Orden en todos los órdenes

Los que tuvimos la dicha de vivir en un país próspero, ordenado, con el guardiacivil en la esquina, el barrendero, el basurero, el botellero, etc.

La doña de la casa, si mi vieja, la maestra, baldeaba la vereda y le pasaba la escoba con agua y jabón y pulía el mármol de los cinco escalones con una piedra llamada Sapolio, la que no lo hacía las vecinas la tildaban de “espesa”.

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Los viejos se juntaban en el café de la esquina el “Nuevos Rumbos” o de la otra cuadra, el de, para mí, “Don Segundo” y para otros, el del “Gallego Segundo” en los cuales se tomaba esa bebida que salía siempre igual, negra y amarga, el café, te podías juntar con los amigotes y mandar la vuelta sin necesidad de hacer una operación bancaria.

Los viejos jubilados tenían reservada al solcito en invierno y a la sombra en verano, una mesa junto a una ventana a la calle, donde anotaban quiniela los martes y viernes.
Estaba la legal y la clande, la clande pagaba algún peso más, pero si se jugaba fuerte u otro la había doblado, había riesgo de no cobrar nada.
Para los que no están en el ruido, no era un sorteo distinto el de la clande, sino que el trabajo lo hacía la legal y la clande simplemente se subía al carro, pagando unos pesos más al que ganaba.

Aguantar la jugada era una forma de la clande, no se anotaba en la oficial y el corredor de quinielas o el capitalista oficiaban de banca, si salía el número pagaban ellos de su propio bolsillo y si no salía se quedaban con lo jugado.

Claro que yo podía aguantarle la jugada a un amigo sin entrar a ser de la clande.

La mujer de un amigo era hija de uno que fue clande y vivía enfermándose hasta por comer un plato de arroz blanco y el psicólogo que conocía el tema lo atribuía a que cuando venía la razzia, el padre la metía en la cama arriba de todas las boletas negras diciéndole a la policía y a los judiciales que la niña estaba enferma y la autoridad pasaba por alto la revisación de una niña.

Como casi todas las cosas de nuestro país, para terminar con la quiniela clande, en 1939 legalizaron a todos los clandestinos, dándole agencia de quinielas a todos ellos.

Cualquier parecido con la maruja está en vuestra imaginación y por mi parte no he insinuado nada.

Sigue en pag. 2

3 comentarios en «Orden en todos los órdenes»

  • el 23 agosto 2013 a las 09:50
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    Uh!…lo de la clande me interesa, porque le queda poco pàra ser clande, la vamos a poder comprar en la farmacia pero no plantar, festejen uruguayos

  • el 23 agosto 2013 a las 10:43
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    Excelente, se me hace que retorne 55 años atras, al boliche Los 3 Mosqueteros, de Duvimioso Terra esq. Pagola, donde quien levantaba quiniela (de ambas) era el Pape “Corvina”, de quien habia una caricatura colgada detras del mostrador junto a otras de famosos habitues de aquella epoca. Me parece que lo estoy viendo, sentado en aquella mesita para dos ubicada junto al ventanal que daba sobre la calle Pagola, con su cafecito y su vaso de soda, leyendo el diario y a la espera de algun cliente que se sentara en la silla que se encontraba frente a el.
    Aun recuerdo cunado los policias apostados en la Carcel de Mujeres, hacian la ronda por el barrio y se caian por el cafe a tomarse una grapita con limon, alla al final del mostrador, como tratando que ocultarse de miradas indiscretas. Que hermosa epoca !!!

  • el 24 agosto 2013 a las 02:00
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    Jajajajaja! lo de San Olesker me encantó porq quizas alguna platita de esa que regalara el Estado termine en un 5 de oro q nunca te salva o en los caballos lentos que nunca ganan, jajajaja. yo no soy de jugar, algun 5 de oro que otro, poca plata pero conozco gente que perdio casas y autos. lo lindo es jugar a las cartas y sacarse las ganas apostando porotitos nomas.
    bss Rita.

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