la cual puede usarse como algo sagrado o como un arma.

Se trata de lo que se dice y lo que se hace y lo que se quiere decir o hacer, sea dañino o benéfico.

Se trata de los juicios que formulas, por qué y en qué momento los formulas y a quién o contra quién los comentas.

Se trata de los celos, del miedo, de la ignorancia, la mentira, la ambición y de la venganza.

Se trata del amor, el respeto o el odio que llevas dentro de ti, de cómo lo cultivas y de cómo lo riegas.

Pero por la mayor parte, se trata de sí usas la vida para alimentar el corazón de otros.

Tú y sólo tú escoges la manera en que va a afectar a otros y esas decisiones son de lo que se trata la vida.

Hacer un amigo es una gracia.

Tener un amigo es un don.

Conservar un amigo es una virtud.

Ser un amigo es un honor.

Por eso te propongo…

Las propuestas actuales para transitar el camino espiritual apuntan a lo estético, no a lo ético, a lo prescindible, no a lo imprescindible, a lo superficial, no a lo profundo…

Ante tal diversidad de propuestas, con un elevado costo material y un dudoso margen de rédito espiritual y moral, me “animo” a ofrecer mi decálogo de propuestas, que tal vez puedan resultar útiles, quizás puedan ponerse en práctica.

Mi propuesta dice así:
Te propongo empezar esta mañana…
Abriendo la persiana al corazón, junto con los postigos de tu casa.
Sacar los desechos que corroen el espíritu, en las bolsas con los residuos diarios, y preparar -para la escena de tu Vida- el mejor escenario.
Beber el aire puro que renueva, antes de la comida cotidiana; y buscar el complemento de la risa, para nutrir de transparencia el alma.
Encender las ganas de ser útil, junto con el motor del auto, y sintonizar- en el canal del alma- el programa que enseña a ser más humano, más agradecido y más cauto.
Buscar propios caminos interiores, junto a la senda transitada, donde los sueños se agolpan insistentes y salen a mostrarse en la mirada.
Te propongo iniciar cada jornada, lavando de resentimiento el alma, cepillando -de odios- telarañas, y quitar las pelusas del olvido a un buen recuerdo que por ahí yace escondido.
Te propongo despertarte, y no seguir dormido… erguirte en la columna de las ganas, y no avanzar caído.

Te propongo que vivas el minuto presente y dejes los miedos diarios que te visten de ausente.
Te propongo y me propongo que avancemos.
¡Juntos podemos!… y que todo sea para bien…

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